Archivo Categoría 'Días de lectura'

Corrección de estilo

Miércoles, Marzo 20, 2013
-
Libro de arena presenta la última entrega en esta sección antes de la impresión de primer ejemplar del “Pregón de la lectura”, que pondrá en circulación en todas las instituciones participantes y, a través de ellas, en toda la comunidad, las producciones que se fueron elaborando durante todo el proceso de trabajo.
-
A continuación, se propone  la lectura de una selección de fragmentos del libro Juegos para actores y no actores de Augusto Boal, que reflexionan sobre la teatralidad de los gestos cotidianos; una adaptación del tradicional Caperucita Roja, en una versión con color local; distintas apreciaciones de un grupo de adolescentes sobre su propia experiencia como lectores; y por último, la representación de una historieta muda, es decir, a través de elementos únicamente gráficos.

 

 

De la lectura al juego

 

En la organización Vientos Limpios un grupo de jóvenes está realizando sus primeros pasos de aproximación al Teatro, vinculándolo con actividades de lectura que sirven como disparador para el trabajo. El objetivo de estos encuentros es, más allá de asomarse al conocimiento de un lenguaje expresivo, vincular el mundo de las ideas que encuentran en los libros con la acción que permite el juego dramático. Así, se establece un diálogo entre ambos lenguajes, el literario y el teatral, en donde cada uno aporta sus elementos específicos para resultar en producciones únicas.

A partir de la lectura de algunos párrafos del libro “Juegos para actores y no actores” de Augusto Boal, se propuso a los participantes el inicio de un espacio de reflexión sobre la teatralidad de los actos cotidianos y la posibilidad de observar desde cierta distancia conductas y situaciones que tomamos como dadas.

Transcribimos un extracto del libro mencionado, en donde Boal describe su visión sobre el teatro y la función que considera debe cumplir.

“El Teatro del Oprimido es teatro en la acepción más arcaica de la palabra: todos los seres humanos son actores, porque actúan, y espectadores, porque observan. Somos todos espect-actores. El Teatro del Oprimido es una más entre todas las formas del teatro.

(…) Todo el mundo actúa, interactúa, interpreta. Somos todos actores ¡Incluso los actores!  El teatro es algo que existe dentro de cada ser humano y puede practicarse en la soledad de un ascensor, frente a un espejo, en un estadio de fútbol o en la plaza pública ante miles de espectadores. En cualquier lugar… y hasta dentro de los teatros.

El lenguaje teatral es el lenguaje humano por excelencia, y el más esencial. Los actores hacen en el escenario exactamente aquello que hacemos en la vida cotidiana, a toda hora y en todo lugar. Los actores hablan, andan, expresan ideas y revelan pasiones, exactamente como todos nosotros en la rutina diaria de nuestras vidas. La única diferencia entre nosotros y ellos consiste en que los actores son conscientes de estar usando ese lenguaje, lo que los hace más aptos para utilizarlo. Los no actores, en cambio, ignoran que están haciendo teatro, hablando teatralmente, es decir, usando el lenguaje teatral, así como Monsieur Jourdain, el personaje de El burgués gentilhombre de Molière, ignoraba estar hablando en prosa cuando hablaba.

(…) Creo que el teatro debe traer felicidad, debe ayudarnos a conocer mejor nuestro tiempo y a nosotros mismos. Nuestro deseo es conocer mejor el mundo en el que vivimos para poder transformarlo de la mejor manera. El teatro es una forma de conocimiento y debe ser también un medio de transformar la sociedad. Puede ayudarnos a construir el futuro, en vez de esperar pasivamente a que llegue.”

 

 

La Caperucita a la que le gustaba comer

 

Este relato es el resultado del trabajo en grupo de los niños que participan del proyecto Pregón de la lectura. A partir de la lectura del tradicional cuento de Caperucita Roja y en homenaje a los 200 años de la primera publicación de los Cuentos para la infancia y el hogar, de Jacob y Wilhem Grimm, los chicos nos presentan su propia versión de la pequeña niña con caperuza.

 

Por: Adriana (6), Gonzalo (6), Melanie (8), Brisa (3), Thiago (9), Gabriel (10), Dylan (9), Alan (10), Patrick (11), Lourdes (8), Brenda (12), Lautaro (5).

 

Había una vez una nena que vivía en la esquina de la 21 y 24. La mamá le pidió que le llevara a la casa de su abuela enferma un taper lleno de frutas, pepas, libros, panqueques, reviro, empanadas de pollo y arroz, choripan, sopa, chipá y leche. En el camino la nena, que se llamaba Caperucita, se encontró con unos vecinos que le dijeron:

- ¿Qué traes en ese taper?

- Comida para mi abuelita, dijo la nena. Y se fue rápido en bici.

Los vecinos conocían muy bien la casa de la abuela y llegaron primero porque fueron corriendo. Caperucita llegó después porque a la calle la estaban arreglando y porque había una murga con gente bailando. Los vecinos entraron por la ventana pero la abuelita los espantó con la escoba y la sartén. Cuando llegó Caperucita y tocó la puerta la abuela la abrió y le contó lo que le había pasado. Entonces Caperucita sacó del bolsillo su celular y llamó al comisario. Y cuando la policía llegó la comida del taper se robó. Después vino el alcalde y a la cárcel los llevó.

Caperucita se avivó y le gritó:

- ¡Alto, alto, alcalde, se lleva nuestra comida! ¡Sólo llévese a los policías!

Y el alcalde todo colorado devolvió la comida y se llevó a la policía.

Entonces la abuelita que era muy buena y comprensiva lo invitó a comer lo que Caperucita había traído y el alcalde aceptó.

Cuando llegó la noche, se bañó, se cambió, se perfumó, y se fue para la casa donde Caperucita y la abuelita lo esperaban con chipá, sopa y reviro. Ah, y para tomar, ¡un vasito de vino!

 

 

Contar la propia historia a través de los libros que hemos leído

 

En 3º año de la Escuela Media N°6 estamos trabajando en un taller de lectura y escritura, que tiene como objetivo final entrevistar a la escritora argentina Mariana Enríquez.

