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11° encuentro de la Capacitación para Auxiliares de Bibliotecas Comunitarias

Lunes, Noviembre 12, 2012

En el 11° encuentro de la Capacitación para Auxiliares de Bibliotecas Comunitarias, llevado a cabo el pasado 31 de octubre en la Biblioteca José Hernández, se trabajó sobre la importancia de la comunicación en los proyectos comunitarios. El encuentro estuvo a cargo de la Lic. María Laura Migliarino. Incorporamos aquí material alusivo al tema tratado.

 

 

Conceptos principales

 

La comunicación comunitaria tiene principalmente dos objetivos: diferenciar información de comunicación y compartir un modelo de comunicación que parta de las comunidades y sus propias necesidades.

La comunicación comunitaria te propone un desafío. Dejar de ser consumidor de eslóganes publicitarios para transformarte en protagonista de la comunicación en tu comunidad.

Habitualmente, se confunde la comunicación con los medios de comunicación.

Hasta acá, nos referimos a algunos medios de comunicación: radio, revistas, sitios de Internet… Pero la comunicación es algo más amplio que los medios que se eligen para comunicar. Es algo más completo que difundir e informar. Y mucho más rico que transmitir mensajes de un punto a otro. La idea de transmitir mensajes de un punto a otro nos habla de un emisor, que es el que produce los mensajes y un receptor, que es el que los recibe. Esta idea pone al emisor en el lugar del saber y del poder y al receptor en un lugar pasivo, porque simplemente recibe como si fuera un recipiente vacío que hay que llenar. ¡Eso no es comunicación!

La comunicación es una relación que necesita la participación de al menos dos personas. En la comunicación se comparten sensaciones e ideas con un otro, que es un interlocutor, porque no es alguien pasivo que absorbe lo que le decimos, sino que puede aceptar, rechazar, mantenerse indiferente, crítico o activo frente a los mensajes.

Además, la información es una partecita muy chiquita de la comunicación. Los gestos, el tono de voz, la postura del cuerpo, el ámbito físico donde estamos es parte de la comunicación.

 

 

La comunicación comunitaria

 

La comunicación comunitaria es una relación que incluye a los demás y donde, fundamentalmente, se contemplan sus necesidades. Por eso, la comunicación comunitaria es un desafío. La comunicación comunitaria busca rescatar:

 

- el diálogo;

 

- las emociones;

 

- la cercanía;

 

- el intercambio;

 

- la participación;

 

- la sabiduría de escuchar;

 

- el lenguaje de las palabras y el lenguaje del cuerpo;

 

- el respeto por los tiempos y los procesos de cada persona y grupo;

 

- la aceptación del otro, sea quien sea, como interlocutor.

 

 

Estas características de la comunicación comunitaria no son muy comunes en nuestra sociedad actual, donde todo está invadido por la aceleración, la falta de tiempo, la soledad, el exitismo, la fragmentación, el individualismo, la falta de pertenencia, el consumismo…

La comunicación comunitaria es una manera de entrar en relación con las demás personas, nuestros interlocutores, de un modo cercano y directo. A través de un medio de comunicación, o sin él.

 

 

Medios masivos y medios de comunicación comunitaria

 

A través de los medios llegan los mensajes. Tenemos dos tipos de medios de comunicación:

 

1) Los medios que establecen un contacto indirecto con un público indeterminado. Llegan a muchas personas al mismo tiempo con un mismo mensaje. Se trata de todos los medios masivos: tele, radios, diarios, revistas. Generan una comunicación vertical (emisor-receptor), impersonal y lejana. Casi siempre priorizan el lucro, pues son empresas comerciales en manos de grandes grupos económicos.

2) Los medios que establecen un contacto directo con un grupo de interlocutores determinado. Llegan a través de una relación cara a cara, desde la necesidad, el afecto y el placer de vincularnos. Pueden ser: charlas, talleres, videos-debate, stand, juegos, fiestas y peñas. No llegan a mucha gente, funcionan en pequeños grupos. Casi siempre surgen desde la solidaridad y las ganas de transformar la realidad.

 

Además, están los medios de comunicación comunitarios, como las radios barriales, revistas locales y hasta canales de TV local. Aunque comparten características técnicas con los medios masivos, pueden ayudar a establecer un contacto directo.

La gran diferencia entre los medios masivos de comunicación y la comunicación comunitaria es de objetivos. Mientras los medios masivos buscan que las personas consuman información, entretenimientos, productos y candidatos, la comunicación comunitaria busca que las personas se involucren, comprometan y participen en la construcción de proyectos compartidos.

 

 

¿Qué es una campaña?

 

Muchas veces usamos la palabra campaña: nos ponemos en campaña, campaña de vacunación, campaña política. La campaña es una herramienta de comunicación que busca hacer visible algún tema. Combina varios medios de comunicación a la vez. Interviene sobre los espacios públicos (calle, plazas, negocios, pasillos, paredes), y tiene un plazo determinado (días, semanas, meses, un año). Existen distintos tipos de campañas, con objetivos diferentes: las campañas publicitarias persiguen objetivos comerciales; las campañas electorales promocionan candidatos y las campañas de bien público buscan promover cambios de actitud a partir de la información.

El problema con las campañas de bien público es que muchas veces se realizan más por interés propio que otra cosa (por ejemplo, es muy común que las multinacionales del combustible saquen costosas campañas a favor del medio ambiente). La mayoría mantiene el modelo de comunicación vertical de la que hablábamos al principio: piensa en un receptor, no en un interlocutor.

 

Las campañas comunitarias

 

Desarrollar una campaña de comunicación comunitaria significa partir de las necesidades de la población de la que formamos parte. Ponerse en los zapatos del otro (cosa que no es nada fácil) y comenzar pensando quién es. ¿Cómo es? ¿Qué sentirá o sabrá del tema? ¿Le interesará?

Si la campaña comunitaria es de prevención del VIH/sida significa, además, superar las campañas que utilizan el miedo, transmiten datos técnicos, repiten información, no profundizan y refuerzan estereotipos o mitos. El valor de un proyecto para otros jóvenes es hablar a un par, de igual a igual, con los mismos códigos. Una campaña comunitaria busca comunicar, entrar en relación, vincularnos. Además, las campañas comunitarias tienen objetivos políticos, organizativos y públicos: Políticos. Ayudan a posicionar mejor a la comunidad frente al Estado, las empresas privadas y los partidos políticos. Organizativos. Quienes trabajan juntos en la campaña quedan más unidos para futuros proyectos. Públicos. Apuntan a hacer muy visible la discusión sobre el problema que plantea la campaña. La campaña ayuda a que nos pongamos a reflexionar.

 

 

Fuente: Entre jóvenes. Comunicación y VIH. Herramientas periodísticas para crear campañas comunitarias de prevención de VIH/sida. Buenos Aires: Las otras voces, 2005.

 

 

 

10° encuentro de la Capacitación para auxiliares de bibliotecas comunitarias

Martes, Octubre 30, 2012

En el 10° encuentro de la Capacitación para auxiliares de bibliotecas comunitarias, organizada por el programa Bibliotecas para armar, el Lic. Mateo Niro brindó una charla sobre hipertexto y el uso de Internet en las bibliotecas. Reproducimos aquí un texto escrito por el semiólogo Umberto Eco que fue publicado por el Suplemento Radar, de Página 12, el día 7 de diciembre de 2003, que ilustra lo conversado y discutido en el encuentro.

  

Resistirá

¿Resistirán los libros el embate de la tecnología digital? ¿Cambiará Internet el modo en que leemos? ¿Existirán los autores cuando cada unodecida el final de una novela según su voluntad? ¿Llegará el día en que cualquiera pueda reescribir la trama de La guerra y la paz con un mouse? El 1º de noviembre, con motivo de la reapertura de la milenaria Biblioteca, la ciudad egipcia de Alejandría tuvo como anfitrión a Umberto Eco, quien ofreció una conferencia en inglés durante la cual respondió a estos y otros interrogantes. Publicado por el semanario Al-Ahram, Radar reproduce el texto completo de esa charla en la que Eco desplegó su habitual claridad para exponer por qué el libro permanecerá tanto como las cucharas, los cuchillos y la idea de Dios.

 

 

Por Umberto Eco

 

Tenemos tres tipos de memoria. La primera es orgánica: es la memoria de carne y sangre que administra nuestro cerebro. La segunda es mineral, y la humanidad la conoció bajo dos formas: hace miles de años era la memoria encarnada en las tabletas de arcilla y los obeliscos –algo muy habitual en Egipto–, en los que se tallaban toda clase de escritos; sin embargo, este segundo tipo corresponde también a la memoria electrónica de las computadoras de hoy, que están hechas de silicio. Y hemos conocido otro tipo de memoria, la memoria vegetal, representada por los primeros papiros –también muy habituales en Egipto– y, después, por los libros, que se hacen con papel. Permítanme soslayar el hecho de que, en cierto momento, el pergamino de los primeros códices fuera de origen orgánico, y que el primer papel estuviera hecho de tela y no de celulosa. Para simplificar, permítanme designar al libro como memoria vegetal.

En el pasado, éste fue un lugar dedicado a la conservación de los libros, como lo será también en el futuro; es y será, pues, un templo de la memoria vegetal. Durante siglos, las bibliotecas fueron la manera más importante de guardar nuestra sabiduría colectiva. Fueron y siguen siendo una especie de cerebro universal donde podemos recuperar lo que hemos olvidado y lo que todavía no conocemos. Si me permiten la metáfora, una biblioteca es la mejor imitación posible de una mente divina, en la que todo el universo se ve y se comprende al mismo tiempo. Una persona capaz de almacenar en su mente la información proporcionada por una gran biblioteca emularía, en cierta forma, a la mente de Dios. Es decir, inventamos bibliotecas porque sabemos que carecemos de poderes divinos, pero hacemos todo lo posible por imitarlos.

Construir, o mejor, reconstruir una de las bibliotecas más grandes del mundo puede sonar como un desafío o una provocación. A menudo, en artículos periodísticos o en papers académicos, ciertos autores se enfrentan con la nueva era de las computadoras e Internet, y hablan de la posible “muerte de los libros”. Sin embargo, el hecho de que los libros puedan llegar a desaparecer –como los obeliscos o las tablas de arcilla de las civilizaciones antiguas– no sería una buena razón para suprimir las bibliotecas. Por el contrario, deben sobrevivir como museos que conservan los descubrimientos del pasado, de la misma manera que conservamos la piedra de Rosetta en un museo porque ya no estamos acostumbrados a tallar nuestros documentos en superficies minerales.

 

 

Sin embargo, mis plegarias en favor de las bibliotecas serán un poco más optimistas. Soy de los que todavía creen que el libro impreso tiene futuro, y que cualquier temor respecto de su desaparición es sólo un ejemplo más del terror milenarista que despiertan los finales de las cosas, entre ellas el mundo.

He contestado en muchas entrevistas preguntas del tipo: “¿Los nuevos medios electrónicos volverán obsoletos los libros? ¿Internet atenta contra la literatura? ¿La nueva civilización hipertextual eliminará la noción de autoría?”. Ante semejantes interrogantes, y teniendo en cuenta el tono aprensivo con el que los formulan, cualquiera que tenga una mente normal y bien equilibrada pensará que el entrevistador se tranquilizaría si la respuesta fuera: “No, no, tranquilos, todo está bien”. Error. Si les dijéramos que no, que ni los libros ni la literatura ni la figura del escritor van a desaparecer, los entrevistadores entrarían en pánico. Porque si nadie muere, ¿cuál es entonces la noticia? Publicar que murió un Premio Nobel es una flor de noticia; informar que goza de buena salud no le interesa a nadie –salvo, supongo, al Premio Nobel mismo.

 

Hoy quiero tratar de desmadejar una serie de temores. Aclarar nuestras ideas sobre estos problemas también puede ayudarnos a entender mejor qué entendemos normalmente por “libro”, “texto”, “literatura”, “interpretación”, etcétera. De ese modo veremos cómo una pregunta tontapuede generar muchas respuestas sabias, y cómo ésa es, probablemente, la función cultural de las entrevistas ingenuas.

Comencemos por una historia que es egipcia, aunque la haya contado un griego. Según dice Platón en su Fedro, cuando Hermes –o Theut, el supuesto inventor de la escritura– le presentó su invención al faraón Thamus, recibió muchos elogios, porque esa técnica desconocida les permitiría a los seres humanos recordar lo que de otro modo habrían olvidado. Pero el faraón Thamus no estaba del todo contento. “Mi experto Theut –le dijo–, la memoria es un gran don que debe vivir gracias al entrenamiento continuo. Con tu invención, las personas ya no se verán obligadas a ejercitarla. Recordarán las cosas, pero no por un esfuerzo interno sino por un dispositivo exterior.”

Podemos entender la preocupación de Thamus. La escritura, como cualquier otra nueva invención tecnológica, entumecería la misma facultad humana que fingía sustituir y reforzar. Era peligrosa porque disminuía las facultades de la mente y ofrecía a los seres humanos un alma petrificada, una caricatura de la mente, una memoria mineral.

El texto de Platón es por cierto irónico. Platón estaba desarrollando su polémica contra la escritura. Pero en su diálogo también fingía que el que pronunciaba el discurso era Sócrates, que nunca escribió nada. Si hoy en día nadie comparte las preocupaciones de Thamus es por dos razones muy simples. En primer lugar, sabemos que los libros no hacen que otra persona piense en nuestro lugar; por el contrario, son máquinas que producen nuevos pensamientos. Sólo después de la invención de la escritura fue posible escribir esa obra maestra de la memoria espontánea que es En busca del tiempo perdido de Proust. En segundo lugar, si en algún momento las personas necesitaron entrenar su memoria para recordar cosas, después de la invención de la escritura tuvieron que entrenarla también para recordar libros. Desafío y perfección de la memoria son los libros, que nunca la narcotizan. Sin embargo, el faraón expresaba un miedo que siempre reaparece: el de que un descubrimiento tecnológico pueda asesinar algo que consideramos precioso y fructífero.

