Archivo Julio, 2011

JAVIER ROVELLA: “NO PUEDO ESTAR SIN DIBUJAR, DE CHICO DEJABA DE IR A LA PLAYA PARA QUEDARME DIBUJANDO.”

Viernes, Julio 29, 2011

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Libro de arena publica la entrevista realizada al dibujante e historietista Javier Rovella, autor de la tira Dante Elefante y Niko y Miko, que realizaron los chicos de primer y segundo año del Instituto Cabrini, bajo la coordinación del profesor Ayar Blasco, en la Biblioteca Ciencia y Labor. En la charla Rovella comparte los detalles de sus inicios y su formación como dibujante y su actual profesión de historietista.

 

 

Ayar Blasco: Hola chicos mi nombre es Ayar. Hago animación y he venido algunas veces a realizar actividades a Ciencia y Labor. Hoy coordinaré el reportaje que ustedes mismos le van a hacer a Javier Rovella. Javier es dibujante de historietas y amigo mío hace mucho tiempo. Él se ha dedicado a la historieta profesionalmente, ha publicado en un montón de lugares, ha pasado incluso por cine de animación y trabajó en muchas películas. Después de esta especie de introducción Rovella les va a contar un poquito qué es lo que está haciendo ahora. Un aplauso para Javier.

 

(Aplauso)

 

Rovella: Actualmente estoy trabajando para algunos medios como Billiken, donde estoy publicando un personaje mío que es Dante Elefante y aparte una historietita ecológica de dos páginas que creo que termina este viernes. Estoy trabajando también en un diario, haciendo una tira de lunes a viernes, en Muy “el diario de la calle”, y el último libro que me editaron fue Niko y Miko, el lenguaje de la historieta con juegos que tiene algo de historieta y algo de juegos pero todo con lenguaje de historieta. Este libro, que es el primero de una colección que va a sacar la editorial Albatros, lo protagonizan dos personajes que viajan por el espacio y caen en distintos planetas, cada uno de los cuales es un planeta de historietas. Cada página del libro es un juego relacionado con algún elemento de la historieta, desde la viñeta hasta las onomatopeyas. Esto es básicamente lo que estoy haciendo.

 

Ayar: Veo que están bastante preparados así que el que primero que levante la mano se gana hacer una pregunta.

 

Público: ¿Cuándo decidiste ser lo que sos ahora?

 

Rovella: ¡Qué soy ahora es la pregunta! Que quería ser historietista y vivir de la historieta es algo que todavía estoy tratando de lograr, estoy luchando por eso. Pero que quería dibujar siempre lo supe, es algo de toda la vida, lo sé desde que era chiquitito. No paraba de dibujar. Me acuerdo que en las vacaciones se iban todos a la playa y yo me quedaba en la casa dibujando porque no podía estar los quince días o el mes entero que me iba sin dibujar; entonces todos se iban pero yo dos o tres días a la semana sí o sí me tenía que quedar dibujando. Siempre supe que quería ser eso. Pero es difícil, hay que estudiar, relacionarse con gente, presentar trabajos, hacer muestras, pero trabajando a todo se llega.

 

Público: ¿De las que hiciste cuál es tu favorita?

 

Rovella: Por ahí lo que más me gusta, pero por ahí porque tuvo un poco más de repercusión y lo pude publicar en una revista de Francia durante más de un año y medio, es el personaje de Dante Elefante que ahora estoy publicando en Billiken. Así que me sigue dando satisfacciones el personaje: el año pasado también salió en un manual Kapelusz y llegó a los colegios. Es este, pero porque es el que más satisfacciones me dio.

 

Público: ¿En qué o quién te inspiraste para hacer a Dante Elefante?

 

Rovella: ¿Qué? ¿Me ven parecido a Dante Elefante? (risas). En realidad, surgió espontáneamente, yo venía dibujando elefantitos –todo el tiempo dibujo, tengo en el bolso un cuaderno y siempre que tengo cinco minutos dibujo- y era una época que no sé por qué pero dibujaba todo el tiempo elefantes cuando justo me pidieron una historieta para una web que ya no existe más que se llamaba Biblioteca imaginaria. Les mandé un guión cualquiera pero con un elefante, podría haber sido un nene, una jirafa, cualquier cosa. Gustó y me pidieron algunos más. Después lo presenté en esta revista de Francia donde mandé tres chistes, que era todo lo que tenía entonces, y les encantaron. Me pidieron diez más, si era que tenía, y por supuesto que les dije que sí. Así que me puse a dibujar. Salió espontáneamente como muchos de mis personajes.

 

Público: ¿Cuánto tarda en escribirse una historieta?

 

Rovella: Depende de qué sea, de qué se trate. Por ejemplo, ahora Dante Elefante está saliendo de una tira en Billiken, o sea que se hace rápido. En un día se hace tranquilo y a veces son de una página pero en un día se hace. Lo que pasa es que después tengo otras cosas, como este libro que es toda una aventura larga de 44 páginas que sí me lleva bastante más tiempo por el hecho de que no es lo mismo hacer un guión para una página que una historia de 44 páginas que tiene que tener un clima o una tensión constante para que el interés no se caiga nunca. Con las historietas largas como esta estoy cinco meses más o menos.

 

Público: ¿Te basaste en alguna historia real para hacer una historieta?

 

Rovella: No, pero sí me baso en un montón de cosas que me pasan, que me cuentan y en base a eso invento algo completamente distinto. Sí, las vivencias de uno inevitablemente están en los trabajos que uno desarrolla. Eso es inevitable.

Público: ¿Qué era “El Fascinante mundo de la historieta” del cual participaste en el 2006?

 

Rovella: “El fascinante mundo de la historieta” es parte de mi trabajo. Yo formo parte de un grupo que se llama “Banda dibujada”, que lo que hacemos es dar talleres en colegios, asesoramos editoriales con algunos títulos de historietas para chicos; “El fascinante mundo de la historieta” es una colección de historietas de media página, o sea son dos tiritas solas que hablan sobre la historieta. Esto lo generó el grupo “Banda Dibujada” que convocó a distintos autores de todos lados para que trabajaran un elemento distinto de la historieta; ahí fue donde nació Dante Elefante porque su primer chiste era sobre los globitos, de diálogo, de pensamiento, de grito. A mí me convocaron para formar parte de esa idea.

 

Público: ¿Alguna vez te identificaste con alguno de tus personajes?

 

Rovella: No, por la dudas digo que no. No, pero todo tiene algo de uno. Eso pasa, desde el dibujo hasta alguna salida, un comentario, pero por lo que contaba antes, que uno dibuja cosas que va viviendo y las va adaptando. Si uno no viviera nada es difícil contar una historia. Sin experiencias es difícil que se te empiecen a ocurrir cosas.

 

Público: ¿En qué momento del día te sentás a dibujar?

 

Rovella: Había una época que trabajaba mucho de noche. Después empecé a trabajar en un estudio de animación en que había que cumplir un horario, trabajaba todo el día ahí, y a la noche en mi casa, dos o tres horas nada más porque llegaba muy cansado. Ahora se me complica porque tengo una nena de un año así que dibujo en los tiempos que ella me deja.

 

Público: ¿Cuánto tiempo hay que estudiar para ser historietista?

 

Rovella: En realidad, no hay una carrera de historietista. Hay muchos cursos que son buenísimos. Yo estudié en una escuela de arte, en la Manuel Belgrano, hice siete años ahí. Lo tomé como un secundario. Ahí tenía todo relacionado con el arte: pintura, dibujo, de todo. Y después sobre historieta hice, en mis tiempos libres, un montón de cursos. Pero también implica leer mucho, generar, sentarte a dibujar. Creo que ahora en la Universidad de Palermo ahora hay una carrera, pero no sé cuánto dura.

