En el marco del taller de “Análisis y Crítica de textos literarios”, una de las participantes de esos momentos de literatura a la hora de la siesta compartidos en la Casa de Bahía Blanca, nos ha dejado una cronología acerca de Antonio Yammara, a propósito de El ruido de las cosas al caer, de Juan Gabriel Vásquez.
Por Edit Marinozzi
para librodearena
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1970 - Nace en Bogotá.
1982 -12 años- Conoce a escondidas de sus padresla Hacienda Nápoles, propiedad de Pablo Escobar, una de las haciendas más extensas de Colombia, y centro de operaciones del zar de la cocaína. Atraía a los niños porque tenía más de 200 especies de animales exóticos, hipopótamos, jirafas, elefantes, cebras y avestruces, fue difundida en un reportaje en la televisión, y era de acceso público.
1984 -14 años- Pablo Escobar mató o mandó matar a su perseguidor más ilustre, Rodrigo Lara Bonilla, ministro de Justicia.
1986 -16 años- Pablo Escobar mató o mandó matar a Guillermo Cano, director del periódico El Espectador.
1989 -19 años- “Ya era un adulto y no había votado todavía”, cuando murió Luis Carlos Galán, candidato a la presidencia del país, asesinato mostrado por la tv, la manifestación vitoreaba a Galán, las ráfagas de la metralleta.
Poco después, Escobar hizo volar a un avión un Boeng 727-21 para matar a un político que ni siquiera iba en él. El político era César Gaviria, su segundo perseguidor más ilustre.
1993 –23 años- diciembre- Atrapan y matan al zar de la cocaína.
1994 -24 años- se graduó con honores como abogado con una tesis sobre la locura como eximente de responsabilidad judicial en Hamlet.
1995 -25 años- pasa a ser el titular más joven de la historia de la cátedra de Introducción al Derecho.
Luego de la discusión académica con sus alumnos, apenas ocho años menores que él, frecuenta los billares de la calle 14, “lugares llenos de humo donde ocurría la otra vida, sin doctrinas ni jurisprudencias”, donde hacía apuestas de poco dinero y tomaba café con brandy. Terminaba el día a veces con uno o dos colegas en esos bares, a veces con alumnas en su cama. (Vivía en un 10º piso.)
Una tarde de marzo, se encuentra con Aura Rodríguez, una antigua alumna, en un ciclo de Buñuel, en un cine de la calle 24.
Un par de semanas antes de Navidad, pasan por la tele del salón de billares el asesinato del político conservador Álvaro Gómez, hijo del uno de los presidentes más controvertidos del siglo y él mismo candidato a la presidencia. La noticia siguiente habla del desperdicio del gobierno en no aprovechar los bienes de Escobar, a casi dos años de muerto el capo. Pasan imágenes dela HaciendaNápolesy un parroquiano, Ricardo Laverde dice: “A ver qué van a hacer con los animales. Los pobres se están muriendo de hambre. Qué culpa tienen ellos de nada.” Este comentario hace que se interese por el hombre. Se entera de que es un “ex convicto”, y se a van acercando. Sabe que espera la llegada de su mujer, a la que quiere mucho. Se lo cuenta mientras caminan hasta la puerta de la casa-pensión, donde se despiden.
No lo ve en el interludio de esa época de fiestas porque Aura, con la que lleva saliendo varios meses, aparece en su casa cinco días antes de Navidad, con una maleta y le dice que está embarazada. “Tengo seis semanas”. “Trae todo. Estamos listos.”
21 de diciembre- la primera ecografía. Sería una niña y tendría perfecta salud.
(El mismo día que un avión que hacía la ruta Miami-Cali se estrellara con ciento cincuenta pasajeros.)
Le gusta pensar que será padre a los 26 años. Nombra a un novelista polaco que habla de la línea de la sombra, que es cuando un hombre siente que es dueño de su propia vida: el escritor es Joseph Conrad.
31 de diciembre- eligen llamar Leticia a la niña.
1996- primer día hábil del año- Se encuentra con Laverde en los billares de la calle 14, quien quiere escuchar un casete. Van a la casa de la poesía. Laverde, después de escuchar el casete, sale corriendo. Lo alcanza en la calle y lo escucha decir “en el avión venía mi mujer”. Los dos reciben balazos. Ricardo Laverde muere.
La bala que le atravesó el vientre sin tocar órganos, pero le quemó huesos y tendones, se alojó al final en el hueso de la cadera, a un palmo de la comuna vertebral. Tres días de cirugías.
Sufre de fiebre- grita- tiene ataques de claustrofobia.
Siente primero odio hacia Laverde, que cede para dar paso al odio hacia su propio cuerpo. Quiere que sus padres, que lo visitan en la clínica, se vayan.
Lo aíslan porque los demás pacientes se quejan. Le explican cómo aplicarse dosis de morfina con el disparador.
Pasó a su casa. Aura lo cuida mientras la niña crecía en su vientre.
El miedo, dijeron los médicos, se llamaba estrés postraumático.
“Puede tener problemas con su vida íntima. La libido es lo primero que se va. Toda disfunción es normal.”
Tiene crisis de llanto, incluso cuando retoma las clases. Una noche, cuando su mujer viene del shower, intenta hablar con él de sus miedos, porque se había extendido entre el alumnado la idea de que él no iba a salir de la situación. Y ella le dice: “Antonio, Bogotá no es una ciudad en guerra. No es que haya balas flotando por ahí, no es que lo mismo nos vaya a pasar a todos”.