Utilicé el verbo “asesinar” a propósito, porque, más o menos catorce siglos después, en su novela histórica Nuestra Señora de París, Victor Hugo narró la historia de un sacerdote, Claude Frollo, que observaba con tristeza las torres de su catedral. La historia de Nuestra Señora de París transcurre en el siglo XV, después de la invención de la imprenta. Antes, los manuscritos quedaban reservados a una restringida elite de personas que sabían leer y escribir, y lo único que se les enseñaba a las masas eran las historias de la Biblia, la vida de Cristo y de los santos, los principios morales, y hasta hechos de la historia nacional o nociones elementales de geografía y ciencias naturales (la naturaleza de los pueblos desconocidos, las virtudes de determinadas hierbas o piedras): todo este conocimiento era proporcionado por las catedrales con su sistema de imágenes. Una catedral medieval era como un programa de TV permanente, siempre repetido, que se supone le decía a la gente todo lo que les era imprescindible para la vida diaria y la salvación eterna.

 

 

Ahora bien: Frollo tiene en su mesa un libro impreso y murmura ceci tuera cela (“esto matará a aquello”); en otras palabras: el libro matará a la catedral, el alfabeto matará a las imágenes. Alentando informaciones innecesarias, interpretaciones libres de las Escrituras y curiosidades insanas, el libro distraerá a las personas de sus valores más importantes. En los años sesenta, Marshall McLuhan publicó La galaxia Gutenberg, el libro en el que anunciaba que el modo lineal de pensamiento, apoyado en la invención de la imprenta, estaba a punto de ser reemplazado por un modo de percepción y entendimiento más global que se valdría de imágenes de TV u otras clases de dispositivos electrónicos. Puede que McLuhan no, pero muchos de sus lectores pusieron un dedo sobre la pantalla de la TV ydespués sobre un libro y dijeron: “Esto matará a aquello”. Si siguiera entre nosotros, McLuhan habría sido el primero en escribir algo así como El imperio Gutenberg contraataca. Ciertamente, una computadora es un instrumento con el cual se pueden producir y editar imágenes; y las instrucciones, ciertamente, se imparten mediante iconos; pero es igualmente cierto que la computadora se ha convertido en un instrumento alfabético antes que otra cosa. Por la pantalla de una computadora desfilan palabras y líneas, y para utilizarla hay que saber leer y escribir.

¿Hay diferencias entre la primera galaxia Gutenberg y la segunda? Muchas. La primera de todas: sólo los hoy arqueológicos procesadores de textos de comienzos de los ochenta proporcionaban una comunicación escrita lineal. Hoy las computadoras no son lineales; ofrecen una estructura hipertextual. Curiosamente, la computadora nació como una máquina de Turing, capaz de hacer un solo paso a la vez, y de hecho, en las profundidades de la máquina, el lenguaje todavía opera de ese modo, mediante una lógica binaria, de cero-uno, cero-uno. Sin embargo, el rendimiento de la máquina ya no es lineal: es una explosión de proyectiles semióticos. Su modelo no es tanto una línea recta sino una verdadera galaxia, donde todos pueden trazar conexiones inesperadas entre distintas estrellas hasta formar nuevas imágenes celestiales en cualquier nuevo punto de la navegación.

Sin embargo, es exactamente en este punto donde debemos empezar a deshilvanar la madeja, porque por estructura hipertextual solemos entender dos fenómenos muy diferentes. Primero tenemos el hipertexto textual. En un libro tradicional debemos leer de izquierda a derecha (o de derecha a izquierda, o de arriba a abajo, según las culturas), de un modo lineal. Podemos saltearnos páginas; llegados a la página 300, podemos volver a chequear o releer algo en la página 10. Pero eso implica un trabajo físico. Por el contrario, un texto hipertextual es una red multidimensional o un laberinto en los que cada punto o nodo puede potencialmente conectarse con cualquier otro nodo. En segundo lugar tenemos el hipertexto sistémico. La Web es la Gran Madre de Todos los Hipertextos, una biblioteca mundial donde podemos, o podremos a corto plazo, reunir todos los libros que deseemos. La Web es el sistema general de todos los hipertextos existentes.

Esta diferencia entre texto y sistema es enormemente importante. Por ahora déjenme terminar con la más ingenua de las preguntas que suelen hacernos, una pregunta donde la diferencia a la que aludimos no se advierte con total claridad. Pero respondiéndola podremos clarificar otra posterior. La pregunta ingenua es: “Los disquetes hipertextuales, Internet o los sistemas multimedia, ¿volverán obsoleto al libro?”. Y así llegamos al último capítulo de la historia de esto-matará-a-aquello. Pero aun esta pregunta es confusa, puesto que puede ser formulada de dos maneras distintas: a) ¿Desaparecerán los libros en tanto objetos físicos?; y (b) ¿Desaparecerán los libros en tanto objetos virtuales?

Déjenme contestar primero la primera. Aun después de la invención de la imprenta, los libros nunca fueron el único medio de adquirir información. También había pinturas, imágenes populares impresas, enseñanzas orales, etcétera. El libro sólo demostró ser el instrumento más conveniente para transmitir información. Hay dos clases de libros: para leer y para consultar. En los primeros, el modo normal de lectura es el que yo llamaría “estilo novela policial”. Empezamos por la primera página, en la que el autor dice que ha ocurrido un crimen, seguimos el derrotero hasta el final y descubrimos que el culpable es el mayordomo. Fin del libro y fin de la experiencia de su lectura.

Luego están los libros para consultar, como las enciclopedias y los manuales. Las enciclopedias fueron concebidas para ser consultadas, nuncapara ser leídas de la primera a la última página. Generalmente tomamos un volumen de una enciclopedia para saber o recordar cuándo murió Napoleón, o cuál es la fórmula química del ácido sulfúrico. Los eruditos usan las enciclopedias de manera más sofisticada. Por ejemplo, si quiero saber si es posible que Napoleón conociera a Kant, tengo que tomar el volumen K y el volumen N de mi enciclopedia. Y descubriré que Napoleón nació en 1769 y murió en 1821, y que Kant nació en 1724 y murió en 1804, cuando Napoleón era emperador. No es imposible, por lo tanto, que los dos se hayan visto alguna vez. Puede que para confirmarlo tenga que consultar una biografía de Kant, o de Napoleón, pero una pequeña biografía de Napoleón –que conoció a tanta gente– puede haber pasado por alto el encuentro con Kant, mientras que una biografía de Kant posiblemente registre su encuentro con Napoleón. En pocas palabras: debo revisar los muchos libros de los muchos estantes de mi biblioteca y tomar notas para comparar más adelante todos los datos que recogí. Todo eso me cuesta un doloroso esfuerzo físico.

Con el hipertexto, sin embargo, puedo navegar a través de toda la red-enciclopedia. Y puedo hacer mi trabajo en unos pocos segundos o minutos.

Los hipertextos volverán obsoletos, ciertamente, las enciclopedias y los manuales. Ayer nomás era posible tener una enciclopedia entera en CD-ROM; hoy es posible disponer de ella en línea, con la ventaja de que esto permite la remisión y la recuperación no lineal de la información. Todos los discos compactos, más la computadora, ocuparán un quinto del espacio ocupado por una enciclopedia impresa. Un CD-ROM es más fácil de transportar que una enciclopedia impresa y es más fácil de poner al día. En un futuro cercano, los estantes que las enciclopedias ocupan en mi casa –así como los metros y metros que ocupan en las bibliotecas públicas– podrán quedar libres, y no habría mayores razones para protestar. Recordemos que para muchos, una enciclopedia multivolumen es un sueño imposible, y no solamente por el costo de los volúmenes sino por el costo de las paredes en las que esos volúmenes deben instalarse.

Sin embargo, ¿puede un disco hipertextual o la Web reemplazar a los libros que están hechos para ser leídos? Una vez más, tenemos que definir si la pregunta alude a los libros como objetos físicos o virtuales. Una vez más, déjenme considerar primero el problema físico. Buenas noticias: los libros seguirán siendo imprescindibles, no solamente para la literatura sino para cualquier circunstancia en la que se necesite leer cuidadosamente, no sólo para recibir información sino también para especular sobre ella. Leer una pantalla de computadora no es lo mismo que leer un libro. Piensen en el proceso de aprendizaje de un nuevo programa de computación. Generalmente el programa exhibe en la pantalla todas las instrucciones necesarias. Pero los usuarios, por lo general, prefieren leer las instrucciones impresas.

Después de haberme pasado doce horas ante la computadora, mis ojos están como dos pelotas de tenis y siento la necesidad de sentarme en mi confortable sillón y leer un diario, o quizás un buen poema. Opino, por lo tanto, que las computadoras están difundiendo una nueva forma de instrucción, pero son incapaces de satisfacer todas aquellas necesidades intelectuales que estimulan.

Hasta ahora, los libros siguen encarnando el medio más económico, flexible y fácil de usar para el transporte de información a bajo costo. La comunicación que provee la computadora corre delante de nosotros; los libros van a la par de nosotros, a nuestra misma velocidad. Si naufragamos en una isla desierta, donde no hay posibilidad de conectar una computadora, el libro sigue siendo un instrumento valioso. Aun si tuviéramos una computadora con batería solar, no nos sería fácil leer en la pantalla mientras descansamos en una hamaca. Los libros siguen siendo los mejores compañeros de naufragio. Los libros son de esa clase de instrumentos que, una vez inventados, no pudieron ser mejorados,simplemente porque son buenos. Como el martillo, el cuchillo, la cuchara o la tijera.

Llegados a este punto podemos preguntarnos por la supervivencia de la figura del escritor y de la obra de arte como unidad orgánica. Y simplemente quiero informarles a ustedes que éstas ya se vieron amenazadas en el pasado. El primer ejemplo es el del Commedia dell’arte italiana, en la que, sobre la base de un canovaccio –un resumen de la historia básica–, cada interpretación, según el humor y la imaginación de los actores, era diferente de las demás, de modo que no podemos identificar ninguna pieza de ningún autor individual que corresponda con Arlequino servidor de dos patrones, y en cambio sólo podemos registrar una serie ininterrumpida de interpretaciones, la mayoría de ellas definitivamente perdidas y cada una de ellas, por cierto, diferente.

Otro ejemplo sería el de la improvisación en jazz. Podemos creer que alguna vez hubo una interpretación arquetípica de Basin Street Blues y que sólo sobrevivió una sesión posterior, pero sabemos que esto es falso. Hay tantos Basin Street Blues como interpretaciones hubo de la pieza, y en el futuro habrá muchos que aún no conocemos. Bastará con que dos o más intérpretes se encuentren y ensayen su versión personal e inventiva del tema original. Lo que quiero decir es que ya nos hemos acostumbrado a la idea de ausencia de autoría en relación con el arte popular colectivo, en el que cada participante aporta lo suyo, a la manera de una historia sin fin muy jazzera.

Pero es necesario señalar una diferencia entre la actividad de producir textos infinitos y la existencia de textos ya producidos, que pueden ser interpretados de infinidad de maneras, pero son materialmente limitados. En nuestra cultura contemporánea aceptamos y evaluamos, de acuerdo con estándares diferentes, tanto una nueva interpretación de la Quinta Sinfonía de Beethoven como una nueva sesión jazzera del Basin Street Theme. En este sentido, no veo cómo el juego fascinante de producir historias colectivas e infinitas a través de la red pueda privarnos de la literatura de autor y del arte en general. Más bien nos encaminamos hacia una sociedad más liberada, en la que la libre creatividad coexistirá con la interpretación del conjunto de textos escritos. Me gusta que sea así. Pero no podemos decir que hayamos guardado el vino nuevo en odres viejos. Las dos potencialidades quedan abiertas para nosotros.

El zapping televisivo es otro tipo de actividad que no tiene el menor vínculo con el consumo de una película en el sentido tradicional. Es un artilugio hipertextual que nos permite inventar nuevos textos y no tiene nada que ver con nuestra capacidad de interpretar textos preexistentes. Traté desesperadamente de encontrar un ejemplo de situación textual ilimitada y finita, pero me resultó imposible. De hecho, si tenemos un número infinito de elementos con los cuales interactuar, ¿por qué tendríamos que limitarnos a producir un universo finito? Se trata de un asunto teológico, de una especie de deporte cósmico en el que uno –o El Uno– podría establecer las condiciones de toda acción posible, pero en el que se prescribe una regla y de ese modo se limita, generándose un universo muy pequeño y simple. Permítanme, sin embargo, considerar otra posibilidad que en primera instancia prometía un número infinito de posibilidades a partir de un número finito de elementos –como ocurre con un sistema semiótico–, pero que en realidad sólo ofrece una ilusión de libertad y creatividad.

Gracias al hipertexto podemos obtener la ilusión de construir un texto hermético: un relato policial puede adquirir una estructura que permita que sus lectores elijan cada uno su propia solución y decidan al final si el culpable es el mayordomo, el obispo, el detective, el narrador, el autor o el lector. De ese modo pueden construir su novela personal. Esta idea no es nueva. Antes de la invención de las computadoras, los poetas ynarradores soñaron con un texto totalmente abierto para que los lectores pudieran recomponer de diversas maneras hasta el infinito. Ésa era la idea de Le Livre, según la predicó Mallarmé. Raymond Queneau también inventó un algoritmo combinatorio en virtud del cual era posible componer millones de poemas a partir de un conjunto finito de versos. A comienzos de los años sesenta, Max Saporta escribió y publicó una novela cuyas páginas podían ser desordenadas para componer diferentes historias, y Nanni Balestrini metió en una computadora una lista inconexa de versos que la máquina combinó de diferentes maneras hasta producir diferentes poemas. Muchos músicos contemporáneos produjeron partituras musicales cuya alteración permitía producir diferentes ejecuciones de las piezas.