 

Público: ¿Te gusta escribir más para chicos o para grandes?

 

Rovella: Se fue dando casi naturalmente ir trabajando casi todo para chicos. Yo hacía cosas para adultos también pero no sé, me llamaban sólo por los trabajos que yo hacía para chicos entonces mi trabajo fue decantando y se orientó para ese lado. No sé si es por mi estilo o por mi forma de laburar, la cuestión es que ahora hago casi todo para chicos. Que en realidad es medio engañoso porque hay un montón de cosas que las puede leer tanto un chico como un adulto, el tema es que cada uno hace una lectura diferente.

 

Público: ¿A la hora en que te contrató el diario Muy, ya que lo que hacés suele leerse bastante y sale todos los días, te pidieron alguna bajada de línea?

 

Rovella: Por suerte no. Yo puedo hacer lo que quiero, lo que pasa es que uno sabe en qué lado está y qué cosas puede decir y qué cosas no. A mí no me van a obligar a decir cosas que yo no pienso y no voy a hacer cosas para quedar bien con el diario, yo hago mi trabajo. Ahora lo que estoy haciendo es atemporal, es un humor no tan social o político. En realidad, la mayoría de los diarios ya no tienen ese tipo de humor. Es más, publiqué en Tiempo Argentino y en Muy, los dos extremos.

 

Público: ¿Cuáles son los recursos que utilizás para dejar algún mensaje entre líneas si es que lo hacés, como en el Oficial Yuta por ejemplo?

 

Rovella: Lo que pasa es que en el Oficial Yuta el personaje es un policía corrupto, un cliché que la gente maneja sobre la policía, no toda obviamente, de que en parte es una institución corrupta. Hay un estereotipo de policía malo que pega, que reprime y este personaje representa de manera exacerbada eso. Sucede que no es toda la institución, mi personaje encarna la parte mal vista. Después hay otros que no tienen nada que ver y que representan otros valores.

 

Público: ¿Con qué personas o en qué cosa te negarías a trabajar?

 

Rovella: Con cualquiera que no me deje hacer lo que yo quiero. Por ejemplo, si Clarín me hubiese pedido hacer ciertas cosas con las que yo estaba de acuerdo, no lo hubiera hecho. Como me dan libertad y puedo contar una historia tranquila me siento cómodo haciendo eso. Por ahí, si yo quisiera contar otra cosa para la que sé que el medio no sería el apropiado, y en ese caso tampoco lo sería Tiempo Argentino, tendría que buscar otro lugar .

 

Ayar: Para cerrar ¿qué consejo le darías a los que quieran hacer historietas?

 

Rovella: Les diría lo que me sirvió a mí que es trabajar, generar, mostrar el trabajo todo el tiempo en todos los lugares que puedan. Hacer revistas independientes y repartirlas por todos los lugares que se les ocurran. Eso me sirvió para dos cosas, para que me conozcan y para terminar de definir mi estilo, ya que era una excusa para dibujar. Me parece que la idea es que al que le guste dibujar historietas lo que tiene que hacer es trabajar, hacer y mostrar el trabajo. Porque a uno por lo general le cuesta mostrar lo que hace y yo soy partidario de que hay que mostrar todo. Quizá no va a estar para publicar pero es bueno mostrarlo a amigos, a colegas, a conocidos, enviarlo a lugares. Que te digan que no, no pasa nada si te dicen que no.

 

EL CONTRATO DE ROUSSEAU

Jueves, Julio 28, 2011

 

Libro de arena recuerda en el día de su natalicio al escritor francés Jean Jacques Rousseau con una breve reseña biográfica y un fragmento de su Contrato social.

 

Jean Jaques Rousseau nació en 1712 en Francia. A partir de su relación con “los ilustrados” fue invitado a contribuir con artículos de música a la Enciclopedia que por entonces elaborarban D’Alembert y Diderot, quien lo impulsó a presentarse en 1750 al concurso convocado por la Academia de Dijon, donde fue premiado por su “Discurso sobre las ciencias y las artes”, texto con que se inició su reconocimiento. Con su “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres”, escrito también para el la Academia de Dijon se perfilaría hacia la reflexión sobre la relación individuo-sociedad que quedaría luego plasmada en Del contrato social (1972). Este libro desarrolla la tesis, adversa a la concepción ilustrada, según la cual el hombre en estado natural es por definición inocente y feliz, y la cultura y la civilización son las que imponen la desigualdad, a partir del establecimiento de la propiedad, que acarrea la infelicidad. Entre su obra se destacan: la novela sentimental Julia o la Nueva Eloísa (1761), y la novela pedagógica Emilio o De la educación (1762). Murió en 1778.

 

 

 

 

Capítulo lV- De la esclavitud

 

Puesto que ningún hombre tiene una autoridad natural sobre sus semejantes, y puesto que la naturaleza no produce ningún derecho. Sólo quedan las convenciones como único fundamento de toda autoridad legítima entre los hombres.

Si un particular, dice Groscio, puede enajenar su libertad y convertirse en esclavo de un amo, ¿por qué no podría un pueblo entero enajenar la suya y convertirse en súbdito de un rey? Hay aquí muchas palabras equívocas que necesitarían una explicación pero atengámonos al término “enajenar”. Enajenar significa dar o vender. Ahora bien, un hombre que se hace esclavo de otro no se da, se vende, al menos a cambio de su subsistencia. Pero ¿por qué se vende un pueblo? No solamente un rey no proporciona a sus súbditos la subsistencia, sino que consigue la suya gracias a ellos, y, según dice Rabelais, no son los reyes precisamente los que viven menos años. ¿Otorgan, por tanto, los súbditos sus personas con la condición de que también sus bienes sean aceptados? No logro comprender lo que les quedaría entonces.

Se dirá que el déspota garantiza a sus súbditos la tranquilidad civil. De acuerdo. Pero ¿qué ganan ellos si las guerras que ocasiona su ambición, si su insaciable avidez, si las vejaciones de sus ministros les aflojen más que sus propias rencillas? ¿Qué ganan ellos si esa misma tranquilidad es una de sus miserias? También en los calabozos se vive tranquilo. ¿es ese suficiente motivo para encontrarse bien en ellos? Los griegos encerrados en la caverna del Cíclope  vivían tranquilos a la espera de que les llegase el turno de ser devorados.

Decir que un hombre se entrega gratuitamente es decir una cosa absurda e inconcebible. Un acto de este tipo es ilegítimo y nulo, por el solo hacho de que quien lo realiza no está en su sano juicio. Decir todo esto de un pueblo es suponer que todo el pueblo está loco y la locura no produce ningún derecho.

Aunque cada hombre pudiese enajenar su propia persona, no podría enajenar la de sus hijos; estos nacen hombres libres, su libertad les pertenece, y nadie más que ellos mismos puede disponer de ella. Antes de que lleguen al uso de la razón, el padre puede, en su nombre, estipular las condiciones de su conservación, en función de su bienestar; pero no puede entregarlos de forma irrevocable y sin condiciones, porque una tal entrega va en contra de los fines de la Naturaleza, y rebasa con creces los derechos de la paternidad. Para que un gobierno arbitrario fuese legítimo, sería necesario, pues, que en cada generación el pueblo fuese dueño de admitirlo o rechazarlo, pero entonces este gobierno dejaría de ser arbitrario.

