Archivo Marzo, 2012

LIBROS PARA LA LIBERTAD

Viernes, Marzo 30, 2012

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Para concluir la Semana de la Memoria, Libro de arena publica un fragmento de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, texto infantil considerado lo suficientemente peligroso como para haber sido prohibido por el régiman militar, y que abre las puertas para compartir lecturas también durante el fin de semana.

 

 

Al quinto día y también en relación con el cordero, me fue revelado este otro secreto de la vida

del principito. Me preguntó bruscamente y sin preámbulo, como resultado de un problema largamente

meditado en silencio:

—Si un cordero se come los arbustos, se comerá también las flores ¿no?

—Un cordero se come todo lo que encuentra.

—¿Y también las flores que tienen espinas?

—Sí; también las flores que tienen espinas.

—Entonces, ¿para qué le sirven las espinas?

Confieso que no lo sabía. Estaba yo muy ocupado tratando de destornillar un perno demasiado

apretado del motor; la avería comenzaba a parecerme cosa grave y la circunstancia de que se estuviera

agotando mi provisión de agua, me hacía temer lo peor.

—¿Para qué sirven las espinas?

El principito no permitía nunca que se dejara sin respuesta una pregunta formulada por él. Irritado

por la resistencia que me oponía el perno, le respondí lo primero que se me ocurrió:

—Las espinas no sirven para nada; son pura maldad de las flores.

—¡Oh!

Y después de un silencio, me dijo con una especie de rencor:

—¡No te creo! Las flores son débiles. Son ingenuas. Se defienden como pueden. Se creen

terribles con sus espinas…

No le respondí nada; en aquel momento me estaba diciendo a mí mismo: “Si este perno me

resiste un poco más, lo haré saltar de un martillazo”. El principito me interrumpió de nuevo mis

pensamientos:

—¿Tú crees que las flores…?

—¡No, no creo nada! Te he respondido cualquier cosa para que te calles. Tengo que ocuparme

de cosas serias.

Me miró estupefacto.

—¡De cosas serias!

Me miraba con mi martillo en la mano, los dedos llenos de grasa e inclinado sobre algo que le

parecía muy feo.

—¡Hablas como las personas mayores!

Me avergonzó un poco. Pero él, implacable, añadió:

—¡Lo confundes todo…todo lo mezclas…!

Estaba verdaderamente irritado; sacudía la cabeza, agitando al viento sus cabellos dorados.

—Conozco un planeta donde vive un señor muy colorado, que nunca ha olido una flor, ni ha

mirado una estrella y que jamás ha querido a nadie. En toda su vida no ha hecho más que sumas. Y todo

el día se lo pasa repitiendo como tú: “¡Yo soy un hombre serio, yo soy un hombre serio!”… Al parecer

esto le llena de orgullo. Pero eso no es un hombre, ¡es un hongo!

—¿Un qué?

—Un hongo.

El principito estaba pálido de cólera.

—Hace millones de años que las flores tiene espinas y hace también millones de años que los

corderos, a pesar de las espinas, se comen las flores. ¿Es que no es cosa seria averiguar por qué las

flores pierden el tiempo fabricando unas espinas que no les sirven para nada? ¿Es que no es importante

la guerra de los corderos y las flores? ¿No es esto más serio e importante que las sumas de un señor

gordo y colorado? Y si yo sé de una flor única en el mundo y que no existe en ninguna parte más que en

mi planeta; si yo sé que un buen día un corderillo puede aniquilarla sin darse cuenta de ello, ¿es que esto

no es importante?

El principito enrojeció y después continuó:—Si alguien ama a una flor de la que sólo existe un ejemplar en millones y millones de estrellas,

basta que las mire para ser dichoso. Puede decir satisfecho: “Mi flor está allí, en alguna parte…” ¡Pero si

el cordero se la come, para él es como si de pronto todas las estrellas se apagaran! ¡Y esto no es

importante!

No pudo decir más y estalló bruscamente en sollozos.

La noche había caído. Yo había soltado las herramientas y ya no importaban nada el martillo, el

perno, la sed y la muerte. ¡Había en una estrella, en un planeta, el mío, la Tierra, un principito a quien

consolar! Lo tomé en mis brazos y lo mecí diciéndole: “la flor que tú quieres no corre peligro… te dibujaré

un bozal para tu cordero y una armadura para la flor…te…”. No sabía qué decirle, cómo consolarle y

hacer que tuviera nuevamente confianza en mí; me sentía torpe. ¡Es tan misterioso el país de las

lágrimas!

LETRAS PROHIBIDAS

Jueves, Marzo 29, 2012

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En continuidad con la serie de publicaciones dedicada a la Semana de la Memoria, Libro de arena presenta canciones que también fueron censuradas durante el proceso militar, como es el caso de “Botas Locas” y “Juan represeión”, de Sui Generis.

 

Juan Represión

 

(Sui Generis)

 

Juan Represión viste

un saco azul, triste,

vive como pidiendo perdón

y se esconde a la luz del sol.

 

Juan Represión sabe,

no hay nadie que lo ame,

las balas que la gente tiene

lo asesinaron de pie.

 

Esta es la historia de un hombre

que supo muy pocas letras

y soñó con la justicia

de los héroes de historietas.

 

Y se disfrazó de bueno

con un disfraz de villano

y los malos de la historia

son los héroes cotidianos.

 

Pobre Juan, el odio te hace muy mal

y esperas a tu muerte

justo una madrugada

en manos de la misma sociedad.

 

Juan Represión sueña

poder ser invisible,

no puede soportar la verdad

y el terror lo va a matar.

 

Juan Represión grita,

Juan Represión llora,

está tan loco, el pobre,

que hoy en la cárcel se encerró.

 

Esta es la historia de un hombre

que quiso ser sobrehumano

y la realidad, entonces,

se le escapó de las manos.

 

Y ahora juega a los ladrones,

junto con Batman y Robin,

en un asilo de ancianos

con payasos y gusanos.

 

Pobre Juan,

qué lastima me da,

todos los reprimidos

seremos tus amigos

cuando tires al suelo

tu disfraz.

 

“Antología”, 1991 – Tema censurado de “Pequeñas anéctdotas sobre las instituciones”, 1974

 

Las botas locas

(Sui Generis)

 

Yo formé parte de un ejército loco,

tenía veinte años y el pelo muy corto,

pero mi amigo hubo una confusión,

porque para ellos el loco era yo.

 

Es un juego simple el de ser soldado:

ellos siempre insultan, yo siempre callado.

Descansé muy poco y me puse malo,

las estupideces empiezan temprano.

 

Los intolerables no entendieron nada,

ellos decían “Guerra”,

yo decía no gracias.

 

Amar a la Patria bien nos exigieron,

si ellos son la Patria, yo soy extranjero.

Yo forme parte de un ejército loco,

tenía veinte años y el pelo muy corto,

pero mi amigo hubo una confusión,

porque para ellos el loco era yo.

 

Se darán cuenta que aquél lugar

era insoportable para alguien normal,

entonces me dije “basta de quejarme, yo me vuelvo a casa”

y decidí largarme.

 

Les grité bien fuerte lo que yo creía

acerca de todo lo que ellos hacían.

Evidentemente les cayó muy mal

y así es que me hecharon del cuartel general.

 

Yo forme parte de un ejército loco,

tenía veinte años y el pelo muy corto,

pero mi amigo hubo una confusión,

porque para ellos el loco era yo.

 

Si todos juntos tomamos la idea

que la libertad no es una pelela

se cambiarían todos los papeles,

y estarían vacíos muchos más cuarteles,

porque a usar las armas bien nos enseñaron

y creo que eso es lo delicado,

pienselo un momento, señor general,

porque yo que usted me sentiría muy mal.

 

Yo forme parte de un ejército loco,

tenía veinte años y el pelo muy corto,

pero mi amigo hubo una confusión,

porque para ellos el loco era yo.


AGENDA SEMANAL DE ACTIVIDADES LITERARIAS

Miércoles, Marzo 28, 2012

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Miércoles 28

 

 

Semana de la Memoria

En el marco de la semana de la memoria, la Casadel Chubut conjuntamente con Espacio de la Memoria, ofrecerá al público interesado una seleción de films documentales referidos al 24 de marzo.
Área de Cultura y Educación

Casa del Chubut
Sarmiento 1172-CABA
Tel.:011-4382-2009 int. 217
Más información: aquí

 

 

Primera Muestra de Cine Independiente Cubano en Argentina

(Cooperativa Producciones*,La Habana)

A las 19hs

Sala Batato Barea

Centro Cultural Rojas, (Av. Corrientes 2038).

Capacidad 130 localidades

Entrada gratuita

 

Presentación del libro: Martín y sus Titanes

Presentación del libro de Leandro D’Ambrosio, con la participación de Gillespi, encargado del prólogo.

A las 19 hs.

Auditorio Jorge Luis Borges

Biblioteca Nacional, (Agüero 2502).

 

 

Jueves 29

 

Presentación del libro: Historia de la solución final

Presentación del libro de Daniel Rafecas, publicado por Siglo XXI Editores.

A las 19 hs.

Sala Augusto Raúl Cortazar

Biblioteca Nacional, (Agüero 2502).

 

Exposición: Del texto a la imagen

El viaje en trineo, proyecto de Fabio Kacero

En juego, video de Eugenio Ampudia

T´es pas la seule, video de Billy Cowie

Vuelta a la manzana, proyecto de Sol Arrese y Lan Franco

Organiza: Eunic Unión de Centros Europeos de Cultura

en el marco de “Buenos Aires Capital Mundial del Libro”

De10.30 a20.00 hs.

