Archivo Agosto 1, 2011

AGENDA SEMANAL DE ACTIVIDADES DEL PROGRAMA

Lunes, Agosto 1, 2011

 

* Actividad Destacada *

 

Máquinas Imposibles

 

El Programa Bibliotecas para armar, junto con el Programa de Juegotecas Barriales del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, invita a imaginar y diseñar máquinas “imposibles” a través de la lectura y las artes plásticas.

 A partir de cuentos que teletransportan en un viaje de ciencia y ficción, la actividad plástica propone diseñar piezas de una maquinaria de encastre, en técnicas de collage y papel maché. También se creará a través de la palabra, en un tipo de relato en progreso, un mundo posible de acción y personajes.

Destinado a chicos de 6 a 8 años.

 

Jueves de 16.30 a 18.30 hs

Inicia jueves 4 de agosto

Duración: 5 encuentros.

Coordinado por Claudia Fernández

Juegoteca Club Catalinas, Pi y Margall y Almirante Brown.

Actividad gratuita

Informes: 4124-5912 /13 /14

 

 

 

Cursos Capacitaciones

 

 

Miércoles 3

 

Narración oral y lectura en voz alta

Conceptos teórico-prácticos acerca de la narración oral de cuentos, con el fin de incentivar la lectura en niños, adolescentes y adultos.

A las 18 hs.

Auditorio del Museo Monte Piedad

Av. Boedo 870, 2º Piso (por escalera) – Boedo

 

 

Viernes  5

 

Ciclo de narraciones

Los alumnos del ciclo de Narración oral y lectura en voz alta visitarán A libro abierto, para contar cuentos a los niños que asisten a la biblioteca.

 A las 9.30 hs.

Manzana 22. Casa 30. Villa 31 – Retiro

 

Capacitación en animación audiovisual para la promoción de la lectura

Espacio en el cual los participantes pueden investigar, incorporar y poner en práctica los instrumentos que ofrecen las diferentes técnicas de dibujo animado tradicional.

A las 16 hs.

Casa de Bahía Blanca

Tacuarí 147 -  Monserrat

 

Capacitación en Animación a la lectura y promoción de la biblioteca

Los participantes podrán investigar, incorporar y poner en práctica distintas experiencias de producción y reflexión artísticas en el marco de su inclusión como mediadores de lectura.

A las 17.30 hs.

Biblioteca Juana Azurduy

Chile 1432 - Monserrat

 

 

Sábado 6

 

Taller de producción audiovisual

Realización de cortometrajes con la técnica de animación stop motion en plastilina.

A las 9 hs.

Biblioteca comunitaria El Pastorcito

Manzana 5 – Casa 53 Villa Fátima – Villa Soldati

 

 

“Biblioteca Abierta”

 

 

El Proyecto Biblioteca Abierta que lleva a cabo el Programa Bibliotecas para Armar acompaña de manera activa el trabajo que realizan día a día las Bibliotecas Comunitarias de la Ciudad de Buenos Aires, realizando diversas actividades con el objetivo de promover la lectura y el buen funcionamiento de las bibliotecas.

 

Biblioteca Andrés Tejera

Fundación El pobre de Asís

Rómulo Naón 3200 – Coghlan

Martes 9.30 a 11 hs.

 

Biblioteca CAF 8

Av. Piedrabuena 3741 – Villa Lugano

Jueves 11 a 15 hs.

Actividad destinada a niños de la institución.

Para mayor información comunicarse al teléfono 4601-4727

 

Biblioteca CIENCIA Y LABOR

Club Ciencia y Labor

César Díaz 2453 – Villa General Mitre

Martes de 9 a 13 hs.

 

Biblioteca COGHLAN

Asociación Amigos de la Estación Coghlan

Estomba entre Rivera y Franklin D. Roosevelt – Coghlan

Martes  10.30 a 12 hs.

 

Biblioteca EL TIMBÓ

Parque de Flora Nativa B. Quinquela Martín

Irala 600 – La Boca

Jueves 11 a 15 hs.

