Buenas tardes. Con nosotros está Verónica Sukaczer. Es un orgullo que estés acá… te agradecemos mucho.
MM:
¿Eso te pasa mucho? ¿Los editores te marcan la cantidad de páginas? ¿Te dicen de cuánto a cuánto?
VS:
Todo el tiempo. La última palabra no, porque lo escribí libremente, y cuando lo entregué era así, y era una colección juvenil. Pero los dos últimos años estuve escribiendo a pedido. A pedido es que la editorial me dice: “¿Tenés algo para darnos?”. Y yo siempre digo: “No:”. Nunca tengo. No tengo material acumulado. Yo escribo, publico. Cuánto tiempo me das, y escribo. Y bueno. Ahora, si querés para tal edad tantos caracteres, si querés para tal edad, tantos otros.
MM:
Y ante ese momento, ante ese pedido: “de acá a tres meses tenés que entregarme una novela para diez años”, ¿de dónde sacás material para escribir?
VS:
Bueno…primero que trabajo muy bien bajo presión. Vos me decís: “Dame una novela para diez años para dentro de una semana, y yo te lo agradezco. Lo prefiero a que me digas: “Cuando quieras, dame algo”. Yo trabajo a presión, estoy acostumbrada al llamado del jefe del diario que me dice: “Mirá, en diez minutos cierra la nota y no tenemos tal cosa”. Y yo voy, lo busco y lo escribo. Yo no hago otra cosa que escribir. Estoy todo el día en mi casa, tengo dos hijos preadolescente y adolescente, soy ama de casa. Toda la mañana me la paso limpiando, haciendo las compras… pero el resto del día, escribo. Tampoco todo el tiempo… escribo tres horas, paro, voy, vengo, dos horas, releo, hago otra cosa… un día no tengo ganas, no escribo… Soy bastante obsesiva y puntillosa con mi trabajo ¿Tengo que escribir? Escribo. Y así, sale.
MM:
O sea que estas dos semanas de vacaciones con los niños son un infierno completo…
VS:
Y…estuve terminando una novela y era todo el tiempo: “¿Te das cuenta de que estoy trabajando?” (Risas)
MM:
No lo consideran, ¿no? Es difícil…
VS:
No. No lo conciben. Además mi oficina no tiene puertas. Cuando mi marido y yo nos casamos, quisimos tener un departamento estilo loft, pero no pensamos en los hijos. Sacamos todas las puertas. (Risas). Entonces… tienen puerta las habitaciones, el baño, pero lo que es el comedor y mi oficina no… Entonces pasan y pasan…”Mami, ¿me hacés la leche?”. ¡Tiene once años! (Risas) “Andá a la heladera y servítela” (imita una voz infantil, aguda) “No; no puedo”. Es un caso.
MM:
Es un caso, sí, por supuesto. Ya que lo mencionaste a tu marido, contanos (porque es una anécdota muy divertida), qué tiene que ver con Nunca confíes en una computadora.
VS:
Mi marido salió de Nunca confíes en una computadora. En el año 93, creo… Yo fui colaboradora permanente del suplemento infantil del diario La Nación durante seis años. Era el inicio de la computación. De repente pasamos de máquina de escribir a la computadora. Y empezaron los que eran como clubes virtuales con líneas telefónicas. Si había seis líneas telefónicas significaba que seis personas, en cualquier lugar del país, podían estar comunicándose al BBS, por Bulletin Board System, y había chat (podían chatear esas seis personas), foros de literatura, y eran los primeros correos electrónicos. Creo que todavía no nos podían escribir de afuera, eran para escribirnos entre nosotros.
Público:
¿Repetís qué año era?
VS:
En el 93. Bueno, les hice una nota a unos chicos que tenían el BBS Sión.
MM:
No hace ni veinte años…
VS:
Ahora es una mega empresa. En ese momento eran dos chicos de diecisiete y dieciocho años, súper sencillos, después crecieron un montón…
Bueno, yo les hice la nota y me dijeron: “Si querés ver de qué se trata a la noche vas a tener el alta, vas a estar conectada”. Había que pagar. Yo no tuve que pagar. A la noche me conecto y… creo que eran ocho líneas en ese momento y me encantó porque además, para mí fue la primera posibilidad de dialogar con ocho personas al mismo tiempo y escucharlas. Yo podía perfectamente participar de esa reunión grupal. No entrabas con tu nombre. Yo era Talía, como la musa de la comedia, en la época de Thalía la cantante así que mal… y uno era Gonzalo La Salvia. Era el único de todo el club que no tenía apodo. Me tendría que haber dado cuenta de eso. (Risas). Éramos muy pocas chicas. Éramos cuatro o cinco chicas entre un montón de pibes, con lo cual siempre llamábamos la atención. Empezaban las invitaciones, todo eso. Igual enseguida nos conocíamos en persona porque en general había reuniones los fines de semana. Y yo empezaba con mi primera computadora, así que la primera pregunta era: “¿Qué programa usás?” ¿Vos, Mario, tenías?
MM:
No.
VS:
Bueno, estaban el Telamate o el Terminate. Yo no tenía el correcto y entonces, Gonzalo La Salvia se ofreció a venir a instalar…no voy a decir a instalarME…
MM:
No, mejor no. (Risas)
VS:
.. el programa que correspondía… y bueno…
MM:
Se instaló. (Risas)
VS:
Fuimos novios un año y medio. Salíamos, él me traía a mi casa, se volvía a su casa…a esa hora nos conectábamos para estar con todos los amigos, estábamos, él hasta las cuatro, yo hasta las dos de la mañana… conversando. Conversamos TODO. El día que lo tuve en casa al lado, se terminó (Risas).
MM:
Ya está la conversación.
VS:
Así que fui una chica precoz con las redes. Para mí, todo lo que es informática, celulares, todo eso me simplificó la vida absolutamente.
MM:
Claro. Es muy interesante eso de poder hablar con ocho personas a la vez, ¿no?
VS:
Sí, sí. En general nosotros éramos los más grandes, la mayoría eran chicos. Pero bueno…era lindo, era divertido. Después de todo un día de trabajar, era dedicarse al boludeo.
MM:
Nunca confíes en una computadora fue muy exitoso. Salió en México y ¿dónde más?
VS:
A través de México, en Paraguay, Perú, Venezuela… no sé… aparece por muchos lados…
MM:
Claro. Ahora amenazaron de Chile, también.
VS:
Ahora pidieron un cuento de Chile…
MM:
¿Y cómo surgió Nunca salgas desconectado?
VS:
Cuando yo escribí Nunca confíes en una computadora no existía Internet. O sea, la palabra “Internet” no la teníamos todavía. Eran solamente esas redes, con nuestros monitores monocromos, o el monitor Hércules, había pasado un mundo en diez años. Uno pasó de una computadora cuadrada a esos monitores que hay ahora o sea que había un montón de historias nuevas para contar, y me faltaba poder modernizar, de alguna manera, Nunca confíes…
MM:
El otro día, el lunes pasado nos preguntábamos si en el título intervino la editora o el editor…
VS:
No, no. Fue una larga búsqueda… porque soy muy mala titulera. Me cuesta mucho, mucho, encontrar el título. Fui buscando cómo relacionar los dos libros. Incluso le cambié el título al cuento principal para que fuera “Nunca salgas desconectado”. Primero se iba a llamar “Veinticuatro horas sin computadora”…No me acuerdo ahora por qué…si fue un pedido…No, no fue un pedido de la editora. Pero el de “Nunca salgas desconectado”, quedó.