Sede Paraná 1159

Centro Cultural de España en Buenos Aires.

 

Encuentro: Fábulas problemáticas. Mujeres en el espacio social. Conflictos y paradojas

Proyecciones

A las 18.00 hs

A las 19.00 hs. Diálogo entre Susana Blas Y Gabriela Golder

Centro Cultural de España en Buenos Aires, (Florida 943)

 

 

Viernes 30

 

Encuentro: Fábulas problemáticas. Mujeres en el espacio social. Conflictos y paradojas

Charla: cultura y género.

Participan: Cynthia Judkowski, María Laura Rosa y Graciela Tejero Coni. Modera: Irene Castillo

Proyecciones

A las18.00 hs.

Inicio del debate

A las 19.00 hs.

Centro Cultural de España en Buenos Aires, (Florida 943)

 

Conferencia l El teatro en la historia del CCC

El primer disertante será Jorge Dubatti (Coordinador del Área) quien se referirá a “El teatro en los comienzos del CCC: 1997-2003″.

A las 19:30

Centro Cultural de la Cooperación, (Av. Corrientes 1543).

Sala Jacobo Laks, 3º p

 

 

Sábado 31

 

Presentación del libro: La fiereza, de Carolina Doartero, publicado por Editorial La Luna Que.

A las 19:30 hs.

Sala Augusto Raúl Cortazar

Biblioteca Nacional, (Agüero 2502).

 

 

Martes 3

 

Presentación del film: Sin fin

Proyección estreno de Sin fin parte 3, de los artistas Vestandpage

Presenta: Andrea Juan (curadora del Programa cultural de Dirección Nacional dela Antártida)

Charla con los artistas y visión de la documentación de realización

A las 18:00 hs.

Centro Cultural de España en Buenos Aires, (Florida 943)

 

 

Convocatorias

 

XXIII PREMIO NARRACIÓN BREVE UNED 2012

Obras originales e inéditas, escritas en lengua castellana, en formato word, que no hayan sido premiadas en otros certámenes. Los originales, de tema libre, deberán tener una extensión no inferior a cinco páginas ni superior a diez. Se presentarán mecanografiadas a doble espacio y numeradas; tipo de letra Times New Roman de 12 puntos; la obra deberá ir precedida de una portada en donde se incluya título de relato, seudónimo. Cada autor podrá enviar exclusivamente un trabajo.

Cierre: 31 de marzo

Ver bases y condiciones: aquí

 

OLVIDAR NUNCA MÁS

Miércoles, Marzo 28, 2012

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 No solo autores nacionales sino también internacionales fueron, junto con sus libros, objeto de censura de la última dictadura militar. Libro de arena propone la lectura de Pedagogía del oprimido del pensador y pedagogo brasileño Paulo Freire quien  trabajó justamente sobre las formas en que se desarrolla la dominación entre los hombres, y el valor de la libertad.

 

CAPITULO I

Justificación de la pedagogía del oprimido.

La contradicción opresores-oprimidos. Su superación.

La situación concreta de opresión y los opresores.

La situación concreta de opresión y los oprimidos.

Nadie libera a nadie, ni nadie se libera solo.

Los hombres se liberan en comunión.

Reconocemos la amplitud del tema que nos proponemos tratar en este ensayo, con lo

cual pretendemos, en cierto sentido, profundizar algunos de los puntos discutidos en nuestro

trabajo anterior. La educación como práctica de la libertad. De ahí que lo consideremos como

una mera introducción, como simple aproximación al asunto que nos parece de importancia

fundamental.

Una vez más los hombres, desafiados por la dramaticidad de la hora actual, se proponen

a sí mismos como problema. Descubren qué poco saben de sí, de su “puesto en el cosmos”, y

se preocupan por saber más. Por lo demás, en el reconocimiento de su poco saber de sí radica

una de las razones de esa búsqueda. Instalándose en el trágico descubrimiento de su poco

saber de sí, hacen de sí mismos un problema. Indagan. Responden y sus respuestas los conducen

a nuevas preguntas.

El problema de su humanización, a pesar de haber sido siempre, desde un punto de vista

axiológico, su problema central, asume hoy el carácter de preocupación ineludible.

Comprobar esta preocupación implica reconocer la la deshumanización no sólo como

viabilidad ontológica sino como realidad histórica. Es también y quizás básicamente, que a

partir de esta comprobación dolorosa, los hombres se preguntan sobre la otra viabilidad — la

de su humanización. Ambas, en la raíz de su inconclusión, se inscriben en un permanente

movimiento de búsqueda. Humanización y deshumanización, dentro de la historia, en un

contexto real, concreto, objetivo, son posibilidades de los hombres como seres inconclusos y

conscientes de su inconclusión.

Sin embargo, si ambas son posibilidades, nos parece que sólo la primera responde a lo

que denominamos “vocación de los hombres”. Vocación negada más afirmada también en la

propia negación. Vocación negada en la injusticia, en la explotación, la opresión, en la violencia

de los opresores. Afirmada en el ansia de libertad, de justicia, de lucha de los oprimidos por la

recuperación de su humanidad despojada.

La deshumanización, que no se verifica sólo en aquellos que fueron despojados de su

humanidad sino también, aunque de manera diferente, en los que a ellos despojan, es

distorsión de la vocación de SER MÁS. Es distorsión posible en la historia pero no vocación

histórica.

La violencia de los opresores, deshumanizándolos también, no instaura otra vocación,

aquella de ser menos. Como distorsión del ser más, el ser menos conduce a los oprimidos,

tarde o temprano, a luchar contra quien los minimizó. Lucha que sólo tiene sentido cuando

los oprimidos, en la búsqueda por la recuperación de su humanidad, que deviene una forma de

crearla, no se sienten idealistamente opresores los opresores, ni se transforman, de hecho, en

opresores de los opresores sino en restauradores de humanidad de ambos. Ahí radica la gran

tarea humanista e histórica de los oprimidos: liberarse a sí mismos y liberar a los opresores.

Éstos, que oprimen, explotan y violentan en razón de su poder, no pueden tener en dichopoder la fuerza de la liberación de los oprimidos ni de sí mismos. Sólo el poder que renace de

la debilidad de los oprimidos será lo suficientemente fuerte para liberar a ambos. Es por esto

por lo que el poder de los opresores, cuando pretenden suavizarse ante la debilidad de los

oprimidos, no sólo se expresa, casi siempre, en una falsa generosidad, sino que jamás la

sobrepasa. Los opresores, falsamente generosos, tienen necesidad de que la situación de

injusticia permanezca a fin de que su “generosidad” continúe teniendo la posibilidad de

realizarse. El “orden” social injusto es la fuente generadora, permanente, de esta

“generosidad” que se nutre de la muerte, del desaliento y de la miseria.

De ahí la desesperación de esta generosidad ante cualquier amenaza que atente contra

su fuente. Jamás puede entender este tipo de “generosidad” que la verdadera generosidad

radica en la lucha por la desaparición de las razones que alimentan el falso amor. La falsa

caridad, de la cual resulta la mano tendida del “abandonado de la vida”, miedoso e inseguro,

aplastado y vencido. Mano extendida y trémula de los desharrapados del mundo, de los

“condenados de la tierra”. La gran generosidad sólo se entiende en la lucha para que estas

manos, sean de hombres o de pueblos, se extiendan cada vez menos en gestos de súplica.

Súplica de humildes o poderosos. Y se vayan haciendo así cada vez más manos humanas

que trabajen y transformen el mundo. Esta enseñanza y este aprendizaje tienen que partir,

sin embargo, de los “condenados de la tierra”, de los oprimidos, de los desharrapados del

mundo y de los que con ellos realmente se solidaricen. Luchando por la restauración de su

humanidad, estarán, sean hombres o pueblos, intentando la restauración de la verdadera

generosidad.

¿Quién mejor que los oprimidos se encontrará preparado para entender el significado

terrible de una sociedad opresora?

¿Quién sentirá mejor que ellos los efectos de la opresión? ¿Quién más que ellos para ir

comprendiendo la necesidad de la liberación? Liberación a la que no llegarán por casualidad,

sino por la praxis de su búsqueda; por el conocimiento y reconocimiento de la necesidad de

luchar por ella. Lucha que, por la finalidad que le darán los oprimidos, será un acto de amor,

con el cual se opondrán al desamor contenido en la violencia de los opresores, incluso cuando

ésta se revista de la falsa generosidad a que nos hemos referido.

Nuestra preocupación, en este trabajo, es sólo presentar algunos aspectos de lo que nos

parece constituye lo que venimos llamando “la pedagogía del oprimido”, aquella que debe ser

elaborada con él y no para él, en tanto hombres o pueblos en la lucha permanente de

recuperación de su humanidad. Pedagogía que haga de la opresión y sus causas el objeto de

reflexión de los oprimidos, de lo que resultará el compromiso necesario para su lucha por la

liberación en la cual esta pedagogía se hará y rehará. _

El gran problema radica en cómo podrán los oprimidos, como seres duales, inauténticos,

que “alojan” al opresor en sí, participar de la elaboración de la pedagogía para su liberación.

Sólo en la medida en que descubran que “alojan” al opresor podrán contribuir a la construcción

de su pedagogía liberadora.

Mientras vivan la dualidad en la cual ser es parecer es parecerse con el opresor, es

imposible hacerlo. La pedagogía del oprimido, que no puede ser elaborada por los opresores,

es un instrumento e descubrimiento crítico: el de los oprimidos por sí mismos y el de los

opresores por los oprimidos como manifestación de la deshumanización.