Todos estos textos físicamente desplazables dan la impresión de una libertad absoluta por parte del lector, pero es sólo una impresión, una ilusión de libertad. La maquinaria que permite producir un texto infinito con un número finito de elementos existe desde hace milenios: es el alfabeto. Con el número limitado de letras de un alfabeto se pueden producir miles de millones de textos, y eso es exactamente lo que se ha hecho desde el viejo Homero hasta nuestros días. Por el contrario, un texto-estímulo que no nos provee letras o palabras sino secuencias preestablecidas de palabras o de páginas, no nos da la libertad de inventar lo que queramos. Sólo somos libres de desplazar fragmentos textuales preestablecidos en una cantidad razonablemente importante. Un móvil de Calder es fascinante, aunque no porque produzca un número infinito de movimientos posibles sino porque admiramos en él la regla férrea impuesta por el artista: el móvil se mueve sólo como Calder lo quiso.

El último límite de la textualidad libre es un texto que en su origen está cerrado, por ejemplo Caperucita Roja o Las mil y una noches, y que yo, el lector, puedo modificar de acuerdo con mis inclinaciones, hasta elaborar un segundo texto, que ya no es el mismo que el original pero cuyo autor soy yo mismo, aun cuando en este caso la afirmación de mi propia autoría sea un arma que dispara contra el concepto nítido y bien definido de autor. Internet está abierta a experimentos de esta naturaleza, y muchos de ellos pueden resultar hermosos y fructíferos. Nada nos impide escribir un relato en el cual Caperucita Roja devora al lobo. Nada nos impide reunir relatos diferentes en una especie de rompecabezas narrativo. Pero esto no tiene nada que ver con la función real de los libros y con sus encantos profundos.

Un libro nos ofrece un texto abierto a múltiples interpretaciones, pero nos dice algo que no puede ser modificado. Supongamos que estamos leyendo La guerra y la paz de Tolstoi. Anhelamos con desesperación que Natasha rechace el cortejo de Anatoli, ese despreciable sinvergüenza; con la misma desesperación anhelamos que el príncipe Andrei, que es una persona maravillosa, no se muera nunca, y que él y Natasha vivan juntos para siempre. Si tenemos La guerra y la paz en un CD-ROM hipertextual e interactivo, podremos reescribir nuestro propio relato; podríamos inventar innumerables La guerra y la paz, uno en el que Pierre Besujov consigue matar a Napoleón o, si preferimos, uno en el que Napoleón derrota en toda la línea al general Kutusov. ¡Qué libertad! ¡Cuánta excitación! ¡Cualquier Bouvard o Pécuchet puede llegar a ser Flaubert!

Desgraciadamente, con un libro ya escrito, y cuyo destino está determinado por la voluntad represiva del autor, no podemos hacer nada de eso. Nos vemos obligados a aceptar el destino y a admitir que somos incapaces de modificarlo. Una novela hipertextual e interactiva da rienda suelta a nuestra libertad y creatividad, y espero que esta actividad inventiva sea implementada en las escuelas del futuro. Pero con la novela La guerra y la paz, que ya está escrita en su forma definitiva, no podemosejercer las posibilidades ilimitadas de nuestra imaginación sino que nos enfrentamos a las severas leyes que gobiernan la vida y la muerte.

De modo similar, Victor Hugo nos ofrece en Los miserables una hermosa descripción de la batalla de Waterloo. Esta versión de Hugo es la opuesta de la de Stendhal. En su novela La cartuja de Parma, Stendhal ve la batalla a través de los ojos del protagonista, que mira desde el interior del acontecimiento y no entiende su complejidad. Por el contrario, Hugo describe la batalla desde el punto de vista de Dios y la sigue en cada detalle. Así, con su perspectiva narrativa, domina toda la escena. Hugo sabe no sólo lo que sucedió sino también lo que podría haber ocurrido (aunque de hecho no ocurrió). Sabe que si Napoleón hubiera sabido que más allá de la cumbre del monte Saint Jean había un acantilado, los coraceros del general Milhaud no habrían sido abatidos a los pies del ejército inglés, pero la información del emperador era vaga o insuficiente. Hugo sabe que si el pastor que había guiado al general Von Bulow hubiera propuesto un itinerario diferente, el ejército prusiano no habría llegado a tiempo para provocar la derrota francesa.

De hecho, en un juego de roles uno podría reescribir Waterloo de tal modo que Grouchy llegara a tiempo con sus hombres para rescatar a Napoleón. Pero la belleza trágica del Waterloo de Hugo consiste en que los lectores sienten que las cosas ocurren con independencia de sus deseos. El encanto de la literatura trágica depende de que sintamos que los héroes podrían haber escapado a sus destinos, pero no lo hicieron por sus debilidades, su orgullo o su ceguera.

Además, Hugo nos advierte: “Un vértigo, un error, una derrota, una caída que dejó perpleja a toda la Historia, ¿puede ser algo sin causa? No… la desaparición de ese gran hombre era necesaria para que llegara el nuevo siglo. Alguien, a quien no pueden hacérsele reparos, se ocupó de que el resultado del acontecimiento fuera éste… Dios pasó por aquí, Dieu est passé”.

Eso es lo que nos dice cada libro verdaderamente grande: que Dios pasó, y que pasó tanto para el creyente como para el escéptico. Hay libros que no podemos reescribir porque su función es enseñarnos la necesidad; sólo respetándolos tal como son pueden hacernos más sabios. Su lección represiva es indispensable si queremos alcanzar un estadio más alto de libertad intelectual y moral.

Es mi esperanza y mi deseo que la Bibliotheca Alexandrina continúe albergando este tipo de libros, para que nuevos lectores gocen de la experiencia intransferible de leerlos. Larga vida a este templo de la memoria vegetal.

 

Traducción: Sergio Di Nucci

 

 

8° Encuentro de la Capacitación para auxiliares de bibliotecas comunitarias

Jueves, Octubre 25, 2012

En el 8° Encuentro de la Capacitación para auxiliares de bibliotecas comunitarias, organizada por el programa Bibliotecas para armar, el autor, editor y docente, Mario Méndez, brindó una charla sobre la literatura infantil en la Argentina; su relación con la escuela y con las estrategias que las editoriales, grandes y pequeñas, han desarrollado para insertarse en el medio educativo.

 

 

Teniendo en cuenta que ustedes son futuros auxiliares de biblioteca y que no pocas veces atenderán a niños y adolescentes que en algunas ocasiones van a recurrir a la biblioteca comunitaria en busca de literatura (y más de una vez, orientados desde la escuela), he decidido organizar esta charla tomando como base la tesis que escribí hace un par de años para obtener mi título de Editor de la Universidad de Buenos Aires. Creo que es pertinente, y nos permitirá, de paso, intercambiar algunos conceptos acerca de la oferta de literatura infantil y juvenil en la Argentina (LIJ).

La LIJ, literatura que a estas alturas de su historia y desarrollo ha dejado de considerarse menor, ocupa un importante lugar como género particular de la literatura. Esta literatura específica ha crecido tan notablemente en los últimos años en nuestro país que dicho crecimiento bien puede considerarse un fenómeno editorial. Tanto por la cantidad de títulos que se publican año a año como por el aumento de los autores que se dedican a escribirla; por la aparición de editoriales que publican esta clase de literatura o las editoriales que deciden sumar una sección ad hoc a las preexistentes, la literatura infantil y juvenil en la Argentina viene teniendo un fuerte crecimiento que, es de preverse, continuará así por mucho tiempo. Y este fortísimo crecimiento está relacionado directamente con el aprovechamiento integral que las editoriales han realizado de la relación entre literatura infantil y juvenil y la escuela. O, mejor dicho, el sistema educativo todo, desde el preescolar hasta el secundario, pasando, fundamentalmente, por la escuela primaria.
La relación de esta literatura y la escuela se ha dado desde siempre, tanto que no pocos especialistas se preguntan si debería llamarse realmente literatura a aquellos libros tan ostensiblemente didácticos o pedagógicos que lo que menos les interesa es crear una obra literaria, aquellos, en suma, donde la historia, el argumento, los personajes, todos los componentes de la obra literaria son una excusa para enseñar algo, a diferencia de obras como las de precursores Lewis Carroll (Alicia en el país de las maravillas, fundamentalmente), o Mark Twain (las historias de Tom Sawyer y su amigo Huck) a quienes en absoluto se les ocurrió pensar en las implicancias didácticas de sus obras. Pero no es intención de esta charla, como les decía, desarrollar en extenso las características intrínsecas de la literatura infantil y juvenil, sino ver la relación del crecimiento de la LIJ en Argentina con el aprovechamiento integral que las editoriales han hecho de la relación con la escuela. Y para ello lo mejor será desarrollar los conceptos subsidiarios de “Adopción” y “Prescripción”, conceptos tomados de la experiencia de venta de libros de textos, donde los promotores se proponen conseguir una determinada cantidad de adopciones, esto es, que los maestros, maestras, profesores, bibliotecarios, pidan determinado libro de texto a su curso y los alumnos deban comprar, en lo posible, un ejemplar cada uno del libro prescripto. Este concepto se aplicó a la venta y promoción de LIJ, alentándose el pedido (la prescripción) de una determinada novela, obra de teatro, colección de cuentos o poesías, para que lo lea todo el grado. Y aquí es cuando corresponde hablar de las estrategias que las distintas editoriales desarrollan para conseguir que las maestras y maestros prescriban sus títulos y los respectivos grados los adopten.

 

 
En principio querría diferenciar entre los libros de literatura desprovistos de una carga didáctica ostensible, de los que podrían considerarse a mitad de camino y de aquellos, por último, que llevan en sus páginas las actividades escolares, generalmente en anexos al final del texto literario, a continuación de él. Aunque vale decir, al menos según yo lo veo, que prácticamente todos ellos tienen esa carga, aunque se la disimule, porque a las editoriales no se les escapa que la forma de vender mucho es consiguiendo entrar a la escuela. Veamos por ejemplo algunas colecciones “libres de carga”: acá tengo ejemplares de la Colección “Barco de Vapor”, de la editorial SM, y también de Alfaguara-Santillana y de Sudamericana y de las más pequeñas y jóvenes Abran Cancha, Amauta y Crecer Creando. No hay en estas obras guías de estudio, ni preguntas, ni actividades sugeridas, pero fíjense en este catálogo de SM, donde se establecen los temas transversales que se pueden tratar, agrupados en el concepto  “Educación en valores” (no olvidemos que “SM” significa “Santa María”, y que esta editorial tiene una fortísima inserción en las escuelas parroquiales): entonces, decía, tenemos aquí “Amistad y Amor”, “Aprendizaje”, “Salud y respeto por la vida”, etc. etc. No es difícil imaginar a la promotora de SM comentándole a la maestra de segundo o tercero interesada, por ejemplo, en Anselmo Tobillolargo (hermoso libro, por lo demás) de Cristina Macjus, libro de la serie azul, recomendado a partir de 7 años, que adoptando este libro podrá trabajar temas como “Autonomía”, “Espiritualidad”, “Superación de la incomunicación” y varios más. Y por supuesto, si la maestra adopta el libro (para lo cual lo pide –prescribe- a sus alumnos) recibe el libro gratis y quizás, con suerte y dependiendo de las posibilidades de la autora y del interés del promotor puesto en la escuela, la visita de la escritora para la feria escolar, por ejemplo. Aquí, para seguir con los ejemplos, les muestro Ruperto detective, de Roy Berocay, escritor uruguayo muy exitoso. Es de la serie morada, recomendada desde 8 años. El libro puede estar acompañado de la guía de estudios que Alfaguara entrega a las maestras sólo a su pedido, y que además, las maestras pueden bajar de la Web, inscribiéndose previamente con el nombre, escuela y grado. En ella figura la biografía, la síntesis del libro, los temas transversales y conexiones curriculares, los contenidos conceptuales, actitudinales y procedimentales, las propuestas de actividades y las actividades para un posible taller de escritura. Y en el catálogo de literatura juvenil, que aquí les muestro, también hay una grilla con temas transversales, conexión con otras disciplinas, temáticas. En este caso, con Cabo Fantasma, de mi propia autoría, puedo mostrar la guía mejor presentada, con su carpetita, y vemos que con la novela se propone trabajar Ciencias Sociales y el tema de la paz.
Y tenemos el caso de la colección AlfaWalsh, dedicada a la obra completa de María Elena Walsh, que pese a que uno supone que se vende sola, y por impacto, porque todos hemos tenido en nuestra niñez la experiencia inolvidable de las canciones de María Elena Walsh, como “Manuelita…”, “Osías…” o las canciones de El reino del revés, también se le apunta a la escuela y nos encontramos con propuestas para que El reino del revés sea trabajado en el aula. Y fíjense, además, en ofertas integrales como los proyectos de lectura, en el que para cada grado se recomiendan cuatro libros que integran el proyecto, se especifican los contenidos relacionados con los ejes escolares, de cada uno de los títulos y luego hay propuestas de actividades para antes de la lectura, actividades de comprensión de la lectura y para después de la lectura, así como Taller de escritura. El cuadernillo, fíjense, termina con otras obras sugeridas, para que los maestros, por ejemplo, puedan conformar el proyecto cambiando un título por otro, o incluso todos ellos.
Sin cambiar de grupo editorial pero sí de sello, querría hablarles un instante de una colección intermedia, en la que, dicho sea de paso, tuve mi primera experiencia como editor, pues me tocó editar cuatro títulos: este mismo, Historias de caminos y caminantes, y otros tres, en los que hice el seguimiento editorial. Se trata de la colección “Leer es genial”, de Santillana, que está organizada, como se explica claramente en esta guía para docentes, según siete series temáticas, coincidentes con ejes curriculares: “Unos y otros”, “Iguales y diferentes”, “Decir y escuchar”, “Ingenio y enigmas”, “Cuidar y querer”, “Ayer y siempre”, “Paz y respeto”. Y en vez de colores, para las edades se diferenció en lectores, relectores, ultralectores.
Volviendo a los libros despojados de agregados educativos, pero en los que se tiene en cuenta lo escolar de todas maneras, les menciono y muestro algunos títulos de Sudamericana, editorial señera en el rubro, si se tiene en cuenta sobre todo el trabajo de Canela y Silvia Schujer para imponer entre otras la famosa colección “Pan Flauta”, y tres muestras de editoriales jovencitas que aprendieron de las experiencias anteriores. La editorial Abran Cancha, de la reconocidísima autora Adela Basch, quien fuera editora de El quirquincho. Aquí les muestro Había una vez un libro (dedicado a mis hijas y roto por ellas, como corresponde), y este pequeño catálogo donde se explica y promociona el taller que acompaña al libro. Tres títulos de Amauta, que empezó a vender su primer libro, con su “programa de lectura interactiva”, que proponía, básicamente, dos visitas del autor, en la apertura y en el cierre, con entrevista. Y por último, uno de los doce títulos de la colección “Mar de Papel” que me tocó dirigir para la editorial Crecer Creando, con su guía de actividades que claramente sigue el ejemplo de Alfaguara.
Para terminar, muestro ahora los libros que sí tienen en sus páginas las actividades escolares. Libros que son, al menos para mí no hay dudas, de literatura y no de texto, aun cuando propongan, más abiertamente, que la literatura sea enseñada en la escuela, con propuestas creativas que no tienen nada que ver con rastrear sustantivos o verbos, sino con relacionar lo leído con el contexto, con hacer trabajos en otros formatos (cartelería, volantes, notas periodísticas, reseñas, opiniones, reportajes imaginarios o no, etc.). Obviamente, creo que se puede y se debe leer en el aula, por la lectura misma, que es un fin en sí, y apuntando al placer de leer, a compartir ese mágico momento. Pero no creo que proponer una tarea creativa, lúdica o de re- interpretación atente contra el placer de leer.   
Para finalizar, cito a otra editora amiga, Judith Willheim, quien junto a su marido Walter Binder realiza ferias en las escuelas y fundó la editorial Calibroscopio. Ella dice, sin dudarlo, que la relación de la escuela y la venta de libros de LIJ más que importante, es, directamente, necesaria.