MM:
Pensábamos que bueno, como Nunca confíes…Nunca salgas…es la misma temática…como una inteligente decisión de la editorial Comunicarte porque el otro todavía estaba en Alfaguara…
VS:
Sí. Yo lo ofrecí a Alfaguara, y después de un año lo rechazaron. Eso fue duro. Llevó otro año recuperarme, fue difícil. Después empecé a hablar con otros editores y me decían: “Y…pero está Nunca confíes… en Alfaguara y todavía se sigue vendiendo”: Y bueno, ahí empecé a buscar editorial, a insistir, y encontré a Comunicarte.
MM:
¿Te cuesta en serio soportar los rechazos literarios, editoriales en particular?
VS:
Sí…sí, sí. (Risas). Creo que es muy difícil para nosotros, no sé si te pasa a vos, diferenciar el rechazo literario del rechazo como persona. O sea, vos empezás: “Si no escribí bien este libro, quiere decir que ya no puedo escribir bien, que ya me olvidé de cómo escribir todo. O es algo personal conmigo, porque si tienen un libro mío por qué ahora no quieren otro”. Sí, empezás con un rollo…Yo soy una judía psicoanalizada. (Risas). Debe tener mucho que ver.
MM:
Puede ser. Che, y cuando no lo rechazan pero te hacen muchos comentarios… hay mucha edición, ¿qué relación tenés con eso?
VS:
No me pasó. No me pasó. No tuve mucha edición. Con Nunca confíes en una computadora, como fue el primero, justo hubo un cambio de edición cuando se fue Pérez Aguilar… a Pérez Aguilar había un final que no le gustaba y me pidió que lo cambiara, después María Fernanda Maquieira me dijo que ese final no le gustaba entonces yo le mostré el original, y dijo que prefería el original. Me pasó con algunos títulos, pero edición del libro, la verdad es que no tengo mucho. Yo trabajo mucho. Corrijo. Corrijo un montón y me importa que la forma, no el tema, la forma gramatical, sintáctica, tiene que estar perfecta. Tiene que estar perfectamente escrito. Puede estar mal desde lo literario pero lo lingüístico tiene que estar trabajadito.
MM:
¿Y nunca hubo un editor que te dijera, por ejemplo, “Cambiemos parte del argumento, la historia”?
VS:
Con La cena del dinosaurio, Norma Huidobro me señaló que en una parte en que a la chica la secuestran ( yo lo narraba como en dos capítulos, todo el viaje) se había puesto pesado ahí. Entonces encontré una solución: la chica se desmaya. No puede ver el viaje. Y le saqué los dos capítulos.
MM:
Los sacaste enteros…
VS:
Saqué enteros dos capítulos porque ya no hay testigo de ese viaje. Y me encanta. Me encanta cuando me marcan bien, cuando me dicen: “Acá se te hace lento”. Entonces pensás que estás perdiendo al lector. Me gusta mucho el trabajo de edición. Me gusta cuando marco: “No, esto lo voy a sacar, lo pongo acá, lo cambio”.
MM:
Con lo tuyo propio.
VS:
Con lo propio.
MM:
¿Y cómo editora? Porque también tenés una experiencia como editora.
VS:
Como editora estoy empezando de a poco. Confío mucho en gente que sabe más. Los primeros… ahí está… ella es parte de la editorial, pero los primeros diez libros…
MM:
Mencionala, hagamos propaganda de la editorial y demás… Contá…
VS:
Ella tiene Doctora de Letras, que es hasta ahora la única obra para los más chiquitos, de la colección de Elevé Ediciones Juveniles. Fue una de las diez finalistas del concurso de Elevé. Ella trabajó la edición de su libro con Ariela Kreimer. Atrás de Ariela estaba yo. Lo que yo le pedí en ese momento a la editorial fue no tener que trabajar el mano a mano con el escritor porque todavía no me sentía segura. No quería que nadie se enojara. Ahora estoy editando directamente yo, marcándole al autor y lo voy haciendo según todo lo que fui aprendiendo de mis editores. Bueno sí, me gusta mucho. Me gusta mucho poder mostrar cómo mejorar una obra
MM:
Esta editorial empezó con un concurso, ¿no? ¿Cómo fue ser jurado de ese concurso?
VS:
Fue una aventura. Yo fui pre-jurado y jurado. Como yo me iba a quedar trabajando en la editorial, además, quería ver todo. Después me dicen que te vas acostumbrando y leés solamente lo que pasa el pre-jurado, pero al principio tenía curiosidad. Le hizo bien a mi ego ese concurso. (Risas). Porque recibimos cosas muy extrañas. Muy, muy, muy extrañas. Textos donde… no puedo entender cómo alguien manda a un concurso un texto mal escrito. La forma de las oraciones no tenía ni sentido… eran agramaticales. Cuando empiezan con un tiempo verbal y siguen con otro y vuelven. O temas que no son para la literatura en general. Con lo cual, texto bien escrito con tema interesante te salta enseguida.
MM:
¿Vos creés que eso pasa porque es literatura infantil o en cualquier concurso?
VS:
No, no. Calculo ahora, después de lo que vi, después de lo que hablé, que pasa en cualquier concurso. Hay mucha gente que dice: “Yo escribo…” no me gusta decir mucho porque parece que una está…
MM:
Sí, agrandada…
VS:
Sí, es feo…
MM:
Pero está bien…
VS:
Yo no puedo cantar. Cuando yo les cantaba de bebés a mis hijos me decían: “Me duermo si me dejás de cantar”. (Risas). Ahora, el día de mañana puedo ir a un estudio de grabación, hacer un CD y decir: “Mirá, yo canto”, pero eso no es cantar. Con la literatura me parece que pasa algo parecido… Creo que escribir es un poco más complicado que lo que la gente cree, en cuanto, sobre todo, al uso del lenguaje porque podés tener una muy buena historia y no saber cómo plantarla, cómo mostrarla. Y bueno, la verdad es que la mayor parte de los textos que recibimos, habrán sido unos ciento sesenta en total… eh…
MM:
Se descartaban rápido…
VS:
Sí. Después hicimos una selección de diez de la que salieron Primero y Segundo Premio y las ocho Menciones, y se publicó todo porque eso era el origen de la editorial.
MM:
¿Con quién coparticipaste en el jurado? ¿Quiénes estaban?
VS:
Liliana Bodoc y Carolina Tosi.
MM:
¡Muy bien! ¿Te gustó trabajar con ellas?
VS:
Sí, fue bárbaro, bien, bien.