“Tú no sabes nada”, quiso decirle, “tú creciste en otra parte. No hay terreno común entre los dos.”
Esa misma noche ella le dice que la niña nacerá en una semana, tal vez por cesárea.
Al día siguiente, al entrar al aula encuentra que los alumnos habían exhibido en el tablero un dibujo erótico y burdo con la inscripción “El profesor Yammara la introduce al derecho”. Sale a la calle desesperado.
1996- Una mañana de agosto nace Leticia, por cesárea. Siente un instantáneo profundo amor cuando ve a su hija recién llegada.
Deja de andar por la calle 14, no frecuenta los billares, dice “así perdí una parte de mi ciudad, una parte de mi ciudad me fue robada.” Se compara con los personajes de “Casa tomada”, de Cortázar.
El médico le hablaba de agorafobia (y él sentía que sufría una claustrofobia violenta).
Le aconseja que escriba un diario. A él los diarios siempre le habían parecido ridículos, una vanidad, “la ficción de que nuestra vida importa”. Y solo registra la grafía de cierre de un signo de interrogación.
1998- “Poco después de que terminara el mundial de fútbol en Francia, y poco antes de que Leticia cumpliera un año de vida” (nota de la cronóloga: si bien el dato del mundial es correcto, Leticia iba a cumplir 2 años. Aquí se desconoce si el autor quiso hacer quedar como despistado al narrador, si fue el autor el propio despistado, y en ese caso, si también lo fueron sus correctores, editores y jurado).
No pasan taxis para el norte de la ciudad (donde él tendría una cita médica), y sí los que iban al centro, pensó primero que nada se le había perdido allí, pero después “allí se me ha perdido todo”.
Así es que vuelve al centro, más de dos años después que recibiera los disparos. Pregunta a la camarera del bar de la esquina del suceso si recuerda la muerte de Ricardo Laverde, pero ella dice que no.
Va a la casa-pensión de Laverde, la casera le da el casete y allí sabe del contenido: era el casete con la caja negra del avión. Ahora entendía por qué el hombre había salido corriendo dela Casade la poesía.
La casera no vuelve, y deja una nota con su nombre y apellido completos.
Demora su llegada a casa porque no podía mezclar los recuerdos del contenido de la caja negra con su vida con Aura y Leticia, y entró a un cine porno.
1999 -jueves santo- Recibe una llamada telefónica: es la hija de Laverde que quiere comunicarse con él, lo invita a su casa quiere que vaya a hablarle de su padre, a contarle lo que sepa.
Esa noche, su mujer compró un regalo para ambos, un consolador. “Hace tres años, Antonio. Y yo te quiero, y estamos juntos.” Él toma tres pastillas de analgésicos, se ducha y se va a dormir. Cree que la única forma de curarse es investigar la verdad de por qué asesinaron a Ricardo Laverde.
Viernes santo - Viaja de madrugada haciaLa Dorada, donde vive Maya Fritts, la hija de Ricardo Laverde.
Llega al mediodía. Maya es apicultora. Lo hospeda, le muestra una caja de mimbre llena de documentación que buscó sobre su madre y su padre.
Sábado – Reconstruyen la historia de los padres de Maya. Ella, voluntaria de los Cuerpos de Paz, y él, un hijo de una familia colombiana venida a menos, que fue aviador. El interesante contexto que este tramo descubre es la relación entre los Cuerpos de Paz, y el uso que se hizo de lo que supuestamente debían enseñar a los campesinos, a autoabastecerse con los cultivos, alfabetización, etc. “Déjame que te cuente lo que está pasando con la marihuana”. Nixon buscando liberar a los EE.UU. de la invasión de la hierba, el voluntario amigo de ellos, Mike Barbieri “un verdadero pionero” les había enseñado cosas a los campesinos. Cosas técnicas, dónde sembrar mejor para que no se vea, cómo empaquetar. Y el padre es el que viaja en avioneta, y lo detienela DEA.
Domingo de Pascua – Van a visitar el zoológico de lo que queda de la hacienda en Escobar (creen que lo conocieron de niños por la misma época).
Tiene con Maya una relación íntima, sin usar el miembro viril. Parece que sigue con disfunción eréctil.
Lunes a la mañana – Vuelve a su casa. Su mujer se ha ido con la niña sin dejar rastros, solo le deja mensajes en el contestador. Él espera que lo vuelva a llamar. Y ahí es un final abierto.
Otro mensaje en el contestador: le pedían que dirigiera una tesis sobre la venganza como prototipo legal en La Ilíada (“un proyecto absurdo”).
2009 – A mediados de año ve por televisión que matan a los hipopótamos del antiguo zoológico de Pablo Escobar. (Es su magdalena. Como en Proust, un sentido, en su caso visual, le despierta la memoria).
Alguna vez escuchó que un hombre debe contar su vida a los cuarenta años. A él le faltan semanas, decide contar unos cuantos días, y pone en marcha su relato. “Esta historia, como se advierte en los cuentos infantiles, ya ha sucedido antes y volverá a suceder”.
Lo que contará será el tramo de su vida en que conoció a Ricardo Laverde, el piloto, que, según entiende “es un Wakefield al revés” (nombre del personaje del cuento de Hawtorne, que da nombre al título).
En el relato que escribe no solo caen aviones, sino que también caen las vidas de los personajes, y un país entero.
Han pasado 10 años. No sabemos si recuperó a su mujer y su hija. No sabemos si recuperó la potencia o, simplemente, sublimó esa carencia escribiendo este tramo de su historia.
Enlace relacionado: Junto a Juan Gabriel Vásquez