¿PUEDE UN LÁPIZ SALVAR EL MUNDO?

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Libro de arena publica un comentario sobre El lápiz del carpintero del escritor español Manuel Rivas en el día de su nacimiento acompañado por un fragmento del texto.

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Por Licia López de Casenave

Cuando todo se derrumba, cuando el mal se erige en sistema

y la crueldad en norma, ¿puede un lápiz salvar el mundo?

 

El lápiz del carpintero es la historia de la relación entre dos hombres destinados a verse desde diferentes lados del mundo, durante una época de violencia, donde el carcelero envidia al prisionero.

Es la historia de Herbal, guardián de la prisión y también perseguidor del doctor Daniel Da Barca. Herbal, que al desaparecer el régimen franquista termina de chulo en un puticlub de la ruta y le cuenta de su odio hacia el doctor a María da Visitaçâo, joven prostituta brasileña. Ese odio unas veces difuso, (cuando impide que fusilen al doctor), y otras, agudo, (cuando desearía matarlo porque ama a su mujer), pero siempre constante a lo largo de la novela.

Sin embargo, Herbal no está solo. El alma de un pintor republicano al que mató de un tiro en la cabeza lo acompaña en el lápiz de carpintero con el que este dibujaba el Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela. La presencia del pintor en el alma de Herbal lo ayuda porque el lápiz le da la posibilidad de mirar el mundo con ojos diferentes. Su pensamiento se enriquece con la voz de esa víctima, le habla durante las largas noches de imaginaria en las garitas de las prisiones, como si ese lápiz se hubiera convertido en un transmisor de su consciencia.

Una pareja de enamorados separada por la cárcel, un protagonista mesiánico que no permite la muerte del amante por amor a ella. La crudeza de la guerra civil española con sus fusilamientos y la falta de justicia como fondo, nunca como protagonista.

Manuel Rivas, el representante más importante de la literatura gallega contemporánea, elabora un relato con protagonistas subyugantes, momentos conmovedores y memorables personajes secundarios que se mueven en un eje sentimental y, como sucede en todos sus libros, con Galicia como telón de fondo.

Una novela realista pero también mágica. Una novela como una metáfora que demuestra el poder del amor.

Al igual que en La lengua de las mariposas, su libro anterior, el lector se sumerge en su inconfundible respiración y cadencia en cada palabra del relato.

El libro fue publicado en octubre de 1998 en gallego por Xerais Edicions y luego traducido al castellano.

 

Bibliografía en castellano:

La mano del emigrante

Las llamadas perdidas

El héroe

El lápiz del carpintero

El pueblo de la noche (poesía)

Ella, maldita alma

En salvaje compañía

Los libros arden mal

Mujer en el baño

Qué me quieres, amor

Todo es silencio

A cuerpo abierto

La desaparición de la nieve (poesía. Publicado en España en gallego, euskera, catalán y castellano)

 


“A veces, el difunto descabalgaba de la montura de la oreja, se le iba de la cabeza y tardaba en volver. Andará por ahí, en busca de su hijo, pensaba el guardia Herbal con algo de nostalgia, porque al fin y al cabo el pintor le daba conversación en las horas de vigilia, en las noches de imaginaria. Y le enseñaba cosas. Por ejemplo, que lo más difícil de pintar era la nieve. Y el mar, y los campos. La amplias superficies de apariencia monocolor. Los esquimales, le dijo el pintor, distinguen hasta cuarenta colores en la nieve, cuarenta clases de blancura. Por eso, los que mejor pintan el mar, los campos y la nieve son los niños. Porque la nieve puede ser verde y el campo blanquear como las canas de un anciano campesino.

¿Usted ha pitado nieve alguna vez?

Sí, pero fue para el teatro. Una escenografía de hombres lobo. Si pones un lobo en el medio, todo es mucho más fácil. Un lobo negro, como un tizón vivo a lo lejos, y como mucho un haya desnuda pintados sobre una sábana. Alguien que diga, nieve y ya está. Qué maravilla, el teatro,

Me resulta raro eso que dice, dijo el guardia rascándose la barba rala con el punto de mira del fusil.

¿Por qué?

Pensé que para usted, como pintor, eran más importantes las imágenes que las palabras.