MM:
Bueno, hablando de concursos, el otro día coincidíamos, el lunes pasado que quizá uno de tus mejores libros es este, El inventor de puertas, que participó en el concurso de Sigmar. ¿Cómo se te ocurrió esta historia? Es realmente muy original…
VS:
Yo lo escribí para el concurso… estaba buscando el tema y mi mamá me mandó una de esas cadenas que… (risas) cadenas. Yo le pido por favor que todo lo que diga que me ama o que haya gatitos no me lo mande (Risas). Pero que si es algo interesante, sí. Y me había mandado los significados de los apellidos, sobre todo los apellidos judíos… la mayor parte significan algo. Cuando vos decir “Goldsilver” es “Oro – plata”. Por ejemplo, el apellido de mi mamá que es Feidman…”Man” es “hombre” y en alemán “feid” es “pluma”. Pensamos que eran algo…
MM:
¿Avicultores?
VS:
El colchonero, sí, sí, algo así…
MM:
El que escribe…el que escribe con la pluma…(Risas)
VS:
Después, Sukaczer nunca lo pudimos investigar pero me dijeron que era un lago. Me encanta eso. Me encantan los significados, me gusta mucho la etimología. Y bueno, me mandó justo el mail con todos los significados de los apellidos judíos y mientras yo lo leía me imaginé a un nenito parado esperando su apellido, y quiere que sea un buen apellido, y ese fue el origen. Lo que más me costó fue dar idea de la época sin descripción…sin describir el campo, sin datos… lo que está pegado en el pizarrón ya tiene la fecha. Vamos a la fecha y están los chicos haciendo la cola esperando el apellido.
MM:
Hablando de la fecha, el lunes pasado nos surgió una curiosidad. Yo la comenté acá . “El decreto del nuevo gobierno de la gran nación en beneficio de los habitantes de la gran nación” es del 9 de diciembre de 1890. Y que la historia que vos contás al final es de cuando aparecieron los apellidos es del siglo XI y siglo XII. ¿Por qué decidiste ese cambio?
VS:
Porque no lo podía hacer en esa época…porque los elementos…era como un pueblo olvidado…Primero porque se siguió realmente, hasta bastante entrado el 1900 poniendo apellidos. La gente era “Simón, el hijo de”. Me resultó más sencillo, me pareció más cercano para un chico hacerlo no tan tan lejano. Porque todo cambia, el lenguaje, el entorno… Es por gusto. Incluso en un momento, cuando pongo los juguetes de los chicos (eso me lo mostró la editora) un personaje tiene un autito de madera…No había autitos de madera…
MM:
No había autos.
VS:
¡¡No había autos!! (Risas) Y aparte, gran parte de esa historia tiene que ver con mi abuela que me contaba de su aldea en Rusia, que aparece en el libro con el nombre, Beresovska, y cómo iba a buscar el agua, y cómo, si conseguían papas en la basura , tenían papas. Entonces fue un poco todos esos recuerdos. Yo una vez la entrevisté a ella. Le hice una larga entrevista sobre su historia de vida, que la tengo guardada. Porque ella llegó al país a los diez años, entonces tenía la típica historia de inmigrante. Mezclé todo eso.
MM:
¿Y eso no da para una novela? Esa historia…
VS:
Hay muchas historias de inmigrantes. No había ningún elemento diferente a todas las historias. Yo, en general, fijate que no tengo escritos personales. Nunca escribí sobre discapacidad, no tengo ningún personaje que sea sordo…Casi todo lo mío es fantasía.
MM:
Está bien. Igual, has hecho, perdón por contradecirte un poco, pero has hecho un trabajo interesante con el lenguaje.
VS:
Yo estoy estudiando hace varios años, hace unos cinco años que estudio lingüística y neurolingüística particularmente. Y escribí La última palabra basado en una frase de Steve Pinker, la tuve que poner al final porque si no se perdía la sorpresa, que es “Todos somos verbívoros”. Cuando leí esa frase “Verbívoros” yo dije: “Esto lo tengo que escribir”. Y tenía los elementos de conocimientos de lenguaje, de lingüística, de todas las patologías del habla, todas las problemáticas neurológicas que pueden producir problemas de comprensión… y bueno… todo eso lo fui metiendo. No es que sale así de primera vez, yo hago muchas versiones. Voy haciendo” Vervíboros Uno”. Voy a cambiar algo, “Verbívoros Dos”, “Verbívoros Tres”, puedo llegar a diez, once, doce, hasta que encuentro la manera de contar la historia. Y supongo que ahí sí. Al final, en los agradecimientos hay algo que me dijo mi mamá cuando lo leyó, que era, que como habla la chica, yo escucho. Que es verdad. ¿Y qué significa eso? Porque la chica al cambiar los verbos dice frases que no siempre tienen sentido. Yo, cuando escucho, hay palabras que no las puedo entender, y me ayudo por el contexto. Entonces, así como hay que llenar el bache de lo que ella dice, yo tengo que llenar el bache de lo que escucho.
MM:
Bien, a ver, nada que ver ni con la ciencia ficción ni con esta historia lejanamente personal…Hay que ser animal. Nos reímos mucho el lunes pasado con las historias y con lo de la cucaracha del final. Hay mucha investigación acá, mucho estudio…
VS:
No te creas que tanto, hay mucho Internet. (Risas).
MM:
Está bien, pero por lo menos buscaste animales raros.
VS:
Muchas curiosidades animales, animales raros. Estaba mirando un documental en National Geographic en donde salió lo de las tortugas, que según la temperatura del nido la tortuga podía ser macho o podía ser hembra. Ese fue el primer cuento. Y a partir de ahí… a mí me gustan mucho…Todos mis libros de cuentos son temáticos. El único libro de cuentos que no fue temático, que fue Los monos del mar, no se vendió nada. Algo tendrá que ver. Entonces, a partir de eso empecé a juntar curiosidades, el animal más venenoso,…pero no el más venenoso sino que tiene que tener algo extraño, diferente, divertido de cómo mata ese animal, y bueno…fui haciendo la selección y quedó eso.
MM:
Yo señalaba que no hay muchas concesiones porque hay algunas cosas que son bastante crueles…la escorpiona que se come a los escorpioncitos que se caen y un par de historias más, pero tienen tanta gracia que…
VS:
Es que se los come…
MM:
Sí, sí…
VS:
Es la naturaleza. Yo odiaba las historias con animales. Siempre. Nunca me gustó, ni la fábula, en primer lugar, no me atraía para nada. Hasta que me recomendaron un libro que se llama “Eres una bestia Viscovitz.”
Asistente:
¿Eres una bestia…?
VS:
Viscovitz (lo deletrea) No existe el libro. No lo van a conseguir. Está agotado.
MM:
Es un apellido, Viscovitz…
VS:
Sí, sí, está agotado el libro. Acá y en España. Es de un biólogo que se llama Alessandro Boffa. Es un libro para adultos, en donde en todos los cuentos hay un animal, siempre es Viscovitz el animal, que tiene dos amigos y una novia. Y cada cuento trata sobre la forma de procreación de ese animal en cuestión, entonces está… ¿cómo se llaman esos que cuándo terminan la hembra le saca la cabeza?
MM:
¿La viuda negra?
VS:
No, no
Asistentes (varios):
Mamboretá.
MM:
¿Ah, sí?
