Corrección de estilo
Miércoles, Marzo 20, 2013Libro de arena presenta la última entrega en esta sección antes de la impresión de primer ejemplar del “Pregón de la lectura”, que pondrá en circulación en todas las instituciones participantes y, a través de ellas, en toda la comunidad, las producciones que se fueron elaborando durante todo el proceso de trabajo.
De la lectura al juego
En la organización Vientos Limpios un grupo de jóvenes está realizando sus primeros pasos de aproximación al Teatro, vinculándolo con actividades de lectura que sirven como disparador para el trabajo. El objetivo de estos encuentros es, más allá de asomarse al conocimiento de un lenguaje expresivo, vincular el mundo de las ideas que encuentran en los libros con la acción que permite el juego dramático. Así, se establece un diálogo entre ambos lenguajes, el literario y el teatral, en donde cada uno aporta sus elementos específicos para resultar en producciones únicas.
A partir de la lectura de algunos párrafos del libro “Juegos para actores y no actores” de Augusto Boal, se propuso a los participantes el inicio de un espacio de reflexión sobre la teatralidad de los actos cotidianos y la posibilidad de observar desde cierta distancia conductas y situaciones que tomamos como dadas.
Transcribimos un extracto del libro mencionado, en donde Boal describe su visión sobre el teatro y la función que considera debe cumplir.
“El Teatro del Oprimido es teatro en la acepción más arcaica de la palabra: todos los seres humanos son actores, porque actúan, y espectadores, porque observan. Somos todos espect-actores. El Teatro del Oprimido es una más entre todas las formas del teatro.
(…) Todo el mundo actúa, interactúa, interpreta. Somos todos actores ¡Incluso los actores! El teatro es algo que existe dentro de cada ser humano y puede practicarse en la soledad de un ascensor, frente a un espejo, en un estadio de fútbol o en la plaza pública ante miles de espectadores. En cualquier lugar… y hasta dentro de los teatros.
El lenguaje teatral es el lenguaje humano por excelencia, y el más esencial. Los actores hacen en el escenario exactamente aquello que hacemos en la vida cotidiana, a toda hora y en todo lugar. Los actores hablan, andan, expresan ideas y revelan pasiones, exactamente como todos nosotros en la rutina diaria de nuestras vidas. La única diferencia entre nosotros y ellos consiste en que los actores son conscientes de estar usando ese lenguaje, lo que los hace más aptos para utilizarlo. Los no actores, en cambio, ignoran que están haciendo teatro, hablando teatralmente, es decir, usando el lenguaje teatral, así como Monsieur Jourdain, el personaje de El burgués gentilhombre de Molière, ignoraba estar hablando en prosa cuando hablaba.
(…) Creo que el teatro debe traer felicidad, debe ayudarnos a conocer mejor nuestro tiempo y a nosotros mismos. Nuestro deseo es conocer mejor el mundo en el que vivimos para poder transformarlo de la mejor manera. El teatro es una forma de conocimiento y debe ser también un medio de transformar la sociedad. Puede ayudarnos a construir el futuro, en vez de esperar pasivamente a que llegue.”
La Caperucita a la que le gustaba comer
Este relato es el resultado del trabajo en grupo de los niños que participan del proyecto Pregón de la lectura. A partir de la lectura del tradicional cuento de Caperucita Roja y en homenaje a los 200 años de la primera publicación de los Cuentos para la infancia y el hogar, de Jacob y Wilhem Grimm, los chicos nos presentan su propia versión de la pequeña niña con caperuza.
Por: Adriana (6), Gonzalo (6), Melanie (8), Brisa (3), Thiago (9), Gabriel (10), Dylan (9), Alan (10), Patrick (11), Lourdes (8), Brenda (12), Lautaro (5).
Había una vez una nena que vivía en la esquina de la 21 y 24. La mamá le pidió que le llevara a la casa de su abuela enferma un taper
lleno de frutas, pepas, libros, panqueques, reviro, empanadas de pollo y arroz, choripan, sopa, chipá y leche. En el camino la nena, que se llamaba Caperucita, se encontró con unos vecinos que le dijeron:
- ¿Qué traes en ese taper?
- Comida para mi abuelita, dijo la nena. Y se fue rápido en bici.
Los vecinos conocían muy bien la casa de la abuela y llegaron primero porque fueron corriendo. Caperucita llegó después porque a la calle la estaban arreglando y porque había una murga con gente bailando. Los vecinos entraron por la ventana pero la abuelita los espantó con la escoba y la sartén. Cuando llegó Caperucita y tocó la puerta la abuela la abrió y le contó lo que le había pasado. Entonces Caperucita sacó del bolsillo su celular y llamó al comisario. Y cuando la policía llegó la comida del taper se robó. Después vino el alcalde y a la cárcel los llevó.
Caperucita se avivó y le gritó:
- ¡Alto, alto, alcalde, se lleva nuestra comida! ¡Sólo llévese a los policías!
Y el alcalde todo colorado devolvió la comida y se llevó a la policía.
Entonces la abuelita que era muy buena y comprensiva lo invitó a comer lo que Caperucita había traído y el alcalde aceptó.
Cuando llegó la noche, se bañó, se cambió, se perfumó, y se fue para la casa donde Caperucita y la abuelita lo esperaban con chipá, sopa y reviro. Ah, y para tomar, ¡un vasito de vino!
Contar la propia historia a través de los libros que hemos leído
En 3º año de la Escuela Media N°6 estamos trabajando en un taller de lectura y escritura, que tiene como objetivo final entrevistar a la escritora argentina Mariana Enríquez.
Una de las primeras actividades del taller se realizó bajo la consigna de escribir una breve autobiografía como lector/a. Aquí, algunas de las producciones de los chicos:
Mi nombre es Liz. Tengo 17 años. Nací el 9 de noviembre de 1994. No me gusta leer porque me da sueño, especialmente los libros. Pero los mensajes o algunos cuentos me llaman la atención por el dibujo y empiezo a leer. Alguna vez empiezo a leer por obligación, para las clases. Ahora estoy empezando a leer un libro que se llama Las aventuras de Tom Sawyer.
Mi nombre es Valeria y tengo 17 años. Yo leí obligada hasta que después me empezó a gustar un poco la lectura. El primer libro que leí y que me llamó mucho la atención fue El diario de Ana Frank, y el segundo que leí y me gustó fue una novela, Rafaela.
Mi nombre es Natalia y tengo 17 años. Me gustaba leer obras de teatro. Leer revistas. Antes leía cuentos a mi hermanita. Cuando nos mandan a leer cosas del colegio para hacer trabajos yo leo, no por obligación sino también porque me gustaba. Este año leímos el cuento del perro y el del país de los muchos suelos.
Tengo 17 años y me llamo Brian. El primer libro que leí fue Drácula, después, El diario de Ana Frank, La familia Robinson, El país de los muchos suelos.
La historieta muda
A pesar de que todavía no aprendió a leer ni a escribir, Joaquín nos demostró en nuestros encuentros del taller de historieta en la Juegoteca Amor y paz, que domina a la perfección el arte de narrar. A continuación veremos como a través del dibujo se permite representar con fluidez historias de acción y romance, a la velocidad de su propia imaginación.