Una de las primeras actividades del taller se realizó bajo la consigna de escribir una  breve autobiografía como lector/a. Aquí, algunas de las producciones de los chicos:

 

Mi nombre es Liz. Tengo 17 años. Nací el 9 de noviembre de 1994. No me gusta leer porque me da sueño, especialmente los libros. Pero los mensajes o algunos cuentos me llaman la atención por el dibujo y empiezo a leer. Alguna vez empiezo a leer por obligación, para las clases. Ahora estoy empezando a leer un libro que se llama Las aventuras de Tom Sawyer.

 

Mi nombre es Valeria y tengo 17 años. Yo leí obligada hasta que después me empezó a gustar un poco la lectura. El primer libro que leí y que me llamó mucho la atención fue El diario de Ana Frank, y el segundo que leí y me gustó fue una novela, Rafaela.

 

Mi nombre es Natalia y tengo 17 años. Me gustaba leer obras de teatro. Leer revistas. Antes leía cuentos a mi hermanita. Cuando nos mandan a leer cosas del colegio para hacer trabajos yo leo, no por obligación sino también porque me gustaba. Este año leímos el cuento del perro y el del país de los muchos suelos.

 

Tengo 17 años y me llamo Brian. El primer libro que leí fue Drácula, después, El diario de Ana Frank, La familia Robinson, El país de los muchos suelos.

 

 

 La historieta muda

 

A pesar de que todavía no aprendió a leer ni a escribir, Joaquín nos demostró en nuestros encuentros del taller de historieta en la Juegoteca Amor y paz, que domina a la perfección el arte de narrar. A continuación veremos como a través del dibujo se permite representar con fluidez historias de acción y romance, a la velocidad de su propia imaginación.

 

 

Lecturas: del cuarto propio al mundo

Martes, Octubre 2, 2012

En esta categoría, Días de lectura, Libro de arena presenta reflexiones y prácticas sobre la lectura. En esta oportunidad, preguntas y respuestas a modo de cita de dos autores, Proust y Petit, sobre lo que significa leer; y, en la misma entrada, huellas de la actividad sobre la lectura de Horacio Quiroga en la Villa 21.  

x

La lectura, un espacio propio

 

¿Qué significa leer? Esta pregunta ha abierto más de un curso sobre lectura y escritura, más de un taller literario e incluso, ha disparado muchas veces, algún debate dentro del marco de las materias introductorias en la universidad.

 

 

Las respuestas a esta pregunta son variadas: leer es aprender, leer es informarse, leer permite saber. Hay también, otra clase de respuestas que contemplan a la lectura desde otro lugar: leer es como viajar, leer es sumergirse en otros mundos, leer es conocer otros lugares, tiempos y personas. Estas respuestas recuerdan a la lectura como una actividad única, en la que el lector se encuentra en completa soledad pero a la vez acompañado por un mundo “otro”, diferente al propio y a la vez, conectado con él. La lectura, en esta línea, se construye como un espacio propio, privado e inalienable.

A muchos escritores y también investigadores les ha llamado particularmente la atención esta propiedad de la lectura de generar un espacio y, a la vez, desde ese espacio, facilitar la reconstrucción del sujeto: el que lee, transita en el mundo ficcional ciertas experiencias que reconoce como propias. Se produce así un efecto reparador de la lectura. A ella se recurre como solaz y como refugio.

Dos autores, entre tantos,  se refieren a esta experiencia tan particular:

 

Quizás no hay días de nuestra infancia tan plenamente vividos como aquellos que creímos haber dejado sin vivir, aquellos que pasamos con nuestro libro predilecto. Todo aquello que, según parece, los colmaba  a otros, nosotros lo apartábamos como un obstáculo vulgar ante un placer divino: el juego para el que un amigo venía a buscarnos en el pasaje más interesante, esa abeja o rayo de luz molestos que nos forzaban a levantar los ojos de la página o a cambiar de lugar, las provisiones de la merienda que nos habían hecho llevar y que dejábamos a un lado sobre el banco, ni las tocábamos mientras que, por encima de nuestra cabeza el sol perdía fuerza en el cielo azul, la cena para la que tuvimos que volver y durante la que sólo pensábamos en subir a terminar después, lo más rápido posible, el capítulo interrumpido, todo eso, cuya lectura tendría que habernos impedido percibir otra cosa que su inoportunidad, grababa en nosotros por el contrario un recuerdo tan dulce (…) que, si aún hoy se nos ocurre hojear esos libros de otro tiempo, lo haríamos como si fueran los únicos almanaques guardados de esos días enterrados, y con la esperanza de ver reflejados en sus páginas las moradas y estanques que ya no existen.

Sobre la lectura, Marcel Proust (1905)

 

 

No lo olvidemos, el lector no consume pasivamente un texto; se lo apropia, lo interpreta, modifica su sentido, desliza su fantasía, su deseo y sus angustias entre las líneas y los entremezcla con los del autor. Y es allí, en toda esa actividad fantasmática, en ese trabajo psíquico, donde el lector se construye.

La lectura puede ser, a cualquier edad, un atajo privilegiado para elaborar o mantener un espacio propio, un espacio íntimo, privado. Ya lo dicen los lectores: la lectura es “una habitación para uno mismo”, para decirlo como Virginia Woolf, incluso en contextos donde no parece haber quedado ningún espacio personal. 

Lecturas: del espacio íntimo al espacio público, Michéle Petit (2001)

 

 

Cuadrito más cuadrito

 

Dibujar, dibujar y dibujar fue la premisa. Esta vez, los chicos de la Juegoteca “Amor y paz” trabajaron en equipo para realizar la adaptación a la historieta del cuento “La abeja haragana” de Horacio Quiroga. Esta historieta sigue en construcción, así que en pocos días Libro de arena la va a publicar completa y a todo color.

 

 

Historias multiplicadas

Lunes, Septiembre 17, 2012

 

Sugerencias de terror

 

¿A quién no le gustan las historias de terror? ¿Esas que tienen monstruos, espantos, murciélagos y algunas otras asquerosidades que no nos atrevemos a nombrar?

