HOMENAJES Y CONJUROS
Viernes, Abril 27, 2012.
Por Mario Méndez
El domingo 29 ALIJA homenajeará, en la Feria del Libro, a Gustavo Roldán y Eduardo Dayán, dos grandes autores de literatura infantil que nos dejaron hace un tiempo. Desgraciadamente, ALIJA tuvo que improvisar un nuevo, muy inesperado, homenaje póstumo. Sumó a esa jornada al amigo Carlos Schlaen, escritor e ilustrador que, como seguramente los lectores de este blog saben, nos dejó la semana pasada. Yo no quería volver a escribir sobre Carlos, porque ya lo hice y porque me sigue doliendo. Y en realidad prácticamente no lo hice: me limité, como verán, a contextualizar dos mails que me llegaron, y que pedí autorización para compartir, como un comienzo de este homenaje.
El primero de ellos lo escribió Daniel Lopes, encargado todo terreno de la editorial Crecer Creando. Daniel nos lo dirigió a Ángeles Durini, Jorge Grubissich, Franco Vaccarini y a mí, en nuestra condición de amigos de Carlos. Y apenas lo leí, y me repuse de su lectura, tuve que pedirle permiso para publicarlo.
Esto nos escribió Daniel:
“Hola,
Ayer se inauguró la feria. Ayer, a las seis de la tarde, empezó a entrar la gente. Así dijo uno y yo me quedé pensando entonces qué éramos todos aquellos que estábamos ahí desde el martes. (El lunes, en mi caso).
No importa, quiero decir, ayer se terminaron las jornadas de profesionales, ese otro tumulto de palabras y caras que van y vienen.
A las diez de la noche me senté frente a la computadora de la caja del stand y saqué un reporte de ventas.
No es mucho lo que se vende en las jornadas, pero algo se vende.
Ingresé al programa, emití el reporte de ventas y empezó al girar el relojito de arena. Como digo, no se vende mucho, pero igual el sistema se toma su tiempo que, en verdad, si uno lo piensa un poco, no deja de ser nuestro. No sabía –no sé- por qué tardaba tanto. Misterios de la informática que uno tiene la saludable precaución de ignorar. La cosa es que, desde algún stand cercano, empezaron a llegarme los acordes iniciales de La Marsellesa. Un instante después resultó que no era el himno sino una canción de Los Beatles.
Y apareció el reporte de ventas.
Y veo que el primer libro en venderse es El tercer conjuro, de su amigo Carlos.
“Love, love, love”, repetía la canción.
La verdad es que hay –debe haber, seguramente- una explicación racional, digamos tranquilizadora, con la que defenderse de estas otras ignorancias. De hecho, la hay y duele saberlo.
Yo no creo en ciertas cosas y en otras necesito creer y a veces no puedo. O no me alcanza. Señales, misterios, casualidades, cosas así. De las que estamos hechos.
Pensé, una vez más, en ustedes, sus amigos, a los que tengo la suerte de conocer.
Hace un tiempo me tocó despedir a un amigo, un amigo querido. (Será por eso que me conmueve tan especialmente lo que les pasó a ustedes con Carlos) Y empecé a descubrir que había un montón canciones que estaban escritas para nosotros. Porque a veces uno se cree que las canciones están hechas para otros.
Leía ese reporte y escuchaba “Love, love, love”
Y hacía como que miraba para otro lado.
Y encima esta mañana, en la radio, a propósito de unas elecciones en Francia, otra vez La Marsellesa de fondo, mientras el tipo hablaba de política.
Jornadas de profesionales, edición de libros, novedades, gestiones comerciales, política internacional: La verdad que uno tiene con qué distraerse, ¿no?
Uno de esos tipos que cantaba “Love, love, love” dijo alguna vez algo así como que la vida es eso que nos pasa mientras hacemos planes.
Yo no planeaba decirles esto.
De veras.
En el fondo, no planeaba tener la necesidad de decirles esto.
Ojala nunca hubiese sucedido.
Les mando un abrazo a todos.
Daniel”
Los tres nos emocionamos con este mail, los tres lo contestamos, pero otra vez tuve que pedir permiso, esta vez a Jorge Grubissich, para contextualizar su respuesta breve, y publicarla. Jorge edita conmigo los libros de la editorial Amauta. Juntos editamos Un medallón para Osiris que tenía, como toda la colección, el nuevo diseño y el logo que Carlos nos había regalado.
Esto contestó Jorge:
“Sé que de conjuros vamos a echar mano siempre, para poder continuar. Estando en el stand me costaba no ver el libro de Carlos y pensar que no pudimos, por culpa de un defecto en el plastificado, darle los suyos. Qué apuro había, si teníamos todo el tiempo del mundo. Si teníamos muchas cosas que compartir, a cada rato. Si era uno de los nuestros y más: tan parecido al que deseábamos ser cuando tuviésemos sus jóvenes 65…
Recién la semana próxima llevaré los ejemplares que me pidieron los distribuidores. Muchos de los que los reciban, de los que los miren o los compren, incluso en esta Feria, no sabrán que él ya no está. Será un conjuro seguir como si nada hubiera sucedido.
Pero lo que sé que no podremos conjurar, aunque lo intentemos, aunque pase el tiempo, será el desconsuelo”.
Daniel, Jorge, Franco, Ángeles, y muchos amigos más acompañaremos el Homenaje del domingo 29. Ese día trataremos de conjurar el desconsuelo con la alegría y el orgullo de haber sido sus amigos. Y con los mejores recuerdos.








