CHIST

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“Les Luthiers: una personalísima línea de tiempo” es la crónica que publica Libro de arena en homenaje a este grupo de inventores de letras y música que tantos recorridos por la risa han propuesto a lo largo de su historia y que son todo un ícono de la identidad argentina y porteña.

 

 

Por Mario Mendez

 

1975: yo tengo diez años recién cumplidos cuando en  el verano, hace ya casi cuarenta años, mi viejo me llevó al Neptuno (¿o era el Rex?) a ver a Les Luthiers, en mi Mar del Plata natal. No me lo olvidé nunca: ese es uno de mis mejores recuerdos de la niñez.

1982: cuarto año del secundario, ya tengo dieciséis, ya pasó la locura militar en Malvinas y ya pasó, con más pena que gloria, el mundial de España. A mí me gusta una chica del curso, Adriana Villalón. Ella (que no lo sabía ni lo supo nunca), me prestó dos discos: uno de Gilberto Gil, otro de Les Luthiers, muy viejo. ¡Como no me animé a decirle nada!: si antes me gustaba, después de que me pasó el long-play de Les Luthiers me enamoré como loco.

1991: ya soy maestro. Un buen día, para hablar de puntuación, de lectura en voz alta, y para divertirme un poco, les llevo a mis alumnos la inolvidable escena de la presentación de Lazy Daisy a cargo de Daniel Rabinovich: “prestirigiriosa”, “¿ha batido un huevo?” (por “soportó abatido un nuevo fracaso”), “chocó con la bici” (por “chocó con las vicisitudes”), “la duquesa le acostó un viejo” (por “le costeó un viaje”), y otros equívocos geniales, me sirven para hablar de puntuación, de acentuación. Todo, en realidad, me sirve para hablar de Les Luthiers y para hacer de esa mañana de clase un rato inolvidable.

1991-2011: pasan muchas cosas entre Les Luthiers y yo. Los grabo en viejos video- cassettes que ya no se ven (mucho después los bajo de la compu); los voy a ver tres veces, cada vez más cerca del escenario: Bromato de Armonio, Todo Porque Rías,  Lutherapia;  disfruto el homenaje a sus 25 años montado en el Centro Cultural Recoleta; se los presento a mis hijas, que son chicas, pero que se ríen conmigo.

Abril de 2012: Cecilia, la maestra de Lengua y Sociales de mi hija más grande, Martina, les manda, en el Edmodo, la presentación de Lazy Daisy, porque están trabajando el monólogo. Y en la materia Teatro, Martina, con sus compañeras Camila y Ariana, deciden preparar “El merengue (Esther Píscore)”.

Mayo de 2012: tengo que hacer la inversión cultural, educativa y familiar, y la hago: saco cuatro entradas en platea para ver con mi señora y las nenas, “Chist!”, su último espectáculo. Pienso que Violeta, aunque tiene 9 años, seguramente lo va a disfrutar. Rosana y yo, aunque este espectáculo sea una antología de obras que ya conocemos, también nos reiremos, nos maravillaremos con la persistencia de la genialidad. Y Martina, que los está estudiando, imitando, admirando, tiene que verlos. Cuando les cuento que tengo las entradas, festejan a los gritos.

 

Sábado 19 de mayo de 2012: vemos “Chist!”, en el Gran Rex. Maravilla. “La bella y graciosa moza”, “Manuel Darío”, “La hija de Escipión”, “La redención del vampiro” y todas las demás escenas nos conmueven, nos hacen reír, nos divierten, nos encantan. Violeta está feliz, maravillada con el teatro. Martina, que antes de empezar se declara nerviosa, se pasa el show entero apretada a mi brazo. Y a la vuelta, las dos van repitiendo en el auto todo lo que les ha gustado.

Les Luthiers, desde el `75 a hoy, 37 años de permanencia. De pertenencia. De propiedad: Les Luthiers es de todos, como el mate, como el tango, como el fútbol, como los recuerdos de la niñez, o las emociones de la paternidad.

Hay que ir a verlos, claro. Y hay que decirles gracias, muchas gracias.

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