 

LA IMPORTANCIA DE LEER Y HACER LEER

Jueves, Abril 26, 2012

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Si bien es cierto que reflexionar sobre las prácticas relacionadas con la lectura y su promoción son tarea continua de quienes participan de ámbitos específicos creados para la enseñanza y difusión de la cultura escrita como la escuela o la biblioteca, no menos imprescindible es el desarrollo de estrategias específicas dirigidas a extender el compromiso hacia la comunidad entera en búsqueda de objetivos tales como el acceso a la información, la consolidación del vínculo con dispositivos como el libro u otros materiales impresos. Libro de arena presenta un artículo que indaga sobre estos y otros aspectos de leer.

 


Por Alvar Torales

 

Leer es una necesidad personal, educativa y social que puede ser culturalmente “contagiada” y formada si se suma la energía de muchos lectores y agentes pro-lectura y se coordina a través de las bibliotecas comunitarias.

En este sentido, debemos tener en cuenta la utilización de la biblioteca comunitaria como recurso articulador del proyecto, la formación de “clubes de lectores”, la implicación de los distintos sectores de la comunidad en las propuestas con el fin de contribuir a crear un ambiente lector, la celebración de jornadas de animación y la difusión de las experiencias a otros contextos como iniciativa movilizadora, debemos implicar a todos los posibles agentes y lectores potenciales que entre otras cosas incluiría las siguientes dimensiones:

a)      todos los ámbitos: familiares, educativos (donde haya apoyo escolar o educación no formal) y entornos de la comunidad

b)      todas las edades: infantil, juvenil, adultos y tercera edad.

c)      los diferentes espacios públicos del barrio, incluida la calle.

Para poder dar respuesta al interés por la lectura resulta insoslayable indagar sobre algunas cuestiones centrales que nos guíen en la comprensión de los factores involucrados en el proceso de promoción. A saber: ¿por qué leer? ¿qué guía la lectura? ¿el rechazo, la obligación, la indiferencia, la necesidad o el placer?; ¿cuándo leer? ¿cómo administrar tiempo y momentos adecuados para la lectura?; ¿dónde leer? ¿cuál es la importancia de la biblioteca, del acceso al préstamos del material bibliográfico?; ¿qué leer? ¿diarios, publicaciones periódicas, libros, artículos? ¿qué aspectos paratextuales de las distintas escrituras? Intentar llevar información sobre obras indicadas o recomendadas para diversos lectores resulta un asunto crucial a la hora de satisfacer una demanda por parte del público. Por este motivo, instalar la consigna “Hay libros para todos” no es suficiente en sí misma y debe estar siempre acompañada de un plan o proyecto que ha de ser vehiculizado a través de estrategias concretas, entre las que se pueden mencionar ciertas acciones primordiales como:

1)      Elaborar listados de libros por núcleos de interés y ofrecerlos por medio de carteleras u otros dispositivos.

2)      Detectar los libros más leídos e invitar, en lo posible, a sus autores para realizar actividades en relación con su escritura.

3)      Hacer eventos específicos como “semanas del libro itinerante” en colegios del barrio o en otros establecimientos públicos o privados.

4)      Realizar un “súper libro”, de ejemplos únicos, con la selección de libros realizada por lectores y sugerida por referentes. Puede ser ilustrado.

5)      Hacer presente hasta convertir en algo cotidiano, no ocasional, el hecho de hablar de libros y conocimiento cuando se trata de cualquier ámbito de interés común.

6)      Poner “buzones de intercambio” con recomendaciones de libros leídos, en y fuera de la biblioteca

7)      Promover clubes de lectura y debate. Fomentar las tertulias que trabajen sobre distintas épocas, temas, geografías, etc.

8)      Fomentar la lectura en familia induciendo a los mayores a contar, a relatar a los pequeños como vínculo que retroalimenta positivamente la práctica lectora. Para ello resulta propicia la elaboración de cuadernos de recomendaciones y actividades relacionadas con técnicas de narración oral.

Todas estas acciones y recursos contribuyen a difundir e instalar la importancia de la lectura en todos los órdenes y deben ser tenidas en cuenta como parte de los interrogantes que inquieten a los actores relacionados con la educación formal y no formal, con las bibliotecas y otros ámbitos de acción cultural que requieren de la lectura como parte integrante de sus desarrollos.

COMUNICO LUEGO EXISTO

Jueves, Noviembre 24, 2011

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¿Por qué los medios de comunicación son en la actualidad una máquina de producir existencia? En la segunda parte de la charla con Ariel Scher, el periodista analiza, luego de determinar cuál es el papel de la industria de la información en el devenir cultural, con qué ventajas cuentan los medios propios en la difusión de los proyectos de pequeñas organizaciones políticas y sociales, además del valor de las nuevas tecnologías como herramientas para la construcción de las identidades y la importancia de “contar lo esencial”.

 

 

María Laura: Ariel, cuando escribís un mail con un asunto, ¿qué conviene poner en el asunto, el nombre de la comunidad?

 

Ariel Scher: En lo que tiene que ver con vincularse con medios tradicionales, insisto, si vas a generar tu espacio, conviene trabajar el título, volanta y bajada, elementos paratextuales de lectura rápida que sirven de indicaciones para facilitar la lectura son los lugares donde figura la información esencial. Hay que despreocuparse de los formatos clásicos, a veces importa organizar la información enfatizando los elementos esenciales según el orden de aparición, pero siempre que esto aparezca arriba de todo detalle ulterior. Así funcionan las noticias y los informativos de radio. Pueden poner: mañana nos reuniremos a tal hora en tal luagr, y allí se sintetiza lo más importante. En el mundo periodístico decimos que ‘los muertos van a la cabeza’, queriendo significar que los elementos que llamen la atención del lector deben aparecer de entrada. Este recurso viene de la literatura. El negro Fontanarrosa me decía en una oportunidad: “yo agarro y tiro la primera frase para que me sigan leyendo si no quién va a leer a Fontanarrosa, decía él de sí mismo, y ponía en La verdad de la milanesa ‘puto el que lee`y uno va y lee; y cuentan que también Kafka hizo algo así con la metamorfosis, de golpe resuleve desde el inicio que es la historia de un tipo que se volvio cucaracha, lo que quiere saber el lector es cómo esto ocurrió, qué quiere decir, si no te atrapa de entrada, no interesa más y no vale la pena seguir leyendo, por eso hay recursos para invitar a la lectura, son mecanismos de seducción.

 

Público: Como las placas de crónica.

 

 

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AS: Lo que pasa es que yo te pido que digas la verdad, no te estoy diciendo que mientas, vos podés forzar la realidad sin mentir.

 

P: Es que son tan desopilantes…

 

AS: Sí, claro. Pero vos podés magnificar y cautivar diciendo cosas ciertas o cosas que no lo son, o forzando. Por ejemplo si decís mil quinientos escritores se encontraron en el Bajo Flores y eran cincuenta personas a participar en una actividad. Lo que hay que hacer es apuntar a resaltar dentro de los cincuenta a alguno que funcione como figura destacada que actúe de gancho para atraer la atención. Hoy internet es una vía de comunicación alternativa a los medios gráficos para comunicar en el marco de pequeñas comunidades, a través del correo electrónico, a través de las redes sociales, que sirven para difundir información relativa a los intereses de grupo, de llegada más rápida y efectiva que si se pretendiera llegar a través de un periódico. Cualquier teórico de la literatura diría que el mejor de los poemas de Neruda es el que dice lo esencial es lo esencial de la condición humana, difícil es contarlo. Lo periodística trabaja también sobre la búsqueda de los núcleos informativos. Si Victoria quiere difundir una actividad en el bajo flores sobre una partida de bochas de la zona o de la red de trueque de la zona y pone diez palabras a l respecto por ahí eso es lo que sirve. Yo quería agregar otra cosa sobre un laburo que excede la forma, que tiene que ver con los límites de poner esfuerzos inñutiles. Algunas cosas que a nosotros nos sirve que lleguen a los medios masivos tiene que ver con hacer contacto con alguna gente, a través de la entrevista o la nota que cuenta una experiencia particular que vale la pena contar, convencer al otro de que lo que se está haciendo es importante. Tiene que ver con una inversión de tiempo y esfuerzo a través del establecimiento de un vínculo, es como una apuesta sobre un nexo que se genera con el preiodista, de manera tal que entablan un conocimiento y crean un ámbito de referencia que entra  aformar parte de los ámbitos reconocidos sobre los que luego se informará cada vez que surja una evento. Esto, en el campo de la teoría política y social esto se llama construir un capital social. Tiene que ver con el trazado de redes y el reconocimientos que los actores sociales adquieren a partir de estas y que luego se constituyen como referentes sobre los distintos temas o problemáticas.

 

P: Yo tengo una biblioteca atrás de la canchita de un club en Berio, que tiene un pizarrón en la pared que da a la calle en donde la gente viene y deja información y muchos de los que viven ahí se acercan y leen y se interesan.

 

AS: Vos tenés una comunidad constituida, lo cual no quiere decir que no sea dinámica, que alguno se acerque y otro se aleje. Lo que yo digo en términos teóricos es que cuando uno patenta, establece un mecanismo más o menos regulares, la comunidad reunida en torno de un interés funciona.

 

P: Funciona para la gente que está ahí.

 

AS: Siguiendo el último reazonamiento si uno construye comunicaciones más o menos regulares y además seleccionas los contenidos en función del perfil de la comunidad, entonces funciona. El medio de comunicación crea, da forma a la comunidad.

 

P: Hace poco hubo u problema eéctrico con un cablerío y tuvimos que llamar a la tlevisión para que nos dieran respuesta, sólo cuando llegaron las cámaras se solucionó enl problema. Tiene que haber un medio poderoso para que pase algo…

 

AS: A veces, hay que ver, es cierto, de qué se trata el tema que concita la atención. Pero vos también sos poderosa, solo que tu poder tiene que ver con un radio de acción, con un circuito en el que vos te movés, además está sujeto a ciertos códigos, al segmento que recorta la comuidad, a las preferencias.

 

ML: También es importante ser sistemáticos, porque si no sosteneés en el tiempo la comunicación y las actividades deben generar un acostumbramiento a través de la comunicación constante.

 

AS: Las comunicaciones espasmódicas no permiten construir sistemáticamente. Además no hace falta ser profesional de la comunicación para realizar esta operación, que es lo que hace,entre otras cosas, que funcione. La regularidad y la selección de lo que se va a decir es el punto central de la comunicación.

 

P: Yo estoy claborando con la municipalidad en un plan de reciclado y qué pasa, la gente si vos le explicás de palabra todo el proceso de cómo se debe hacer el reciclado no es suficiente, entoces me tomé el trabajo de escribir los pasos del proceso, y me dio resultado porque con el tiempo la gente empezó a cambiar sus prácticas de cómo tratar la basura, y ahora me consultan sobre la base de lo que ya aprendieron. Yo lo hice en todos los negocios de la manzana, y me convertí en referente del barrio

 

AS: Vos definís el contorno de la actividad, estás haciendo un proceso que implicará en ocasiones la frustración y otras el éxito, pero eso es propio de toda actividad humana. En la medida en que vos actuas para transformar esa realidad a través de la información que difundis con esa hojita sobre reciclado te armás de la herrramienta definitoria de tu tarea que es la comunicación; si querés construir cosas, la existencia de las ocsas depende casi de la existencia de la comunicación sobre las cosas, y no soló que la gente se entere de los que comunicas sino el hecho mismo de que las cosas tengan existencia por las palabras con las que las referis. Los proyectos de escala social, políticos necesitan ser comunicados para ser, no solo ser difundidos, porque unos define qué es con la comunicación. Desde lo que comunicas decis lo que sos. La comunicación es la política, en térmicos de definición de los se es.

