La primera estación

En este breve relato se cuenta la experiencia inaugural de un ciclo de encuentros que se realizarán en la Casa de Bahía Blanca en Buenos Aires y que tratarán sobre la literatura latinoamericana contemporánea. Todos los viernes, Libro de arena publicará las impresiones de un testigo privilegiado de estos encuentros a la hora de la siesta.

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Por Alvar T.

El lunes pasado comenzó una nueva experiencia de lectura en la Ciudad. No es que se trate de algo radicalmente novedoso a todas las propuestas que pueden haberse realizado en todo el tiempo, pero como toda práctica –y más una como ésta- se compone de personas que las vuelven plenas, originales y distintas. Y ahí estuvimos ese lunes a la hora de la siesta para conversar sobre la literatura latinoamericana contemporánea.
Llegué puntual y fui saludando a quienes fueron llegando. También a Mario Méndez, quien coordinará estos encuentros en la bellísima y pulcra Casa de Bahía Blanca en Buenos Aires, en la calle Tacuarí al 100.
Éramos apenas un puñadito de personas que no nos conocíamos los que escuchamos a Mario cuando se refirió a los autores que trataríamos en estos encuentros como los hijos y nietos de los escritores del boom. Me gustó la definición. A veces los hijos son idénticos a los padres, a veces mejores, a veces peores, pero lo que sí no se puede pensar una cosa sin la otra. Algunos de estos autores que iremos leyendo y conversando son Guillermo Martínez y Liliana Bodoc de Argentina, Antonio Skármeta y Roberto Bolaño de Chile, Laura Restrepo y Juan Gabriel Vásquez de Colombia, Juan Villoro de México, Edmundo Paz Soldán de Bolivia, Santiago Roncagliolo de Perú y Junot Díaz de República Dominicana. ¿Qué tal?
En este primer día todos hicimos las presentaciones de rigor. Como era de esperarse, entre historias y vivencias diferenciales, los caminos se acoplaron cuando se habló de la lectura. Incluso, una de mis nuevas compañeras (ya me voy a ir acordando de los nombres. Es cuestión, como casi siempre, de que el tiempo pase) se emocionó al recordar alguna líneas de la autobiografía de Amos Oz. También, ella nos repartió caramelos. Es una linda señal de comienzo.
El primer autor que trataremos será Skármeta. Mario leyó a propósito de esto una partecita del prólogo de No pasó nada. Yo de él sólo conozco la versión de su novela que se hizo en el cine, El cartero.
La recuerdo con una sensación de nostalgia y no porque el tiempo haya pasado también acá sino porque la película en sí era dulce y melancólica. Ahora voy a leer para el próximo encuentro El baile de la victoria; así lo pidió Mario y así quedamos en este tren. Ahí nos veremos cuando llegue la próxima estación.

 

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