Presentamos aquí unas breves reseñas de algunos grandes libros de terror destinadas a chicos entre 6 y 12 años.

 

En el libro La fábrica del terror II, de Ana María Shua, el espanto es el condimento que acompaña a todos los cuentos. Recomendamos especialmente “La dama de la muerte no se equivoca”; una taberna en donde un forastero se encuentra con la muerte, con un cadáver, y con la historia de amor que esconde en su pasado.

 

Socorro Diez, de Elsa Bornemann, es un libro en donde lo real y lo imaginario se mezclan permanentemente.  El terror y el miedo son los invitados especiales a esta cita que atemoriza sin brujas, fantasmas y lugares encantados, y con personajes y relatos que van a dejar sin aliento a más de uno.

 

“Eulalia y el dragón en la caverna”, es un cuento que podés encontrar en el libro La nave de los brujos y otras leyendas de mar, de Ema Wolf. Una muchacha que no cree en las supersticiones queda atrapada en la Caverna de los Suspiros con el dragón que la custodia.

 

Si creés tener un monstruo debajo de tu cama lo mejor es asegurarse que realmente lo sea.  Por eso, para los más chiquitos, recomendamos: Cómo reconocer a un monstruo, Donde viven los monstruos, Trucas, Ruidos bajo la cama y ¡Qué crees!  Historias inquietantes para compartir en brazos de mamá y papá.

 

 

 

 

 

 

 

Historias de chicos y no tanto

 

Cada cual tiene derecho a inventarse sus propios miedos. Algunos le tienen miedo al mar, otros, a las cucarachas, a la noche, a las tormentas, a las arañas. Pero hay muchos valientes que se animan y se atreven a inventar sus propias bestias, como Natalia Martínez que inventó la Muselienta. Es mitad mujer y mitad serpiente. Vive en el mar y vive matando hombres porque ellos se creían superiores a las mujeres. Tiene 22 años y está tapada de su pelo largo y con serpientes. Tiene poderes de agua, de fuego, de tierra y de aire. Su piel es de color marrón claro como una mesa. Si la mirás a los ojos te paralizás y ella te come. Toma sangre fresca de dinosaurio y no la afecta. Es viuda y siempre ronda por el fondo del mar. ¿Por qué? Porque se murió ahogada.

 

 

Leyendas al viento

 

En una nueva reunión con los niños y niñas de la organización Vientos Limpios, leímos la leyenda argentina “La flor del lirolay”. A partir de reconocer los elementos del género, crearon entre todos la “Leyenda de la piedra del amor”.

 

Un rey que vivía en un castillo junto a sus dos hermanos, enfermó un día muy gravemente. Se enfermó porque necesitaba amor. Es que él se había enamorado de una bruja, aunque él no sabía que era una bruja. La había visto un día dentro de un ataúd, y como la había querido convertir en su reina le dio un beso. Eso liberó a la bruja, que se escapó sin que el rey pudiera decirle nada más.

Tan enfermo estaba el rey, que pidió a sus hermanos que fueran a buscar la piedra del amor, que nadie sabía dónde estaba. Lo que sabían era que esa piedra tenía el poder de hacer que todos los que la tocaran se enamorase. Tenía el poder del amor.

Los hermanos del rey salieron a caballo en busca de la piedra. Pronto averiguaron que la piedra la tenía Ortega, un jugador de fútbol y a la vez sirviente de la bruja. Él tenía la piedra porque quería ser el dueño del poder del amor. Los príncipes le pidieron la piedra, y Ortega puso una condición para dárselas: él tenía dos hermanas que siempre había querido que se casaran con príncipes, así que si ellos aceptaban casarse con las chicas, el poder del amor sería para ellos.

Por suerte no fue necesario que los príncipes tocaran la piedra, porque apenas vieron a las hermanas de Ortega, les gustaron mucho y se enamoraron profundamente de ellas. Así además consiguieron lo que necesitaban para ayudar a que su hermano se cure.

Cuando llegaron al castillo, el rey estaba en cama. Pero cuando le dieron la piedra del amor, se levantó y fue a buscar a la bruja a su casa. Cuando ella la tocó, se convirtió en una princesa que se enamoró del rey. Ortega también se convirtió en un príncipe y se fue con otra chica.

Mailén, Luz, Iara, Eli, María, Damián, Denis, Lautaro.

A pura viñeta

 

Seguimos trabajando con las familias que asisten al Cesac 35 de Barracas, y los más chiquititos, relajados en cómodas colchonetas, leyeron, ojearon y crearon historietas en el espacio de lectura que funciona en la sala de espera, y de paso se olvidaron por un rato de los malestares que originaron la visita al doctor. A continuación les mostramos las princesas, los bichitos y los superhéroes que hicieron Matías, Valentina, Luana y Alan:

 

 

La rueda mágica

Lunes, Septiembre 10, 2012

 

Hasta la vuelta

 

Los encuentros con monstruos han llegado a su fin. A partir de la lectura del libro de M. Sendak, Donde viven los monstruos, y un intercambio epistolar entre seres reales e imaginarios, los chicos de la juegoteca “El Alfarero” le escribieron cartas a su monstruo favorito. Ahora aguardan a la espera de una respuesta…

 

 

Querido Monstruo:

Estuvimos mirando tu foto y vimos que jugas mucho con el papel higiénico, pero no hay que jugar con el papel. ¿Qué amigos conociste en tu país? Querido monstruo, te invitamos a que vengas a la juegoteca pero con una condición: no te comas toda la merienda y cuando entres al baño por favor no gastes el papel. ¿Por qué no tenés lindas piernas y zapatillas? Por favor, trae medias, ropa y que te acompañe la seño y no te pierdas en el camino. Ponete una peluca así nadie te reconoce, ponete un disfraz de burro y de hombre araña. Y si podés trae una bicicleta para prestarnos a todos y traenos un disfraz de ninja. Cuando llegues a la juegoteca te vamos a hacer una fiesta de bienvenida. Tenés que venir a las 14 hs. ¡Te esperamos! Besos para tus amigos, nos despedimos. Y si estás triste no llores, no extrañes.