Sin embargo, hay algo que es necesario considerar en este descubrimiento, que está

directamente ligado a la pedagogía liberadora. Es que, casi siempre, en un primer momento

de este descubrimiento, los oprimidos en vez de buscar la liberación en la lucha y a través de

ella, tienden a ser opresores también o subopresores. La estructura de su pensamiento se

encuentra condicionada por la contradicción vivida en la situación concreta, existencial en que

se forman. Su ideal es, realmente, ser hombres, pero para ellos ser hombres, en la

contradicción en que siempre estuvieron y cuya superación no tienen clara, equivale a ser

opresores. Éstos con sus testimonios de humanidad.

Esto deriva, tal como analizaremos más adelante con más amplitud, del hecho de que, en

cierto momento de su experiencia existencial, los oprimidos asumen una postura que llamamos

de “adherencia” al opresor. En estas circunstancias, no llegan a “admirarlo”, lo que los llevaría

a objetivarlo, a descubrirlo fuera de sí.

Al hacer esta afirmación, no queremos decir que los oprimidos, en este caso, no se sepan

oprimidos. Su conocimiento de sí mismos, como oprimidos, sin embargo, se encuentra

perjudicado por su inmersión en la realidad opresora. “Reconocerse”, en antagonismo al

opresor, en aquella forma, no significa aún luchar por la superación de la contradicción. De ahí

esta casi aberración: uno de los polos de la contradicción pretende, en vez de la liberación, la

identificación con su contrario.

 

Fragmento de:

Paulo Freiré

Pedagogía del oprimido.

Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2002.

APERTURA DE LA CAPACITACIÓN PARA AUXILIARES DE BIBLIOTECAS

Martes, Marzo 27, 2012

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En el primer encuentro de la Capacitación para Auxiliares de Bibliotecas Comunitarias, llevado a cabo el pasado 21 de marzo en la Biblioteca José Hernández, se trabajó sobre los orígenes del libro y las bibliotecas. Libro de arena publica esta primera exposición que estuvo a cargo del Lic. Mateo Niro.

 

Por Mateo Niro

 

Transcurridos 5500 de la invención de la escritura, transcurridos 2300 años de la primera biblioteca moderna, transcurridos 500 años de la invención de la imprenta, transcurridos 150 años de la implementación de la ley de Sarmiento sobre las bibliotecas populares, en plena desarrollo de la internet y la revolución digital, es exigible pensar y repensar las transformaciones y la vigencia de una institución clave de la historia social general.

No debe ser ocioso dar cuenta que a cada gran proceso de transformación social –podemos utilizar los mismos hitos que acabamos de nombrar- existen reacomodamientos en donde pujan sectores más o menos apocalípticos, más o menos integrados, en términos propuestos por Umberto Eco.

Tomaremos, necesariamente, el recorrido largo y constante de la escritura, a veces más con modalidad de cuerpo del texto, a veces más como nota al pie o atención a la curiosidad. Para eso, hablaremos de la trasformación de la palabra oral en escritura, de la escritura en texto cohesivo, de la objetualización del texto en códice, el códice en libro, el libro en página digital; y, por supuesto, todo esto relacionado a la institucionalización de la escritura en biblioteca.

 

 

Así comienza la historia

 

 

Noam Chomsky dice que, así como las aves tienen la aptitud de volar determinada por su biología, los seres humanos tenemos la capacidad de lenguaje. Pero mucha agua debió pasar para que los mesopotámicos inventaran lo que sería definitivamente revolucionario –y cada vez que digamos esto nos referiremos a que nada volvió a ser igual. Nos resulta sumamente lejano imaginar una vida sin escritura, porque hoy forma parte de la cotidianeidad más plena y, a su vez, existe hoy una veneración extraña a la cultura letrada, la que se escribe y la que se lee. Es así que desde la invención de la escritura y cuando la misma era un patrimonio exclusivo y excluyente, los escribas en la antigüedad eran una clase social encumbrada básicamente por esa particularidad, escribir.

Pero remontémonos a esos orígenes, donde la escritura no era tomada como una aptitud natural sino más bien lo contrario. En un texto clásico, no sólo porque se llama Fedro y su autor es Platón, sino también porque se utiliza con frecuencia para dar cuenta de lo que significó la escritura para sus contemporáneos, dice Sócrates:

“-Dicen que cerca de Naucratis, en Egipto, hubo un dios, uno de los más antiguos del país, aquel a quien se consagra el pájaro que los egipcios denominaban ibis. Este dios se llamaba Theuth; inventó, según se dice, el cálculo, la geometría, la astronomía, los juegos de ajedrez y dados y, finalmente, la escritura.

Reinaba entonces en el país el rey Tamo; habitaba la gran ciudad del Alto Egipto que los griegos llamaban Tebas la egipcia, protegida por el dios Ammón. Theus vino a su encuentro, le enseñó las artes que había inventado y le dijo que era necesario propagarlas entre los egipcios. El Rey le preguntó por la utilidad de cada una de aquellas artes; Theut le explicó detalladamente sus aplicaciones, y Tamo iba censurando o aprobando, según le parecían más o menos satisfactorias aquellas explicaciones. Muchas razones dio el Rey al inventor, en pro y en contra de cada una de aquellas artes, y sería largo enumerarlas. Cuando llegaron a la escritura, dijo Theuth:

“Esta invención, ¡oh Rey!, hará más sabios a los egipcios y aliviará mucho su memoria; yo he descubierto un medio contra la dificultad de aprender y retener.” “Ingenioso Theuth –respondió el Rey-, el genio que inventa las artes no es lo mismo que la sabiduría, que aprecia las ventajas y los inconvenientes de sus aplicaciones. Tú, como padre de la escritura y apasionado por la invención, le atribuyes un efecto contrario a su efecto verdadero. En el ánimo de los que le conozcan sólo producirá el olvido, pues les hará descuidar la memoria; y filiándose en ese extraño auxilio, dejarán a los caracteres materiales el cuidado de reproducir sus recuerdos cuando en el espíritu se hayan borrado. No has hallado un medio de cultivar la memoria, sino de despertar la reminiscencia; y por dar a tus discípulos la ciencia, les das la sombra en ella. Pues cuando hayas aprendido muchas cosas sin maestro, se creerán bastante sabios, no siendo en su mayoría sino unos ignorantes presuntuosos, insoportables en el comercio de la vida.”

Esta cita puede llamar la atención por dos razones:

• porque se considera a la escritura un mecanismo artificial cuando los que convivimos con la cultura letrada podemos proponerlo inmediatamente como natural

• porque se le cuestiona a la escritura y a la lectura sus efectos supuestamente nocivos: desmemoria, haraganería, reminiscente, etc.

Si saltamos de una vez dos mil años, encontramos las mismas críticas a mecanismos tecnológicos tales como la calculadora, la televisión o la computadora, mientras que la escritura es digna del halago en las condiciones exactamente contrarias de las de Platón: permite la crítica, fomenta la fantasía y el uso de la inteligencia en forma plena.

No es la intención generar un cuestionamiento anacrónico a las palabras del Fedro, pero tampoco dejar de tener en cuenta que cuando hablamos de escritura nos estamos refiriendo a un mecanismo artificial, externo, tecnológico que surgió como invención hace relativamente poco en relación a la cantidad de años que cuenta el hombre.

El homo sapiens lleva tal vez unos 50 mil años erguido sobre la tierra. Sin embargo, la primera grafía o verdadera escritura que conocemos apareció por primera vez entre los sumerios en la Mesopotamia apenas alrededor del año 3500 a.C.

 

 

El cuento de la escritura

 

 

La primera forma en que se plasmó la escritura parece haber sido la tableta suelta. El libro mesopotámico, denominado “tuppu”, que ha dado en latín “tábula” y en español “tabla”, resultaba del uso de la arcilla como materia prima, cortada en pequeñas tablas, planas y ligeramente abombadas. Con frecuencia menor, la forma fue de conos, cilindros o prismas huecos, con un número de caras que oscila entre seis y diez. En realidad, con estas figuras geométricas se conseguía un volumen, un conjunto de páginas que formaban una unidad. Quizás podamos pensar de éstos, el antecedente más próximo al libro como lo entendemos ahora, mientras que la tabla más próximo al folleto, al documento o a la pizarra.

Los textos valiosos se grababan en piedra o en metales preciosos, como el oro, o resistentes y maleables, como el plomo. En fecha temprana, los dibujos lineales seguían un orden descendente; luego cambiaron de orientación, con lo que la escritura empezó a correr de izquierda a derecha.

El barro secado al sol o sometido a la acción del fuego, permitió dar con ellas. Como ironía, el asalto y la destrucción consiguiente de ciudades, llevadas a cabo cuando el asaltante quería borrarlas de la faz de la tierra y del recuerdo por la acción del fuego, ha permitido conocer, al cabo de miles de años, su historia.

La mayoría de las tabletas disponibles corresponden a documentos económicos, administrativos y legales: inventarios, hipotecas, recibos, pagarés, contratos de arrendamientos, de compraventa y matrimoniales, sentencias judiciales, adopciones.

Es por esto que podemos dar como principales características del libro mesopotámico:

• la brevedad,

• su escasa circulación,

• su carácter anónimo,

• su escasa circulación,

• y la primacía de los valores sociales por sobre los literarios (la literatura seguía siendo oral).