Renunciar a la libertad es renunciar a la condición de hombre, a los derechos de la humanidad, e incluso a los deberes. No hay compensación posible para quien renuncia a todo. Tal renuncia es incompatible con la naturaleza del hombre, y eliminar la libertad a su voluntad implicaría arrebatar todo tipo de moralidad a sus acciones. En una palabra, es una convención vana y contradictoria el reconocer, por una parte, una autoridad absoluta y, por otra, una obediencia sin límites.¿No está lo suficientemente claro que no es está obligado a nada respecto a quien se puede exigir todo, y esta única condición, sin equivalente, sin reciprocidad, no conlleva la nulidad del acto? Porque ¿a qué derecho podría apelar mi esclavo contra mí, si todo lo que él tiene me pertenece, y si al ser su derecho el mío, dicho derecho contra mí mismo se convierte en una palabra sin sentido?

Grocio y los otros consideran que la guerra es otro de los orígenes del pretendido derecho de esclavitud. El vencedor tiene, según ellos, el derecho de matar al vencido, y este puede comprar su vida a expensas de su libertad; convención tanto más legítima cuanto que redunda en beneficio de ambos.

Pero es obvio que ese pretendido derecho de matar a los vencidos no procede en modo alguno del estado de guerra, por el hecho de que los hombres, mientras viven en su estado de independencia primitivo, no establecen entre sí lazos lo suficientemente constantes para constituir ni el estado de paz ni el estado de guerra.No son, por tanto, enemigos por naturaleza. Son las relaciones entre las cosas y no entre los hombres las que provocan la guerra que no puede surgir de simples relaciones personales, sino sólo de relaciones reales. La guerra privada o de hombre a hombre no puede existir, ni en el estado de naturaleza, donde no hay propiedad, ni en el estado social, donde todo se encuentra bajo la autoridad de las leyes.

Los combates particulares, los duelos, los desafíos, son actos que no constituyen ningún Estado, y en cuanto a las guerras privadas, autorizadas por las Instituciones  de Luis Xl, rey de Francia, y suspendidas por la paz de Dios, son abusos del gobierno feudal, sistema absurdo como ninguno, contrario a los principios del derecho natural y de todo buen gobierno.

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Fragmento de:

 

 

 El Contrato Social

Jean Jacques Rousseau

Buenos Aires, Altaya, 1996

AGENDA SEMANAL DE ACTIVIDADES LITERARIAS

Miércoles, Julio 27, 2011

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Miércoles 27

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Visitas Guiada en Bordes y desbordes de una ciudad
Fotografía y video arte argentino 1930-2011
En el marco de la muestra “Bordes y desbordes de una ciudad”, el próximo miércoles 27 de julio a las 18hs, se realizará una visita guiada junto a la curadora Virginia Fabri y los siguientes especialistas: Silvia Fajre (arquitecta y urbanista), Ana Gallardo (artista plástica), Cristian Rodríguez (psicólogo). Cada uno elegirá dos obras en particular y compartirá con el público su mirada desde la disciplina que desarrolla.
A las 18hs.
Centro Cultural Borges, Sala 21, Viamonte 525.

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Presentación de libro: Materia oscura de Lily Majic.
Poetas invitados, micrófono abierto, libros de poesía a la venta.
Coordinan: Coni Banús, Flavio Crescenzi e Ignacio Osorio.
A las 21.30 hs.
El Empujón del Diablo, Ángel Carranza 1969.
Todos los miércoles a las 21.30 hs.

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Jueves 28

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Club de Lectura

Lectura propia de los asistentes de poesía, cuentos, ensayos, etc.

A las 17 hs.

Biblioteca Guido Spano, Güemes 4601.

Todos los jueves de 17 a 19 hs.

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Presentación de los libros: Ciertas chicas de Ariel Bermani, Brasil de Paula Brecciaroli, Juego de chicos de Facundo R. Soto, Yo quería ser astronauta de Bruno Szister (Editorial Conejo). Presentan Ariel Bermani y Pablo Rivas Mambo.
A las 19hs.
Centro Cultural Rojas, Auditorio Abuelas de Plaza de Mayo, Av. Corrientes 2038.

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Viernes 29

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Presentación de libro: Blas y 9 cuentos, de Oscar Corbacho.

Presenta: Bibi Albert. Ambientado con música.

A las 19 hs.

Librería Eterna Cadencia, Honduras 5582.

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Maldita Ginebra

Poeta Invitado: ¿Quién se atreve…?

Ud. lo soñaba…?

Bueno, la realidad lo supera…

Conducción Musical: Anselmo Maciel y Cecilia la Blusera.

Coordinan: Adrián Bet y Héctor Urruspuru.

A las 23 hs.

Casa de Zenón el Andino, Av. Corrientes 3416.

Todos los viernes 23 hs.

Sábado 30

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Fin de vacaciones con juegos, lecturas y música
La Biblioteca Nacional invita a compartir una jornada para los chicos con juegos, lecturas, teatro y música. Se trata de una gran feria de actividades para que los niños se apropien de la Biblioteca, sacudan el silencio de sus salas y tansformen sus misterios en materia de juego.

Habrá artistas, músicos y escritores; canciones, cuentos y talleres pensados y ofrecidos para los pequeños lectores.
Así, con bombos y platillos se presenta Quelonios, la primera colección de la Biblioteca Nacional dedicada a los más chicos. Una antología de cuentos de grandes escritores que le regala a los niños la oportunidad de imaginar, soñar y experimentar con sus historias.
A las 11 hs.
Biblioteca Nacional, Agüero 2502.

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Lunes 1

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Presentación del libro: Matar a Lombroso y otros poemas, de Carlos Martian, publicado por Alción Editora.

A las 19 hs.

Biblioteca Nacional, Sala “Juan L. Ortiz”, Agüero 2502.

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Convocatoria

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Certamen detalles literarios

‘Detalles Literarios’ es el nombre del primer concurso literario que acaban de convocar el Hotel Victoria y la Asociación Aborigen de Arnedo, y que tiene como principal característica que las obras que se presenten sólo pueden ocupar una cara DIN-A4.
El nuevo certamen se acaba de presentar en el marco de la nueva edición de ‘Aqueteleo’, las jornadas de lectura al aire libre que se celebran en la localidad.
‘Detalles Literarios’ responde a un proyecto pensado y meditado desde hace varios años y que ahora ve la luz en su primera edición. El concurso está dotado con un premio en metálico de 600 euros y la publicación de la obra ganadora por la editorial Ediciones Aborigen.
Podrá optar cualquier pieza literaria: poema, conjunto de poemas, relato, conjunto de relatos, microrrelatos o colección de microrrelatos, aforismos, poesía visual.
La gran curiosidad y novedad de esta convocatoria es que las obras no podrán exceder de una página. Los trabajos se deberán presentar antes del 21 de septiembre. El jurado estará formado por escritores españoles e hispanoamericanos de reputado prestigio.
Fecha de cierre: 21 de Septiembre de 2011.
Para más información: aquí.

 

EL ARTE DE ARLT

Martes, Julio 26, 2011

 

.Libro de arena recuerda al escritor Roberto Arlt en el aniversario de su muerte con una reseña biográfica y un fragmento de su relato El juguete rabioso.

 

Roberto Godofredo Cristophersen Arlt nació en Buenos Aires el 26 de abril de 1900. Los múltiples oficios que ejerció y su vocación de inventor fracasado darían tela para cortar para sus ficciones. Adquirió reconocimiento por la creación de mundos organizados por una imaginación poco usual, junto con la representación de las asimetrías sociales que con él abren camino a la moderna novela argentina, más que por su escritura muchas veces tachada de incorrecta. Estas cualidades lo alinearon al grupo literario de Boedo, opuesto al de Florida que cultivaba una estética europeizada y un estilo escriturario correcto, y la revista Proa en donde publicaba y que reivindicaba la denuncia y el compromiso social  como forma de hacer literatura, atendiendo a los problemas de la identidad local. Inició su carrera con el relato “Jehová” y la publicación de El juguete rabioso en 1926, que de la mano de sus participaciones periodísticas en El Mundo, con sus Aguafuertes porteñas (1933) redundarían en su perfil de escritor. Sus obras más conocidas son: Los siete locos (1929) Los lanzallamas (1931), El jorobadito (1933), Saverio, el cruel (1936), La isla desierta (1937). Murió en 1942.