Dylan y Mariano

 

El arte de esperar

 

La sala de espera del Centro de Salud 35 de Barracas no es una sala cualquiera. Se ha inaugurado recientemente en ella una biblioteca dotada de libros para que los niños y niñas puedan sobrellevar de la mejor manera la difícil tarea de permanecer quietos en el lugar y aguardar que llegue el turno de ser atendidos por el médico. El lunes pasado, estuvimos acompañándolos con el taller de historieta para que la espera se tranforme en historias. Más abajo, Natalia nos muestra todo lo que puede estar sucediendo afuera y Brenda nos relata todo lo que nos puede suceder dentro del Centro de salud.

 

 

 

 

 

 

 

Bestiario

Lunes, Septiembre 3, 2012

 

Monstruos al viento

 

Desde los mitos y leyendas más antiguos, provenientes de las más diversas culturas, pueden encontrarse seres fabulosos que combinan realidad y fantasía y expresan los temores y deseos comunes a toda la especie humana. Estos relatos, transmitidos en forma oral de generación en generación, promueven un tipo de comunicación simbólica que conlleva temores, advertencias, preceptos morales que se inscriben en la cultura de un tiempo o lugar determinados.

Los niños se sirven muchas veces de estos personajes para elaborar miedos comunes: la muerte, el alejamiento de los padres, la amenaza de lo desconocido. Lo hacen a partir del instrumento que tienen a su alcance y que les proporciona a la vez seguridad y placer: el juego. A partir del juego los niños elaboran cuestiones que les resultan conflictivas o traumáticas, pudiendo además dentro del marco lúdico proyectar y poner en práctica situaciones reparadoras de aquéllas.

Por eso suele resultarles atractiva la posibilidad de acceder, a partir de un contexto de juego, a temáticas relacionadas con ambientes y personajes de horror.

En el libro “Bestiario”, Gustavo Roldán reúne una galería de seres monstruosos de todas épocas y lugares: el basilisco, el cancerbero, la esfinge, los dragones, entre otros. Lo hace a partir de la recopilación de leyendas anónimas y la cita de autores que han utilizado a estos seres como personajes en sus ficciones, junto a textos descriptivos de las características principales de cada uno de aquellos.

Luego de leer algunos fragmentos del libro, se propuso a los niños y niñas que asistieron al taller realizado en la organización “Vientos limpios” que imaginaran sus propios monstruos. La mecánica utilizada fue la del “cadáver exquisito”, una ilustración realizada entre tres participantes que se reparten la autoría de las diferentes partes del dibujo (cabeza, torso y patas del monstruo), sin ver lo que dibujó el compañero. Así, veinte niños y niñas de entre 5 y 12 años jugaron a crear sus propios monstruos, creando cada uno sus imágenes y fantasías sobre los mismos, y compartiendo el asombro al ver los dibujos terminados. Como los monstruos de las leyendas, producto no de la imaginación de uno solo, sino conformados por lo que cada uno aportó.

 

 

Los dientes bien limpios


Cuando podemos identificar al monstruo todo se vuelve más sencillo. Aprendemos a convivir, a compartir nuestros temores y nuestros deseos. Incluso hasta podemos invitarlo a dormir y a participar de nuestros juegos.

Luego de la lectura del cuento Cómo reconocer a un monstruo, de Gustavo Roldán, los más pequeños que asisten diariamente a la Juegoteca “El Alfarero” causaron un texto donde se le explica al monstruo que nos acompaña en cada encuentro cómo lavarse los dientes. Más tarde, invitaron al monstruo a su momento de juego libre pero el extraño, tapado con una tela, no quiso participar.

 

 

Instrucciones para lavarse los dientes

 

El primer paso es agarrar el cepillo con la mano, del palito. Después hay que ponerle pasta en los pelos de adelante (no en el palito). No hay que mojarlo y como el cepillo es para un monstruo tiene que ser muy grande y hay que ponerle mucha Kolynos aunque le pique. El tercer paso es abrir grande la boca y pasar el cepillo despacio de arriba abajo y de un costado para el otro (pero ahí hay que cerrar la boca porque se cae la pasta).

Hay que cepillarse la lengua y las encías. Después hay que lavar bien los pelos del cepillo y lavarse bien la boca para que no quede nada de espumita.

Para terminar hay que lavarse la cara y ponerse perfume. Y no olvidarse que los dientes hay que lavarlos después de comer, de día, de noche y de tarde.

Participaron: Isaías, Jeremías, Tamir, Andy, Natalia, Benjamín, Zaira, Nicole, Francesco, Dylan y Dylan. (Sí, son dos Dylan)

 

La abeja haragana

 

Los chicos y chicas que asisten a la Juegoteca “Amor y Paz” han estado trabajando esta última semana en la adaptación al comic del cuento “La abeja haragana” de Horacio Quiroga. A manera de adelanto, les presentamos a continuación la portada de la historieta realizada por Ileana y Daiana.

 

 

Rincón para leer y escuchar

 

El equipo de trabajo del Cesac N°35 escribe sobre este espacio particular, el rincón de la lectura, donde funciona una biblioteca –recientemente inaugurada- y donde se desarrollan una serie de actividades en torno a los libros y las historias.

El rincón de lectura en la sala de espera del CESAC N° 35 se encuentra funcionando desde el mes de noviembre de 2011. Está coordinado por un equipo interdisciplinario del que forman parte una médica pediatra, un odontólogo, dos promotoras de salud y una licenciada en psicopedagogía. Previamente a la experiencia del rincón se han implementado otros dispositivos relacionados con la lectura: talleres de cuentos en vacaciones, encuentros esporádicos en sala de espera donde se ofertaba material de lectura, entre otros.