 

Biblioteca JUANA AZURDUY

Cooperativa CEFOMAR

Chile 1432 – Monserrat

Miércoles de 14.30 a 18.30 hs.

 

Biblioteca LEOPOLDO MARECHAL

Barrio Rivadavia 1

Bonorino y Castañares Casa 642 B – Barrio Rivadavia 1

Martes 17 a 20 hs.

 

Biblioteca MARIANO MORENO

Asociación Atlética  Argentinos Juniors

Tronador y Bauness – Paternal

Martes y Viernes 17 a 19 hs.

 

Biblioteca OFELIO VECCHIO
Polideportivo Nueva Chicago

Lisando de la Torre 2288 -  Mataderos
Martes de 14 a 18 hs.

 

Biblioteca PADRE DANIEL DE LA SIERRA

Comedor Padre Daniel de la Sierra

Manzana 24. Casa 30 – Villa 21/24 – Barracas

Jueves 13 a 15 hs.

 

Biblioteca RAYUELA

Hospital General de Agudos “Dr. E. Tornu”

Unidades 5 y 6 – Clínica médica

Ex Combatientes de Malvinas 3002 – Agronomía

Miércoles 9 a 11 hs.

 

Biblioteca SANTA ANA Y SAN JOAQUÍN

Mensajeros de la Paz

Culpina 1021 – Flores

Martes 9.30 a 12 hs.

 

EL MONSTRUO DE MELVILLE

Lunes, Agosto 1, 2011

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Libro de arena recuerda al escritor estadounidense Herman Melville en su natalicio, a través de una reseña biográfica y un fragmento de su obra más conocida Moby Dick.

 

Nacido en Nueva York en 1819, Herman Melville es considerado uno de los autores ubicados en la cima del romanticismo estadounidense. Pese a la falta de aceptación del público lector y de la crítica de su época, Melville logró consagrarse como escritor caracterizado por la creciente complejidad de su obra que alcanzaría con la novela Moby Dick (1850) también un tardío reconocimiento. Moby Dick ocupa el lugar simbólico de lo absoluto como un fin inalcanzable por el hombre capaz de sacrificar su cuerpo hasta el límite mismo de la muerte. El siglo XX dio esplendor a este personaje en la pantalla grande que cuenta entre otras versiones con la protagonizada por Gregory Peck en el papel del capitán Ahab y la participación de Orson Welles en el film dirigido por John Huston. Entre su obra cuentan: Mardi  (1849), Redburn (1849), La guerra blanca (1850), Pierre (1852) y Cuentos del mirador (1856), que contiene el relato «Bartleby el escribiente», considerado como precursor de la obra de Kafka, Israel Potter (1855) y El confidente (1857) fueron las últimas obras que publicó en vida, dado que su novela Billy Budd apareció recién 1924. murió en 1891 en Nueva York.


 

 

 

 

Pueden ustedes llamarme Ismael. Hace algunos años-no importa cuántos, exactamente-, con poco o ningún dinero en la billetera  y nada de particular que me interesara en tierra, pensé darme al mar y ver la parte líquida del mundo. Era mi manera de disipar  la melancolía y regular la circulación. Cada vez que la boca se me tuerce en una mueca amarga; cada vez que en mi alma se posa un noviembre húmedo y lluvioso; cada vez que me sorprendo deteniéndome, a pesar de mí mismo, frente a las empresas de pompas fúnebres o sumándome al cortejo de un entierro cualquiera y, sobre todo, cada vez que me siento a tal punto dominado por la hipocondría que debo acudir a un robusto principio moral para no salir deliberadamente a la calle y derribar metódicamente los sombreros de la gente, entonces comprendo que ha llegado la hora de darme al mar lo antes posible. Estos viajes son, para mí, el sucedáneo de la pistola y la bala. En un arrogante gesto filosófico, Catón se arroja sobre su espada; yo, tranquilamente, tomo un barco. No hay nada de asombroso en esto. Pocos lo saben, pero casi todos los hombres, sea cual fuere su condición, alimentan en un momento dado esos sentimientos que me inspira el océano. Aquí está, pues, la ciudad insular de los manhattoes, rodeada de muelles como las islas indígenas por los arrecifes de coral. El comercio la ciñe con su oleaje. A derecha e izquierda, las calles llevan hacia el mar. En la punta extrema de la ciudad está el fuerte, augusta mole refrescada por brisas y bañada por aguas que, pocas horas antes, eran invisibles desde tierra. Miren ustedes la multitud que contempla las olas.