VS:
Están unos que como los perezosos están cinco años durmiendo y de repente se despiertan sólo para tener sexo… (Risas). Cada cuento con un humor impresionante. Y ese libro fue el “clic” del uso de animales en la literatura. Y pude escribir este libro después de haber…es, en parte, la versión para chicos de ese tipo de historias. Después de eso seguí un montón escribiendo con animales. Ahora, el que terminé, son todos animales. Y lo que me mostró la diferencia fue ese libro. Y me gusta mucho esa mezcla de la parte periodística con literatura. Donde hay algo que es real o una historia como “El inventor de puertas”. Cada dato…los datos son reales. La cena del dinosaurio tiene bastante de investigación geológica. La última palabra tiene investigación lingüística…
MM:
Está bien. Es el costado periodístico.
VS:
Hay algo de estudio atrás. Un poco. Cuando algo no me cierra… La cena del dinosaurio me lo agarró un blog de Geología…me lo hicieron pelota. (Risas). Por un lado algunas partes estaban bien… por otro lado… no puedo, obviamente que no voy a justificar este libro. En algún momento necesito apelar a la fantasía para que me cierre lo que quiero contar.
MM:
¿Pero se quejaban de que los datos eran erróneos?
VS:
Sí. Que no podían ser. Primero, que no podían aparecer dinosaurios en donde yo lo puse. (Risas). Eso desde un punto de vista geológico real. Es una obra para chicos.
Asistente:
O sea, tu idea no fue hacer una parodia de enciclopedia.
VS:
¿Una parodia…?
Asistente:
Una parodia de enciclopedias para chicos.
MM:
No. En La cena del dinosaurio no, porque es una novela.
VS:
Una novela sobre unos chicos estudiantes de Geología que encuentran un dinosaurio y que ven en la parte que fue el estómago del dinosaurio, un cráneo humano. Y ambos de la misma fecha. En este tuve que estudiar porque uno lo primero que piensa es en el carbono 14 para fechar la edad del dinosaurio. Pero no servía. Porque para esa antigüedad, noventa millones de años, carbono 14 no te lo agarra. Estudié… pero el detalle fino lo dejé.
MM:
Hasta ahí. Está bien. Y tu relación actual con el periodismo ¿cuál es?
VS:
Desocupada. (Risas)
MM:
¿Desocupada? Medio Free lance, ¿o no?
VS:
En realidad nunca llegué a hacer “periodismo periodismo” porque en La Nación para chicos hacíamos notas y entrevistas, pero nunca actualidad. Ahora estoy haciendo cada tanto algunas colaboraciones para Clarín, que tienen que ver en general con literatura infantil, y escribo en Billiken, por lo cual estoy caratulada como periodista por escribir en una revista pero lo que hago no tiene nada que ver.
MM:
¿Qué hacés en Billiken?
VS:
El blog de Zezé. Es un blog quincenal de un chico de diez años, que escribe “su” blog de chico de diez años. Pero no es periodismo. Hace miles de año tuve un retiro voluntario en La Nación, hubo una gran restructuración…y ahí me quedé. Me casaba, quedé embarazada…fue pasando el tiempo… ya fue.
MM:
Te preguntaba porque hoy leí la nota que salió en Clarin de la Feria…
VS:
Sí, salió en Clarín diario.
MM:
Sí, en el Clarín diario pero ¿cuándo? ¿El del domingo? ¿Lunes?
VS:
Hoy.
MM:
Hoy, bueno. Contále un poco a la gente que no la vio de qué se trata porque es muy graciosa.
VS:
Bueno, la nota se llama “El arte de no firmar en la Feria del Libro” y trata sobre los escritores que vamos a estar ahí con nuestros libros y respondemos dónde está el baño, dónde están los otros libros, y dónde está tal stand, pero no firmamos libros. O nos firmamos entre nosotros últimamente. (Risas) La había escrito en realidad para la Feria grande y por esas cosas de los diarios en ese momento no tuvieron lugar, la reciclamos para la Feria chica, salió hoy…Entonces había estado pidiendo anécdotas sobre eso, sobre no firmar. Martín Blasco me contó que se había acercado una señora a preguntar el precio del atril sobre el que estaba el libro. (Risas). Esas cosas nos pasan a todos.
MM:
Son de verdad, sí.
VS:
En realidad, uno entra a la Feria…Yo cada vez que entro a la Feria tengo un ataque de inseguridad feroz. ¿Sigo escribiendo con la cantidad de libros que hay? (Risas) Entonces, que vaya un chico en ese momento en el que vos estás, o porque vos estás… compre tu libro… Es medio imposible… Alguna vez se firma.
MM:
Sí, sí, alguna vez firmamos, y pasan cosas muy graciosas, es cierto. Ya que sos editora, autora
Asistente:
¿Cómo se llama la editorial de ella?
MM:
Elevé.
Asistente:
¿De Elevar?
VS:
Son las iniciales de los dueños.
MM:
Ya que la tenemos acá la saludo a una ilustradora (y autora) que nos va a acompañar dentro de dos semanas, que es Didí Grau, y que está María Jesús Álvarez, también ilustradora, que viene todos los lunes. ¿Cómo es tu relación con los ilustradores, con los ilustradores de tus trabajos y tu relación como editora?
VS:
Yo empecé a hacerme un banco de datos de ilustradores, especialmente talleristas, gente nueva… veo los blogs y cuando tengo un libro pienso qué estilo me gusta para este libro…Y lo más importante que estoy aprendiendo es a diferenciar qué es lo que a mí me gusta de lo que es buena ilustración. Porque entiendo que hay estilos de ilustración que a mí, personalmente, no me gustan demasiado, pero que son buenas ilustraciones. Hasta ahora la editorial tiene la idea de no repetir ilustradores, lo cual es complicado porque hay que buscar uno para cada texto. Entonces veo los blogs, le mando un mail, le digo: “Mirá, tengo el libro tal, las condiciones son estas, te interesa, no te interesa.” Hasta ahora todos me dijeron que sí salvo uno que después por falta de tiempo se tuvo que bajar. Los libros no tienen mucha ilustración, igual, la colección para más chicos tiene solamente seis. A mí me parece que el primer impacto es la tapa, la ilustración de la tapa y el título. De repente, hay algunas ilustraciones que no quedan como a mí me gustaron pero si son buenas ilustraciones, mi aprendizaje como editora es que no me puede gustar todo a mí pero que es una buena ilustración, que tiene que ver con el texto, que suma al texto. Pero no es como un libro álbum en el que la ilustración es al cien por ciento con el texto…es un acompañamiento.
Los textos para los más grandes llevan solamente dos ilustraciones en todo el libro a un color, o sea, blanco y negro.
MM:
¿Y en los tuyos, que te han parecido las ilustraciones?
VS:
La última palabra me encanta. El inventor de puertas…todos en la editorial tenían pánico con ese libro porque no hay acción. El chico está todo el tiempo parado en la fila y no sabían cómo lo iban a resolver y después estaban chochos de cómo habían salido.
MM:
Son ilustraciones de Viviana Bilotti, que es una importante ilustradora.
VS:
Quedó precioso. En cambio no me había gustado la primera edición de “Nunca confíes en una computadora”. Los ilustradores no se comunican conmigo para nada, solo una vez, con La cena del dinosaurio, yo recomendé el ilustrador a la editorial. Tampoco me entero de quién va a ser el ilustrador de mi libro. Lo veo cuando está terminado.