 

P: Yo me quedé pensando que además se define la pertenencia a determinado grupo, la sensación de que uno forma o no parte de esa comunidad.

 

AS: Sí hay una relación de interpelación mediante la cual los sujetos se sienten llamados a ser parte de. Y uno tiene que saber aprovechar los recursos para explotar esa receptividad. Buscar mecanismos de seducción.

 

P: ¿Y el marketing?

 

AS: Funciona de manera similar. Clarín, por ejemplo, tira frases de marketing, inflando a trevés de recursos explosivos la información que a veces de por sí es poco llamativa. Es un proceso comunicacional, que bien usado es legítimo. En muchos ligares uno trabaja casi con quien se dispone a trabajar con uno y en ocasiones el marketing permite formulaciones estratégicas que quizá acierte mejor sobre en qué lugar de la frase poner el cuándo y el dónde pero esto no implica necesariamente que se vaya a alterar el contenido, el contenido y el perfil se lo da uno, es parte de la definición comunicacional de la identidad del colectivo que como proyecto se quiere construir.

 

Primera parte del encuentro: Los medios y la existencia

 

LOS MEDIOS Y LA EXISTENCIA

Jueves, Noviembre 17, 2011

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El periodista Ariel Scher, invitado por el Programa Bibliotecas Para Armar, dio una charla sobre el papel de los medios de comunicación en el desarrollo de proyectos comunitarios, en el marco de la “Capacitación para Auxiliares de Bibliotecas”. Libro de arena publica la primera parte de la entrevista que giró en torno de la comunicación propia de la institución o del proyecto social, y las preguntas esenciales que toda comunicación debe responder en su formulación.

 

 

Ariel Scher: Este tipo de encuentros me llevan a reflexionar sobre por qué las cosas son éstas y no otras. Yo trabajo muchísimo en el campo del periodismo deportivo, me dedico, hace mucho, a esto. Y me pregunto por qué construyo lo que construyo. Este cuestionamiento se puede resolver en términos teóricos o de análisis político económico, en términos de mercado y no en términos humanos o antropológicos. La verdad es que la humanidad está llena de cosas injustas, y que se conozcan más ciertas noticias, como por ejemplo ciertas cosas que pasaban en el partido de la selección, me pareció que eran nuevas y que por eso respondían, justamente a la idea de noticia, eran noticiosas. La palabra noticia tiene que ver con lo nuevo. Yo no soy Mariano Grondona pero vieron que él explica todo desde el lugar de la etimología, del griego y del latín, muy prestigiosos. Pero como mi relación con las lenguas clásicas no es muy buena, y además no me gusta su estilo, no me parezco a él. Pero lo importante es qué es los que quiere decir la palabra noticia. Hubo una época en que el periodismo era muy discutido en sus formas, por ejemplo uno de los cuestionamientos tenía que ver con por qué el periodismo tenía que tener su pata comunicativa; y a mí esta observación me parecía atendible. Cuando yo empecé a los dieciséis años a trabajar en periodismo los medios de comunicación eran muy influyentes, ya. Por ejemplo Los Campanelli, programa dominical de aquella época, tenían directa influencia en la vida cotidiana de mi familia y en la mía; la construcción radial de las emisoras de mayor audiencia, los periódicos también; eran influyentes, incidentes. Hoy en día no hay línea teórica del área de la comunicación que no considere que hoy ya no es más influyente sino determinante el papel de los medios de comunicación. Somos lo que los medios hacen de nosotros, o mejor lo que la industria de la información hace de nosotros. Esto no quiere decir que seamos una colección de idiotas que no sabemos que hacemos acá, lo que quiero decir es que cualquier construcción de cualquier cosa en este tiempo, que es adonde quería desembocar, necesita ser comunicada. En otro momento decíamos que tener un secretario de prensa se correspondía con los tiempos en que los medios influían, en este tiempo ya la comunicación se hizo industria y es la mayor máquina de hacer y deshacer la cabeza del hombre en la historia humana. Para decirlo de otra manera, hay que entender la centralidad de la comunicación en todo proyecto que hacemos. Lo que no comunicamos es casi como que no existiera. Y esta frase la digo así un poco provocativamente para ver si despierto no digo la ira, pero sí la resistencia ideológica y alguno salta y me dice: ¿acaso mi relación con mi pareja, mi familia, mi vecino no existe? Sí, por supuesto, pero se remite a una existencia del orden de los interpersonal, fuera de lo cual no sale, no tiene existencia; la construcción de cualquier cosa que exceda esos vínculos requiere como nunca antes en la historia de la comunicación. Vamos a verlo desde otro punto de vista, lo vamos a pensar al revés, no desde los circuitos de la comunicación clásica, sino desde otra idea, vamos a suponer que yo tengo una sociedad difusora de la existencia de esta columna. Una sociedad no difusora sino que está en relación con la existencia de esta columna, que valora esta columna, que pondera la necesidad de su existencia para que el mundo no se caiga a pedazos, puedo encontrar su lugar en la historia del museo del que forma parte. Pero la existencia de esta sociedad se sostiene en que yo esté comunicando esta idea permanentemente. Ahora, si yo busco en  la BBC de Londres, o La Nación, Clarín, Página 12, la columna quizá no tenga significación en la escala de búsqueda en el registro noticioso de estos medios; ante esto,  habitualmente qué se decía, “no hago nada”; quedamos la columna y yo y nos miramos recíprocamente. La lógica, la estructura que entendemos que hay que construir en esta época es la comunicación propia, porque la comunicación está en el centro de los centros de la actividad humana, si pensáramos en una construcción política clásica pensaríamos que la comunicación es la política. Además del saber específico del que se trate hay que saber comunicar. Quiero decir, si yo confío en la necesidad de este proyecto, en su continuidad, tengo que construir un discurso sobre su necesidad, y a través de éste construir una comunidad de interpretación que así lo entienda, y que le dé sentido. Si ustedes que trabajan con libros consideran que leer es una actividad que transforma a los sujetos, que a través de la lectura se dignifica la condición humana, que un espacio identitario a través del vínculo que es posible generar a partir de la lectura es un valor en sí mismo porque permite o favorece la transformación social, tienen los valores de su proyecto. Pero lo esencial es que esto se comunique. Si ustedes que trabajan en bibliotecas desconocen qué cosa es un libro van a tener un problema superior a este, si desconocen que la gente se comunica a través de algún lenguaje, también, pero fuera de la lógica de estas especificidades, la comunicación y el gobierno de su lógica son una necesidad para cualquier tipo de actividad de que se trate, en general; y de algún modo une a todas la labores humanas. Sabemos que es posible que nos crucemos quienes hacemos distintas actividades a partir del denominador común de la comunicación. Los medios tradicionales son útiles para generar un tipo de comunicación pero para otros fines no lo son tanto. Hay una serie de cosas para las que los medios tradicionales no sirven, por distintos motivos, no son eficaces. Diganme una zona de referencia geográfica donde alguno de ustedes esté trabajando.

 

P: Yo por ejemplo trabajo en el Bajo Flores.

 

 

AS: Justamente, pensemos en tu caso. Vos hacés un trabajo enorme y un esfuerzo muy grande para comunicar lo que estás desarrollando, sobre la iniciativa que planteas y te desesperás para que salga en La Nación o Diario Popular pero la inserción que tienen es muy leve para que tenga la llegada que vos necesitás, entonces no te sirve. Ahora, si vos tenés una actividad como un concurso literario nacional, que por sus dimensiones, va a tener la repercusión por la que esos diarios van a estar interesados en levantar la información quizá ahí sí tenga sentido que lo publiquen ellos. Los periodistas o los que tenemos formación sobre medios nos damos cuenta de que a veces hay mucho esfuerzo inútil. Por ejemplo, en el fútbol si yo me entero de que una sociedad en Boedo va a llevar a cabo un campeonato yo lo sacaría de mil amores. Pero va a ser difícil que me conozcan, que den con la situación que haga que tenga sentido el esfuerzo. En cambio, en la lógica de esos lugares si ellos consiguen una figura conocida pongamos por caso Palermo que aun esta en el centro como figura deportiva conocida, allí sí hay un enganche para que tenga funcionamiento noticioso el evento. Quizá en la construcción de un sitio sobre Juan José Saer es más interesante noticiosamente si aparece en la Biblioteca Nacional que en algún sitio perdido o más chiquito. Porque influyen también mucho en las noticias los ámbitos de circulación, el que esté instalado en un circuito que favorece el interés sobre ese tema puntual. Hay flujos informativos que exceden la necesidad de la circulación masiva y otras que no. ¿Hay que resignarse? No, hay que plantearse estrategias adaptadas a las necesidades de difusión de la acción social que uno está emprendiendo. Tengo una amiga que tiene una biblioteca en Remedios de Escalada. Ella bombardeaba a los medios con la gacetilla sobre un concurso literario para escritores de la zona de sur de Buenos Aires. Era un esfuerzo enorme no para una señora de ochenta y pico de años que era ella, sino que lo sería para mí que estoy en los medios, porque seguramente esa información iría a parar a la remota posibilidad de que alguna vez se la levantaran. Hasta que construyó el propio medio, la gente de la comunidad escribía las noticias sobre su entorno, lo que hizo efectiva la comunicación. En el tiempo este último del que hablábamos sobre la hegemonía de los grandes medios hubo una transición decisiva hacia el abandono del papel. Hoy hay un proceso sustitutivo que se da por el creciente nivel de informatización de la sociedad que genera nuevas formas transversales de producción y acceso a otro tipo de informaciones distintas a los intereses de los grandes medios. Para sintetizar, en términos prácticos, hay dos desarrollos: uno es la comunicación propia que es clave y necesaria en las pequeñas comunidades donde uno trabaja, y el otro es cuándo y cómo se hace para transmitir un mensaje para que llegue a una máquina de transmitir mensajes que son los medios masivos. A diferencia de la televisión que no se aboca a dar informaciones locales, la radio, como medio, sí difunde información más delimitada a pequeños ámbitos. Son medios distintos. Vivimos en un mundo en donde el 0, 0001% de la población lograba colocar su discurso en los medios; los medios propios rompen con esa lógica hegemónica. Entonces, lo primero que hay que saber en el periodismo es que hay que responder de antemano a cuatro o cinco preguntas básicas para el lector que es incluso más esencial que el aspecto retórico de la escritura y lo relativo a la ‘bella expresión’ y es: qué, quién, cuándo, dónde y si se puede el cómo y el por qué, del modo más sugestivo posible. Es igualmente importante la mayor sencillez de frase y explotar lo mejor posible las palabras, tratando en lo posible de construir u discurso que dé fundamentos. Este discurso sirve tanto para la comunicación externa como para la interna. Una noticia bien escrita no escamotea jamás la respuesta a estas preguntas, es precisa informativamente. Situación clásica: yo trabajo en un escritorio de la sección deportes, a metros hay unos señores que trabajan en las agendas de Clarín, y hacen muchas otras cosas también, y a veces cuando faltan datos respecto de las preguntas anteriores, esto genera un inconveniente terrible en la comunicación. Es probable que en las bibliotecas en que ustedes trabajan haya un espacio en donde esté Hemingway, uno de los narradores más maravillosos del siglo XX, que además de escritor era periodista y estaba preocupado por comunicar lo esencial. El viejo y el mar, uno de sus textos más conocidos es la mejor historia periodística que hay, como él no podía resolver que le publicaran todo el texto fue trabajando la historia hasta que dejó la médula del texto y ese ejercicio de escritura es El viejo y el mar. Habrán visto que los diarios tienen títulos que dicen alguna cosa medianamente articulada con respecto al texto; el jefe de Hemingway quería que no le fuera bien, porque el talento de Hemingway lo irritaba, entonces le dijo “escribí el título de esta historia, cuando la escribas, y te doy dos líneas de tres espacios”. Nosotros titulamos en medidas, en general necesitamos una extensión para decir las cosas, porque no somos Hemingway. El jefe le dijo tenés dos líneas de tres espacios: era muy complicado, era imposible; pero Hemingway era Hemingway y además de su dominio literario estaba convencido de que se podía sintetizar lo esencial. Él sabía que tenía que contar lo esencial y es toda una lección no sólo para el periodismo, sino en general.

 

María Laura: Si ustedes miran las gacetillas que enviamos desde el programa va a ver que la información que aparece es la esencial, sencilla, con algún grado de detalle, pero es lo esencial.

 

AS: Desde dos lugares, desde la presunción de agotamiento de la receptividad en un mundo sobre saturado de información. Y por otro, la efectividad comunicativa que tienen los enunciados sintéticos, que vale tanto para el interior de la comunidad en la que nos desenvolvemos como hacia fuera. Sugerimos entonces esta construcción porque fortalece inexorablemente y muy potentemente los lazos comunicativos que refuerzan la identidad del ámbito, de la comunidad. De esta manera las micro comunidades van fortaleciéndose a la vez que creciendo.

 

P: Nosotros cuando escribimos adjetivamos demasiado.

 

AS: El adjetivo puede ser esencial. Lo que tenés que asegurar es que la elección sea pertinente. Registrar lo esencial.

 

P: Es como el concurso de Clarín que delimita una cantidad de palabras

 

AS: Sí pero eso es en relación con la obra.