 

 

 

La era del libro

 

 

El “libro” creado por los egipcios es el primero que utiliza la tinta y una materia ligera, el papiro, que puede ser considerado como el antecesor del papel, al que se parece en su aspecto exterior y en una serie de cualidades: color, flexibilidad, tersura y facilidad para recibir la tinta sin que se corra. Ya veremos que este elemento va a ser fundamental para el surgimiento de la primera biblioteca pública.

El formato del rollo de papiro fue útil a la humanidad durante tres largos milenios: Permitía recoger textos de cierta extensión con la garantía de integridad de la obra,

• tenía buena apariencia,

• se podía escribir fácilmente con tinta

• y se podía transportar con facilidad.

Pero el inconveniente que tenía el rollo era:

• la dificultad para encontrar un pasaje concreto,

• su fragilidad,

• la necesidad de utilizar las dos manos para la lectura,

• la precisión para ser enrollado de nuevo al terminar la lectura

• y su capacidad limitada si se quería que fuera manejable.

Por ello, al final del Imperio Romano, se inventó el formato libro: el códice. El códice garantizaba:

• más perdurabilidad porque estaba protegido por la encuadernación,

• su almacenamiento era más fácil como así también el transporte por ser plano y tener menos volumen,

• ofrecía una capacidad seis veces superior,

• resultaba más barato y manejable

• y en él se localizaba un pasaje con mayor rapidez.

En la Edad Media, crece el modelo más artístico del códice, ya que se mejora la encuadernación, la caligrafía y las ilustraciones.

Sobrevolando así como estamos la historia, llegamos al siglo XV, clave en esta historia. Con el surgimiento de las universidades, se produce una mayor demanda de libros. Esto generó que se agudizara la necesidad de mano de obra que permitiera una rápida reproducción de los textos. A mediados de este siglo XV, Johann Gutemberg, en la ciudad de Maguncia, junto al Rin, pareció encontrar la solución. Se supone que fue en 1456 que, junto a su socio capitalista, Johann Fust, inventó la herramienta que multiplicaría de forma considerable la divulgación de la escritura: la imprenta.

Esta invención, hija dilecta de la máquina, revolucionaría el proceso de reproducción del texto, dándole un carácter masivo. Eso que antes se tardaba días enteros, ahora llevaba minutos. Pero lo que puso en crisis la reproducción técnica, según dice Walter Benjamin, fue el carácter aurático de la obra de arte, el original. Por primera vez utilizaremos una palabra que nos va a servir de soporte para más adelante: la fetichización de aquello que es único e irrepetible, el culto a la cosa. Ya no va a importar cuál es primero o último de la serie, lo que importa es lo que ése texto lleva consigo. Otra cita que nos sirve para dar cuenta del cimbronazo que la invención de la imprenta trajo consigo a sus contemporáneos, traída por Walter Ong, en su libro Oralidad y escritura: Hierónimo Squarciafico, en 1477, se quejaba de la imprenta porque “la abundancia de libros hace menos estudiosos a los hombres”.

Lo que sigue en esta historia es más próximo, la era de la reproducción digital, que ya hablaremos más adelante.

 

 

 

La biblioteca de Alejandría

 

 

Ya se han puesto los mojones más importantes de la historia de la escritura, de forma muy escueta por supuesto. Ahora iremos a la institución que sumó ese elemento y se constituyó a partir de la acumulación de ese saber letrado.

Desde la invención de la escritura se planteó el problema de la conservación de los materiales que se acumulaban. Al alcanzar proporciones importantes, no sólo en cantidad de materiales sino en espacios, surgió la necesidad de organización de esos textos para sistematizar la conservación, la búsqueda y la lectura.

Nosotros nos centraremos en una de éstas, quizás la más grande y también el modelo del que se erigirá la biblioteca moderna.

La fecha precisa de la fundación no se conoce, aunque se supone la obra se inició en el 290 a.C. Demetrio de Falera recomendó a Tolomeo I Sóter la idea de establecer un Gran Centro de Investigación en Alejandría con una biblioteca importante ligada a éste. Demetrio ejerció su influencia para que éstos decidieran convertir a Egipto en el centro cultural del mundo antiguo y a Alejandría en la capital de las ciencias, las artes y de la filosofía. Demetrio recomendó reunir una colección de libros acerca de la monarquía y el gobierno, además de libros de autores de todo el mundo que le pudieran servir para entender mejor los asuntos de la política y el comercio. La estrategia de Demetrio consistía en traer escritores, poetas, artistas y científicos de todas partes a Alejandría para enriquecer la biblioteca. La biblioteca de Alejandría fue la primera en su tipo de carácter universal.

En Alejandría nacieron nuevas disciplinas, como la Gramática y la Preservación de Manuscritos.

Por otra parte, la colección de documentos permitió la transmisión y traducción de textos clásicos vitales al árabe y al hebreo, donde ellos se conservaron mucho tiempo después de que los originales se habían perdido en Europa.

Se supone que la biblioteca, en su apogeo, tuvo unos 700.000 manuscritos, los cuales equivalen aproximadamente a unos 100.000 libros impresos de hoy.

Los reyes tolemaicos estaban ansiosos por adquirir manuscritos originales y hacían revisar cada barco que llegaba a Alejandría: cuando encontraban un libro, éste se llevaba a la biblioteca para que fuera copiado y la copia se devolvía. En la misma línea, Tolomeo III escribió una carta “A los soberanos de todo el mundo” pidiendo prestados sus libros para ser copiados.

Al principio, la Biblioteca estaba cerca del Museo, dentro de los recintos del palacio real. Medio siglo después, cuando la cantidad de libros adquiridos sobrepasó su capacidad, se decidió abrir una dependencia adicional para acomodar los libros sobrantes. Esta “Biblioteca Hija” estaba en el Templo de Serapis, que se situaba a cierta distancia del palacio, en el distrito sur de la Ciudad. La Biblioteca Hija se volvió una biblioteca propiamente dicha y en el período romano se convirtió en un centro de aprendizaje de gran actividad.

En tiempos de Demetrio, las bibliotecas griegas eran normalmente colecciones particulares de manuscritos, como la biblioteca de Aristóteles. Por eso se considera a la Biblioteca de Alejandría la primera biblioteca moderna como hoy se entienden las bibliotecas de carácter universal y de consulta pública.

El Director de la Biblioteca era uno de los funcionarios de más alto rango y era designado por el propio faraón. Normalmente era elegido entre las personas más prominentes en Ciencia o Literatura. Calímaco de Cirene (a partir del 145 a.C.) fue el director de la biblioteca más famoso de Alejandría y quien creó por primera vez un catálogo al que llamó “Pinakes” o “Tablas”. Este catálogo no era de ninguna manera exhaustivo, más bien era un buen índice temático.

Los estantes de la biblioteca pueden haber estado en uno de los salones de conferencia periféricos, en el jardín, o pueden haber sido alojados en el Gran Salón. Consistían en casilleros, perchas para los manuscritos –los mejores de los cuales se untaban con aceite de lino-, o bolsas de cuero. El pergamino de piel (vellum) se puso en boga cuando Alejandría dejó de exportar papiro en un esfuerzo por estrangular a su biblioteca rival más joven, fundada por los Seléusidas en Pérgamo, Asia Menor. En tiempos de los romanos, los trabajos empezaron a ser escritos en forma de códice (libro), y se los guardaba en estantes de madera llamados armaria.

Curiosamente, la biblioteca más famosa del mundo nunca funcionó durante la era del libro impreso: primero fue la época del papiro, luego la del códice y hoy, en su reconstrucción, la del disco compacto o la internet.

El primer incendio se produjo en el año 48 a.C., durante el conflicto en que Julio César se involucró para apoyar a Cleopatra VII en su lucha contra Tolomeo XIII, su hermano. Se sabe que Marco Antonio compensó a Cleopatra regalándole los 200.000 manuscritos de Pérgamo. El propio Museo se destruyó junto con el Palacio Real en el tercer siglo de nuestra era, durante las disputas por el poder que agitaron al Imperio Romano.

La Biblioteca Hija sobrevivió hasta fines del siglo IV, cuando un decreto del Emperador Teodosio (391 d.C.) prohibió las religiones paganas. Teófilo (Obispo de Alejandría de 285 a 412 d.C.) destruyó entonces el Serapeum y la Biblioteca Hija por ser la casa de la doctrina pagana. Los estudiosos sobrevivieron otra generación hasta el asesinato de Hipatia en 415, el cual marcó el fin de la era escolástica de Alejandría.

La Organización para la Educación, la Ciencia y la Cultura de las Naciones Unidadas (UNESCO) financió la reconstrucción, 1600 años más tarde. El costo fue de 200 millones de dólares. El área cubierta es de 85.000 m2 en 11 pisos, con 8 millones de volúmenes, 50.000 mapas, 100.000 manuscritos y 10.000 libros raros. La biblioteca más grande de la región renació el día 16 de octubre de 2002.

 

 

 

Uso público y organizado

 

 

Pero ¿qué es una biblioteca?

El “Poema de los dones”, de Borges, nos permite una aproximación a lo que nos es interesante ahondar:

Nadie rebaje a lágrima o reproche

Esta declaración de la maestría

De Dios, que con magnífica ironía

Me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños

A unos ojos sin luz, que sólo pueden

Leer en las bibliotecas de los sueños

Los insensatos párrafos que ceden

Las albas a su afán. En vano el día

Les prodiga sus libros infinitos,

Arduos como los arduos manuscritos

Que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)

Muere un rey entre fuentes y jardines;

Yo fatigo sin rumbo los confines

De esa alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente

Y el Occidente, siglos, dinastías,

Símbolos, cosmos y cosmogonías

Brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca

Exploro en el báculo indeciso,

Yo, que me figuraba el Paraíso

Bajo la especie de una biblioteca.