MM:
Eso en general se adquiere. Te lo donan. Con el tiempo te van a empezar a llamar para ver si hay algún ilustrador en particular…
VS:
No sé… no es mi responsabilidad…
MM:
Sí, pero es grato, porque vos como autor tenés tus gustos, no digo como editor, pero podés decir: “Me gustan estos cinco, estos diez”
VS:
Yo confío en que el editor sabe más que yo en lo que hace… que yo como escritora. Confío en que lo que me muestra, lo que me quiere corregir, es porque está queriendo mejorar mi texto. Lo piensa visualmente de la mejor manera posible porque es su colección, es la editorial que maneja… En ese sentido confío totalmente en los editores.
MM:
¿Y del trabajo que estás haciendo como profesora y dando talleres? Contános un poco.
VS:
Yo capacito a los docentes, no estoy trabajando con chicos. Esto empezó así: en el año 2007 yo mandé una carta de lectores a Clarín. No me acuerdo cuál era el tema pero sí tenía un trasfondo que era el siguiente: yo empecé mi carrera hace veinte años con El Pajarito Remendado. Después me fue muy bien porque publiqué tres libros en Alfaguara… y después me caí y estuve diez años sin publicar. No es que no hice nada, pero… el primer motivo es que fui mamá dos veces. Ahí se me quemó la cabeza, no podía escribir. Y después empecé a escribir pero quedó una novela en el camino. Empecé a hacer unos cuentos, no me gustaban, empezaba otra cosa. Hasta que volví a hacer Nunca salgas desconectado. Ahí Alfaguara me lo rechaza… Fue como empezar a remarla de cero, y fue un gran trabajo mío (no va a sonar bien esto) aceptar ir a las editoriales chicas Era como que “Yo era una autora de Alfaguara”. Fueron diez años en los que yo desparecí. No había ningún libro mío nuevo. Seguía yendo a los brindis de Alfaguara. (Risas) Por lo menos ahí lo veía a Mario, nos encontrábamos con gente y era como “soy escritora”. Volviendo a lo otro, había salido una carta de no sé quién sobre el tema de la sordera en Clarín. Entonces yo la retruqué. Tampoco me acuerdo por qué. Pero la finalidad de esa carta era conseguir trabajo. Trabajo no conseguí, pero hubo mucha gente que se comunicó conmigo y así fue como conocí a Patricia Salas que es una profesora de Letras de Salta que es hipoacúsica. Una hipoacusia muy similar a la mía. Y ella había viajado a México a estudiar Logogenia, “logo” palabra, “genia” el génesis. El génesis de la palabra. Justo estaba en Buenos Aires, me dice: “Vos tendrías que estudiar Logogenia, te va a encantar, veníte a mi casa”. Me fui a Salta e hice el curso formal en su casa, con ella y con algunas profesoras que me daban ahí la clase particular. ¿De qué se trata? Es un método de desarrollo de la competencia lingüística en chicos sordos. No hay que confundir con comprensión lectora. La adquisición de una lengua para el chico sordo de nacimiento. Yo soy hipoacúsica desde los seis años, una hipoacusia progresiva. Por eso tengo el lenguaje que tengo. Todo esto parte de las teorías de la gramática generativa de Chomsky. Chomsky dice que la lengua es un instinto, una capacidad biológica que se adquiere a partir del estímulo necesario que es escuchar hablar. El chico, desde el útero escucha un lenguaje, una gramática particular. Acá, la gramática castellana. Si es en China, la que está en China. Eso le activa la gramática de su lengua y poco a poco va adquiriendo vocabulario. El vocabulario se puede aprender. La lengua, no. No se aprende y nadie te la enseña. Entonces en los dos o tres primeros años de vida el chico escucha y se activa ese sistema que le va a permitir hacerse dueño de la lengua materna. Si es un chico sordo con padres que hablan lengua de señas, su lengua va a ser la lengua de señas. De todos modos tiene que aprender el castellano, porque eso le va a permitir leer, aprender e ir a la escuela. La lengua de señas es ágrafa, y la gramática de la lengua de señas es muy diferente de la castellana. Cuando vemos a los traductores al lado de los políticos, están haciendo traducción simultánea palabra por palabra, no lengua de señas. Es traducción.
El chico que es sordo de nacimiento y que tiene padres que no tienen lengua de señas, no recibe nada. Vive en un tiempo insonoro, hasta que se dan cuenta de que es sordo (no todos se dan cuenta) y recibe algún tipo de estimulación. Pero si el pibe no tiene ningún rastro auditivo, aunque traten de estimularlo para que hable…igual no va a escuchar. ¿Qué lengua tienen esos chicos? Ninguna. No tienen lengua. Hay escuelas que les prohíben hablar en lengua de señas y entonces ellos inventan otra lengua de señas. Estos pibes tienen una lengua básica. Es un tema muy complicado y muy triste. Son pibes que no tienen lenguaje amoroso. Que no escucharon: “Ay que divino que sos mi bebito, te voy a dar un beso en esa patita”. No tienen nada. No recibieron eso. Por eso a veces son agresivos, o a veces son chicos que permanentemente te están abrazando, te están tocando…
Asistente:
Pero la madre o el padre que tiene un chico, lo abraza, aunque no tenga lo sonoro.
VS:
Sí, vos podés abrazar a un chico, pero ¿cuánto tiempo? Y no es solamente el lenguaje materno porque el chico cuando sale a la calle escucha todo. Al portero, al carnicero, los ruidos, los gritos. Cuando el chico hace sus primeras frases las hace gramaticalmente correctas. Dice: “Dame leche”, no, “Leche dame”. Ya tiene adquirida la gramática de su lengua. Dice lo que quiere. Por ejemplo, con los verbos irregulares. El chico dice “rompido”. Y le decimos: “No, roto”. En general, el chico ya los usaba bien, después se da cuenta de que en los verbos hay una regularidad, la usa, y tiene que volver a aprender los verbos irregulares. En la lengua de señas el verbo es siempre el infinitivo. Y las partículas esenciales de la lengua, que hacen que la lengua tenga sentido no existen (pronombres, artículos, conjunciones, preposiciones).
En México, hace unos diez, quince años, una lingüista italiana llamada Bruna Radelli había sido invitada por el estado o no sé por quién para ver qué pasaba con los chicos sordos desde una perspectiva lingüística. Y ella creó este método usando la gramática generativa, que es una cosa complicadísima, pero de manera práctica. Usando el lenguaje escrito, sin importar en qué leguaje se comunique el chico, mostrando los contrastes de la lengua. Yo me siento con el chico. Necesito que pueda escribir .Que esté pre-alfabetizado. Y ahí yo me siento con él y le escribo:”Dame el lápiz”, “Dame ese lápiz” ”Dame algún lápiz”. Voy cambiando UN elemento por vez, para que lo vea, por escrito. Mi finalidad no es que llegue a hablar, sino que comprenda la lengua escrita. Nosotros les llamamos “pares mínimos”, en los que se cambia un único elemento: “Abrí el libro”. “Soltá el libro”, “Mirá el libro”, “Dame el libro”, “Buscá el libro”, “Escondé el libro”. A través del ejemplo, funciona. Y los chicos empiezan a ver los elementos que no escuchan. Cuando empiezo a trabajar con estos chicos yo les escribo: “¿Cómo te llamás?, y hay pibes que no me lo pueden contestar. A veces son chicos de cuarto, quinto grado de escuela. Agarrás a la maestra y le decís: ¿No se da cuenta de que este pibe no entiende el lenguaje escrito? Se ponen de todos los colores, porque no se dan cuenta.