 

ML: Se trata de omitir elementos que no tienen tanta importancia en relación a lo que efectivamente querés transmitir.

 

AS: Totalmente. Y además, porque necesitás precisar el escenario de qué es lo nuevo que estás comunicando, que diferencia este mensaje de todos los otros anteriores. Allí radica la aparición de lo esencial, en eliminar todo elemento que pueda ser redundante y entonces omitible. Si vos hacés un concurso en el Bajo Flores para mayores de cincuenta años invitandolos a ganarse un libro al hacer tal actividad, quizá te planteás cómo comunicar por distintas vías eso, pero lo que tenés que resolver es contar lo esencial. Si construís un registro propio, un medio propio, trabajás con cincuenta personas, todos se van a sentir parte del proyecto si hay un lugar que funciona como referente. Cada comunidad necesita contar con referencias identitarias, que funcionen como la bandera. La construcción es muy distinta cuando tiene además una cierta continuidad en donde surge la posibilidad de contar luego lo que pasó y hacés una historización de la comunidad, lo cual retroalimenta, y refuerza aun más la identidad.

EL POETA Y LOS SUEÑOS DIURNOS

Martes, Noviembre 8, 2011

 

En el curso de capacitación de auxiliares de Bibliotecas comunitarias, se abordó el tema de Estrategias de Animación a la lectura. En el encuentro, se conversó sobre las posibilidades que ofrecen los elementos de los diferentes lenguajes artísticos para el desarrollo de proyectos y actividades con esa finalidad, y en particular, del componente lúdico que supone toda actividad artística. Se realizó un recorrido por la función del juego en las distintas etapas de la vida y su relación con el Arte. Dicha relación es abordada por Sigmund Freud en “El poeta y los sueños diurnos”, texto de 1907.

 

 El POETA Y LOS SUEÑOS DIURNOS 

 

Los profanos sentimos desde siempre vivísima curiosidad por saber de dónde el poeta, personalidad singularísima, extrae sus temas -en el sentido de la pregunta que aquel cardenal dirigió a Ariosto- y cómo logra conmovernos con ellos tan intensamente y despertar en nosotros emociones de las que ni siquiera nos juzgábamos acaso capaces. Tal curiosidad se exacerba aún ante el hecho de que el poeta mismo, cuando le interrogamos, no sepa respondernos, o sólo muy insatisfactoriamente, sin que tampoco le preocupe nuestra convicción de que el máximo conocimiento de las condiciones de la elección del tema poético y de la esencia del arte poético no habría de contribuir en lo más mínimo a hacernos poetas.

Si por lo menos pudiéramos descubrir en nosotros o en nuestros semejantes una actividad afín en algún modo a la composición poética! La investigación de dicha actividad nos permitiría esperar una primera explicación de la actividad creadora del poeta. Y, verdaderamente, existe tal posibilidad; los mismos poetas gustan de aminorar la distancia entre su singularidad y la esencia generalmente humana y nos aseguran de continuo que en cada hombre hay un poeta y que sólo con el último hombre morirá el último poeta.

¿No habremos de buscar ya en el niño las primeras huellas de la actividad poética? La ocupación favorita y más intensa del niño es el juego. Acaso sea lícito afirmar que todo niño que juega se conduce como un poeta, creándose un mundo propio, o, más exactamente, situando las cosas de su mundo en un orden nuevo, grato para él. Sería injusto en este caso pensar que no toma en serio ese mundo: por el contrario, toma muy en serio su juego y dedica en él grandes afectos. La antítesis del juego no es gravedad, sino la realidad. El niño distingue muy bien la realidad del mundo y su juego, a pesar de la carga de afecto con que lo satura, y gusta de apoyar los objetos y circunstancias que imagina en objetos tangibles y visibles del mundo real. Este apoyo es lo que aún diferencia el «jugar» infantil del «fantasear».

Ahora bien: el poeta hace lo mismo que el niño que juega: crea un mundo fantástico y lo toma muy en serio; esto es, se siente íntimamente ligado a él, aunque sin dejar de diferenciarlo resueltamente de la realidad. Pero de esta irrealidad del mundo poético nacen consecuencias muy importantes para la técnica artística, pues mucho de lo que, siendo real, no podría procurar placer ninguno puede procurarlo como juego de la fantasía, y muchas emociones penosas en sí mismas pueden convertirse en una fuente de placer para el auditorio del poeta.

La contraposición de la realidad al juego nos descubre todavía otra circunstancia muy significativa. Cuando el niño se ha hecho adulto y ha dejado de jugar; cuando se ha esforzado psíquicamente, a través de decenios enteros, en aprehender, con toda la gravedad exigida, las realidades de la vida, puede llegar un día a una disposición anímica que suprima de nuevo la antítesis entre el juego y la realidad. El adulto puede evocar con cuánta gravedad se entregaba a sus juegos infantiles, y comparando ahora sus ocupaciones pretendidamente serias con aquellos juegos pueriles, rechazar el agobio demasiado intenso de la vida y conquistar el intenso placer del humor.

Así, pues, el individuo en crecimiento cesa de jugar; renuncia aparentemente al placer que extraía del juego. Pero quienes conocen la vida anímica del hombre saben muy bien que nada le es tan difícil como la renuncia a un placer que ha saboreado una vez. En realidad, no podemos renunciar a nada, no hacemos más que cambiar unas cosas por otras; lo que parece ser una renuncia es, en realidad, una sustitución o una subrogación. Así también, cuando el hombre que deja de ser niño cesa de jugar, no hace más que prescindir de todo apoyo en objetos reales, y en lugar de jugar, fantasea. Hace castillos en el aire; crea aquello que denominamos ensueños o sueños diurnos. A mi juicio, la mayoría de los hombres crea en algunos períodos de su vida fantasías de este orden. Ha sido éste un hecho inadvertido durante mucho tiempo, por lo cual no se le ha reconocido la importancia que realmente entraña.

(…)

EI juego de los niños es regido por sus deseos o, más rigurosamente, por aquel deseo que tanto coadyuva a su educación: el deseo de ser adulto. El niño juega siempre a «ser mayor»; imita en el juego lo que de la vida de los mayores ha llegado a conocer Pero no tiene motivo alguno para ocultar tal deseo. No así, ciertamente, el adulto; éste sabe que de él se espera ya que no juegue ni fantasee, sino que obre en el mundo real; y, además, entre los deseos que engendran sus fantasías hay algunos que le es preciso ocultar; por eso se avergüenza de sus fantasías como de algo pueril e ilícito.

(…)

Pasemos ahora de las fantasías al poeta. ¿Deberemos realmente arriesgar la tentativa de comparar al poeta con el hombre «que sueña despierto», y comparar sus creaciones con los sueños diurnos? Se nos impone, ante todo, una primera diferenciación: hemos de distinguir entre aquellos poetas que utilizan temas ya dados, como los poetas trágicos y épicos de la antigüedad, y aquellos otros que parecen crearlos libremente. Nos atendremos a estos últimos y elegiremos para nuestra comparación no precisamente los poetas que más estima la crítica, sino otros más modestos: los escritores de novelas, cuentos e historias, los cuales encuentran, en cambio, más numerosos y entusiastas lectores. En las creaciones de estos escritores hallamos, ante todo, un rasgo singular: tienen un protagonista que constituye el foco del interés, para el cual intenta por todos los medios el poeta conquistar nuestras simpatías, y al que parece proteger con especial providencia. Cuando al final de un capítulo novelesco dejamos al héroe desvanecido y sangrando por graves heridas, podemos estar seguros de que al principio del capítulo siguiente lo encontraremos solícitamente atendido y en vías de restablecimiento; y si el primer tomo acaba con el naufragio del buque en el que nuestro héroe navegaba, es indudable que al principio del segundo tomo leeremos la historia de su milagroso salvamento, sin el cual la novela no podría continuar. EI sentimiento de seguridad, con el que acompañamos al protagonista a través de sus peligrosos destinos, es el mismo con el que un héroe verdadero se arroja al agua para salvar a alguien que está en trance de ahogarse, o se expone al fuego enemigo para asaltar una batería; es aquel heroísmo al cual ha dado acabada expresión uno de nuestros mejores poetas (Anzengruber): «No puede pasarme nada.» Pero, a mi juicio, en este signo delator de la invulnerabilidad se nos revela sin esfuerzo su majestad el yo, el héroe de todos los ensueños y de todas las novelas.

(…)

Dijimos antes que el soñador oculta cuidadosamente a los demás sus fantasías porque tiene motivos para avergonzarse de ellas. Añadiremos ahora que aunque nos las comunicase no nos produciría con tal revelación placer ninguno. Tales fantasías, cuando llegan a nuestro conocimiento, nos parecen repelentes, al menos nos dejan completamente fríos.

En cambio, cuando el poeta nos hace presenciar sus juegos o nos cuenta aquello que nos inclinamos a explicar como sus personales sueños diurnos, sentimos un elevado placer, que afluye seguramente de numerosas fuentes. Cómo lo consigue el poeta es su más íntimo secreto; en la técnica de la superación de aquella repugnancia, relacionada indudablemente con las barreras que se alzan entre cada yo y las demás, está la verdadera ars poética. Dos órdenes de medios de esta técnica se nos revelan fácilmente. El poeta mitiga el carácter egoísta del sueño diurno por medio de modificaciones y ocultaciones y nos soborna con el placer puramente formal, o sea estético, que nos ofrece la exposición de sus fantasías. A tal placer, que nos es ofrecido para facilitar con él la génesis de un placer mayor, procedente de fuentes psíquicas más hondas, lo designamos con los nombres de prima de atracción o placer preliminar. A mi juicio, todo el placer estético que el poeta nos procura entraña este carácter del placer preliminar, y el verdadero goce de la obra poética procede de la descarga de tensiones dadas en nuestra alma. Quizá contribuye no poco a este resultado positivo el hecho de que el poeta nos pone en situación de gozar en adelante, sin avergonzarnos ni hacernos reproche alguno, de nuestras propias fantasías.

Nos hallaríamos aquí en trance de nuevas investigaciones, tan interesantes como complicadas.

EL CUENTO ESCRITO: ¿UN CUENTO SAGRADO?

Martes, Octubre 4, 2011

 

 

En el 8º encuentro del curso de Capacitación para auxliares de bibliotecas comunitarias llevado a cabo en la Biblioteca José Hernández se abordó a la narración oral como estrategia de animación y promoción de la lectura y la biblioteca. En esta oportunidad, Libro de arena acerca una transcripción de la ponencia “El cuento escrito: ¿un cuento sagrado?” de Graciela Montes, en el marco del 4º Congreso argentino y latinoamericano de narración oral.

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Me digo: lo sagrado no se toca. Lo que no se toca es maldito. Está condenado a la maldición de quedarse solo, a la maldición de no ser jamás penetrado.

No, me digo, que me toquen, el que un día fue mi texto y ahora es sólo eso, un texto, un tejido que anda por el mundo, sea tocado, por favor, de mil maneras. Eso para empezar, desecho el deseo de un texto eternamente virginal, apresado en un cinturón de castidad sagrado.

Lo que sigue es otro asunto peliagudo: la traición (ya ven que en estas jornadas hay cuestiones muy sabrosas: sexo, traición y violencia – no dirán que se aburren). ¿Si hay traición cuando se toca?

Si, la hay siempre, es la traición necesaria. Toda materialización es siempre una forma de traición al inasible sueño. Entre la novela soñada, aquella que perseguiré, creo, siempre, hasta el final, toda la vida, y la novela por fin escrita, hay traición. Basta escribir una palabra para que haya traición: se ha traicionado a todas las demás, a las que no fueron escritas.

Hay traición entre el libro soñado y el libro por fin editado, con esa tipografía y no con otra, con ese dibujo de letras, que, de entonces en más, pasará a formar parte de ese texto para cualquier lector, encerrado en ese formato, con esos dibujos al lado. Hay traición. Pero también hay vasija en la que transportar el vino.

Y después está el lector, que es el traidor más deseado. Toda lectura traiciona las otras lecturas. Uno patina en un pasaje, en otro, en cambio se demora y deja que vengan a la cita otras lecturas, recuerdos, derivas, que hacen que nazca, en fin, otro texto, un texto – nuevo y único – que jamás volverá a repetirse.

Hay tracción cuando se lee en voz alta, porque se elige, hay un timbre, un acento, cierta entonación, énfasis, se arrastran de cierto modo las letras. Hay traición, sí. Pero también hay carne, temperaturas, humedad, olores, materia, la materia. La materia traiciona a la idea pero le presta sus jugos. Sin esos jugos la idea moriría, tengan por seguro, seca.

Y está, después, la traición en segunda instancia, la de Antonini, cuando convirtió en Blow–up lo que habían sido “Las babas del diablo” de Cortazar, la de Borges cuando recordaba de memoria, muy transformado, algún pasaje de Beowulf.

La de cualquier traductor, por grande y genial que sea, cuando pasa de un sonido a otro sonido, de un universo de lenguaje a otro, armando el rompecabezas. Yo he traicionado mucho, y sobre todo a los que más he amado. He traicionado a Carroll, a Twain. Laura Devetach acaba de traicionar apasionadamente a Collodi.

Bienvenida la traición amorosa, digo yo, la que multiplica los cuerpos – y los

sueños -, la que hace que se produzcan bellos apareamientos entre culturas que sin duda darán a luz nuevos y vigorosos sueños que, a su vez deberán encarnar, ser traicionados y aparearse. Así es la cultura, cuando está viva.

Y la narración, para ir a lo que preocupa acá, también es traducción y traición, sin duda. A veces amorosa y deseable, otras veces odiosa y asesina.

Que la narración es traducción es un hecho incuestionable.