 

 

Como el dueño de la casa nos aumentara el alquiler, nos mudamos de barrio cambiándonos a un siniestro caserón de la calle Cuenca, la fondo de Floresta.

Dejé de verlos a Lucio y Enrique y una agria tiniebla de miseria de enseñoreó de mis días.

Cuando cumplí los quince años, cierto atardecer mi madre me dijo:

-Silvio, es necesario que trabajes.

Yo que leía un libro junto a la mesa, levanté los ojos mirándola con rencor. Pensé: trabajar, siempre trabajar. Pero no contesté.

Ella estaba de pie junto a la ventana. Azulada claridad crepuscular incidía en sus cabellos emblanquecidos, en la frente amarilla, rayada de arrugas, y me miraba oblicuamente, entre disgustada y compadecida, y yo evitaba encontrar sus ojos.

Insistió, comprendiendo la agresividad de mi silencio.

-Tenés  que trabajar, ¿entendés? Tú no quisiste estudiar. Yo no te puedo mantener. Es necesario que trabajes.

Al hablar, apenas movía los labios, delgados como dos tablitas. Escondía las manos en los pliegues del chal negro que modelaba su pequeño busto de hombros caídos.

-Tenés que trabajar, Silvio.

-¿Trabajar, trabajar de qué? Por Dios…¿Qué quiere que haga? …¿Qué fabrique el empleo…? Bien sabe usted que he buscado trabajo.

Hablaba estremecido de coraje; rencor a sus palabras tercas, odio a la miseria del mundo, a la miseria acosadora de todos los días, y al mismo tiempo una pena innominable: la certeza de la propia inutilidad.

Mas ella insistía, como si fueran esas las únicas palabras.

-¿De qué?…a ver ¿de qué?

Maquinalmente se acercó a la ventana, y con un movimiento nervioso arregló las arrugas de la cortina. Como si le costara trabajo decirlo.

-En “La Prensa” siempre piden…

-Sí, piden lavacopas, peones…¿quiere que vaya de lavacopas?

Bajo la orla de la saya enseñó un botín descalabrado y dijo:

-Mira qué botines. Lila para no gastar en libros tiene que ir todos los días a la biblioteca. ¿Qué quieres que haga, hijo?

Ahora su voz era de tribulación. Un surco oscuro le hendía la frente desde el ceño hasta la raíz de los cabellos, y casi le temblaban los labios..

-Está bien, mamá, voy a trabajar.

Cuanta desolación. La claridad azul remachaba en el alma la monotonía de toda nuestra vida, cavilaba hedionda, taciturna.

Desde afuera oíase el canto triste de una rueda de niños:

 

La torre en guarda.

La torre en guardia.

La quiero conquistar.

 

Suspiró en voz baja

-Qué más quisiera que pudieras estudiar.

-Eso no vale nada.

-El día que Lila se reciba…

La voz era mansa, con  tedio de pena.

Habíase sentado junto a la máquina de coser, y en el perfil, bajo la fina línea de la ceja, el ojo era un cuévano de sombra con una chispa blanca y triste. Su pobre espalda encorvada, y la claridad azul en la lisura de los cabellos dejaba cierta claridad de témpano.

-Cuando pienso…-murmuró.

-¿Estás triste, mamá?

-No-contestó.

De pronto:

-¿Quieres que le hable a la señora Naidath? Puedes aprender a ser decorador. ¿No te gusta el oficio?

-Es igual.

-Sin embargo, ganan mucho dinero…

Me sentí empujado a levantarme, a cogerla por los hombros y zamarrearla, gritándole en las orejas.

-¡No hable de dinero, mamá, por favor…! ¡No hable…cállese…!

Estábamos allí, inmóviles de angustia. Afuera, la ronda de chicos aún cantaba con melodía triste:

 

La torre en guarda.

La torre en guardia.

La quiero conquistar.

 

Pensé:

-Y así es la vida. Y cuando yo sea grande y tenga un hijo le diré: “Tenés que trabajar. Yo no te puedo mantener”. Así es la vida. Un ramalazo de frío me sacudía en la silla.

Ahora, mirándola, observando su cuerpo tan mezquino, se me llenó el corazón de pena.

Creía verla fuera del tiempo y del espacio, en un paisaje sequizo, la llanura parda y el cielo metálico de tan azul. Yo era tan pequeño que ni caminar podía, y ella flagelada por las sombras, angustiadísima, caminaba por la orilla de los caminos, llevándome en sus brazos, calentándome las rodillas con el pecho, estrechando todo mi cuerpecito contra su cuerpo mezquino, y pedía a las gentes para mí, y mientras me daba el pecho, un calor de sollozo le sacaba la boca, y de su boca se quitaba el pan para mi boca, y de sus noches el sueño para atender a mis quejas, y con los ojos resplandecientes, con su cuerpo vestido de míseras ropas, tan pequeña y tan triste, se abría como un velo para cobijar mi sueño.

¡Pobre mamá! Y hubiera querido abrazarla, hacerle inclinar la emblanquecida cabeza en mi pecho, pedirle perdón de mis palabras duras, y de pronto, en el prolongado silencio que guardábamos, le dije con voz vibrante:

-Sí, voy a trabajar, mamá.

Quedamente:

-Está bien, hijo, está bien…-y otra vez la pena honda nos selló los labios.”

 

 Fragmento de:

 

 El juguete rabioso

  Roberto Arlt

 Buenos aires, Editorial Latina, 1926.

AGENDA SEMANAL DE ACTIVIDADES DEL PROGRAMA

Lunes, Julio 25, 2011

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*Actividades destacadas*

 

 ALDEA ARLT

 

El 26 de julio de 1942 fallecía en Buenos Aires Roberto Godofredo Christophersen Arlt.  El programa Bibliotecas para armar rendirá homenaje al gran escritor y periodista argentino con actividades de animación a la lectura para adultos en la Biblioteca Santa Ana y San Joaquín, de la organización Mensajeros de la Paz, y la biblioteca Rayuela, del Hospital Tornú.

Se leerán textos de sus Aguafuertes porteñas y algunos fragmentos de sus obras más recordadas.

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Biblioteca Santa Ana y San Joaquín

Culpina 1021 – Flores

Martes 26 de julio a las 9.30 hs.

 

Biblioteca Rayuela

Hospital General de Agudos “Dr. E. Tornu”

Unidades 5 y 6 – Clínica médica

Ex Combatientes de Malvinas 3002 – Agronomía

Miércoles 27 de julio a las 9 hs.

 

 

HISTORIAS PARA ENTRAR EN CALOR

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Durante la semana del  25 al 29 de julio el programa Bibliotecas para Armar  invita a los chicos a acercarse a las bibliotecas comunitarias de la Ciudad.

Les proponemos, para alejar el frío, un rincón de lectura, juegos literarios y disparatadas historias.

 

Biblioteca Leopoldo Marechal

Bonorino y Castañares Casa 642 B – Barrio Rivadavia 1

Martes 17 a 20 hs.

 

Biblioteca  Juana Azurduy

Chile 1432 – Monserrat

Miércoles de 14.30 a 18.30 hs.

 

Biblioteca Padre Daniel de la Sierra

Manzana 24. Casa 30 – Villa 21/24 – Barracas

Jueves 13 a 15 hs.

 

Biblioteca CAF Nº 8

Av. Piedrabuena 3741 – Villa Lugano

Jueves 11 a 15 hs.

