El príncipe de corazones de varias generaciones cumplió 70 años desde su publicación. Es por eso que Libro de arena acerca uno de los fragmentos más célebres de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry. Pero atención, sólo para los lectores, cuando eran niños…
Entonces apareció el zorro.
-Buenos días-dijo el zorro.
-Buenos días-respondió el principito, que se dio vuelta pero no vio nada.
-Estoy acá-dijo la voz-bajo el manzano…
-¿Quién eres?-dijo el principito-. Eres muy lindo…
-Soy un zorro-dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo-le propuso el principito-. ¡Estoy tan triste!
-No puedo jugar contigo-dijo el zorro-. No estoy domesticado.
-¡Ah! Perdón-dijo el principito.
Pero después de reflexionar, agregó:
-¿Qué significa “domesticar”?
- No eres de aquí-dijo el zorro-. ¿Qué buscas?
- Busco a los hombres-dijo el principito-¿Qué significa “domesticar”?
-Los hombres-dijo el zorro-tienen fusiles y cazan. Es muy molesto. También crían gallinas. Es su único interés. ¿Buscas gallinas?
-No, dijo el principito-.Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”?
-Es una cosa demasiado olvidada-dijo el zorro-Significa “crear lazos”.
-¿Crear lazos?
-Sí-dijo el zorro-. Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tu tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero si me domesticas tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo…
-Empiezo a comprender-dijo el principito-. Hay una flor…Creo que me ha domesticado.
-Es posible-dijo el zorro-. ¡En la Tierra se ve toda clase de cosas…?
-¡Oh! No es en la Tierra-dijo el principito
El zorro pareció muy intrigado.
-¿en otro planeta?
-Sí.
-¿Hay cazadores en ese planeta?
-No.
-En interesante eso. ¿Y gallinas?
-No.
-No hay nada perfecto-suspiró el zorro.
Pero el zorro volvió a su idea.
Mi vida es monótona. Cazo gallinas. Los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá, los campos de trigo? Yo no como pan. Para mí el trigo es inútil.. Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Es bien triste! Pero tú tienes cabellos color de oro. Cuando me hayas domesticado, ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo…
El zorro calló y miró largo tiempo al principito.
-¡Por favor…domestícame!-dijo.
-Bien lo quisiera-respondió el principito-, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.
-Sólo se conocen las cosas que se domestican-dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!
-¿Qué hay que hacer?-dijo el principito.
-Hay que ser muy paciente-respondió el zorro-. Te sentarás al principio un poco lejos de ¡mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos. Pero, cada día, podrás sentarte un poco más cerca…
Al día siguiente volvió el principito.
-Hubiera sido mejor venir a la misma hora-dijo el zorro-. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón…Los ritos son necesarios.
-¿Qué es un rito?-dijo el principito.
-Es también una cosa demasiado olvidada-dijo el zorro-. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días, una hora de las otras horas. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. El jueves bailan con las muchachas del pueblo. El jueves es, pues, un día maravilloso. Voy a pasearme hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en un día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
Así el principito domesticó al zorro. Y cuando se acercó la hora de la partida:
-¡Ah!…-dijo el zorro-. Voy a llorar.
-Tuya es la culpa-dijo el principito-. No deseaba hacerte mal pero quisiste que te domesticara…
-Sí-dijo el zorro.
-¡Pero vas a llorar!-dijo el principito.
-Sí-dijo el zorro.
-Entonces no ganas nada.
-Gano-dijo el zorro-, por el color del trigo.
Luego agregó: Ve y mira nuevamente las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás para decirme adiós y te diré un secreto.
El principito se fue a ver nuevamente a las rosas:
-No sois en absoluto parecidas a mi rosa-les dijo-. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo. (…)
Y volvió hacia el zorro.
-Adios-dijo.
-Adiós-dijo el zorro-. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
-Lo esencial es invisible a los ojos-repitió el principito a fin de acordarse.
-El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
-El tiempo que perdí por mi rosa…-dijo el principito, a fin de acordarse
-Los hombres han olvidado esta verdad-dijo el zorro-. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa…
-Soy responsable de mi rosa-repitió el principito, a fin de acordarse.
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Por María Pía Chiesino
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Leí
El Principito cuando era muy chica. Lo releí varias veces a lo largo de los años. A veces me llamaba la atención la sucesión de charlas con los personajes adultos de la novela (el hombre de negocios, el vanidoso, el rey, el bebedor…). Me impactaba mucho el dibujo de los baobabs, esos árboles gigantescos que “antes de crecer comienzan por ser pequeños”. No entendía cómo un personaje infantil podía sentir, por momentos, tanta tristeza.
Desde luego, quería conocer el asteroide B612, con los tres volcanes, el cordero y la rosa caprichosa que detestaba las corrientes de aire.
Y siempre, aún ahora cuando lo leo, el mejor momento de la novela, o el que más me conmueve es cuando se encuentra con el zorro que es el primero que le enseña en qué consiste esa necesidad de hacer amigos que el principito busca permanentemente.
No hay otros niños en la novela. El mundo adulto es incomprensible. Y aparece lo más parecido a un niño ese zorro que vive oculto para que los cazadores no lo maten. Un zorro que siente que está de vacaciones cuando esos mismos cazadores van a bailar y puede pasear por una viña. El zorro, está tan solo como el principito. No dice que necesita amigos, pero termina pidiéndole por favor que lo domestique. Insiste en eso, aunque el principito le aclara que va a tener que irse.
Y en el momento de la partida, en la que el zorro anuncia que va a llorar por esa pérdida, hay dos cosas entrañables: una es la que tiene que ver con el color del trigo. Ese trigo que para él no tenía valor alguno y que a partir de esa amistad, va a tener el valor de recordarle el color del cabello de su único amigo.
Y finalmente, el zorro es quien le enseña lo importante que ha sido destinarle tiempo a la rosa del asteroide. A esa rosa que domesticó al principito, que en algún momento va a tener que volver allí para seguir cuidándola de las corrientes de aires que la hacen toser y del cordero que quiere comérsela.
La rosa es vanidosa, es demandante y es profundamente frágil. El principito va a tener que regresar, precisamente, por esa fragilidad. El zorro, (a diferencia de los adultos, que le dan indicaciones que al principito no le sirven para nada), le da los consejos que necesita para poder salir de esa gran tristeza y entender qué importante y único es lo poco que tiene, por la importancia del tiempo que le dedicó. Las palabras del zorro son las que hacen que el principito comience a sentir que ya es hora de volver a su asteroide. Y de seguir siendo responsable de su rosa. Esa rosa que es igual a otras millones…y que no es igual a ninguna.