Hay un nuevo narrador y un nuevo juego. Hay una voz, y un cuerpo que antes no estaba y un tiempo y un espacio nuevos. Un nuevo círculo dentro del cual van a suceder ciertas cosas. Un mundo cerrado, autónomo, con sus reglas, donde alguien va a narrar, enunciando con ciertas palabras pero también con entonaciones, gestos, miradas, modulaciones, es decir, con toda una retórica propia, una historia que, tal vez, formaba parte de otro mundo cerrado y autónomo, el texto escrito que tenía sus propios recursos, su propia retórica, su estilo, sus maneras y, sobre todo, su propio narrador, que no es el escritor en si sino, más bien, ese particular punto de vista desde donde se cuenta la historia.

A veces es un narrador burlón, o sorprendido, a veces parece no entender

muy bien lo que cuenta, sabe o no sabe demasiado, si siente implicado o no con lo que cuenta, comenta, se detienen en algunos detalles y pasa por alto otros y, fundamentalmente, es el dueño del tiempo. Dice “pasaron los años y un día…” y obliga a que diez años del relato se conviertan en cinco segundos de lectura o como James Joyce, convierte un día en cincuenta días de lectura.

Y aparece el otro narrador, que mientras dure la narración, será el verdadero dueño del tiempo del relato. Y eso no es moco de pavo. Todo narrador sabe que es ahí en la administración de ese tiempo donde radica el gran poder y el gran compromiso. (Tengo la impresión de que muchos se lanzan a la narración por el solo gusto de sentir ese delirio agradabilísimo que da el poder manejar el tiempo por un ratito). El contar, tanto el del escritor como el del narrador oral, es una especie de zona liberada donde el terrible fluir parece detenerse o, al menos, distraerse para ver bailar a ese otro tiempo de la ficción, lleno de disfraces y piruetas.

Pero a veces, detrás, está el otro texto, la otra función, el otro baile.

Sólo a veces. A veces no. En el cuento oral,. En el que rueda de boca en boca, no hay sino variaciones sobre un mismo tema. Hay detrás una historia, una secuencia de imágenes a veces muy bellas y un curso de acción típico, como bien demostró Vladimir Propp hace muchos años.

Ahí el narrador está a sus anchas. Te cuento el de Epaminondas, cuando le llevó la torta a la madrina, o el de cuando el zorro lo burló al tigre, el de cómo empezaron los ríos, un cuento del mentiroso…. Ahí no hay un texto previo, no hay sino acontecimientos únicos, narraciones, que tienen en común algunas imágenes, ciertos personajes, una secuencia. Muchas veces se han escrito cuentos para niños sobre este calco, cuentos casi sin texto, esquemas en última instancia. Es más, muchos pensaron que en el reino de la infancia, salvo bichos raros como Carroll o Andersen o Collodi, sólo debían reinar esos cuentos, que la pedagogía podía manejar a su antojo. E incluso los inclasificables, Carroll o Andersen o Collodi, podían ser despojados del tejido. Bastaba con reducirlos a una historia, y hasta hacer – por qué no – algún que otro retoque si todavía picaba.

Pero otras veces no es así, otras veces detrás está el texto. Un relato, sí – algo relatable, pues – pero ya tejido, con las palabras ensartadas de esa manera en el hilo. Algo, en realidad, tan compacto y autónomo como un poema (y nadie se le ocurriría contar un poema: un poema se recita, se dice). Sólo que el cuento es además, cuento, una historia, la representación de un acontecer, un relato que, hasta entonces, no ha tenido sino una enunciación, la del texto al que ha estado implacablemente unido.

Es ahí donde entra a tallar el narrador audaz, el verdadero traductor. No es una elección sencilla, mucho más fácil es narrar una de Epaminondas. Es incluso un gesto temerario. Que tiene, a veces, consecuencias deslumbrantes, porque echa a rodar la cultura escrita por el mundo, y entonces multiplica los cuerpos y sueños, rompe casillas sociales, produce apareamientos insospechados. Pero que, otras veces, se convierte en maqueta, en polvo, en un montoncito de papel picado que se mastica a desgano y queda para colmo pegado al paladar que da asco.

No hace falta que les diga de qué lado me pongo, cuál es el narrador que prefiero, si el que con los dedos delicadamente va desprendiendo la historia del primer tejido y la lleva palpitando, temblorosa, recordadora todavía de la forma que había tenido, a su voz y a su palabra. O el que, munido de tijera y pegote, espantosamente suficiente, confecciona su maqueta, sin demasiada consideración, porque, al fin de cuentas, se dice, un cuento es sólo eso, un cuento, cualquier cuento.

El primero es tembloroso, inseguro, cada vez cuenta por vez única y primera.

Tiene dudas y sobre todo tiene oreja, una gran oreja para escuchar al otro texto, para dejar que se le entreteja. El segundo es arrasador, y sordo además; por lo general su retórica es siempre la misma. En el fondo cuenta siempre el mismo cuento.

El primero, mi favorito (y aquí tengo algunos favoritos presentes), primero se ha dejado inundar por el primer texto, lo ha elegido apasionadamente, como elige el traductor – cuando puede – el texto que va a traicionar al prestarle un nuevo cuerpo.

El segundo sólo se preocupa por matizar su repertorio. Del texto inicial sólo retiene la historia, lo demás es resaca de una borrachera en la que él nunca jamás ha participado. El Quijote es la historia de un chiflado. Madame Bovary la de una mujer que engaña a su marido. Dotado de un espantoso sentido común, el narrador tijero no entiende nada.

Me digo entonces: que vivan los textos muy tocados, ¿de qué sirven los sagrados?, que vivan en la voz y en el cuerpo de los que amen y por esos quieran traicionarlos. Pero, por favor (ruego en secreto) que me toque un narrador buscador y tembloroso y no un matón con tijeras.

 

Montes, Graciela, “El cuento escrito ¿un cuento sagrado? Cuenteros y cuentacuentos de lo
espontáneo a lo profesional”, ponencias del 1º al 4º Encuentro internacional de narración
oral. Buenos Aires, Feria Internacional del Libro, 2000.

APUNTES DE BIBLIOTECOLOGÍA

Viernes, Septiembre 2, 2011

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En el tercer encuentro  de la Capacitación para Auxiliares de Bibliotecas Comunitarias, llevado a cabo el pasado 24 de agosto en la Biblioteca Mariano Moreno del Club Argentinos Juniors, se trabajó sobre la importancia de los procesos técnicos en la organización de una biblioteca en cuanto a la identificación de datos bibliográficos relevantes y la posterior catalogación, confección de listados y/o fichas.  El encuentro estuvo a cargo de la Lic. en Bibliotecología, Mirta Romero. Incorporamos aquí material alusivo al tema tratado.

Clasificación

La clasificación es la técnica que el bibliotecario utiliza para organizar los materiales de su biblioteca de acuerdo con el TEMA que estos tratan.

Los sistemas de clasificación sirven para ordenar los libros en el estante y poder encontrarlos cuando se los busca.

El sistema que presentamos es el sistema de clasificación decimal de Dewey. Es decimal porque está divido en 10 clases de materias, que a su vez, cada una de esas materias, se dividen en 10 divisiones. Cada una de esas divisiones se dividirá en 10 secciones y así seguirán las subdivisiones hasta el infinito. Pero nuestra intención es que tengan una idea aproximada de la importancia de la clasificación en una biblioteca.

La biblioteca es un centro de información, orientación y formación, que cumple con una función social dentro de su comunidad. Por ello, es de gran utilidad que los materiales que están a cuidado y conservación del bibliotecario se encuentren ordenados para que lleguen a manos de los usuarios cuando lo requieran.

Entre las tareas técnicas que se deben realizar en la biblioteca, está la clasificación, pero antes de llegar a esta etapa, primero se deben seguir obligatoriamente estos pasos: 1) revisar el material, 2) sellar el libro, 3) inventariar el libro o cualquier otro material (asignarle Nº de ingreso a la biblioteca), 4) clasificar el material (también se lo debe catalogar), 6) colocar el libro o los distintos materiales en el estante para ser utilizados por los usuarios.

 

La clasificación por grandes grupos de materias según la clasificación de Dewey.

 

Clases

000 GENERALIDADES

100 FILOSOFÍA Y DISCIPLINAS AFINES

200 RELIGIÓN

300 CIENCIAS SOCIALES

400 LENGUAS

500 CIENCIAS PURAS

600 TECNOLOGÍA (CIENCIAS APLICADAS)

700 BELLAS ARTES

800 LITERATURA

900 GEOGRAFÍA E HISTORIA

 

Cada una de estas clases tiene diez divisiones también numeradas de diez en diez.

 

Divisiones

000 GENERALIDADES

010 Bibliografía

020 Bibliotecología e informática

030 Enciclopedias  generales

040

050 Publicaciones en serie

060 Organizaciones y museografía

070  Periodismo, editoriales, diarios

080 Colecciones generales

090 Manuscritos y libros raros

 

100 FILOSOFÍA Y DISCIPLINAS AFINES

110 Metafísica

120 Conocimiento, causa, fin, hombre

130 Parapsicología, ocultismo

140 Puntos de vista filosóficos

160 Lógica

170 Ética (Filosofía moral)

180 Filosofía antigua, medieval, oriental

190 Filosofía moderna occidental

 

200 RELIGIÓN

210 Religión natural

220 Biblia

230 Teología doctrinal cristiana

240 Moral y práctica cristianas

250 Iglesia local y órdenes religiosas

260 Teología social y eclesiología

270 Historia y geografía de la iglesia

280 Credos de la iglesia cristiana

290 Otras religiones

 

300 CIENCIAS SOCIALES

301 Sociología

310 Estadística

320 Ciencias políticas

330 Economía

340 Derecho

350 Administración pública

360 Patología y servicios sociales

370 Educación

380 Comercio

390 Costumbres y folklore

 

400 LENGUAS

410 Lingüística

420 Inglés y anglosajón

430 Lenguas germánicas Alemán

440 Lenguas romances Francés

450 Italiano, rumano, rético

460 Español y portugués

470 Lenguas itálicas Latín

480 Lenguas helénicas Griego

490 Otras lenguas

 

CIENCIAS PURAS

500 Matemáticas

520 Astronomía y ciencias afines

530 Física

540 Química y ciencias afines

550 Geociencias

560 Paleontología

570 Ciencias biológicas

580 Ciencias botánicas

590 Ciencias sociológicas

 

600 TECNOLOGÍA (CIENCIAS APLICADAS)

610 Ciencias médicas

620 Ingeniería y operaciones afines

630 Agricultura y tecnologías afines

640 Economía doméstica

650 Servicios administrativos empresariales

660 Química industrial

670 Manufacturas

680 Manufacturas varias

690 Construcciones

 

700 BELLAS ARTES

710 Urbanismo y arquitectura del paisaje

720 Arquitectura

730 Artes plásticas Escultura

740 Dibujo, artes decorativas y menores

750 Pintura y pinturas

760 Artes gráficas Grabados

770 Fotografía y fotografías

780 Música

790 Entretenimientos

 

800 LITERATURA

810 Literatura americana en inglés

820 Literatura inglesa y anglosajona

830 Literaturas germánicas

840 Literaturas de las lenguas romances

850 Literaturas italiana, rumana, rética

860 Literaturas española y portuguesa

870 Literaturas de las lenguas itálicas

880 Literaturas de las lenguas helénicas

890 Literaturas de otras lenguas

 

900 GEOGRAFÍA E HISTORIA

910 Geografía Viajes

920 Biografía y genealogía

930 Historia del mundo antiguo

940 Historia de Europa

950 Historia de Asia

960 Historia de África

970 Historia de América del Norte

980 Historia de América del Sur

990 Historia de otras regiones

 

A su vez, cada División es susceptible de ser dividida en forma decimal en SECCIONES, por ejemplo:

 

500 CIENCIAS PURAS (Clase)

530 Física (División)

531 Mecánica (Secciones)

532 Mecánica de los fluidos

533 Mecánica de los gases

534 Sonido y vibraciones afines

535 Luz y fenómenos parafóticos

536 Calor

537 Electricidad y electrónica

538 Magnetismo

539 Física moderna

 

Las secciones se continúan desarrollando, siempre decimalmente, subdividiéndose los temas de lo general a lo particular, completan así los esquemas de cada una de las diez Clases.

La CDD es simple y su uso debe adecuarse a las circunstancias particulares de la colección de cada biblioteca y de la utilización que de ella hacen los lectores.

En una biblioteca general, pública, popular o escolar, debemos pensar que emplearemos la CDD para la ubicación del material en los estantes y, por lo tanto, corresponde utilizar las Tablas con la expansión necesaria para ese fin, sin llegar a notaciones kilométricas que complicarán nuestra tarea y dificultarán el acceso a la información por parte del usuario.

IMPORTANCIA DE LOS PROCESOS TÉCNICOS DENTRO DE LA ACTIVIDAD BIBLIOTECARIA

Miércoles, Agosto 24, 2011

En el segundo encuentro  de la Capacitación para Auxiliares de Bibliotecas Comunitarias, llevado a cabo el pasado 17 de agosto en la Biblioteca del Congreso de La Nación, se trabajó sobre la importancia de los procesos técnicos en la organización de una biblioteca. Incorporamos aquí material alusivo al tema tratado.

 


Por: Felipe Martínez  Arellano

Universidad Nacional Autónoma de México

Dirección General de Bibliotecas

 

 

Introducción

Hablar de catalogación y clasificación bibliográfica en forma concisa es una tarea un tanto difícil por la magnitud y complejidad que este tema encierra.

No obstante lo anterior me he atrevido a hacerlo, pretendiendo en este artículo dar un panorama general de estas actividades, así como analizar las variantes que se presentan en los diversos tipos de bibliotecas.

