De viajes y películas

Todo viaje, con su desborde de paisajes y acontecimientos, resulta fuertemente cinematográfico: imagen y sonido en acción. Los personajes entran y salen de cuadro, los escenarios cambian, los protagonistas se enfrentan a peripecias inesperadas. El viaje es un prototipo de la narrativa, y así como ha dado pie a un género literario, los relatos de viajes, también ha creado un género en la pantalla grande: las road movies.
Es imposible elegir las mejores películas de viajes con alguna pretensión de objetividad. Desde ya, toda lista es en primer lugar arbitraria. Nos permitimos, desde aquí, abrir el juego mencionando algunas películas de viajes memorables, sabiendo que cada vez que se elige una se omiten cientos.
De Occidente a Oriente, quizás el viaje más mítico de todos, podemos pensar en Pasaje a la India, de James Ivory, sobre la novela de M.E. Forster. Una versión actualizada y en formato comedia es The Darjeeling Limited, de Wes Anderson, donde tres hermanos muy diferentes emprenden una búsqueda de su madre tras la muerte de su padre.
En El cielo protector, sobre la novela de Paul Bowles, John Malkovich y Debra Winger encarnan al escritor y su mujer en una aventura en el norte de África, que se convierte en un territorio cada vez más lejano.
Sin salir de Europa, Yo amo a Shirley Valentine presenta la módica aventura de una mujer británica de mediana edad que, cansada de hablarles a las paredes, decide irse a Grecia a divertirse un poco.
En Argentina, un clásico es El viaje, de Pino Solanas, que muestra el periplo del protagonista desde Ushuaia hasta el norte de Brasil en busca de su padre. Y si de rutas latinoamericanas se trata, vale la pena ver Diarios de motocicleta, la edulcorada versión de Walter Salles de los Diarios del Che Guevara, que muestran un interesante recorrido por Argentina, Bolivia y Perú. La Amazonia, por último, es maravillosamente retratada en Fitzcarraldo, de Werner Herzog.
No podemos cerrar esta selección arbitraria sin pasar por las rutas estadounidenses. Zabriskie Point, de Michelangelo Antonioni, de cuenta del costado más lisérgico de California. París, Texas, de Wim Wenders, ya es un clásico, al igual que Thelma y Louise, donde dos chicas escapan hasta que la carretera se les termina. Y finalmente, aunque permanezca todo el tiempo en el mismo lugar, Bagdad Café, de Percy Adlon, dice más de la ruta que muchos tours.
Ver filmes de viajes puede ser el mejor sucedáneo del viaje mismo. Además, es bueno aprovechar el tiempo en casa para hacerlo, porque después, cuando se viaja, ya no es posible. A menos que programen algo bueno en el avión o en el bus, el tiempo “on the road” suele ser libre de pantallas: el viaje es la película.






Marzo 18, 2010 a las 16:20
Interesante nota. Hablando del blog en general, què pena que ahora haya menos participaciòn, cada vez hay menos comentarios. Me encanta Buenos Aires, me gustarìa saber que propuestas hay para Semana Santa
Marzo 26, 2010 a las 15:58
Uhmmmmm……..q delicia!!!! voy a probar esa receta!,
con el apetito q despierta a esta hora laboral – acompañarlo con un
postrecito de frutillas con un toque afrodisíaco, excelente para el placer degustativo.
Abril 12, 2010 a las 17:50
me da la impresion que escribiste Pato en un Blog equivocado…!!
este es “De viajes y películas”.
Abril 16, 2010 a las 14:30
Si- perdón, por la equivocación!-