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Cursos Capacitaciones

 

Miércoles 27

                                                                                                                                    

Narración oral y lectura en voz alta

Conceptos teórico-prácticos acerca de la narración oral de cuentos, con el fin de incentivar la lectura en niños, adolescentes y adultos.

A las 18 hs.

Auditorio del Museo Monte Piedad

Av. Boedo 870, 2º Piso (por escalera) – Boedo

 

 

Viernes  29

 

Capacitación en animación audiovisual para la promoción de la lectura

Espacio en el cual los participantes pueden investigar, incorporar y poner en práctica los instrumentos que ofrecen las diferentes técnicas de dibujo animado tradicional.

A las 16 hs.

Casa de Bahía Blanca

Tacuarí 147 -  Monserrat

 

Capacitación en Animación a la lectura y promoción de la biblioteca

Los participantes podrán investigar, incorporar y poner en práctica distintas experiencias de producción y reflexión artísticas en el marco de su inclusión como mediadores de lectura.

A las 17.30 hs.

Biblioteca Juana Azurduy

Chile 1432 - Monserrat

 

Sábado 23

 

Taller de producción audiovisual

Realización de cortometrajes con la técnica de animación stop motion en plastilina.

A las 9 hs.

Biblioteca comunitaria El Pastorcito

Manzana 5 – Casa 53 Villa Fátima – Villa Soldati

 

“Biblioteca Abierta”

 

El Proyecto Biblioteca Abierta que lleva a cabo el Programa Bibliotecas para Armar acompaña de manera activa el trabajo que realizan día a día las Bibliotecas Comunitarias de la Ciudad de Buenos Aires, realizando diversas actividades con el objetivo de promover la lectura y el buen funcionamiento de las bibliotecas.

 

Biblioteca CAF 8

Av. Piedrabuena 3741 – Villa Lugano

Jueves 11 a 15 hs.

 

Biblioteca CIENCIA Y LABOR

Club Ciencia y Labor

César Díaz 2453 – Villa General Mitre

Martes de 9 a 13 hs.

 

Biblioteca COGHLAN

Asociación Amigos de la Estación Coghlan

Estomba entre Rivera y Franklin D. Roosevelt – Coghlan

Martes  10.30 a 12 hs.

 

Biblioteca EL TIMBÓ

Parque de Flora Nativa B. Quinquela Martín

Irala 600 – La Boca

Jueves 11 a 15 hs.

 

Biblioteca JUANA AZURDUY

Cooperativa CEFOMAR

Chile 1432 – Monserrat

Miércoles de 14.30 a 18.30 hs.

 

Biblioteca LEOPOLDO MARECHAL

Barrio Rivadavia 1

Bonorino y Castañares Casa 642 B – Barrio Rivadavia 1

Martes 17 a 20 hs.

 

Biblioteca MARIANO MORENO

Asociación Atlética  Argentinos Juniors

Tronador y Bauness – Paternal

Martes y Viernes 17 a 19 hs.

 

Biblioteca OFELIO VECCHIO
Polideportivo Nueva Chicago

Lisando de la Torre 2288 -  Mataderos
Martes de 14 a 18 hs.

 

Biblioteca PADRE DANIEL DE LA SIERRA

Comedor Padre Daniel de la Sierra

Manzana 24. Casa 30 – Villa 21/24 – Barracas

Jueves 13 a 15 hs.

 

Biblioteca RAYUELA

Hospital General de Agudos “Dr. E. Tornu”

Unidades 5 y 6 – Clínica médica

Ex Combatientes de Malvinas 3002 – Agronomía

Miércoles 9 a 11 hs.

 

Biblioteca SANTA ANA Y SAN JOAQUÍN

Mensajeros de la Paz

Culpina 1021 – Flores

Martes 9.30 a 12 hs.

LA LENGUA DE ELÍAS

Lunes, Julio 25, 2011

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En el día de hoy Libro de arena recuerda el natilicio del Premio Nobel de Literatura, Elias Canetti, con una reseña biográfica y un fragmento del capítulo “El hacha del armenio; los gitanos” de su memoria La lengua absuelta.  

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Elias Canetti, proveniente de una familia de comerciantes de origen judío sefardí, vivió su infancia y juventud en diversas ciudades europeas. A los seis años, su familia se trasladó a Manchester, Inglaterra; años después, tras la muerte de su padre, se mudaron a Viena.  Desarrolló sus estudios en Zürich y Frankfurt, y tras su vuelta a Viena, y se doctoró en Ciencias Químicas, aunque nunca se interesó en  ejercer; en cambio, se abocó a su verdadera pasión, la filosofía y la literatura. En Berlín, en contacto con las vanguardias literarias, que influyeron decisivamente en su escritura produjo su primera y única novela, Auto de fe (1935), que trabaja la parábola acerca de la oposición entre la cultura de masas y la dignidad. Asimismo, el tema progresivo del totalitarismo que se acrecentaba en Europa lo llevó a escribir una serie de obras teatrales que tenían como objetivo desenmascarar el abuso del poder y sus consecuencias sobre los individuos. En 1938 tuvo que exiliarse en París debido a la persecución nazi, y luego se trasladó a Inglaterra, donde residió varios años adquiriendo la nacionalidad británica.

En los ‘60 alcanzó el reconocimiento con su ensayo Masa y poder, cuya visión antropológica difería de las teorías freudianas sobre la psicología de masas en voga, y los aportes de sus memorias, en especial, La lengua absuelta (1977). En 1981 ganó el Premio Nobel de Literatura. Falleció el 14 de agosto de 1994 en Zúrich, Suiza.

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Todos los viernes venían los gitanos. El viernes, en las casas judías se preparaba todo para el sábado. Se limpiaba la casa de arriba abajo, las muchachas búlgaras corrían de un lado para otro, en la cocina había mucha faena, nadie tenía tiempo para mí. Completamente solo, yo esperaba a los gitanos con la cara aplastada contra los cristales de la gigantesca sala de estar. Les tenía un miedo horroroso, supongo que también por lo que las muchachas me habían contado de ellos, en los largos y oscuros atardeceres que pasábamos en el diván. Estaba convencido de que los gitanos secuestraban a los niños y que ya me habían echado el ojo a mí.

Pero a pesar de este terror, no hubiera dejado de contemplarlos, era espléndido el aspecto que ofrecían. El portón del patio se abría de par en par, pues necesitaban espacio. Aparecían como una tribu, un patriarca ciego se alzaba siempre, el bisabuelo me decían, un hermoso anciano de cabellos blancos que caminaba, apoyado en dos nietas mayores, vestido de harapos multicolores. A su alrededor, estrechamente apiñados, había gitanos de todas las edades, muy pocos hombres, casi todos mujeres, e innumerables niños, los más pequeños en brazos de sus madres, los otros saltando, pero sin alejarse demasiado del soberbio anciano, que permanecía siempre en el centro. Todo el cortejo era terriblemente denso, nunca había visto tantas personas juntas siguiendo el mismo itinerario; en esta ciudad tan llena de color, la comitiva era lo más variopinto. Los harapos con que remendaban sus ropas brillaban, multicolores, pero en general el color que resaltaba más era el rojo. Muchos llevaba sacos a la espalda y a mí me costaba no imaginar que dentro tuvieran niños secuestrados.

Me parecían innumerables, aunque si ahora trato de evaluar su número diría que no eran más de treinta o cuarenta. De todos modos, jamás había visto tanta gente en el patio grande., y como se movían muy lentamente a causa del anciano, el cortejo resultaba interminable. Pero no se quedaban aquí, sino que, dando vuelta a la casa, llegaban al patio de la cocina, donde yacía la leña amontonada, y allí se instalaban.