Recorran ustedes la tarde soñolienta de un sábado. Vayan desde Corlears Jock hasta Coenties Slip y desde allí pasando por Whitehall, hacia el norte. ¿Qué ven ustedes?

Apostados como centinelas silenciosos en torno a la ciudad toda, hay millares y millares de mortales perdidos en divagaciones oceánicas. Algunos apoyados contra los pilotes; otros sentados en las escolleras; otros mirando más allá de las amuradas naves llegadas desde China.; otros en lo alto de los aparejos, como empeñados en obtener una vista aún más amplia del mar. Pero todos son hombres de tierra firme: durante la semana están encerrados entre cuatro paredes, atados a mostradores, clavados en bancos, pegados a escritorios. ¿Qué ha ocurrido? ¿Han desaparecido las verdes praderas? ¿Qué hacen aquí estos hombres?

Pero ¡miren ustedes! Llega aún más gente. Todos avanzan hacia el agua y parecen resueltos a zambullirse. ¡Qué extraño! Nada los contentaría tanto como el límite extremo de la tierra; no les basta vagabundear a la sombra de los depósitos que rodean el puerto. No. Tienen que acercarse todo lo posible al agua, sin caer en ella. Y ahí se quedan, inmóviles, en una extensión de millas, de leguas. Todos hombres de tierra adentro: fluyen por sendas y callejas, por calles y avenidas…desde el norte, el este, el sur, el oeste. Y sin embargo, aquí se reúnen todos. Díganme ustedes: ¿acaso los atrae el poder magnético de la aguja de las brújulas de todas esas naves?

Y esto no es todo. Supongamos que se encuentren ustedes en algún paraje elevado, donde abunden los lagos. Tomen cualquier sendero que se les antoje: casi siempre irán a dar, a través de un valle, a un estanque formado por la corriente. Hay en ello algo mágico. Elijamos al más distraído de los hombres sumergido en su más honda ensoñación; pongámoslo en pie y nos llevará, infaliblemente, hacia el agua, si hay agua en esa región. Y si alguna vez están ustedes sedientos en el gran desierto norteamericano, hagan este experimento, si es que por casualidad hay un profesor de metafísica en la caravana. En efecto: como todos sabemos, agua y meditación siempre han estado unidas.(…)

Ahora bien: cuando digo que tengo el hábito de darme al mar cada vez que siento una niebla ante los ojos y empiezo a preocuparme por mis pulmones, no hay que deducir que viajo como pasajero. Para viajar como pasajero debe uno llevar una billetera, y una billetera es sólo un harapo cuando no contiene nada. Por lo demás, los pasajeros se marean, se pelean entre sí, no duermen de noche y, por regla general, no se divierten demasiado. No; nunca viajo como pasajero. Y aunque en cierto modo soy marinero de agua salada, tampoco voy al mar como comodoro, capitán o cocinero. Abandono la gloria y la distinción de esos oficios a quienes gustan de ellos. Por mi parte abomino de todos los trabajos, dificultades y tribulaciones honrosas y respetables, de cualquier clase que sean. Me basta con cuidar de mí mismo, sin cuidarme de barcos, barcazas, bergantines, goletas o lo que fuere.(…)

No, cuando me doy al mar, lo hago como simple marinero, bien plantado frente al mástil, bien metido en el castillo, bien encaramado al palo mayor.

 

 

 Fragmento de:

 

 

 Moby Dick

 Herman Melville

 Madrid, Alianza, 2008