Una de las particularidades del rincón es que está instalado en la sala de espera. Con la lectura y las actividades relacionadas a ella ese tiempo de espera se resignifica: el tiempo “vacío” pasa a ser un tiempo de escucha,  de disfrute de un cuento, de compartir con otros, de viajar con la imaginación, de poner en juego y enriquecer los recursos simbólicos y de brindar mayores posibilidades de acceso a los bienes culturales.

Si bien es un espacio de promoción de la lectura destinado a todas aquellas personas que se encuentran en la sala de espera al momento de la actividad, quienes hacen mayor uso de este espacio son los niños. Algunos de ellos concurren en el horario del rincón, especialmente para compartir la lectura. Una vez por mes se realiza una actividad planificada en relación a una temática específica, como piratas, brujas, cuentos clásicos o poesías. Se ambienta el espacio, se eligen libros relacionados con estas cuestiones y se construye una actividad que permita a los lectores sumergirse, por un rato, en estos mundos.

 

 

la nave de los cuentos

Lunes, Agosto 27, 2012

Los monstruos que nos habitan

Un salón a oscuras, un buen almohadón, el silencio absoluto, y una voz amable, es lo único que se necesita para escuchar y disfrutar de una inquietante historia de terror.

Porque si hay algo que tienen de bueno los cuentos es que los monstruos, las brujas y los ogros quedan atrapados cuando cerramos el libro.
Todos los miércoles de agosto, los niños que asisten a la Juegoteca El Alfarero, ubicada en el barrio de Barracas, participan de una ronda de cuentos con misterio.
Aquí reproducimos la lista que los niños, entre 3 y 6 años, armaron sobre sus monstruos favoritos. Abominables bestias que pueden ser recreadas (y abandonadas) cada vez que se necesite.
Participan: Kevin, Ariadna, Andy, Isaías, Tamir, Nicole, Benjamín, Natalia.

 

 

Entrevista a Claudia

Agosto de 2012 – Bar de la esquina de Vélez Sársfield y Alvarado

Claudia vive desde hace unos años en la Villa 21 -24, con su esposo y sus hijos. La idea, dice Claudia es “salir”, “no quedarse entre cuatro paredes todo el día”. En una charla anterior, durante la visita a la Feria del libro, Claudia contaba cómo la lectura, a veces de la manera más cotidiana, está presente la rutina de su casa.

¿Cómo “entran” los libros en tu casa?

Me gusta leer. Con siete chicos en casa a veces es difícil; llega la noche y me quedo dormida con el libro en la mano… Pero, más allá de eso, los chicos me ven leer, y eso está bueno. Yo trabajo en una casa que tiene una biblioteca del piso al techo; mi jefe es periodista y es escritor, es cantautor también. Él siempre me dice que si hay algún libro de la biblioteca que me interese, que me lo lleve y lo lea…, y yo lo hago. Los chicos, entonces, ven que los fines de semana yo me siento con un libro.

Es difícil manejar la situación en una casa con siete chicos. Llega el sábado y yo, tranquila, apago la tele y les digo: “ahora, vamos a leer por quince minutos”.

¿En tu casa hay una biblioteca? ¿Cómo es?

Tenemos una biblioteca, chiquita. La tenemos subiendo la escalera, en el descanso. Es un mueble que tiene tres cuerpos; antes se usaba para poner juguetes. Después sacamos eso y empezamos a poner todos los libros. Me han regalado libros… Inclusive lo que trato de hacer es que si los chicos tienen la información en los libros, no usen la computadora.

¿Qué libros tenés en la biblioteca de tu casa?

Tenemos libros de dinosaurios, libros de ciencias naturales… No tenemos libros de números ni de matemática. Tratamos de tener libros de información, a veces, guardo los manuales de la escuela, de otros años, para poder consultarlos.

¿Y literatura?

Hay algunas novelas y también, libros de cuentos para chicos. Y ahora, la escuela empezó a enviar libros, libros de cuentos, para que los chicos se lleven a sus casas… Eso me encantó.

 

 

La palabra como dibujo y el dibujo como escritura

Realizar una historieta puede ser una oportunidad para expresar nuestros deseos, como así también explorar nuestros miedos más profundos. Entre las historietas que nos contaron los chicos y chicas de la juegoteca Amor y paz, encontramos relatos de distintos géneros: princesas enamoradas, los clásicos superhéroes, e historietas de terror basadas en nuestras pesadillas. A continuación veremos la producción de Serena y Daiana.

 

 

Escenas de lectura

Jueves, Agosto 16, 2012

¿De qué modo provocar el encuentro entre el lector y el libro? ¿Es ese encuentro posible? ¿Hay un tipo de contribución a la experiencia y al conocimiento humanos a través de la lectura? Respondiendo a estas preguntas y definiendo el lugar donde nos posicionamos para la tarea de “dar de leer” presentamos aquí textos representativos de escenas de lectura.

 

Los teóricos

 

“Mientras la lectura sea para nosotros la iniciadora cuyas llaves mágicas nos abren en nuestro interior la puerta de estancias a las que no hubiéramos sabido llegar solos, su papel en nuestra vida es saludable. Se convierte en peligroso por el contrario cuando, en lugar de despertarnos a la vida personal del espíritu, la lectura tiende a suplantarla, cuando la verdad ya no se nos presenta como un ideal que no esté a nuestro alcance por el progreso íntimo de nuestro pensamiento y el esfuerzo de nuestra voluntad, sino como algo material, abandonado entre las hojas de los libros como un fruto madurado por otros y que no tenemos más que molestarnos en tomarlo de los estantes de las bibliotecas para saborearlo a continuación pasivamente, en una perfecta armonía de cuerpo y mente.

Sobre la lectura, Marcel Proust.

 

“Niño que lee. Durante una semana uno se internaba con infinita confianza. ¡El silencio del libro llamaba y llamaba! El contenido no era tan importante. Porque la lectura coincidía con la época en que aún uno mismo inventaba historias en la cama. (…) Su aliento se confunde con la atmósfera de los acontecimientos, y todos los personajes lo respiran. El niño se mezcla mucho más íntimamente con los personajes que el adulto. El acontecer y las palabras cambiadas lo afectan en lo más hondo, y cuando se levanta, todo él se ha impregnado de lo leído.