Lo importante es ver, eso es lo importante. De hecho, añadió el pintor, se dice que Homero, el primer escritor, era ciego.

Eso querrá decir, comentó el guardia con algo de sorna, que tenía muy buena vista.

Sí, exacto. Eso quiere decir.

Ambos callaron atraídos por la tramoya del crepúsculo. El sol discurría tras el monte de San Pedro hacia un muelle de exilio. Al otro lado de la ensenada las primeras acuarelas del faro hacían más intensa la balada del mar.

Poco antes de morir, dijo el pintor, y lo dijo como si el hecho de haber muerto fuera algo ajeno a ambos, pinté esta misma estampa, la que estamos viendo. Fue para la escenografía de Canto Mariñán de la Coral Ruada, en el Teatro Rosalía de Castro.

Me gustaría haberlo visto, dijo el guardia con  sentida cortesía

No era nada del otro mundo. Lo que sugería el mar era el faro, la Torre de Hércules. El mar era la penumbra. Yo no quería pintarlo. Quería que se oyese, como una letanía. Pintarlo es imposible. Un pintor cabal, cuanto más realista quieras ser, sabe que el mar no se puede llevar a un lienzo. Hubo un pintor, un inglés, se llamaba Turner, que lo hizo muy bien. La imagen más impresionante que existe del mar es su naufragio de un barco de negreros. Allí se escucha el mar. Es el grito de los esclavos, esclavos que quizá no conociesen del mar más que el vaivén de las bodegas. A mí me gustaría pintar el mar desde dentro pero no como un ahogado, sino con escafandra. Bajan con lienzo, pinceles y todo, como dicen que hizo un pintor japonés.

Tengo un amigo que quizá lo haga, añadió con una sonrisa nostálgica. Si antes no se ahoga en vino. Se llama Lugris.

La del crepúsculo era, por alguna razón, la hora preferida por el pintor para visitar la cabeza del guardia herbal. Se le posaba en la oreja con firme suavidad, a horcajadas, como el lápiz del carpintero

Cuando sentía el lápiz, cuando hablaban de esas cosas, de los colores de la nieve, de los colores del pincel en el silencio verde de los prados, del pintor submarino, de la linterna de un ferroviario abriéndose paso en la niebla de la noche o de la fosforescencia de las luciérnagas, el guardia Herbal notaba que le desaparecían los ahogos como por ensalmo, el burbujear de los pulmones como un fuelle empapado, los delirios de sudor frío que seguían a la pesadilla de un tiro en la sien. El guardia Herbal se sentía bien siendo lo que en ese instante era, un hombre olvidado en la garita. Conseguía por fin acompasar su corazón al cincel del cantero. Latía con la rutina de un servicio mínimo. Su pensamiento era un proyector luminoso de un cinematógrafo. Como cuando, de niño pastor, su mirada sostenía un reyezuelo picando el perfil del tiempo en la vertical de la corteza, o aguantaba una brizna de hierba al borde del reloj fatal del remolino en la fuente.

Fíjate, las lavanderas están pintando el monte, dijo ahora el difunto.

Sobre los matorrales que rodeaban el faro, entre los peñascos, dos lavanderas tendían la ropa a clarear. Su lote era como el vientre de trapo de un mago. De él quitaban interminables piezas de colores que repintaban el monte. Las manos rosadas y gordezuelas seguían el dictado de los ojos del vigía, guiados a su vez por el pintor: Las lavanderas tienen las manos rosas porque de tanto fregar y fregar en la piedra del agua se les van quitando los años de la piel. Sus manos son las manos de cuando eran niñas y comenzaron a ser lavanderas.

Sus brazos, añadió el pintor, son los mangos del pincel. Del color de la madera del aliso, porque también se formaron junto al río. Cuando escurren la ropa mojada los brazos de las lavanderas se tensan como las raíces de la orilla. El monte es como un lienzo. Fíjate. Pintan sobre tojos y zarzas. Las espinas son las mejores pinzas de las lavanderas. Ahí va. La larga cincelada de una sábana blanca. Dos trazos de calcetines rojos. El temblor liviano de una lencería. Extendida al clareo, cada pieza de ropa cuenta una historia.”

 

 

Fragmento de:


El lápiz del carpintero

Manuel Rivas

Barcelona, Alfaguara,1998.

 

 

 

 

 

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