Yo acostumbraba a esperar el momento en que hacían sus aparición por el portón del patio, y, no bien divisaba al anciano ciego, cruzaba corriendo la larga sala de estar y el aún más largo corredor que comunicaba con la parte de atrás con la cocina, vocifernado:”¡Zínganas! ¡Zínganas!” .Allí estaba mi madre, dando instrucciones para el menú del sábado, algunas de cuyas especialidades las preparaba ella misma. Yo ni siquiera veía a las muchachas con las que tropezaba a menudo en el caminos; continuaba gritando como un enloquecido hasta que topaba con mi madre, que me decía algo para tranquilizarme. Pero en lugar de quedarme con ella me precipitaba de nuevo por el largo camino, atisbaba por la ventana el avance de los gitanos, que apenas si habían adelantado un poco, y volvía inmediatamente para notificarlo en la cocina. Anhelaba verlos, me sentía poseído por ellos, pero en cuanto los había visto me aterrorizaba la idea de que me hubieran descubierto, y echaba a correr gritando de pánico. Así transcurría un buen rato, yendo de un lado para otro. Creo que es ésta la causa de que haya conservado tan vivo el recuerdo de la longitud de la casa entre los dos patios.

Tan pronto como alcanzaban su meta, delante de la cocina, el anciano se instalaba en el centro y los demás en torno de él, se abrían los sacos y las mujeres iban recogiendo los donativos sin pelearse. Recibían cantidad de leña, lo cual parecía satisfacerles enormemente, y también mucha comida. SE les entregaba algo de todo lo que se había preparado y jamás se les daba desperdicios. Yo me sentía aliviado al comprobar que no escondían niños en los sacos, y me paseaba entre ellos pegado a las faldas de mi madre; me examinaban cuidadosamente, pero procuraba no acercarme demasiado a aquellas mujeres que trataban de acariciarme. El anciano ciego comía lentamente de una fuente, descansaba y se tomaba su tiempo. Los demás no tocaban ningún manjar, todo desaparecía en los grandes sacos y sólo los niños podían picar los dulces que se les habían obsequiado. Me maravillaba lo cariñosos que eran con sus pequeños, nada que ver con malvados secuestradores de niños. Pero esto en nada modificaba mi terror. Después de un rato, que a mí me parecía interminable, se levantaban y la comitiva volvía a dar la vuelta alrededor de la casa, y a través del patio, un poco más rápidamente que a la llegada. Desde la misma ventana los seguía con la vista, hasta que desaparecían por el portón.

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Fragmento de:

 

La lengua absuelta

Elías Canetti

Buenos Aires, Mila Editor, Amia, Colección Raíces, Biblioteca de cultura judía, 1988

 

ANTONIO SANTA ANA: “LA VERDAD ES QUE NO SÉ QUÉ HACE QUE UN LIBRO SEA EXITOSO, Y ESO LO AGRADEZCO COMO ESCRITOR, NO COMO EDITOR”

Viernes, Julio 22, 2011

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Libro de arena publica la segunda parte de la entrevista al escritor y editor Antonio Santa Ana, autor de Los ojos del perro siberiano y Nunca seré un superhéroe, realizada en la Biblioteca La Nube como cierre del ciclo “Encuentro con autores de literatura infantil y juvenil”. En el final de esta picante charla Santa Ana cuenta sobre las vicisitudes del escritor editor, la necesidad de romper con fórmulas de escritura heredadas y sobre el pudor de leerse a sí mismo. La primera parte de la entrevista, aquí

 

 

 

 

Mario Méndez: La primera novela que escribiste y publicaste fue Los ojos del perro siberiano ¿Te auto-editaste?

 

Antonio Santa Ana: No, yo vi el libro ya hecho. Mandé un archivo word y me devolvieron seis meses después un libro en el cual ni siquiera había participado de las correcciones, así que no fue un trabajo de edición que hiciera yo. Estuve cinco años escribiendo ese libro y tardé un año y medio en realizar las correcciones, sin embargo en la edición no participé.

 

MM: ¿Sos de leer las cosas que escribís una vez que están finalizadas?

 

AS: La verdad es que nunca me leí. Me parece que ya paso demasiado tiempo con los libros cuando los escribo y cuando los corrijo. Un vez en que iba a un colegio en Bogotá veo una cartulina pegada con una frase, de inmediato pensé que era una cursilería; lo mismo me fue ocurriendo con varias frases que había pegadas por todas partes. Cuando termino de dar la charla me dicen “¿vio que decoramos todas las aulas con frases suyas?” No quiero enfrentarme con eso una y otra vez.

 

MM: Nunca te releíste, pero sin embargo estás conforme…

 

AS: Son cosas distintas. Es una relación de trabajo que guardo con los libros y la literatura. Les tengo mucho respeto porque me han dado de comer durante los últimos treinta años. Pero también les puedo faltar el respeto, les puedo levantar la pollera si quiero. Creo que escribí los mejores libros que podía escribir en el momento que los escribí; hice todo mi esfuerzo ahí y ya está. Prefiero que vendan a que no vendan porque hay plata en el medio pero tampoco me lo voy a tomar tan en serio. Como yo tomé la decisión de no vivir de mi escritura, sino de la de los otros también es cierto que puedo tener cierta ligereza al respecto porque no necesito estar apareciendo en público, no necesito un montón de cosas que otra gente sí necesita para vivir. No necesito sacar muchos libros, aunque me gustaría, pero escribo muy lento y me cuesta encontrar el tiempo necesario. Entonces estoy conforme porque hice mi mejor esfuerzo en el momento que lo tenía que hacer, por eso estoy conforme. Ahora, si me decís si son grandes obras de la literatura, te contesto que no, que no creo que lo sean y que tampoco me importa. Porque mi apuesta en esto fue escribir una novela que hablara de algo de lo que quería hablar y escribirla lo mejor que pudiera.

 

MM: ¿De lo que te propusiste que hablara era justamente del SIDA?

 

AS: No, yo quería hacer una novela que hablara de la incomunicación y el silencio. Quería un montón de cosas, era la primera novela y tenía una ambición desmesurada. Hay cosas que para mí eran bravuconadas que para todo el mundo eran en cambio homenaje. Por ejemplo: la aparición de María Elena Walsh. Me tenía re-contra podrido hace veinte años atrás el efecto de María Elena; había tantos escritores que la copiaban, tantos que querían copiar el disparate y el absurdo y que les salía para el culo. Quería que alguien tirara todos los libros de María Elena Walsh, que los tirara y se fuera corriendo. Es una idea con la que me topé en un cuento donde el narrador va corriendo, se tropieza con Borges en la calle, lo levanta y sigue corriendo como si nada. Me dije: “hay que hacer esto con la literatura infantil, empezando por tirar los libros de María Elena a la mierda”. A mí la literatura suya me gusta mucho, pero me molestaba la mala copia. Me parecía que había que decir: “muchachos, ya está bien, vamos para otro lado”. La pregunta era cómo hacer para que apareciera en la novela. Así es que inventé la relación de los hermanos vinculándola con la canción del jardinero que es una canción que me gustaba mucho. Entonces hay toda una cosa del fantasma María Elena que termina reapareciendo y generando un homenaje cuando lo que quería hacer era exactamente lo contrario: tirar los libros a la mierda. Me salió justamente al revés, lo cual te hace dar cuenta de que no sale todo como uno quiere, en general casi nada sale como uno quiere. Yo quería hacer una metáfora de la sociedad argentina y los silencios; cuando, en el medio, pienso: cómo lo armo, se me ocurre apropiado que sea en un marco familiar en que haya aparecido el enfermo de SIDA, porque el silencio tenía que tener una justificación. El SIDA en ese momento era una enfermedad mucho más vergonzante de lo que es hoy. Era la peste rosa, por eso se prestaba para hacer el juego del silencio. No salió del todo lo que quería hacer, igualmente.