Escritos. La literatura infantil, los niños y los jóvenes, Walter Benjamin.

 

Los poetas

 

25 de mayo NIEBLA

“Al amanecer, voy a pie hasta la orilla del río,

Donde leo en silencio, mientras espero.

Dos patos se acercan para charlar conmigo

Sobre el menú del almuerzo.”

Hermosa soledad, Jimmy Liao

 

7 de mayo DESPEJADO

 

“Ella dice que entiende las cartas sin palabras al leerlas.

Dice: «En esta clase de cartas, se ocultan por todas partes

señales secretas de la felicidad».

Sabe leer también las intenciones.”

Detecta inmediatamente las mentiras de los amantes.

Dice: «Nadie se fía de mí, me piden que les enseñe mi título.

Pero para la felicidad o los engaños entre amantes

no hacen falta pruebas».”

Hermosa soledad, Jimmy Liao

“Leer, leer, leer, vivir la vida

que otros soñaron.

Leer, leer, leer, el alma olvida

las cosas que pasaron.

 

Se quedan las que se quedan, las ficciones,

las flores de la pluma,

las olas, las humanas emociones,

el poso de la espuma.

 

Leer, leer, leer, ¿seré lectura

mañana también yo?

 

¿Seré mi creador, mi criatura,

seré lo que pasó?”

Cancionero, diario poético, Miguel de Unamuno.

 

 

“…Entonces, cuando vi que no podía dormir,

hasta tarde, la otra noche,

me incorporé en la cama

y pedí que me alcanzaran un libro,

un romance, y me puse

a leerlo e hizo pasar la noche;

pues me pareció mejor entretenimiento

que jugar al ajedrez o a las damas.

Y en este libro había fábulas

que los clérigos, en tiempos antiguos,

y otros poetas, habían compuesto,

para leer y conservar en la mente,

mientras los hombres amen la ley natural…”

El libro de la duquesa, Geoffrey Chaucer

 

 

Las biografías

 

“El vicecónsul. (…) Ese libro fue el primer libro de mi vida. Transcurría en Lahore, y también allí, en Camboya, en las plantaciones, transcurría por todas partes. El vicecónsul empieza con la niña de quince años que está embarazada, la pequeña annamita que ha sido arrojada de la casa materna y que da vueltas por ese macizo de mármol azul de Pursat. Ya no sé cómo sigue. Recuerdo que me costó mucho encontrar ese lugar, esa montaña de Pursat donde nunca había estado. (…) Era un libro muy difícil de escribir. No había plan posible para expresar la amplitud de la desdicha porque ya no había nada en los elementos visibles que la habían provocado.”

Escribir, Marguerite Duras

 

 

 

“¿Qué puede hacer una niña tímida, de ocho, nueve, diez años, que tiene nariz grande, piernas flacas, ropa deslucida y que se sabe invisible para sus compañeras de grado? ¿Qué puede hacer esa niña a la que su madre ha contado cuentos cuando ella era la niña de la niña que hoy es, sino leer, leer desaforadamente todo lo que hay en su casa? ¿Y qué hay en su casa? Una mezcla de Twain y D´Amicis, de Stevenson y Tagore, de Dumas y Olegario Andrade, de Collodi y Kempis (…) muchas biografías y relatos de viaje y, sobre todo, mucha y buena literatura informativa, enciclopedias, diccionarios, historias universales y argentinas, historias de la música, del arte, de la fotografía, de la filatelia… Y yo, la niña que yo era, iba por esos libros inmensos que, sin duda, no comprendía, con el mismo desparpajo, con la misma irreverencia con que transitaba por las fotonovelas… Todo tenía para la imaginación de mis ocho, mis diez años, el mismo valor, porque yo iba por esos libros y diarios y revistas, buscando anécdotas, historias, para contárselas a mis compañeras de grado, historias que, mentirosa, contaba como propias.”

Mentir,  María Teresa Andruetto.


Las novelas

 

“La fascinación novelesca que se da en estado puro en las primeras frases del primer capítulo de muchísimas novelas no tarda en perderse al continuar la narración: es la promesa de un tiempo de lectura que se extiende ante nosotros y que puede acoger todos los desarrollos posibles. Quisiera escribir un libro que fuese sólo un incipit, que mantuviese en toda su duración la potencialidad del inicio, la espera aún sin objeto. Pero, ¿cómo podría estar construido, semejante libro? ¿Se interrumpiría después del primer párrafo? ¿Prolongaría indefinidamente los preliminares? ¿Ensamblaría un comienzo de narración con otro, como las Mil y Una Noches?”

Si una noche de invierno un viajero, Italo Calvino.

 

“Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Recógete. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida. Dilo en seguida, a los demás: «¡No, no quiero ver la televisión!» Alza la voz, si no te oyen: «¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!» Quizá no te han oído, con todo ese estruendo; dilo más fuerte, grita: «¡Estoy empezando a leer la nueva novela de Italo Calvino!» O no lo digas si no quieres; esperemos que te dejen en paz.”

Si una noche de invierno un viajero, Italo Calvino.

 
“«Me gustaría saber», se dijo, «qué pasa realmente en un libro cuando está cerrado. Naturalmente, dentro hay sólo letras impresas sobre el papel, pero sin embargo… Algo debe de pasar, porque cuando lo abro aparece de pronto una historia entera. Dentro hay personas que no conozco todavía, y todas las aventuras, hazañas y peleas posibles… y a veces se producen tormentas en el mar o se llega a países o ciudades exóticos. Todo eso está en el libro de algún modo. Para vivirlo hay que leerlo, eso está claro. Pero está dentro ya antes. Me gustaría saber de qué modo.»

Y de pronto sintió que el momento era casi solemne. Se sentó derecho, cogió el libro, lo abrió por la primera página y comenzó a leer La historia interminable.”

La historia interminable, Michael Ende.

