Archivo Julio 5, 2011

COCTEAU, EL “TERRIBLE”

Martes, Julio 5, 2011

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Libro de arena recuerda al multifacético artista Jean Cocteau a 122 años de su nacimiento con una reseña biográfica y un fragmento de su obra de teatro Los padres terribles (1938).

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(Maisons-Laffitte, Francia, 1889-Milly-la-Foret, id., 1963) Escritor, dramaturgo, actor, pintor y director cinematográfico francés. Hijo de una familia burguesa aficionada al arte y a la cultura, publicó su primer libro de poemas, La lámpara de Aladino (1909), a los diecinueve años de edad. Afincado en el barrio parisino de Montparnasse, trabó amistad con los artistas más significativos de la época. Escribió varias obras de teatro, como Antígona (1924) y Orfeo (1927), novelas, como Los niños terribles (1929) y La máquina infernal (1934), y también ensayos, entre los que destaca Diario de un desconocido (1954). En 1932 estrenó su primera película, La sangre de un poeta, a la que siguieron La bella y la bestia (1946) y una recreación de Orfeo (1950). Por lo que se refiere a su actividad como pintor, cabe destacar los frescos del ayuntamiento de Menton y los de la capilla de Saint-Pierre en Villefranche-sur-Mer. La obra de Cocteau destaca por su falta de convencionalismo y por su gran versatilidad, e influyó poderosamente sobre otros autores.

Fuente: Biográfica.info

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Acto l-Escena 2

Ivonne-Leo, ¿dónde ha dormido ese chico? ¿Cómo no se imagina que me enloquece?… ¿Cómo es que no me telefonea? Vamos, no es tan difícil llamar por teléfono…

Leo-Depende. Si hay que mentir, los seres limpios, nuevos, torpes como Michel, detestan el teléfono.

Ivonne- ¿Por qué habría de mentir?

Leo- Una de dos: o no se atreve a regresar ni a telefonear; o se encuentra tan bien fuera que no piensa en ninguna de las dos cosas. De todos modos, oculta algo.

Ivonne- Yo conozco a Mik. No vas a enseñarme a conocerlo. Que se olvide de volver no es posible. Y si no se atreve a llamar por teléfono, es quizá porque corre un peligro mortal. Tal vez no puede telefonear.

Leo- Siempre se puede telefonear. Michel puede telefonear y no quiere.

Ivonne- Desde esta mañana estás rara, tienes un aspecto demasiado tranquilo. Tú sabes algo.

Leo- No es que sepa algo. Estoy segura de algo. No es lo mismo.

Ivonne- ¿De qué estás segura?

Leo- No vale la pena decírtelo, no lo creerías. Seguramente ibas a exclamar: “Es in-cre-í-ble”, porque es increíble cómo empleáis todos esa palabra desde hace un tiempo.

Ivonne- ¡Oye!…Es una palabra de Michel…

Leo: Es posible. Pero a veces una palabra llega de afuera a una familia que la adopta. La trae alguno. A vuestro “in-cre-í-ble” le encuentro un aire de niñito robado. ¿De dónde viene? Es lo que me pregunto. Me gustaría mucho saber de dónde viene.

Ivonne- (Riendo) No tiene nada de extraordinario que unos maniáticos, unos locos, unos gitanos, unos ladrones de niños, una familia que vive en un carromato…

Leo- Bromeas, Ivonne, porque he dicho que vivíais en un carromato. Pero es exacto. Lo repito. Y también es exacto que sóis locos.

Ivonne- La casa es un carromato de gitanos. Estoy de acuerdo. Somos locos, estoy de acuerdo. ¿Quién tiene la culpa?

Leo- ¡Vas a sacar a relucir al abuelo!

Ivonne- Que coleccionaba puntos y comas. Contaba los puntos y comas de Balzac. Decía:”Tengo treinta y siete mil puntos y comas en “La cousin Bette”. Y creía equivocarse y comenzaba de nuevo sus cálculos. Sólo que en aquella época no se decía un loco. Se decía “un maniático”. Hoy, con un poco de complacencia, todo el mundo pasaría por loco.

Leo- Pongamos que sóis maniáticos. Lo reconoces.

Ivonne- Tú también, en tu tipo, eres una maniática.

Leo- Es probable, una maniática del orden así como vosotros sóis maniáticos del desorden. Sabes de sobra por qué me legó si pequeñísima fortuna nuestro tío. Daba por sobrentendido que os mantendría.

Ivonne- ¡Leónie!

Leo- No te enojes. No formulo ninguna queja. Nadie admira a Georges más que yo. Y me hace muy feliz que gracias a éste legado pueda continuar sus investigaciones.

Ivonne- Vamos, que tú, tú te tomes en serio esas investigaciones…no puedo creerlo…Fíjate, Georges es el prototipo del maniático.¡Perfeccionar el fusil submarino! ¡Aquí entre nosotras, es ridículo a su edad!…

Leo- Georges es un niño. Sólo ha leído sus libros escolares y Julio Verne. Es chapucero, pero es un inventor. Eres injusta.

Ivonne- ¡El asunto de las municiones…lo admito…porque Georges es amigo de colegio del Ministro! Lo admito…aunque el pedido siga en pie. En cuanto al fusil submarino de balas… ¿Quieres que te diga qué pienso de él? Le faltaba al carromato un “tirador submarino”. Yo, con mis viejos peinadores, soy la tiradora de cartas. Tú, la domadora; estarías soberbia de domadora…y Mik…Mik…

(Busca)

Leo- La octava maravilla del mundo.

Ivonne- Eres mala…

Leo- No soy mala, te observo desde ayer, Ivonne, y me felicito de haber traído un poco de orden al carromato. En este mundo hay niños y personas mayores. Tú…, Georges…, Mik…, sóis de la raza de los niños que nunca dejan de serlo, que cometerían crímenes…

Fragmento de:

Los padres terribles

Jean Cocteau

Losada, 2006