 

MM: Es una historia chica pero potente, por algo tuvo el éxito que tuvo…

 

AS: Sí, fue raro, debe tener sus encantos. Salió en el momento justo, en el lugar adecuado. También a veces eso sucede, hay libros que salieron dos años después y no pasó nada y son mejores. La verdad, no sé qué es lo que hace que un libro sea exitoso, pero de verdad no lo sé y agradezco eso como escritor, no como editor, porque si no estaría haciendo siempre lo mismo. Publico poco también, en gran medida, para no repetirme; cada vez que veo que lo que estoy escribiendo se parece a Los ojos del perro siberiano, lo dejo. No me permito hacer eso.

 

MM: ¿Nunca seré un súper héroe lo escribiste mucho tiempo después de Los ojos del perro siberiano?

 

AS: Antes que saliera Los ojos… tenía sesenta páginas escritas ya.

 

MM: ¿Y tuvo edición?

 

AS: No, de hecho la estructura que tenía era distinta. Yo tenía capítulos más sueltos pero se ve que algo anduvo mal en el Word y me los agruparon. En general, cuando me siento a escribir sé cómo termina la historia, no me pongo a escribir si no sé cuál es la última frase o la última escena. Después en el medio se desvirtúa todo un poco, o bastante. En ese momento trabajaba en una cartulina y ponía en un capítulo pasa esto, en otro pasa aquello y así. Sale en abril Los ojos del perro siberiano y me llama la editora que me pregunta si tengo otra cosa, le contesto: mirá, tengo 60, 70 páginas de esta novela y vengo escribiendo 10 páginas por semana así que en tres meses la termino. Me pidió que se la mandara, se la mandé y seguí escribiendo. Como trabajaba en la editorial venía viendo la grilla del año próximo: en abril figuraba Nunca seré un Power Ranger, que por aquel entonces era el título de la novela. No había podido volver a escribir nada, a trabajar en ella, y se acercaba la fecha en la que saldría, no tenía nada de nada; la pasamos para más adelante pero yo seguía sin avanzar, hasta que cuando se acercó la fecha me senté y en un fin de semana la terminé de un saque.

 

MM: No tenés nada para leernos ya que no te gusta leerte, así que nos vamos a quedar con esas ganas, igualmente. Leeremos tu próxima novela que todos esperamos. Muchas gracias por esta charla y te despedimos con este aplauso.

 

 

EL ARTE DE SER CHANDLER

Viernes, Julio 22, 2011

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Libro de arena recuerda a Raymond Chandler en el aniversario de su nacimiento y comparte una reseña biográfica y el artículo “El simple arte de matar”,  en donde reflexiona sobre la escritura y la circulación de los relatos policiales.

 

 

Raymond Chandler, nacido en Chicago en 1988, es considerado uno de los escritores de novela policial de la serie negra más destacados del género y de la literatura estadounidense. Sus inicios cuentan con una incursión en el periodismo a través de sus colaboraciones con London Daily Express y Bristol Western Gazette, y con la publicación de trabajos poéticos. Su primer relato fue “The rose leaf romance”, sin embargo la primera novela que publicó salió a la luz recién a sus 51 años. Su conocido personaje Philip Marlowe, encarna junto con Sam Spade (personaje de Hammet) el prototipo detectivesco en la literatura y el cine entre los años ‘30 y ’50 que atribulado por la melancolía y la soledad despliega una visión del mundo y la sociedad atravesada por el escepticismo característico del hombre en la modernidad y por una ética individual. Algunas de sus novelas son: El sueño eterno (1939), Adiós muñeca (1940), La ventana siniestra (1942), La dama del lago (1943), El largo adiós (1953). Murió en La Jolla, California, en 1959.

 


La literatura de ficción, en todas sus formas, intentó ser realista. Novelas anticuadas que ahora parecen pomposas y artificiales, hasta el punto de resultar ridículas, no lo parecían a las personas que las leyeron por primera vez. Escritores como Fielding y Smollet podrían parecer realistas en el sentido moderno, porque en general dibujaban personajes sin inhibiciones, muchos de los cuales no estaban muy lejos de la frontera de la ley, pero las crónicas de Jane Austen sobre personas muy inhibidas, contra un fondo de naturaleza rural, parecen bastantes reales en términos psicológicos. En la actualidad, abunda ese tipo de hipocresía moral y social. Agréguesele una dosis liberal de presuntuosidad intelectual, y se obtendrá el tono de la página literaria de su periódico y el sincero y fatuo ambiente engendrado por los grupos de discusión de los pequeños clubs. Esas son las personas que apuntaban a los bestsellers que son trabajos de promoción basados en una especie de explotación indirecta del esnobismo, cuidadosamente escoltados por las focas adiestradas de la fraternidad crítica, y cuidados y regados con amor por ciertos grupos de presión demasiado poderosos, cuyo negocio consiste en vender libros, aunque prefieren que uno crea que están estimulados por la cultura. Atrásese un poco en sus pasos y descubrirá cuan idealistas son.

El relato policial, por varias razones, puede ser objeto de promoción en muy raras ocasiones. Por lo general se refiere a un asesinato, y por lo tanto carece del elemento promocionable. El asesinato, que es una frustración del individuo y por consiguiente una frustración de la raza, puede poseer-y en rigor posee- una buena proporción de inferencias sociológicas. Pero existe desde hace demasiado tiempo como para constituir una noticia. Si la novela de misterio es realista (cosa que muy pocas veces es), está escrita con cierto espíritu de desapego; de lo contrario, nadie, salvo un psicópata, querría escribirla o leerla. La novela de crímenes tiene también una forma deprimente de dedicarse a sus cosas, solucionar sus problemas y contestar sus preguntas. Nada queda por analizar, aparte de si está lo bastante bien escrita como para ser buena literatura de ficción, y de todos modos, la gente que contribuye a las ventas de medio millón de dólares nada sabe de estas cosas. La búsqueda de la calidad en la literatura es ya bastante difícil para aquellos que hacen de esa tarea una profesión, sin tener que prestar además demasiada atención a las ventas anticipadas.

El relato de detectives (quizá mejor que lo llame así, pues la fórmula inglesa sigue dominando el oficio) tiene que encontrar su público por medio de un lento proceso de destilación. Así lo hace y se aferra a él con gran tenacidad, y eso es un hecho; las razones por las cuales lo hace exigen un estudio de mentalidades más pacientes que la mía. Tampoco es parte de mi tesis la de que constituya una forma vital e importante del arte. No existen tales formas vitales e importantes del arte; sólo existe el arte y en muy escasa proporción. El crecimiento de las poblaciones no aumentó en manera alguna esa proporción, no hizo más que acrecentar la destreza con que se producen y expenden los sustitutos.

Y sin embargo, el relato detectivesco, aun en su forma más convencional, ofrece dificultades para ser bien escrito. Las buenas muestras de arte son mucho más raras que las buenas novelas serias. Mercancías de segunda fila sobreviven a la mayor parte de la literatura de ficción de alta velocidad, y muchas de las que jamás habrían debido nacer, se niegan, lisa y llanamente a morir. Son tan perdurables como las estatuas que hay en los paseos públicos, e igualmente aburridas.