Algo que ciertamente no se nombra

Con la palabra azar, rige estas cosas;

Otro ya recibió en otras borrosas

Tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías

Suelo sentir con vago horror sagrado

Que soy el otro, el muerto, que habrá dado

Los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos escribe este poema

De un yo plural y de una sola sombra?

¿Qué importa la palabra que me nombra

si el indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido

Mundo que se deforma y que se apaga

En una pálida ceniza vaga

Que se parece al sueño y al olvido.

(El hacedor, 1960)

 

 

Esto, que podría funcionar como buen epígrafe cuando hablamos de bibliotecas y de Borges, nos permite más bien dar con algunas claves de aquello que el imaginario resume como biblioteca:

• un saber universal (Oriente y Occidente),

• la convivencia del caos y el orden,

• un espacio físico que lo determina,

• ese saber se acumula en forma de libro y

• ese saber hecho cosa, los libros, que lo cerca.

Sabemos que tanto Paul Groussac como Borges fueron directores de la Biblioteca Nacional, y más allá de la particularidad de ser ciegos ambos, nos permite dar cuenta de la otra clave: la biblioteca es una institución en cuyo espíritu se esgrime el uso social, ese saber que se dispone, que no es de nadie sino más bien de todos, que se comparte.

Por eso, con la constitución de los Estados Nacionales, se fundaron como institución basal las bibliotecas nacionales, un templo de la ilustración que alojarían “el saber universal” y lo pondría a disposición de todos sus ciudadanos.

Esto se dio en nuestro país con la Biblioteca Nacional fue creada por decreto de la Junta de Gobierno de la Revolución de Mayo el 7 de septiembre de 1810.

Las bibliotecas pasaban a significar, como aquella de Alejandría, la consagración del Estado Civilizado.

 

 

 

El vaso que se derrama

 

 

El proyecto civilizador de los estados modernos tuvo en nuestro país una ley en las que asociaba al Estado con las instituciones civiles con el objetivo de llegar a cada rincón del nuevo país. Hay un libro muy interesante que trabaja sobre esos primeros pasos de Tulio Halperin Donghi que se llama Una nación para el desierto argentino. Uno de los mecanismos ideados por Sarmiento fue ese: las bibliotecas como institución misional letrada que en su constitución aliara al Estado con las fuerzas vivas esparcidas por todo el país. Había que forjar una nación.

La llamada ley Sarmiento, sancionada el 21 de septiembre de 1870 y promulgada el 23, plasmaba el objetivo de aquel proyecto y lo impulsaba:

LEY 419

Art. 1 – Las bibliotecas populares establecidas o que se establezcan en adelante por asociaciones de particulares en ciudades, villas y demás centros de población de la República, serán auxiliadas por el Tesoro nacional en la forma que determina la presente ley.

Art. 2 – El Poder Ejecutivo constituirá una Comisión protectora de las bibliotecas populares, compuesta por lo menos de cinco miembros y un secretario, retribuido con mil pesos fuertes anuales.

(…)

Art. 5 – La subvención que el Poder Ejecutivo asigne a cada biblioteca popular, será igual a la suma que ésta remitiese a la Comisión protectora, empleándose el total en la compra de libros, cuyo envío se hará por cuenta de la Nación.

Esta ley, por cuyo día de promulgación se festeja en la actualidad el día de las bibliotecas populares, generó en nuestro país una experiencia singular en donde las asociaciones barriales se erigieron en derredor de una institución letrada.

En un trabajo presentado por Luis Alberto Romero y Leandro Gutiérrez en las “VII Jornadas de Historia de la Ciudad de Buenos Aires”, los historiadores analizan este fenómeno con una mirada singular, recortando en el período de su esplendor: entre 1920 y 1945. En estos años, las sociedades barriales aparecen como fundamentales en la constitución del nuevo tejido urbano. En ella se confundían los argentinos y los inmigrantes, aunque esta distinción fue cada vez menos relevante. Convivían obreros, empleados, maestros, pequeños comerciantes, profesionales y muchos otros sin ocupación fija. Era, en suma, una sociedad popular nacida de la atenuación de conflictos posteriores al final de la primera guerra.

En la constitución de cada una de las sociedades barriales tuvo enorme importancia un conjunto de asociaciones de distinto tipo: sociedades de fomento, clubes, asociaciones mutuales, comités de partidos políticos y bibliotecas populares, cuya proliferación tenía que ver con los destinos comunes y paliativos a las múltiples e imperiosas necesidades.

Aunque las bibliotecas populares existían, como ya vimos, desde fines del siglo anterior, su gran crecimiento se produjo entre 1920 y 1945:

1924 y 1930: 46

1930 y 1936: 90

1937 y 1945: 200

Hoy, 45 reconocidas por CONABIP.

En muchos casos surgieron como iniciativa de un grupo de vecinos; a veces mantuvieron existencia institucional autónoma y otras terminaron incluyéndose en algún club o, muy frecuentemente, en la escuela, aunque conservando su identidad. En muchos otros casos, surgieron adosadas a otro tipo de instituciones –clubes o sociedades de fomento- que invariablemente creían útil y necesario tener una biblioteca pública. Entre estas instituciones, la más activa fue el Partido Socialista, que para 1932 poseía 56 bibliotecas vinculadas a sus centros. La Municipalidad de Buenos Aires acompañó más lentamente este movimiento espontáneo, promoviendo sus propias bibliotecas barriales, aunque su dispersión fue menor, limitándose a los barrios más antiguos y más poblados.

Además de reunir y prestar libros, estas bibliotecas organizaban regularmente conferencias, dictaban cursos de cultura general o de capacitación profesional (como mecanografía), organizaban actividades artísticas (grupos de teatro, coros o lecturas comentadas), y también otras recreativas (bailes, picnics, fiestas).

La proliferación, entre otras cosas, también está vinculada a la alfabetización (en 1914, 18%; en 1938, 7%). Estas bibliotecas generaron una experiencia singular de cruce entre la cultura erudita y experiencias sociales vividas por los habitantes de los barrios.

Mensajes de algunas bibliotecas populares:

“centros de la cultura popular donde se forja la mentalidad del pueblo”

Las bibliotecas tenían un sentido misional y funcionaban primordialmente como agencias transmisoras y divulgadoras de la “cultura” establecida, creada y localizada en un mundo exterior al del barrio: el de los intelectuales y, en general, el del saber universal (”La biblioteca es una institución guerrera de la conquista de la ciencia y la difusión del saber” – Lema de la Corporación Mitre).

La actividad principal de las bibliotecas –antes mismo que lo específicamente atinente al libro- eran las conferencias. La verdadera conferencia estaba a cargo de alguien venido de afuera, del distante mundo de la cultura, cuya ajenidad precisamente lo erigía en oficiante de ese rito singular que era la conferencia barrial.

Cito lo que, a modo de conclusión, arguyen Romero y Gutiérrez:

“Las bibliotecas existen para reunir y hacer circular libros. Pero, a pesar de la proliferación de bibliotecas, los testimonios de la lectura distan de ser abrumadores. (…) La gran mayoría de los libros que los bibliotecarios atesoran y a veces exhiben en lujosos anaqueles con llave no son prácticamente tocados.

Tenemos la paradoja de que existe una sociedad letrada, una cultura letrada, una red de bibliotecas y, sin embargo, hay una escasa actividad de lectura en ellas. Pero precisamente la poca lectura es la prueba del peso de la cultura letrada. Aunque no se leyera o se leyera poco, los libros cumplían una función esencial, más simbólica que real, en estas instituciones de la cultura popular. Si las bibliotecas son en realidad asociaciones solidarias en torno de las cuales se articula la sociedad barrial, y también agencias culturales de objetivos diversos, su existencia requiere imprescindiblemente de los libros, que cumplen un papel aglutinador, justificatorio y legitimador. En nombre de esa suerte de objeto sagrado es posible desarrollar un conjunto de actividades que, en realidad, tienen que ver sólo indirectamente con él. Los libros funcionan, de esta manera, como una cultura objetivada, visible, mostrable y acumulable. Más que su lectura, su presencia en los estantes es la expresión directa y sin modificaciones de una cultura que cree y puede ser exhibida como un logro de la institución y del medio social todo.

Se trata de un acceso fragmentario y ocasional, pese a que la voluntad es permanente; de un picoteo asistemático a una cultura que, así adquirida, es más ornamental que útil. Y sin embargo, en torno de esto se constituyó una suerte de religión laica, en la que los libros fungían de objetos sagrados y los conferencistas de celebrantes.”

Según estos mismos autores, luego de 1945, la decadencia de las instituciones barriales y, especialmente de las bibliotecas, es visible y acelerada. A medida que se consiguen los objetivos, se satisfacen las necesidades más urgentes, el interés colectivo va declinando. Las bibliotecas, particularmente, fueron abandonando su dimensión fomentista y social y, circunscriptas a lo cultural, tuvieron más dificultades para sobrevivir.

 

 

 

Las bibliotecas en Buenos Aires hoy

 

 

Hoy debemos conformar un nuevo estadio de la historia de las bibliotecas, en donde, con un mapa rígido de situación podemos distinguir:

• BIBLIOTECAS UNIVERSALES PÚBLICAS: Biblioteca Nacional / Biblioteca del Congreso de la Nación (la primera, biblioteca de patrimonio y de uso; la segunda, biblioteca de uso)

• BIBLIOTECAS ESPECIALIZADAS (Bibliotecas de las universidades, biblioteca de maestros, biblioteca anarquista, biblioteca infantil, etc.)

