Ciudadanos del mundo trabajando

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Antes las cosas estaban más claras: se podía residir en una ciudad o estar de viaje. Si se estaba de viaje, otra vez el discurso se bifurcaba en dos opciones: viaje por placer o por negocios, por vacaciones o por trabajo.

Y sanseacabó; dos opciones para definirlo todo. El que, raramente, estaba trabajando fuera de su lugar de residencia, en general no necesitaba oficina, o le ofrecían una, o en el peor de los casos la alquilaba.

Pero el mundo ha cambiado mucho últimamente. En sólo diez años, la conectividad hizo posibles escenarios que hasta hace no mucho eran de ciencia ficción: por ejemplo, ser efectivamente nómade manteniendo condiciones de trabajo relativamente estables. Si bien se requiere flexibilidad y adaptación, muchas profesiones permiten trabajar indistintamente desde diferentes lugares del globo, con el solo auxilio de una computadora y un teléfono conectados a internet, o quizás todavía menos.

Hoy son muchos los que visitan Buenos Aires sin saber muy bien qué responder a la vieja disyuntiva entre ocio y negocio. Quizás llegaron paseando, pero les interesó quedarse, o vieron en la ciudad un terreno fértil para sus ideas y emprendimientos. O tal vez sencillamente viajan por el mundo administrando sus horarios según las leyes de los free-lancers: trabajo cuando hay trabajo. La cuestión es que puede vérselos día a día con sus notebooks o netbooks en los bares con wi fi de la ciudad, no por un ratito sino por unas cuantas horas. Si están elaborando un plan de negocios, traduciendo del polaco, editando fotos o dando soporte técnico, es un misterio.

Tanto avanzó esta tendencia que ya han abierto en la ciudad los primeros office-bars. Se trata de establecimientos que invierten la lógica del café de barrio. Para una confitería no es negocio tener una mesa ocupada toda la tarde por el consumo de dos tés y una gaseosa, y por eso muchas veces la conectividad es mala, o la atención no invita a trabajar con comodidad. Los office-bars, por el contrario, están concebidos como un espacio para trabajar de manera descontracturada. Por eso, su negocio no se basa en el consumo de cafetería, sino en la permanencia; se cobra por hora o por día, y en general el consumo de bebidas está incluido como cortesía. Tienen buena luz natural, modernos muebles de diseño y están en Palermo, claro. Allí los extranjeros laboriosos pueden instalarse tranquilos, enchufar sus computadoras, y hasta alquilar una sala de reuniones. También pueden charlar con el que está sentado al lado, y, por qué no, quizás pensar en algún proyecto colaborativo.

¿Extranjeros dijimos? Cada vez más porteños se suman a los office-bars. Son las huestes de free-lancers, que buscan un lugar más estimulante que sus casas para cumplir sus trabajos. Y también, de paso, para conocer gente y sentirse un poquito de viaje.

¿Te gustaría trabajar desde un office-bar? ¿Qué características te atraen?

2 Comentarios para “Ciudadanos del mundo trabajando”

  1. Elhetor escribió:

    Me parece muy buena idea, sobre todo teniendo en cuenta lo de la conectividad. No creo poder trabajar en un office bar, pero me parece interesante por ejemplo para buscar trabajo o estudiar a distancia, cuando uno no tiene conexiòn en casa o està momentàneamente en Buenos Aires. Què tarifas manejan?

  2. Elhetor escribió:

    Me parece muy buena idea, sobre todo teniendo en cuenta lo de la conectividad. No creo poder trabajar en un office bar, pero me parece interesante por ejemplo para buscar trabajo o estudiar a distancia, cuando uno no tiene conexiòn en casa o està momentàneamente en Buenos Aires. Què tarifas manejan?

    CONTESTEN!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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