Esto resulta muy molesto para la gente que posee lo que se llama discernimiento. No les gusta que las obras de ficción penetrantes e importantes, de hace algunos años ocupen sus propios anaqueles especiales en la librería con el rótulo de “bestsellers de años ha”, y que nadie se acerque a ellos, salvo uno que otro cliente miope, que se inclina, lanza una breve mirada, y se aleja a toda prisa; en tanto que las ancianas se empujan unas a otras ante la estantería de los misterios para atrapar alguna muestra de la misma vendimia con un título como El caso del triple asesinato o El inspector Pinchbottle acude a la escena. No les gusta que “los libros realmente importantes” acumulen polvo en el mostrador de las reimpresiones, mientras La muerte usa ligas amarillas se publica en ediciones de cincuenta o cien mil ejemplares, se distribuye en los quioscos de revistas de todo el país, y es evidente que no está en ellos sólo para decir adiós al que pasa.”

 

 

 

 Fragmento de:

 

 El simple arte de matar” en El simple arte de matar

 Raymond Chandler

 Col. “Libro Amigo-Novela Negra”, Bruguera, 1979

 

 

ENCUENTRO EN LA BIBLIOTECA NACIONAL

Jueves, Julio 21, 2011

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El pasado miércoles 22 de junio se realizó el último encuentro del curso de Capacitación para auxiliares de bibliotecas comunitarias en la Biblioteca Nacional. Los alumnos visitaron las instalaciones y recorrieron la Sala del Tesoro. Esta actividad estuvo a cargo del Equipo de Biblioteca Lúdica que trabaja allí. Libro de arena presenta algunas de las fotos tomadas por alumnos del curso.   

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EL VIEJO HEMINGWAY

Jueves, Julio 21, 2011

 

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Libro de arena recuerda a Ernest Hemingway en su natalicio a través de una breve reseña biográfica y un fragmento de su afamada novela El viejo y el mar, llevada al cine con la participación protagónica de Anthony Queen.


Ernest Miller Hemingway nació en Oak Park, Estados Unidos, en 1899. Su obra narrativa, que se caracteriza por la sobriedad estilística en la representación de situaciones trágicas de la era moderna, ha ganado el lugar de clásico en la literatura del siglo XX. Su participación como corresponsal en la Guerra Civil Española como así también en la Segunda Guerra Mundial signaron su escritura sometida a las necesidades periodísticas de la concisión y brevedad expresivas. Ya en “Los asesinos”, cuento incluido en Hombres sin mujeres (1927) aparece su sello a través de diálogos cortos que contribuyen a crear el suspenso narrativo que se despliega a lo largo de toda su obra cuentística. Aunque de menor perfección formal fue su obra novelística, adaptada en variadas ocasiones al cine, la que lo condujo a la fama, entre ellas cuentan: Fiesta (1926) Adiós a las armas (1929), Tener y no tener (1937), Por quién doblan las campanas (1940), y El viejo y el mar (1952), título por el que obtuvo el premio Nobel en 1954. Murió en Ketchum, en 1961.

 

 

 

Era un viejo que pescaba solo en un bote en el Gula Stream y hacía ochenta y cuatro días que no atrapaba un pez. En los primeros cuarenta días había tenido consigo a un muchacho. Pero después de cuarenta días sin haber pescado, los padres del muchacho le habían dicho que el viejo estaba definitiva y rematadamente salao, lo cual era la peor forma de la mala suerte, y por orden de sus padres el muchacho había salido en otro bote que atrapó tres buenos peces la primera semana. Entristecía al muchacho ver al viejo regresar todos los días con su bote vacío, y siempre bajaba a ayudarle a cargar los rollos de sedal o el bichero y el arpón y la vela arrollada al mástil. La vela estaba remendada con sacos de harina y, arrollada, parecía una bandera en permanente derrota.

El viejo era flaco y desgarbado, con arrugas en la parte posterior del cuello. Las pardas manchas del benigno cáncer de piel que el sol produce con sus reflejos en el mar tropical estaban en sus mejillas. Estas pecas corrían por los lados de su cara hasta bastante abajo y sus manos tenían las hondas cicatrices que causa la manipulación de las cuerdas cuando sujetan los grandes peces. Pero ninguna de estas cicatrices era reciente. Eran tan viejas como las erosiones de un árido desierto.

Todo en él era viejo, salvo sus ojos; y éstos tenían el color mismo del mar y eran alegres e invictos.

-Santiago-le dijo el muchacho trepando por la orilla desde donde quedaba varado el bote-. Yo podría volver con usted. Hemos hecho algún dinero.

El viejo había enseñado al muchacho a pescar y el muchacho le tenía cariño.

-No-dijo el viejo-. Tú sales en un bote que tiene buena suerte. Sigue con ellos.

-Pero recuerde que una vez llevaba ochenta y siete días sin pescar nada y luego atrapamos peces grandes todos los días durante tres semanas.

-Lo recuerdo-dijo el viejo. Y yo sé que no me dejaste porque hubieses perdido la esperanza.

-Fue papá quien me obligó. Soy un chiquillo y tengo que obedecerle.

-Lo sé-dijo el viejo-. Es completamente normal.

-Papá no tiene mucha fe.

-No. Pero nosotros,sí, ¿verdad?

-Sí-dijo el muchacho-. ¿Me permite brindarle una cerveza en la Terraza? Luego llevaremos las cosas a casa.

-¿Por qué no?-dijo el viejo-. Entre pescadores.

Se sentaron en la Terraza. Muchos de los pescadores se reían del viejo, pero él no se molestaba. Otros, los más viejos, lo miraban y se ponían tristes. Pero no lo manifestaban y se referían cortésmente a la corriente y a las hondonadas donde habían tendido sus sedales, al continuo buen tiempo y a lo que habían visto. Los pescadores que aquel día habían tenido éxito habían llegado y habían limpiado sus agujas y las llevaban tendidas sobre dos tablas, dos hombres tambaleándose al extremo de cada tabla, a la pescadería, donde esperaban a que el camión del hielo las llevara al mercado, a La Habana. Los que habían pescado tiburones los habían llevado a la factoría de tiburones, al otro lado de la ensenada, donde eran izados en aparejos de poleas; les sacaban los hígados, les cortaban las aletas y los desollaban y cortaban su carne en trozos para salarla.

Cuando el viento soplaba del Este, el hedor se extendía a través del puerto, procedente de la fábrica de tiburones; pero hoy no se notaba más que un débil tufo porque el viento había vuelto al Norte y luego había dejado de soplar. Era agradable estar allí, al sol en la Terraza.

-Santiago-dijo el muchacho.

-Qué-dijo el viejo. Con el vaso en la mano pensaba en las cosas de hacía muchos años.

-¿puedo ir a buscarle las sardinas para mañana?

-No. Ve a jugar al “baseball”. Todavía puedo remar y Rogelio tirará la atarraya.

-Me gustaría ir. Si no puedo pescar con usted me gustaría servirlo de alguna manera.

-Me has pagado una cerveza-dijo el viejo. Ya eres un hombre.

-¿Qué edad tenía cuando me llevó por primera vez en un bote?

-Cinco años. Y por poco pierdes la vida cuando subí un pez demasiado vivo que estuvo a punto de destrozar el bote. ¿Te acuerdas?

-Recuerdo como brincaba y pegaba coletazos, y que el banco se rompía, y el ruido de los garrotazos. Recuerdo que usted me arrojó a la proa, donde estaban los sedales mojados y enrollados. Y recuerdo que toso el bote se estremecía, y el estrépito que usted armaba dándole garrotazos, como si talara un árbol, y el pegajoso olor a sangre que me envolvía.

-¿Lo recuerdas realmente o es que yo te lo he contado?

-Lo recuerdo todo, desde la primera vez que salimos juntos.

El viejo lo miró con sus amorosos y confiados ojos quemados por el sol.

-Si fueras hijo mío me arriesgaría a llevarte-dijo. Pero tú eres de tu padre y de tu madre y trabajas en un bote que tiene suerte.”

 

 

  Fragmento de:

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  El viejo y el mar

  Ernest Hemingway

 Buenos Aires, Sudamericana 1953