 

UN PASEO POR EL CIELO

Miércoles, Agosto 8, 2012

 

Uno de los últimos días, antes de que la Feria del Libro Infantil y Juvenil cerrara sus puertas hasta el próximo año, un grupo de chicos y adultos de la Villa 21-24 la recorrieron como parte del ciclo Pregoneros de Lectura.

 

La idea fue recorrer una feria repleta de libros: sobrevolarlos, mirar los espacios, sus colores. Para los más chicos, la recorrida implicó detenerse en los puestos más llamativos, donde gana el color de las tapas, algún animador que se disfraza de un personaje conocido, algún obsequio -calcomanías, señaladores- que se ofrezca. Para los que recién empiezan -primer grado, segundo- la recorrida implicó leer letra por letra, reconocer frases sueltas, armar cadenas de oraciones. Para los más grandes, pasear por la feria significó descifrar frases, interpretar sentidos.  En todos los casos, la cuestión era disfrutar un rato rodeados de páginas, más bien, de historias, de mundos posibles.

Después del primer paseo, hubo una lectura. Los chicos y los acompañantes entraron a la Biblioteca Infantil y Juvenil y escucharon algunos relatos de Gustavo Roldán. También exploraron un poco ese espacio, ojearon los libros y los devolvieron a sus estantes.

La segunda parada fue en el stand de la provincia de Tucumán. El grupo asistió a una lectura, pero esta vez, con características particulares. Se trataba, como anunció la narradora, de una “actividad de inclusión” para niños con y sin disminución auditiva. La narradora, sobre el escenario, narró “Las medias de los flamencos”, de Horacio Quiroga, con su voz, y con lenguaje de señas. También utilizó una suerte de pequeño retablo, en el que se iban pasando, una a una, las diferentes escenas del relato, pintadas sobre listones de madera. Los chicos también participaron, bailando de la mano de la narradora, en algunos pasajes del cuento.

La tarde terminó con merienda y vuelta en micro a Barracas, los chicos y Leny, Claudia y Mirna, las mamás que acompañaron la salida.

 

 

* Ilustración por Patricia López Latour.

 

Contando historias

Martes, Julio 31, 2012

De monstruos y niños


¿Qué son los monstruos? ¿Por qué asustan?  ¿Una persona puede transformarse en monstruo? ¿De qué manera?

Los monstruos, brujas, duendes y otros seres maravillosos transitan la literatura desde hace siglos. Cuestionan la realidad tal cual es, desafían las leyes de la naturaleza y abren las puertas de un mundo muy diferente del cotidiano.

Alan, que asiste al taller de literatura infantil, participó de la lectura de algunos cuentos monstruosos y luego, escribió este relato.

Había una vez un chico que iba creciendo, cada vez crecía más y cada vez era más chico. Mientras esto pasaba, se preguntaba, en el fondo: “¿Por qué nadie quiere jugar conmigo?” Un día se encontró con un niño llamado José. Jugaron y se hicieron mejores amigos. Jugaron mucho, mucho y de repente, un día, José le dijo al chico que se iba a mudar a otro lado. Pero él le dijo a su amigo: “No te vayas”. Y José no se fue y fueron felices para siempre.

 

Leer, vivir, trabajar

 

Leny tiene 36 años y vive en la Villa 21-24, con sus hijos. Está emprendiendo un proyecto de fabricación de ropa, en un taller que construyó, en su casa a partir de un crédito otorgado por SEDECA. Hablamos sobre la lectura, los libros y el trabajo.

¿Hace cuánto vivís y trabajás acá?

Yo soy de Bolivia, de Cochabamba. Vinimos a vivir acá cuando no había nada de nada. Cuando nos enteramos que había un terreno acá construimos con maderas, cajas de cerveza y usamos una cama como puerta. Empezamos a vivir sin nada: sin luz, sin agua.

De a poco fuimos avanzando y pusimos un quiosco de venta de gaseosas. La idea del quiosco salió porque nos encontramos una heladera…

Si te fijás ahora, el barrio cambió, todas las casas tienen dos o tres pisos. Uno fue avanzando gracias al trabajo, porque a veces uno dice: “Estoy en la villa” y parece que no trabajás, que no hacés nada. Yo no trabajo en blanco, pero trabajo. Tengo el quiosquito, que está acá abajo de mi casa y como eso solo no alcanza, salió la idea del taller de costura y confección de ropa. Yo me estoy capacitando en el Centro Metropolitano de Diseño. El año pasado vendí productos en la feria, armo la mesa, con caballetes, que es la mesa que están usando ahora los chicos para el taller de literatura infantil. Empecé con muy poco, siempre se empieza con poco. Y voy aprendiendo, también, de a poco.

¿Cómo es tu historia antes de llegar a la villa?

Somos una familia, vivíamos en Cochabamba. Mi mamá y mi papá se separan y al separarse mi mamá tiene la visión de otra vida, de una situación mejor. Mi hermana y yo viajamos con ella, a Buenos Aires. Yo empecé a estudiar y terminé el colegio secundario y después hice Enfermería. Fue por mi mamá, porque ella es enfermera; ella me inscribió en a Cruz Roja y pensó que esa sería una salida laboral rápida. Hice la carrera, terminé los tres años pero después no lo ejercí porque no me gustaba. Me causaba mucha angustia el hospital, no era lo que me gustaba. Después conocí al padre de mis hijos y nos mudamos acá…luego de once años me separé.

¿Leés, te gusta leer, tenés tiempo, dentro de todas las tareas que hacés, para leer?

Mi tía me regaló unos libros acerca de la separación, de los momentos que estoy atravesando. También estoy con otro libro sobre los adolescentes -por mi hijo de quince años- y trato de leer a la noche, cuando todos duermen. Después es como que no tengo el tiempo necesario, pero me gusta leer, es un confort para uno mismo. Con la lectura uno mismo empieza a conocer la opinión de otras personas. Es como que uno aprende.

¿Leés otro tipo de libros? ¿Novelas, cuentos?