Este documento no pretende ser una guía condensada de cómo realizar u organizar la catalogación y clasificación, sino presentar a la gente que se inicia en estas actividades una panorámica global de ellas.  La gente interesada en ahondar más en cada uno de los puntos que se tocan puede acudir a las obras que se señalan en la bibliografía y a otras que tratan el tema de una manera más amplia.

 

 

 

Funciones básicas del área de procesos técnicos

El objetivo primordial de las bibliotecas es apoyar las actividades de investigación, docencia y difusión de la cultura que se llevan a cabo dentro de las instituciones a las cuales pertenecen.

Para poder cumplir eficaz y eficientemente con este objetivo en las bibliotecas se llevan a cabo las siguientes funciones:

 

- Seleccionar y adquirir los materiales bibliográficos

- Organizar los materiales para su adecuada consulta a través de las actividades de catalogación y clasificación

- Proporcionar al usuario los materiales bibliográficos

- Orientar a los lectores para aprovechar al máximo los recursos bibliográficos que la biblioteca les brinda

 

Las dos primeras funciones son comúnmente conocidas como procesos técnicos y las dos últimas como servicios al público.

Con base en lo antes expuesto, podemos definir a los procesos técnicos como la serie de actividades tendientes a proveer a la biblioteca de los materiales necesarios, as como a su adecuada organización para que los servicios al público se puedan prestar de una manera conveniente.  Así mismo, cabe señalar que entre los procesos técnicos y los servicios al público existe una estrecha relación, pues de la buena realización de los primeros depende que se presten mejores servicios.

Los procesos técnicos según nos señala M. Bloomberg,(1)  tienen las siguientes funciones básicas:

 

- Adquisición de materiales bibliográficos

- Organización y procesamiento de los materiales bajo patrones usados por el Departamento de Catalogación

- Mantenimiento del acervo y sus registros (principalmente catálogos al público y topográfico) los cuales proveen el acceso a la colección

 

Respecto a la asignación de estas funciones a secciones o departamentos, cabe mencionar que en la mayoría de las bibliotecas se ubican en dos unidades diferentes: la de selección y adquisición; y la de catalogación y clasificación.  Esta última sección o departamento muchas de las veces es también llamado Procesos Técnicos, lo que motiva que en ocasiones al referirnos a las actividades de procesos técnicos en realidad aludimos a las actividades de catalogación y clasificación.

 

La adquisición de materiales bibliográficos es una de las actividades más importantes de las bibliotecas, pues “para adquirir los libros y otros materiales necesarios para los objetivos de enseñanza e investigación de los estudiantes, profesores e investigadores de la universidad de una manera eficiente, el bibliotecario debe tener conocimiento de organización de bibliotecas, administración de personal, operaciones de compra, contabilidad, etc., además de estar familiarizado con las principales fuentes bibliográficas del mercado editorial, con las principales editoriales y/o librerías y otros auxiliares para el desempeño de su trabajo.  Debe, también poseer la capacidad administrativa para dirigir, supervisar y controlar esa importante sección de la Biblioteca.”(2)

No obstante que las actividades realizadas en el área de adquisiciones están estrechamente ligadas a las llevadas a efecto en el área de catalogación y clasificación, no se ahondará más en ellas por no ser el objetivo principal de este trabajo.

Por lo anterior, a continuación pasaremos a analizar las actividades de catalogación y de clasificación o de procesos técnicos como se denominan en algunas de nuestras bibliotecas.

 

Catalogación y clasificación

Para que los materiales bibliográficos puedan ser integrados a la colección y consultados por los usuarios requieren de dos actividades básicas: la catalogación y clasificación.

La catalogación consiste en la serie de actividades dirigidas a preparar los ficheros o catálogos necesarios para uso del público, así como algunos de uso interno para el personal de la biblioteca.

Con lo anterior se cumplen los propósitos que Cutter, hace cien años, definió para la catalogación:

 

1. Permitir a una persona localizar un libro:

 

Si el autor es conocido

 

Si el título es conocido

 

Si el tema es conocido

 

2. Mostrar lo que la biblioteca tiene:

 

Sobre un autor determinado

 

Sobre una materia determinada

 

Sobre un determinado tipo de literatura

 

3. Auxiliar en la elección de un libro

 

Tomando en cuenta sus peculiaridades bibliográficas (diferentes ediciones)

 

Tomando en cuenta sus características literarias o temáticas

 

Si analizamos los propósitos anteriores, podemos darnos cuenta que para llevarlos a la práctica se requiere lo siguiente:

 

1. Describir detalladamente los rasgos característicos del material bibliográfico tales como: el autor, el título, la persona o personas que intervienen como coautores, traductores, ilustradores, prologuistas, etc; el lugar y fecha en que se editó, quien lo editó, y sus características físicas tales como tamaño, tipo de ilustraciones, paginación y otros detalles.

 

2. Determinar cuáles son los puntos a través de los que puede ser accesible la información.  Lo anterior implica definir todas las posibles formas a través de las cuales el lector puede buscar un material: por autor personal, por autor individual, por coautores, por traductores, por prologuista, por título, etc.

 

3. Realizar un análisis del contenido intelectual de los materiales bibliográficos con la finalidad de precisar las materias o temas que toca.

 

Los dos primeros puntos constituyen la catalogación descriptiva, que como su nombre lo indica consiste en describir los materiales bibliográficos para que ‘posteriormente el usuario pueda identificar aquellos que le son útiles.

El tercer punto se refiere a la catalogación por materias o temática, su finalidad es presentar al lector a través del catálogo una serie de obras que tratan sobre determinado tema.

La catalogación temática está estrechamente relacionada con la clasificación, puesto que ambas permiten mostrar al usuario lo que la biblioteca tiene sobre determinado tema, pero mientras la primera lo hace por medio del catálogo, la segunda permite hacerlo físicamente con el material.

Otra circunstancia que fortalece su interrelación es el hecho de que para poder reunir en un lugar los materiales que tocan el mismo tema, es necesario primeramente realizar un análisis del contenido intelectual de las obras para determinar el tema principal que tratan, y ubicarlo dentro del lugar que le corresponde en un sistema de clasificación bibliográfica.

Con base en lo antes expuesto podríamos plantearnos la siguiente interrogante: ¿si la clasificación y los encabezamientos de materia tienen más o menos la misma función, podríamos prescindir de uno de ellos?.  La respuesta es negativa, pues la clasificación únicamente nos permite un punto de acceso, mientras que usando encabezamientos de materia se diversifican, esto es, si tenemos una obra cuyo título es: “Tratado de Química y Física”, por medio de la clasificación únicamente podemos ubicarla en un lugar: Química o Física mientras que merced al uso de encabezamientos de materia podemos localizar esta obra a través de Física o de Química.

Como puede apreciarse, las actividades de catalogación y clasificación están íntimamente relacionadas y son complementarias, por lo cual algunos autores como F. S. Bernhart(3) señalan para la catalogación de libros las siguientes funciones básicas:

 

- Asentar los libros en un catálogo por autor y título.

 

- Describir los libros para identificar cada uno de ellos como una unidad.

 

- Seleccionar la palabra o frase que identifica las materias de los libros.

 

- Organizar los libros de acuerdo a una clasificación lógica del conocimiento humano

 

A) Catalogación descriptiva

Para la realización de la catalogación descriptiva, P. Zamora(4) señala que la biblioteca debe adoptar un código o reglas de catalogación lógicas y sencillas para que puedan ser entendidas y utilizadas adecuadamente por los lectores, lo que les permitirá el fácil manejo del catálogo, y poder determinar rápidamente si la obra que desean existe en nuestra biblioteca.

Las reglas de catalogación de que disponemos y que se usan en la mayoría  de nuestras bibliotecas son las Reglas de Catalogación Angloamericananas en su segunda edición.

El carácter internacional de este código, así como la gran variedad de ejemplos que contiene producto de una larga experiencia, nos permite su adopción; sin embargo, no podemos dejar pasar por alto que para que cubran totalmente nuestras necesidades es necesario un correcto trabajo de revisión, adaptación e interpretación.

 

B) Clasificación bibliográfica

La clasificación bibliográfica consiste en asignar un lugar a cada libro dentro de una organización Sistemática del conocimiento humano.

En nuestras bibliotecas se usan actualmente dos sistemas de clasificación: el sistema de clasificación de la Biblioteca del Congreso de los  E. U. (Clasificación L. C.) y el sistema de clasificación de Melvin Dewey.

El sistema de clasificación de Dewey divide el conocimiento humano en diez grandes clases, y a su vez cada una de éstas se subdividen en diez grupos, volviéndose a subdividir cada uno de ellos en diez números, cada uno de los cuales Puede ser subdividido en decimales.

“Entre las ventajas del sistema podemos mencionar que es lógico. sistemático, flexible, completo, permite la inclusión de dos asuntos, se mantiene actualizado, está impreso y sostiene un índice alfabético auxiliar para un rápido manejo”.(5)

Este sistema se usa principalmente en nuestras bibliotecas públicas.

Otro sistema de clasificación, utilizado principalmente por las bibliotecas universitarias, lo constituye la clasificación de la biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, que como su nombre lo indica es un sistema creado y diseñado por esta biblioteca. Divide al conocimiento humano en 21 grandes grupos representados por una letra mayúscula;  por medio de la edición de otra letra mayúscula; a estos grupos principales, se da origen a las subclases, las que a su vez se subdividen en temas más específicos utilizando números arábigos, los cuales pueden comprender del 1 al 9999.

Dada la notación mixta que utiliza este sistema, en opinión de B. S. Wynar (6) existen miles de diferentes combinaciones de números y letras que aún no han sido usadas o algunos otros reservados para nuevos tópicos.  El esquema puede continuar admitiendo todavía por un largo tiempo nuevos temas y aspectos de estos que aún no han surgido.

Es particularmente útil en grandes bibliotecas universitarias y especializadas, debido a su capacidad de aceptación de temas y, su gran flexibilidad.  Respecto a la utilización de un determinado sistema de clasificación, cabe señalar que al adoptarlo debemos de analizar cuidadosamente las características de éstos para determinar si responden y se ajustan a las necesidades y expectativas de nuestros usuarios.

Al tomar una decisión sobre aspectos de carácter técnico, como puede ser la adopción de un sistema de clasificación, E. J. Piercy (7) señala que debemos de tener en cuenta, entre otros aspectos los siguientes:

 

- tipo de la comunidad a la que servimos

 

- crecimiento de la comunidad

 

- crecimiento del acervo

 

- tipo de material que posee la colección

 

- sistema de préstamo empleado

 

- recursos humanos y materiales

 

c) Encabezamientos de materia

Podemos definir a los encabezamientos de materia como la palabra o palabras que expresan al contenido intelectual de un libro y bajo el cual se agrupan todos aquellos que tratan el mismo tema.

Para poder elegir y utilizar adecuadamente los encabezamientos de materia o temas existen las listas de encabezamientos de materia.

En nuestras bibliotecas las listas utilizadas son principalmente dos: La Lista de encabezamientos de Materia de la Biblioteca Nacional de México compilada por la maestra Gloria Escamilla y la Lista de Encabezamiento de Materia para América Latina compilada por Carmen Rovira y Jorge Aguayo, editada por la Unión Panamericana en 1957.

La Lista de Encabezamientos de Materia de la maestra Gloria Escamilla tuvo su origen en 1961, cuando la Biblioteca Nacional le encomendó la reorganización y recatalogación de su acervo. Como resultado de este trabajo, en 1967 aparece la primera edición de esta lista, la cual “se trata de una recopilación que procede de los principales trabajos anteriores en inglés y castellano y fundamentalmente, de la práctica aplicada en la catalogación durante muchos años de los fondos de una biblioteca general.  Se observa un gran cuidado en la selección de las voces castellanas y en la construcción de las frases de acuerdo con el carácter propio de nuestro idioma.  Las palabras seleccionadas caracterizan la materia con la necesaria precisión en una biblioteca del tipo de la Nacional de México.  Utiliza toda clase de referencias con gran rigor en la secuencia de los temas.  En su conjunto ofrece más de veinte mil encabezamientos principales y más de sesenta mil referencias: en su total 80,000 asientos”(8)

La segunda edición de esta obra aparece en 1978, y en ella aparecen un número considerable de actualizaciones y cambios, al ir incorporando encabezamientos de nueva creación.

“Esta lista de encabezamientos de materia refleja la experiencia de la Biblioteca Nacional de México en este terreno; en consecuencia, responde a las necesidades de una biblioteca de este tipo; sin embargo, otras bibliotecas más pequeñas, públicas populares y escolares, así como las especializadas y universitarias pueden encontrar en ella, encabezamientos generales y específicos que exija su trabajo y sobre todo puede serles de utilidad para la compilación de sus propias listas” (9).

La lista de Encabezamientos de Materia compilada por Carmen Rovira y Jorge Aguayo tiene su origen en 1956 en una iniciativa del Programa de Fomento de Bibliotecas de la Unión Panamericana, para elaborar una lista de encabezamientos de material útil para las bibliotecas de América Latina merced a la cual varias bibliotecas latinoamericanas ofrecieron su colaboración. En 1961 se empezó la labor de reunión, selección y compilación de los encabezamientos de material, siendo publicada por vez primera en 1967. Posteriormente en 1985 surge una segunda edición de esta lista bajo los auspicios la OEA y el Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior

Además de las listas mencionadas algunas bibliotecas han hecho traducciones de los temas que aparecen en la Lista de Encabezamientos de Materia de la Biblioteca del Congreso de los E. U.

Cada biblioteca debe seleccionar la lista que mejor le convenga y para tomar esa determinación B. Castañón (10) señala que debemos conocer las características principales de la lista que vamos a adoptar con la finalidad de determinar si corresponde a nuestras necesidades y si ésta va a funcionar en nuestra biblioteca.

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