• BIBLIOTECAS PÚBLICAS BARRIALES (Con intención y tradición parecida a la de las bibliotecas populares. Hoy hay 26 en la Ciudad de Buenos Aires Y dependen del Ministerio de Cultura del GCBA)

• BIBLIOTECAS POPULARES (de las que ya nos hemos referido)

• BIBLIOTECAS ESCOLARES (Existen, por escalafón, en todas las escuelas públicas y en la mayoría de las escuelas privadas y tienen como objetivo brindar apoyo a los educandos)

Y dos casos más de las que hablaremos:

• BIBLIOTECAS VIRTUALES

• BIBLIOTECAS COMUNITARIAS

Este panorama nos permite dar cuenta de un cuadro bastante atípico:

• una gran concentración de las instituciones del conocimiento universal (frente a la expansión a la que hacíamos referencia en la primera mitad del siglo pasado),

• una especialización del saber,

• la perdurabilidad, no en el apogeo al que nos referíamos, de las bibliotecas enciclopedistas barriales,

• una atomización de las bibliotecas en pequeñas instituciones informales pero con un sentido dinámico y un objetivo primordial de uso (la biblioteca que ayuda a hacer la tarea, una biblioteca en una sala de espera en el hospital, etc.)

• Y la utopía de la biblioteca infinita a través de los soportes digitales-

Todo esto se da en un contexto histórico que nos propone otros mecanismos para acceder al conocimiento:

• el acceso al libro es sensiblemente más sencillo que hace cincuenta años –sea por la importación, sea por la producción nacional, sea por la mesa de saldos-;

• la lectura es una herramienta más, y no la única de la información o el ocio;

• Y el acceso a los textos de consulta –enciclopedias, atlas, etc.- es más sencillo a través de la internet.

 

 

 

Las bibliotecas comunitarias

 

 

En este mapa, nos encontramos con la novedad de las bibliotecas comunitarias.

¿Qué son las bibliotecas comunitarias? Son pequeñas bibliotecas aliadas a servicios básicos como la salud, el techo, el deporte, ¿para qué? Para acceder a la información, para hacer la tarea, para la recreación, ahí donde la información es imprescindible a través de esa manera, donde la tarea alfabetizadora es aún fundamental, donde el ocio es indispensable o impuesto. Éstas ya no tienen un criterio iluminista sino de bien de uso inmediato. Podemos llamarlas también bibliotecas urgentes.

En la ciudad de Buenos Aires irrumpieron en un período clave y son consecuencia, entre otras cosas, de la ruptura de los contratos básicos de los estados modernos: en comunidades vulnerables y necesitadas de servicios básicos, surge la biblioteca no como institución altanera sino más bien tímida, que hace buenas migas con el pequeño centro de salud, el comedor, el parador de chicos de la calle, el hogar de ancianos, la unidad penitenciaria, el club donde los chicos juegan a la pelota o los ancianos juegan a las cartas.

Las bibliotecas comunitarias cumplen una función primaria:

• la lectura inicial,

• el acompañamiento al aprendizaje formal,

• la recreación íntima y colectiva, entre otras.

Experiencias próximas similares a la de la Ciudad de Buenos Aires podemos encontrarlas en Santiago de Cali, Colombia, Curitiba, Brasil y Las Condes, Chile.

En todas estas experiencias, pero también a lo largo y a lo ancho de la historia de las instituciones llamadas Bibliotecas, se encuentra un rol esencial: el mediador, el que aproxima el texto a su lector.

 

 

Conclusión

 

 

Hemos querido reflexionar acerca del panorama de las bibliotecas en general y en la Buenos Aires del año 2000, intentando dar cuenta de la convivencia de los distintos mecanismos de lectura institucional y factual –la narración íntima, el libro y la internet. Hemos tratado de desangelar al libro de su carácter romántico para otorgarle la idea de artificio, de mecanismo, de medio y no de fin.

Y quiero cerrar parafraseando a Walter Ong. Cada vez que él hable de “escritura”, nosotros diremos “lectura”: La lectura, como otras creaciones artificiales, y en efecto, más que cualquier otra, tiene un valor inestimable y de hecho esencial para la realización de aptitudes humanas más plenas, interiores. Las tecnologías no son sólo recursos externos, sino también transformaciones interiores de la conciencia, y mucho más cuando afectan la palabra. Tales transformaciones pueden resultar estimulantes. La lectura da vigor a la conciencia. Para vivir y comprender totalmente, no necesitamos sólo la proximidad, sino también la distancia. Y esto es lo que la lectura porta a la conciencia como nada más puede hacerlo.

 

 

 

* Mateo Niro es Licenciado en Letras (UBA) y coordinador del Programa Bibliotecas para armar.

 

 

CONTI PRESENTE

Martes, Marzo 27, 2012

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La semana de la Memoria recuerda uno de los textos prohibidos del régimen, el cuento “Todos los veranos” del escritor argentino Haroldo Conti, secuestrado y desaparecido desde 1976 por una brigada del  Ejército Argentino. Libro de arena publica un fragmento para no olvidar.

 

 

Todos los veranos

 

A veces pienso en mi viejo.

O es un barco que parte o esa gente vagabunda que trae el verano o simplemente una luz en el río. Entonces me siento en la costa y pienso en mi viejo.

Para todos, para mí mismo, la historia comienza el día que hizo volar en pedazos al Raquelita, en el 28. Era una chata de once metros con un motor Regal. El viejo tenía la maldita costumbre de mojar un papel retorcido en el carburador, luego quitaba el cable de una de las bujías, lo arrimaba al block y con la chispa encendía el papel y con el papel uno de esos cigarros que llevaba desparramados por los bolsillos. Recuerdo aquel olor pestilente y las grandes manchas marrones con dos y hasta tres aureolas en tonos más débiles donde tenía un bolsillo que había sido alcanzado por el agua. Esto sucedía bastante a me-nudo, de manera que en los viajes largos era común ver algunos cigarros secándose sobre el block. Echaban un humo más pa-recido al de una estopa empapada en gasoil que al de un auténtico cigarro.

Algunas veces el ruego se había contagiado al carburador pero mi padre no perdía la cabeza por eso. Sin dejar de encender el cigarro depositaba la otra mano sobre el carburador y ahoga-ba el fuego. Pero un día aquella mano llegó demasiado tarde. Poco a poco se había formado en la sentina un charquito de nafta que con el tiempo se extendió a todo lo largo del Raquelita. Eso, naturalmente, fue el fin. Con aquellos cigarros el viejo casi había perdido el olfato. Dos o tres veces, al inclinarse para buscar cualquier cosa, había entrevisto aquel brillo movedizo que se extendía cada vez más, pero como no estaba en condicio-nes de reparar en el olor de nada debió pensar o prefirió pensar, si es que pensó en algo, que el barco hacía un poco de agua.

Un día, pues, encendió el cigarro de acuerdo con sus procedimientos y fue como si encendiera el mundo entero de una punta a otra. Instintivamente, el viejo alargó una mano hacia el carburador pero ni el carburador, ni él estaban más allí dónde debían estar. Sin saber cómo, se encontró en medio del agua con el cigarro todavía en la boca. El Raquelita, por su parte, o lo que quedaba de él, aparecía a unos diez metros. Después de todo, nunca había lucido tan bien, ni tan espléndido aquel barco de por sí oscuro. Cada tabla brillaba como una barra de oro. Cuando voló el tanque suplementario, el viejo tuvo más bien un estremecimiento de júbilo, como si se tratara del día del juicio para un justo o algo por el estilo. Fue todo muy breve y muy solemne, según dijo.

Eso ocurrió cuando mi padre tenía cuarenta y cinco años, apenas uno después que apareció en las islas. El recuerdo de los de la costa y mi propio recuerdo arrancan de ahí. Nadie tuvo noticias del viejo hasta el 28 y la verdad es que con lo que hizo o deshizo desde entonces hasta su muerte, en el 37, hubo de sobra. (Y con todo, también a él, tan denso y macizo, tan único, se lo llevó el tiempo. ¿Quién recuerda ahora a mi padre?)

Antes del 28, según parece, estuvo transportando pólvora desde Pernambuco hasta Río Grande do Sul a bordo del Isla Madre de Dens, que voló también en su tiempo entre el faro Mostardas y Solidao, sin faro por aquel entonces. Pero éstas son meras conjeturas a través de brumosas y no expresas referencias porque el viejo hablaba poco y en un estilo complicado.

Después de lo del Raquelita compró uno de los botes sal-vavidas que habían pertenecido al Speranza, que se hundió en el Canal del Norte a la altura de Punta Colorada, en el 23. Era un casco tinglado de siete metros de eslora con dos tanques de aire. El viejo le colocó un Penta de 4 cilindros.

Por ese tiempo se instaló al fondo del Desaguadero, cerca de los bancos, en una casilla que armó con tablas de cajones de automóviles un poco apartada de la costa. Una zanja con la entrada disimulada por un sauce tumbado, que el viejo levan-taba o bajaba a voluntad con un aparejo, permitía arrimar el barquito hasta la misma casilla. Uno y otra estaban pintados con un color impreciso, entre el verde y el marrón, de manera que pasaban inadvertidos. Al viejo le reventaba un barco de ese color y toda la vida se pasó soñando con uno bien blanco. En realidad mi recuerdo parte de ahí. Lo demás es incierto y fragmentario y parece el recuerdo de otro. Ahora mismo, a pesar del tiempo, lo veo sentado en el piso de la pequeña galena que daba al frente con el sombrero rumbado sobre los ojos y los pies apoyados en la baranda. Casi toda la semana se la pasaba echado allí fumando aquellos cigarros apestosos, con una bo-tella de caña paraguaya al alcance de la mano.