Antes de tener hijos, sí, leí un montón. De chiquita leí una colección de Billiken, creo que era…. Me acuerdo de La cabaña del Tío Tom, Mujercitas, Hombrecitos, Papaíto piernas largas. Y leí toda la colección, creo que no me faltó ninguno, porque mi mamá nos la compraba -a mi hermana y a mí- . Después de que mi hermana leía uno de los libros, lo leía yo y después las dos lo comentábamos. También leía un libro de historietas que traían moralejas…historietas de las fábulas de Esopo. Era cortito, intenso, eficaz… la historia empezaba y en dos o tres hojas, ya tenías la moraleja.

En la secundaria leí un poco de ciencia ficción. Bradbury, leí algunos cuentos de él. También, en el colegio, leí El túnel, de Sábato. Y leímos su biografía. Siempre me gustó la literatura en la escuela.

¿Y después de la escuela, seguiste con la lectura, de novelas, de cuentos?

No, por mi situación, no. Porque era como que un libro ya no estaba… cuando empezamos acá, a construir… el libro…no. Teníamos el piso de tierra… De vez en cuando comprábamos el diario, yo iba a la sección del horóscopo, o leía alguna historia. Me gusta leer historias, porque se aprende.

 

La oca de los cuentos


La narración oral como experiencia colectiva posibilita el “armado” de un relato, como un rompecanezas, en el que cada participante aporta una pieza única.

Contar y escuchar historias es una de las formas más antiguas de compartir un momento de juego con otros. Las leyendas y los cuentos tradicionales se han transmitido así a través de los tiempos y de las personas que las escucharon cuando niños y las repitieron luego a los más jóvenes, conservando lo más importante del relato, pero seguramente agregando detalles y condimentos producto de la propia imaginación.

Recreando este proceso, los chicos del comedor “Amigos del Padre Pepe” jugaron a “La oca de los cuentos”, un juego para escuchar, compartir e imaginar historias. Sobre un tablero en blanco se avanza con un dado, como en el tradicional Juego de la Oca, y se llenan los casilleros con una historia que cada participante haya leído, escuchado, o que imagine en el momento y la quiera compartir con los otros jugadores.

Los chicos más grandes narraron aquello que habían leído en la escuela, en casa o en la Biblioteca; los más pequeños, que todavía no saben leer, contaron a otros los relatos que habían escuchado de sus mayores. Y cuando el juego fue avanzando, esta mecánica fue dando paso a la posibilidad de que cada uno creara una historia en el momento, sin importar tanto quién avanzaba por los casilleros, como la posibilidad de aportar alguna idea interesante al cuento que estaba contando el compañero.

 

 

La caja de Pandora

Martes, Julio 24, 2012

¿Dónde nacen las leyendas? ¿Cómo se transmiten? ¿Para qué sirven? A partir de la lectura de algunos mitos y leyendas, los chicos que asisten al ciclo Pregón de la lectura en la Villa 21/24  discutieron y elaboraron sus propias interpretaciones de por qué las leyendas trascienden tiempos y lugares.

 

“América tiene una leyenda en cada monte, lago, río, animal, piedra, flor. También en muchos lugares donde el mar la moja. Para espantar los peligros de la navegación y mantener vivas sus esperanzas, los hombres contaron historias sobre tesoros sepultados, tormentas, arrecifes peligrosos, barcos, islas y patas de palo, todas cosas muy verdaderas. Sin embargo, en ellas se colaron fantasmas, luces erráticas, campanas invisibles, milagros de santos y hasta el mismo diablo. Entonces nació la leyenda. Tan real como para que nadie se burle de quien la cuenta y tan enigmática como para que nadie la olvide”.

Ema Wolf, La nave de los brujos y otras leyendas del mar.

x

Una leyenda para…

“Para leer, para reírse, para divertirse, para contarle a los bebés, para aprender a escribir. Las que más me gustan son las del libro Lo que cuentan los guaraníes.”  Axel, 9 años.

“Para disfrutar, para aprender, para contarles los cuentos a los amigos, para escuchar, para saber si es verdad algunas cosas que se dicen.

Me gusta la de Teseo y el laberinto, La nave de los brujos, la leyenda de la ballena que vivía en el mar, la del origen del fuego, la leyenda del Martín Pescador.” Alan, 10 años.
“Las leyendas sirven para que uno aprenda y algunas tienen historias que son de verdad.” Fátima, 10 años. ”Para leer y escuchar, para contarle a otros lo que leímos, sirve también para contarle a los viejitos. Todas las leyendas están muy buenas pero me gusta mucho la del salmón y el pájaro que perdió el canto.” Paula, 7 años.

“Las leyendas sirven para leer, escuchar, para divertirnos, para relatar, para descubrir cosas, para aprender cosas nuevas, para compartir, para responder esta pregunta. Las leyendas que conozco y me gustan son: El grito del carancho, La caja de Pandora, Teseo y el Minotauro y La nave de los brujos.” Nicolás, 11 años.

“Las leyendas sirven para escuchar, aprender, asustar, escribir y leer. Me gustan: la de Pandora, la de Medusa, la del Minotauro, Lo que cuentan los Incas, las de Ares, El gran incendio y las historias de Zeus.” Javier, 10 años.

x

x

 

Una leyenda, además, se puede contar así:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una leyenda para jugar:

Los chicos de que participaron de la lectura de “Las medias de los flamencos”, de Horacio Quiroga, en el Comedor Amigos del Padre Pepe, imaginaron una fiesta como la de los animales del cuento. Cada uno tenía que llevar a la fiesta algo que comenzara con la misma letra que su nombre. Priscilla llevó peras, puentes y palomas; Antonio arcos, ananá y anteojos; Lautaro libros, lunas y limón. Ailén llevó arroz, anillos y abejas.

Y como los animales de la historia se habían vestido especialmente para la ocasión, inventaron qué otros disfraces que el autor no menciona podrían haber usado los invitados:

  • Los flamencos, gorros de bananas.
  • El elefante una pollera de hojas.
  • La serpiente una bufanda tejida con pasto.
  • El yaguareté, una corona de flores.
  • El coatí una máscara de barro.