Yo atendí a un chico de veinte años al que le faltaban dos materias para terminar un secundario normal. Tenía bastante audición. Tenía una situación familiar muy complicada porque era un chico sobreprotegido. Cada vez que tenía algún problema en la escuela los padres lo sacaban para que no sufriera. Yo le escribía: “Pedro tiene cuatro lápices” “Juan tiene tres lápices”. ¿Cuántos lápices tiene cada uno?” Me decía: “Siete”. Estaba automatizado para sumar. No sabía lo que significaba “Cada uno”. Yo se lo puedo explicar en ese contexto. Pero necesitan saber que cada palabra en cada contexto funciona de una manera diferente. Entonces ahí él empezó a trabajar el “Cada”.
Trabajar con chicos me resultó complicado, porque cuando yo tengo un trabajo y se transforma en trabajo… (Risas) me gusta más la parte de capacitar a los docentes. Entonces, lo que hago ahora, es que cuando hay un diplomado de Logogenia en la Argentina, que lo da Patricia Salas que es la única persona del país que lo puede dar, yo doy la Cátedra de Ortografía, que incluye Historia de la Escritura, de la lectura, Oralidad vs Escritura… Ya que vamos a usar la escritura como herramienta, saber dónde uno está parado. Uno tiene que escribir perfectamente porque está usando la escritura para que el chico adquiera la lengua.
MM:
¿Dónde das esos talleres?
VS:
En general se dan cuando un grupo de gente se organiza. En general, profesores de escuelas especiales.
MM:
Bien, volvamos a la literatura porque nos estamos yendo. ¿Te gusta leer en publico?”
VS:
Me gusta, me gusta.
MM:
¿Trajiste algo para leernos?
VS:
No me dijiste que tenía que leer.
MM:
Sí, te lo escribí. ¿Será posible? (Risas). Bueno, elegí algo para leernos.
VS:
Este lo elijo porque es casi un diálogo y es una de las cosas que me gusta hacer. Cuando puedo resolver algo a través de un diálogo gracioso me encanta, lo disfruto muchísimo.
El cuento se llama “Spam”
“¿Lo llamó, Gutiérrez?
-Sí, doctor, le dejó un mensaje en su celular y otro en su casilla de correos.
-¿Y?
-No contesta, doctor
-Entonces ¿para qué miércoles sirve el celular si lo leva apagado?
-No puedo darle esta respuesta, doctor.
.¿Y los otros? ¿Probó con algunos de los otros?
-¿Los viejos dice usted?
-Los clásicos, Gutiérrez. Los clásicos.
-Bueno doctor, la mayoría están retirados o con problemas de gota, de columna…alguna hernia…no han llevado una vida fácil…Tanta lucha contra el crimen deja huella.
-Me imagino, Gutiérrez, me imagino. Pero ¿ninguno puede ayudarnos?
-Doctor, no creo que ellos comprendan la gravedad del asunto, ni que tengan, digamos, los conocimientos necesarios para luchar contra este problema.
-En definitiva, usted me está diciendo que de Computación, nada.
-Algo así, doctor. Son gente de otra época. Sus métodos son más directos. Físicos, podríamos decir. Pelean cara a cara. No creo que sepan cómo enfrentar un problema informático por más que esté comprometido el futuro de la Humanidad. Sin ir más lejos, el otro día, en casa de Batman, tuve que ayudarlo a programar su videocasetera, y no tiene DVD.
-¿No tiene?
-Tampoco conexión innalámbrica a Internet, por no decir que no tiene Internet.
- Eso no se lo puedo creer, Gutiérrez. ¿No tiene siquiera curiosidad por saber lo que se dice de él en la red?
-Sí, supongo que sí. Por eso se queda pegado al batiteléfono esperando una llamada que no llega.
-Me imagino. Si ese teléfono ni siquiera funciona a tonos…
- No, doctor, a pulsos. Y con disco. Tiene disco. ¿Se acuerda doctor? Usted ponía el dedo en el ocho, pongamos, y tenía que darle tooooda la vuelta.
-Es gente que se quedó en el pasado, Gutiérrez, ¿qué le vamos a hacer? ¿Y Linterna Verde? ¿Qué pasa con Linterna Verde?
-Le ofrecí un traje de fibra óptica y no quiere saber nada. Usa pilas, todavía.
-¿Pilas? ¿No sabe que contaminan el medio ambiente?
-No sé, doctor. ¿Qué quiere que le diga? Así sucede con todos. Ninguno se anima a deshacerse de sus viejas mañas. Ninguno.
- Una lástima, Gutiérrez. Una lástima. Entonces no nos queda más remedio que esperar a este… ¿Spam?
-Así es, doctor. Spam. El nuevo superhéroe dedicado íntegramente a luchar contra los crímenes informáticos.
- ¿Cuántos años cree que tiene?
-Y… Yo diría que no más de catorce, doctor. Una criatura.
-¿Qué se puede esperar de alguien tan joven? ¿No cree, Gutiérrez? Todavía ni sabe lo que es la responsabilidad del superhéroe.
-Es lo que yo digo, doctor.
-Spam…Spam… ¿por qué me suena tanto esa palabrita?
-Porque recibe al día ciento de correos electrónicos con el anuncio de “Posible Spam”.
- ¿Y eso que es Gutiérrez? Porque después de todo, es usted el que revisa mi casilla de correos.
-Los Spames, doctor, son los correos basura, como les decimos. Mensajes no solicitados, enviados en forma masiva a un sinnúmero de personas. Publicidades, sobre todo. Llenan las casillas con el único fin de jodernos la vida, perdón…complicarnos, doctor, complicarnos.
-Y ese Spam nuestro, ¿Tiene algo que ver con esos Spam?
-No sabría decirle, doctor. Esperemos que no.
-¿Por qué no lo vuelve a llamar, Gutiérrez? No nos queda mucho tiempo.
-Todavía no termino de entender qué es lo que sucedió, doctor.
-¿Cuántas veces se lo tengo que contar, Gutiérrez? Me llegó un correo electrónico del Gran País del Norte.
- Discúlpeme que lo interrumpa, doctor. Pero yo leo todos sus mensajes y ese correo no lo vi.
- Bueno, Gutiérrez, no tengo por qué hablarle de mi casilla de correos secreta.
-Ah. Entiendo. Supongo entonces que no cualquiera tiene esa dirección secreta.
-Por supuesto que no. Sólo los líderes mundiales. Cada uno tiene su correo secreto.
-Para enviarse mensajes confidenciales
-Y para los chistes, Gutiérrez, para los chistes. Truco. Tute cabrero. Esas cosas. Manejar el mundo es una tarea agotadora. Nosotros también necesitamos entretenernos un poco.