—Hijo —solía decir con esa voz profunda que le salía desde adentro y medio cigarro entre los labios—, la verdad que Dios hizo seis días para descansar y el séptimo para trabajar, ya que no había más remedio. A veces el sexto y el séptimo, según como vengan las cosas. Pero estos mierdas de ingleses han dado vuelta todo el asunto…

Culpaba a los ingleses de cualquier cosa, aunque el motivo no era muy claro. Con el séptimo día el viejo estaba aludiendo a aquellas misteriosas excursiones que realizaba una vez a la semana en el antiguo bote del Speranza, que había bautizado con el nombre de Arvoredo. A veces estaba afuera dos días y dos noches, con lo que también el sexto tenía ocasión de figurar entre los días laborables. A decir verdad el viejo se afanaba más bien durante la noche de manera que eso del día se refería exclusivamente al tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta sobre sí misma, que era lo que tardaba en estar fuera de casa y más precisamente el tiempo que dejaba de estar echado en la galería del frente.

De vez en cuando volvía de aquellos viajes con un regalito. Una vez fue una navaja de Albacete y otra un rifle de un tiro calibre 12 chico, a cerrojo, para cartucho de munición. No recuerdo el fin de la navaja, que hacía un ruido siniestro al abrirse, pero sí el del rifle. Fue cuando el viejo le alargó la recámara para usar cartuchos 36-75, que algunos llaman 12 grande, y el cerrojo, no soportó la presión de la sobrecarga. Felizmente, lo había sujetado a un árbol y lo disparó a distancia.

A menudo el viejo alargaba la mano más allá de la botella de caña paraguaya y arrastraba una achacosa victrola que con-servaba de su época anterior a las islas, y cuya bocina utilizaba a veces como embudo. Tenía unos pocos discos en un cajón de Cinzano junto con los dos tomos de Las batallas de siglo XIX, desde Marengo a la insurrección de los “boxers”, una colección de postales de Río en color sepia, un catálogo de motores Gardner, un Manual del Capitán de Cabotaje, una Biblia pro-testante, el Digesto marítimo y un paquete de diarios de hojas amarillentas. Sin embargo, el viejo ponía siempre el mismo disco, Praga Onze.

O’ Deus en me acho táo cansada Ao vohar da batucada…

Cuando pienso en la letra no recuerdo nada más que el comienzo, pero a veces la música me sale desde adentro, sin proponérmelo, y entonces la recuerdo o la canto simplemente de una punta a otra.

O’ Deus eu me acho táo cansada

Ao voltar da batucada

Que tomei parte lá na praga onze…

 

Leer texto completo: aquí

 

AGENDA SEMANAL DE ACTIVIDADES DEL PROGRAMA

Lunes, Marzo 26, 2012

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Miércoles 28

Capacitación para Auxiliares de Bibliotecas Comunitarias

Procesos técnicos. Organización de la biblioteca: identificación de datos bibliográficos relevantes y posterior catalogación, confección de listados y/o fichas.

A cargo de Roberto Maier, Director de Procesos Técnicos; Luis Pestarini, Subdirector de Adquisiciones Bibliográficas y Cecilia Izquierdo, Subdirectora de Procesamiento Bibliográfico de la Biblioteca del Congreso de la Nación.

 

A las 15 hs.

Auditorio de la Biblioteca del Congreso de La Nación

Actividad con inscripción previa

 

Capacitación en Narración Oral y Lectura en Voz Alta

Conceptos teórico-prácticos acerca de la narración oral de cuentos, con el fin de incentivar la lectura en niños, adolescentes y adultos. A cargo de la narradora Gabriela Halpern.

A las 18 hs.

Auditorio del Museo Monte Piedad

Actividad con inscripción previa

 

Viernes 30

Capacitación en animación a la lectura y promoción de la biblioteca

Los participantes podrán investigar, incorporar y poner en práctica distintas experiencias de producción y reflexión artísticas en el marco de su inclusión como mediadores de lectura. A cargo de María Trombetta.

A las 17 hs.

Casa del Chubut

Actividad con inscripción previa

 

 

 

 

SEMANA DE LA MEMORIA

Lunes, Marzo 26, 2012

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En recuerdo de los libros y discursos censurados por la última dictadura militar Libro de arena publicará durante toda esta semana textos que, considerados peligrosos por el autodenominado “Proceso  de reorganización nacional” iniciado en 1976, estuvieron prohibidos y que bien vale la pena traer a la luz. Para comenzar este panorama de la memoria se presenta un fragmento de Operación masacre del periodista y escritor argentino Rodolfo Walsh desaparecido el 25 de marzo de 1977.

 

 

Primera parte

Las personas

 

1. CARRANZA

Nicolás Carranza no era un hombre feliz, esa noche del 9 de junio de 1956. Al amparo delas sombras acababa de entrar en su casa, y es posible que algo lo mordiera por dentro.Nunca lo sabremos del todo. Muchos pensamientos duros el hombre se lleva a la tumba, yen la tumba de Nicolás Carranza ya está reseca la tierra.Por un momento, sin embargo, pudo olvidar sus preocupaciones. Tras el azorado silencioinicial, un coro de voces chillonas se alzó para recibirlo. Seis hijos tenía Nicolás Carranza.Los más pequeños se habrán prendido a sus rodillas. La mayor, Elena, habrá puesto lacabeza al alcance de la mano del padre. La ínfima Julia Renée –cuarenta días apenas–dormitaba en su cuna.Su compañera, Berta Figueroa, alzó los ojos de la máquina de coser. Le sonrió conmezcla de pena y alegría. Siempre era igual. Siempre llegaba así su hombre: huido,nocturno, fugaz. A veces se quedaba una noche, después desaparecía las semanas. Por ahí le hacía llegar un mensaje: estaba en casa de tal amigo. Y entonces era ella quien iba asu encuentro, dejando los chicos a alguna vecina, y pasaba con él unas horas transidas detemor, de zozobra, de la amargura de tener que dejarlo y esperar el lento paso del tiemposin noticias suyas.Era peronista Nicolás Carranza. Y estaba prófugo.Por eso, cuando en furtivos regresos como éste algún chico del barrio le gritaba alencontrarlo: “¡Adiós, don Carranza!”, él… apresuraba el paso y no contestaba. –¡Eh, don Carranza! –lo seguía la curiosidad.Pero don Carranza –silueta baja y maciza en la noche– se alejaba rápidamente por lacalle de tierra, levantando hasta los ojos las solapas del sobretodo.Y ahora estaba sentado en el sillón del comedor, hamacando en las rodillas a BertaJosefa, de dos años, y a Carlos Alberto, de tres, y acaso a Juan Nicolás, de cuatro –todauna escalera de pibes tenía, don Carranza–, hamacándolos e imitando el fragor y el silbatode los trenes que manejaban hombres como él, gente de esa barriada ferroviaria.Después conversó con la preferida, Elena, de once años –alta y espigada para su edad,grandes ojos pardos–, le contó algo de sus andanzas mezclado con algo de fábula risueña,y la interrogó con preocupación, con miedo, con ternura, porque, la verdad, se le hacía unnudo en el corazón cada vez que la miraba, desde que estuvo presa.Presa durante varias horas, aunque parezca cuento, la tuvieron en Frías (Santiago delEstero) el 26 de enero de 1956. El padre la había dejado allí el 25 con familiares de lamadre, aprovechando uno de sus viajes regulares en la línea al Norte del Belgrano, dondetrabajaba como camarero, y había seguido de largo. En Simoca, provincia de Tucumán, lodetuvieron por una denuncia de distribuir panfletos que nunca llegó a probarse.A las ocho de la mañana siguiente la sacaron a Elena de la casa de sus parientes, lallevaron sola a la comisaría y la interrogaron durante cuatro horas. ¿Llevaba panfletos supadre? ¿Era peronista su padre? ¿Era un delincuente su padre?Se enloqueció don Carranza cuando supo la noticia. –A

mí,

que me hagan cualquier cosa. Pero a una criatura…Rugía y sollozaba.

 

15Se les disparó en Tucumán.Y seguramente desde entonces asomó un brillo peligroso en la mirada de este hombre derostro firme y despejado, que antes era de ánimo alegre, aficionado a las diversiones y ami-go preferido de todos los chicos del barrio, propios y ajenos.Cenaron todos juntos esta noche del 9 de junio en esa casa del barrio obrero deBoulogne. Después acostaron los chicos y quedaron solos, él y Berta.Ella le habló de sus penas, de sus preocupaciones. ¿El ferrocarril no les quitaría la casa,ahora que él estaba cesante y prófugo? Era una buena casa, de material, con flores en el jardín, y allí entraban todos, hasta un par de muchachas fabriqueras que había tomadocomo pensionistas para ayudarse. ¿Con qué iban a vivir ella y los chicos si se la quitaban?Le habló de sus temores. Siempre ese temor de que lo agarraran una noche cualquiera ylo golpearan en cualquier comisara hasta dejarlo idiota. Y le repitió el eterno ruego: –Entrégate. Si te entregas, a lo mejor no te pegan. Y de la cárcel se sale, Nicolás…Él no quería. Se refugiaba en afirmaciones duras, secas, definitivas: –No he robado. No he matado. No soy un delincuente.La pequeña radio, sobre la repisa del aparador, transmitía una música popular. Tras unlargo silencio Nicolás Carranza se levantó, descolgó el sobretodo de la percha y lentamentese lo puso.Ella volvió a mirarlo con expresión resignada. –¿Dónde vas? –Tengo que hacer. A lo mejor vuelvo mañana. –No dormís acá. –No. Esta noche no duermo acá.Entró en el dormitorio y fue besando a todos los chicos, uno por uno: Elena, María Eva,Juan Nicolás, Carlos Alberto, Berta Josefa, Julia Renée. Después se despidió de su mujer. –Hasta mañana.Le dio un beso, salió a la vereda y dobló a la izquierda. Cruzó la calle B., apenas unospasos y se detuvo frente a la casa 32.Llamó a la puerta.