-A mí nunca me contó un chiste, doctor.
-Como le decía, Gutiérrez. Me llegó un correo del Gran País del Norte, con todos los sellos, escudos, dibujos, normas de seguridad, y esos chistes que le gustan tanto al Presidente de allá. ¿Me entiende?
-Sí, como una página web.
-Eso. Y en el correo me pedía las claves de todo nuestro arsenal atómico.
-Pero nosotros no tenemos arsenal atómico, doctor.
- Ya lo sé, Gutiérrez, ya lo sé. Pero sí tenemos claves. De seguridad interna, de alerta de peligro exterior, de silos con armas y tanques, yo que sé… esas cosas de militares.
-Me imagino que usted no ingresó ninguna de esas claves…
-No imagine tanto, Gutiérrez. Si el presidente del Gran País del Norte me pide una clave para mí es un honor. ¿Me entiende? Que nos tenga en cuenta. Además, el motivo era fundamental para el futuro de la Humanidad. Decía el correo que se iban a guardar las claves de todos los países del planeta en un lugar ultra secreto, justamente para resguardar la seguridad mundial. Si cada país tiene la clave de los otros a ninguno se le ocurrirá empezar una guerra. ¿Me entiende?
- La idea no es mala, doctor. Pero, ¿las claves no se pueden cambiar?
-No, Gutiérrez, no, porque justamente, cuando ingresa los códigos alfanuméricos en esta página comienza a correr un programa para que las claves ya no puedan modificarse nunca más.
-Eso es peligroso, doctor.
-Pero es una forma de preservar la paz mundial, Gutiérrez. ¿Me entiende?
-Entiendo doctor. Pero entonces, ¿cuál es el problema?
- Que después llamé al presidente del Gran País del Norte y él no me había mandado nada… ¡Nada! Ningún correo secreto. Ninguna página. Ningún pedido de claves.
-¡Eso es terrible, doctor!
-Lo escalofriante es que a él también le llegó una página similar enviada por las Naciones Unidas. Y él también ingresó sus claves.
-Y eso que ellos tienen flor de arsenal nuclear…
-Para volar al planeta, Gutiérrez.
-¿Y entonces?
-Entonces nos pusimos a investigar y descubrimos que a todos los líderes mundiales les llegó lo mismo y todos cayeron como chorlitos. No puedo imaginarme quién los habrá votado.
-¿Y entonces?
-Entonces llamé a Spam, para solucionar el problema. Si él puede, después se lo mando a cada líder mundial, destruimos esas páginas web, devolvemos esas claves a sus dueños, descubrimos quién está detrás de todo esto, lo apresamos, lo enjuiciamos y usted ya conoce el resto.
-¿Y Spam podrá hacer todo eso, doctor?
-Spam es nuestra única esperanza, Gutiérrez.”
-Doctor, ¡llegó!
-¿Y qué está esperando para hacerlo pasar, Gutiérrez?
Entra Spam. Traje gris perlado de lycra que lo cubre entero. Refleja el entorno y de lejos lo hace parecer un monitor andante. Una gran S en el pecho dibujada con pequeñísimos unos y ceros del código binario. Antifaz para proteger la identidad, de donde salen delgados cables hacia las orejas. Auriculares para escuchar mp3. Sin capa. La generación que ha visto la película Los Increíbles sabe lo que una capa le puede hacer a un superhéroe. Esa valiosa información no se aprende en los manuales escolares ni en las exquisitas enciclopedias de papel. Un gran cinturón plateado y con bolsillos que guardan sus armas y herramientas. Varios teléfonos celulares. Una computadora de mano. Una memoria USB, cables conectores para todo tipo de puertos, una tarjeta de crédito cuya cuenta la pagan sus padres, una cámara fotográfica digital, un paquete de pastillas y varios envoltorios vacíos. Zapatillas de reconocida marca con los cordones desatados.
-¡Spam, doctor!
-¡Spam, Gutiérrez!
Spam abre los brazos y entona: ¡Spam,spam spam, rico spam, maravilloso spam, spam, spam, spam!
-¡Dos mío, Gutiérrez! ¡Desafina!
-Supongo que a todos los superhéroes hay que soportarles algún capricho, doctor.
-¿Qué tenemos acá, señores? pregunta Spam, sacando de su cinturón una pequeñísima computadora que ofrece gratis, siempre y cuando alguno de los presentes se inscriba e inscriba a un mínimo de veinticinco amigos, familiares conocidos o vecinos en un curso acelerado de computación que ofrece la distinguida Academia de Reseteo.
-Supongo, Spam -lo interrumpe Gutiérrez- que ya se le ha informado sobre la página que circula por las computadoras de los líderes mundiales pidiéndoles claves ultra secretas.
-¿Será un virus? Farmacia La Engripada ofrece descuentos durante los meses en los que no hay epidemia, para esos virus tan molestos que lo hacen estornudar.
-No sabemos, Spam. Por eso lo llamamos.
-Y qué bien que hicieron, porque llamar y lograr que lo atiendan nunca es fácil. A partir de este momento puede comenzar a comprar, copiar tarjetas telefónicas para Marte. Cuando Marte sea por fin colonizado, ¿a qué no sabe sabe quien será el primero en llamar?
-¿De qué está hablando este hombre Gutiérrez? ¿Cuándo va a empezar?
Spam vuelve a abrir los brazos y canta alegremente.
-¿Se divierte torturándonos, Gutiérrez?
-No sé, doctor, pero tápese los oídos. Quizás es así como vence los virus…
-¿Cantando?
-¡Ah, me encanta esta parte! Todos caen. Me preguntan cuándo empieza y yo empiezo. ¿Me captan? Pero mejor me captarían con una cámara fotográfica digital con un zoom capaz de acercar la Torre Eiffel al Obelisco en cinco segundos.
-¿Me puede decir cómo va a enfrentar el problema?
-Miren, doctores, para hacerlo sencillo, bombardeo esa página que han recibido con spames, con millones de mensajes. Con billones, comienzo a sofocarla lentamente. Y a medida que muere, sigo enviándole spames hasta que no queda ni un átomo de ella y de las claves que ingresaron. La fagocito.
-¿Y qué le hace pensar que ese método es efectivo? Mis especialistas están trabajando con los programas más avanzados y no han conseguido ningún resultado. Y usted habla de publicidades.
-Ah! Aquí está la belleza de mi trabajo. Estas páginas dañinas saben defenderse de los programas que las buscan para destruirlas. Pero un Spam les pasa desapercibido. Uno o un trillón. Simplemente no los registran. ¿Me captan? La página espera el ataque de antivirus. Pero, ¿creen que les llama la atención un mensaje pidiendo veinte donantes de sangre para una princesa hindú? ¿O una propaganda sobre un amaestrador automático de hamsters? ¿O una publicidad que es un buen método para quitarse el maldito vicio de coleccionar cajas de fósforos?
-Está bien, está bien, ya entendimos. ¡Dios mío, Gutiérrez! ¡Spam es un Spam andante!
-Ahora se da cuenta de lo difícil que es lidiar cada día con el correo basura, doctor, tarea que he realizado siempre sin quejarme.
- Está bien Gutiérrez, le doy un aumento. Pero haga que este hombre se calle y se ponga a trabajar.
Spam se sienta frente a una computadora de la sala. Conecta varios cables que a su vez conecta a sus celulares y a su computadora de mano y golpetea teclados y números sin piedad. Mientras hace esto presiona los auriculares a Gutiérrez que se los coloca en el oído izquierdo, y otro al doctor que se los coloca en el oído derecho, quedando ambos inclinados sobre los hombros de Spam ya que los cablecitos que salen de su antifaz miden apenas treinta centímetros.
-¿Va a pasar música, Gutiérrez?
-Eso parece, doctor.
Spam toca un sensor de su antifaz y los auriculares se pueblan de sonidos.
-¡No, Gutiérrez, son propagandas! ¡Ordénele que lo apague!
-¡Doctor, piense en el futuro de la humanidad!
-Lo que pensaba, señores.
-¿Qué pasa?
-¿Qué pensaba, Spam?
-Esto es un pishing.
- Una cagada, dice usted. Los jóvenes siempre utilizan ese lenguaje popular, chabacano, doctor.
-No. Un pishing
-¿Un qué?
-Un pishing
- Ay ay, pero este difícil problema de repetición, Licenciado Fraselarga, lo ayuda con fáciles y divertidos ejercicios.
-Déjese de boludeces, Spam, y dígame qué pasa.
-Se lo explico lentamente, señor. Un pi-shing.
-Mire, Spam, he soportado hasta ahora todas sus pavadas sin perder la paciencia, pero groserías, eso sí que no. ¿No era, Spam que iba a usar spames y que eso bastaría para solucionar el problema?
-Sí, y creyendo que se trataba de algún tipo de virus utilicé unos spames especiales, sensibles, algo para cursos de defensa personal e hipnotismo para los que acaban de eructar. Spames capaces de llegar al interior del virus, de finiquitarlo, acabarlo, terminarlo, destruirlo. Y si a alguno de ustedes les pasa lo mismo les recuerdo que funeraria Para Siempre ofrece un descuento del 30% al que compre su ataúd con treinta años de anticipación. Pero un pishing es otra cosa.
-Seguro que es otra cosa, es una falta de respeto.
-¿Cómo luchamos contra…?
-No queda más remedio que hacer otro pishing para desorientar al que estamos combatiendo, señores. Le tendemos una trampa.
-¿De cuántos pishings estamos hablando, Spam? ¿De qué? ¿Y dónde exactamente serían? Utilizará su computadora, por supuesto. Porque miro que yo siempre cuido de no volcar café sobre la computadora por eso de que el líquido pueda provocar un cortocircuito.
-Siempre es peligroso jugar con un pishing, señores. En esta profesión que he elegido, hay riesgos.
-Está bien, Spam. Está bien. Supongo que me ha llegado la hora de sacrificarme por el país, para que el presidente del Gran País del Norte, las Naciones Unidas o el rey de Tonga sepan que fue en este humilde despacho donde se salvó a la Humanidad. ¿Pishing usted, Spam? ¿O pishing yo?
-Por supuesto que yo haré el trabajo.
-Cuando guste, Spam. Si quiere mejor nos damos vuelta para que al menos tenga un poco de privacidad
-La verdad, doctor, siempre quise sabér cómo hacen los superhéroes con esto del pishing. Porque con los trajes que llevan, ¿no tiene un poco de curiosidad también?
-No Gutiérrez. Dese vuelta.
-Como usted diga, doctor.
- Listo, señores.
-¿Listo, Spam?
-¿Hemos vuelto a la normalidad?
-Eso parece pero nada es normal. ¿Quién lo sabe? Parapsicólgo Silosilver. Tarot, lectura de manos, borra de café, magia negra…
-¿Me puede decir qué es lo que ha hecho exactamente? Porque no veo que la computadora esté muy mojada.
-A lo mejor no tomó mucho líquido hoy, doctor.
-Puede ser, Gutiérrez, puede ser.
-Lo que les había dicho señores es un pishing.que atrajo a todos los demás y una vez que los tuve en mi poder los bombardeé con spames bombas que destruyeron cada página en lo que baja un byte.
-Yo a este hombre no le entiendo ni la mitad cuando habla, Gutiérrez.
-Lo mismo digo. Su pingo que ahora tendremos que cambiar las claves de seguridad y ponernos a buscar al culpable, al que hizo las páginas, doctor. Debe tratarse de una persona terrorífica. Alguien que quiere hacerse las claves de seguridad internacional no planea nada bueno
-Así es Gutiérrez. ¿Ha podido rastrear esas páginas, Spam?
-Eso llevará tiempo, señores. Mi trabajo mejora en la intimidad de mi compuoficina.
-Menos mal.
-Y ahora me despido: ¡Spam,spam spam, rico spam, maravilloso spam, spam, spam, spam!
- ¡Gracias, Spam! ¡Gracias! La Humanidad le estará eternamente agradecida
-No veía la hora de que se fuera, Gutiérrez. Es insoportable.
-Señor, Spam pertenece a la generación que ha crecido con la TV y las publicidades. Es un nativo digital. La primera palabra que aprenden a decir es “comprame”. Además, me dijeron que con esto de las propagandas se paga los estudios y toda esa electrónica que usa.
-Los héroes de antes no necesitaban financiarse, Gutiérrez. Cómo cambian las cosas. En fin, por suerte ya pasó todo. Y ahora gritaremos a los cuatro vientos que fuimos nosotros los que salvamos el planeta. Tengo la reelección asegurada, Gutiérrez.
-El mundo lo recordará por siempre, doctor. ¡Rico spam, rico spam, spam, spam, spam!
-¿Qué canta? ¿Se ha vuelto loco?
-Se me pegó señor. ¡No me lo puedo sacar de la cabeza! ¡Spam, spam, spam!
-¡Pare Gutiérrez, por favor! ¡Pare que se me pega a mí!
Una vez fuera de la oficina del doctor, Spam mira los datos que aparecen en su computadora de mano y sonríe. Todos los líderes mundiales han ingresado sus claves de seguridad en su pishing. Ahora posee un verdadero súper poder para mantener la paz en el mundo. Aunque cambien las claves y crean que así resuelven el problema sólo las claves anteriores permanecerán activas y ni siquiera lo sabrán. Nada mal para un superhéroe de catorce años especializado en combatir crímenes informáticos. Llamará a los otros superhéroes, a los que no saben nada de computación y se mandará un poco la parte. Eso es lo que hará. Le susurra a Superman en su teléfono celular y se aleja cantando bajito: “spam spam, spam, spam”.
(Aplausos)
VS:
Esto de Spam viene de un sketch de los Monty Python. Llegaban a un lugar en el que lo único que había para comer era una lata de Spam, de carne, que se hizo conocida durante la Segunda Guerra Mundial. Por la canción de los Monthy Pythom que repetían todo el tiempo “spam” se llama a Spam a los Spam.
MM:
Acá la gente de la Casa de la Provincia nos pide que nos retiremos a las siete y casi nunca les cumplimos. Gracias Vero, Muchas gracias. Nos vemos el próximo lunes.