 

Fragmento de:

Operación masacre

Rodolfo Walsh

Buenos Aires, Ediciones de La Flor, 2003.

LOS SUFRIMIENTOS DEL JOVEN GOETHE

Jueves, Marzo 22, 2012

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En recuerdo del natalicio del escritor alemán Johann Wolfgang Goethe, uno de los iniciadores del movimietno romántico europeo, Libro de arena publica una breve reseña biográfica junto con un fragmento de su primera novela Los sufrimientos del joven Werther.

 

Johann Wolfgang Goethe, nacido en Alemania en 1749, fue un poeta y escritor cuya obra asoma en el “Sturm und Drang” que anima los inicios del primer romanticismo alemán. La novela Los sufrimientos del joven Werther, que se inspira en parte de su propia experiencia vital de enamoramiento y frustración, y funda este movimiento, le otorgó reconocimiento en toda Europa. Otro de los textos de gran influencia en la literatura posterior es Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister (1795) y el Fausto de 1808, versión de la leyenda popular; un año más tarde apareció Las afinidades electivas, novela de corte psicológico y ya sobre el final de su vida, evocando recuerdos, se dedicó a su obra más autobiográfica, Poesía y verdad (1811-1831), junto con la segunda parte de Fausto. murió en Alemania en 1832.

 

He reunido con cautela todo lo que he podido acerca del sufrido Werther y aquí se los ofrezco, pues sé que me lo agradecerán; no podrán negar su admiración y simpatía por su espíritu y su carácter, ni dejarán de liberar algunas lágrimas por su triste suerte.

¡Y tú, alma sensible y piadosa, oprimida y afligida por iguales quebrantos, aprende a consolarte en sus padecimientos! Si el destino o tus errores no te permiten tener cerca a un amigo, que este libro pueda suplir su ausencia.

 

Libro Primero

4 de mayo de 1771

¡Cuánto me alegro de haber marchado! ¿Qué es, amigo mío, el corazón del hombre? ¡Dejarte, cuando tanto te amaba, cuando era tu inseparable, y hallarme bien! Sé que me perdonas. ¿No estaban preparadas por el destino esas otras amistades para atormentar mi corazón? ¡Pobre Leonor! Pero no fue mi culpa. ¿Podía pensar que mientras las graciosas travesuras de su hermana me divertían, se encendía en su pecho tan terrible pasión? Sin embargo, ¿soy inocente del todo? ¿No fomenté y entretuve sus sentimientos? ¿No me complacía en sus naturalísimos arranques que nos hacían reír a menudo por poco dignos de risa que fueran? ¿No he sido…?

¿Pero qué es el hombre para quejarse de sí? Quiero y te lo prometo, amigo mío, enmendar mi falta; no volveré, como hasta ahora, a exprimir las heces de las amarguras del destino; voy a gozar de lo actual y lo pasado como si no existiera. En verdad tienes mucha razón, querido amigo; los hombres sentirían menos sus trastornos (Dios sabrá por qué lo hizo así) de no ocupar su imaginación con tanta frecuencia y con tal esmero en recordar los males pasados, en vez de en hacer soportable lo presente.

Te ruego digas a mi madre que no olvido sus encargos y que en breve te hablaré de ellos. He visto a mi tía, esa mujer que goza de tan mala reputación en casa, y está muy lejos de merecerme mal concepto: es vivaracha y apasionada, tal vez, pero de estupendo corazón. Le expliqué todo lo relacionado con la retención de la parte de herencia de mi madre y ella me externó las razones que tenía para actuar así, me dijo las condiciones por las que estaba dispuesta a entregarme no sólo lo que se le pide, sino más. En fin, por hoy no me extenderé en este tema; dile a mi madre que todo estará bien. Estoy convencido de que la negligencia y las discusiones producen en este mundo más daños y trastornos que la malicia y la maldad. Por lo menos, éstas no abundan tanto.

Estoy aquí en la gloria. La soledad en este país encantador es el bálsamo perfecto para mi corazón, tan dado a las emociones fuertes; y la estación del momento, en la que todo se renueva y rejuvenece, derrama sobre él un suave calor. Cada árbol, cada seto, es un ramillete de flores; le dan a uno ganas de volverse abejorro o mariposa para sumergirse en el mar de perfume y respirar el aromático alimento.

La ciudad en sí es desagradable, pero en sus cercanías, en cambio, la naturaleza hace gala y ostentación de bellezas inefables. Esto fue lo que movió al difunto conde de M*** a plantar un jardín en uno de estos oteros que con gran variedad forman los valles más deliciosos. El jardín es muy sencillo y en cuanto se entra en él, se nota que no se trazó por una mano de hábil jardinero, sino por un corazón sensible que quería deleitarse. Mucho he llorado al recordarle en las ruinas de un pabellón que era su retiro predilecto y que también se ha hecho el mío. Pronto será el dueño del jardín; estoy aquí desde hace pocos días y el jardinero siempre se muestra muy atento y afectuoso conmigo. No lo perderá.

 

 

Fragmento de:

Los sufrimiento del joven Werther

Johann Wolfgang Goethe

Barcelona, Planeta, 1883.

AGENDA SEMANAL DE ACTIVIDADES LITERARIAS

Miércoles, Marzo 21, 2012

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Miércoles 21

 

Presentación del libro: Montoneros, soldados de Massera , de Carlos Manfroni

A las 18 hs.

Librería El Ateneo

Florida 340.

Inf.: 5235-4415.

 

Primera Muestra de Cine Independiente Cubano en Argentina
(Cooperativa Producciones*, La Habana)
Miércoles 7, 14, 21 y 28 de marzo a las 19hs
Sala Batato Barea
Centro Cultural Rojas, (Av. Corrientes 2038).

Capacidad 130 localidades
Entrada gratuita

Ver Programación: aquí

 

 

Segundo encuentro de escritores latinoamericanos y del Caribe por el derecho a la memoria

De 10 a 18 hs.

Sala Augusto Raúl Cortazar y aulas de la Escuela Nacional de Bibliotecarios

Biblioteca Nacional, (Agüero 2502).

Ver Programación: aquí

 

 

Presentación:Historieta. Los canillitas y Saichann: La Flor, Bacteria, Bronx

Organizado junto con Locorabia y Grupo Belerofonte. Se presentan los libros de historietas Los canillitas de Diego Agrimbau y Fernando N. Baldó y Saichann: La Flor, Bacteria, Bronx de Alberto Saichann, Ricardo Ferrari y Eduardo Mazzitelli.

A las 20 hs.

Auditorio.

Malba, (Av. Figueroa Alcorta 3415)

Entrada libre y gratuita. Hasta completar la capacidad de la sala.

 

 

Viernes 23

 

Segundo encuentro de escritores latinoamericanos y del Caribe por el derecho a la memoria

Los participantes expondrán sobre el derecho a la memoria, también habrá lecturas de poesía y narrativa y presentaciones de libros.

De 10 a 20 hs.

Sala Augusto Raúl Cortazar y aulas de la Escuela Nacional de Bibliotecarios

Biblioteca Nacional, (Agüero 2502).

Ver Programación: aquí

 

 

Lunes 26

 

Presentación del libro. Mónica Giron. Editado por Zavaleta Lab

A cargo de Santiago García Navarro, Adriana Rosenberg y la artista Las entradas para actividades gratuitas en auditorio se entregarán a partir de las 12:00 del mismo día, hasta agotar capacidad de sala.

A las 19 hs.

Auditorio.

Malba, (Av. Figueroa Alcorta 3415)

Entrada gratuita.

 

 

Martes 27

 

Presentación de la novela de María Lyda Canoso a cargo de los escritores Inés Legarreta y Darío Capelli. Leerá un fragmento de la obra Raúl Mereñuk. Finalizará la presentación con música de Gómez Tango.

A las 19 hs.

Sala Juan L. Ortiz

Biblioteca Nacional, (Agüero 2502).

 

Cine y Música de autor, septima temporada: Tata Cedrón. El regreso de Juancito Caminador, de Fernando Pérez (2011)

A las 19 hs.

Auditorio Jorge Luis Borges

Biblioteca Nacional, (Agüero 2502).

 

 

Convocatorias

 

CONCURSO DE POESÍA ‘CLUBABUELOS’ 2012

Club de abuelos de Buenos Aires abre la recepción de originales de narraciones y versos escritos en castellano y no premiados en otros concursos . Para escritores de todo el mundo y todas las edades. La recepción de originales está abierta hasta la fecha límite del día 30 de abril de 2012. Se aceptarán textos remitidos con esa fecha. Se admitirá un solo texto por autor, hasta un límite máximo de 3 folios A5 escritos a un espacio y respetando los siguientes márgenes: arriba 5 cm., izquierda y derecha 2,5 cm. No se establece limitación mínima de extensión. El tema es: Abuelo y nietos.

Cierre: 30 de abril.

 

Ver bases y condiciones: aquí