CÓMO CONTAR CUENTOS

 

Libro de arena acerca una lectura sobre cómo contar cuentos. El texto pertenece a Ana Padovani, pionera en el arte de la narración oral. El mismo fue utilizado como ejemplo en el octavo encuentro de Capacitación para auxiliares de bibliotecas comunitarias que ofrece el Programa por sus sugerencias útiles en ese momento mágico del relato.

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Cómo contar cuentos

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Los aspectos teóricos que hacen a la narración de cuentos son, en general, menos conocidos pero no por ello menos importantes, motivo por el cual nos hemos detenido en ello particularmente. Esta importancia se debe a que si bien contar cuentos parece ser una actividad eminentemente práctica y guiada por el solo interés y deseo de hacerlo – para lo cual poco importaría la teoría -, el conocimiento de la misma puede encauzar y desarrollar ese impulso, puede resolver dudas y dificultades y orientar en una actividad que aunque siempre debe ser viva y espontánea, logrará su plenitud con el trabajo y la preparación previas.

El docente que cuenta cuentos tiene una posibilidad que no todos los narradores poseen: podrá hacer su entrenamiento y descubrimiento con sus propios alumnos, en la medida en que vaya desplegando esta actividad para ellos y se dedique a observar su propio estilo como narrador. Descontamos que siempre será necesario un pequeño trabajo previo, de preparación del texto y el modo de contarlo. Ello asegurará la más atenta escucha y el más profundo agradecimiento de parte de los niños. Dado que esta actividad se desarrolla fundamentalmente con la práctica será oportuno referirnos a ella.

El procedimiento para contar es igual ya se trate de cuentos literarios o tradicionales. Pero habrá que hacer una distinción entre ambos en lo que se refiere a cómo abordar la materia prima, es decir, el texto, dado que en los primeros preexiste una voz, la del autor, y en los segundos ésta vendrá en el decir de las gentes y en el correr de los tiempos, lo que permite una apropiación distinta.

Los análisis que realizaremos serán desde el punto de vista de la narración oral, pues es importante tener en cuenta que no es lo mismo escuchar que leer. La vista tiene tiempos distintos respecto del oído, el lector puede volver atrás, puede darse su propio ritmo.

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La lección de los cuentos

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Respecto de este tema lo importante será el “primer flechazo” que el cuento nos provoque (aquí tal vez es válido aquello del “amor a primera vista”). Después podrá comprobarse qué características tiene y a partir de ahí, y en la medida en que éstas se repitan, se irán descubriendo cuáles  son los intereses que marcarán el estilo propio de cada narrador. Es decir, a algunos les puede interesar lo potente de la historia,  a otros la composición de los personajes, a otros el movilizar alguna emoción, a otros la índole de su final, ya sea sorpresivo o reflexivo, etcétera.

Otro punto igualmente importante es considerar la edad del público al que van dirigidos. Este concepto no siempre es fácil de precisar porque a veces, sobre todo tratándose de niños, la edad cronológica no corresponde con la madurativa, pero siempre esta última deberá ser considerada prioritaria, o sea la capacidad de simbolización o abstracción del pensamiento. Si bien es difícil determinar con absoluta precisión el tema de las edades puede considerarse algunos períodos dentro del desarrollo evolutivo, que orienten en cuanto a la búsqueda de cuentos adecuados para cada una de ellas.

Así podemos considerar, siguiendo a la investigadora Otilia Chaves, que entre los 3 y los 5 años el niño atraviesa un período que podríamos designar como “rítmico-realista”: Le importarán más las acciones que las descripciones, así como las reiteraciones rítmicas y la interpretación mágica de la realidad. Su vida imaginativa es muy rica y preferirá las historias centradas en un personaje.

Entre los 6 y los 8 se situaría el período “imaginativo” en el que los cuentos de hadas, lo fantástico, logra un más amplio desarrollo. Entre los 9 y los 12 años será el período “aventurero”: allí los cuentos y novelas de aventura serán los preferidos, lo fantástico se despliega con mayor intensidad, si bien se combina en partes iguales con la realidad. Son también adecuados los cuentos de humor, de amor, siempre que impliquen ternura y alegría ; los de fantasmas , detectives, así como los de ciencia ficción.

De los 12 a los 17 se da el ciclo “idealista”: aparecen los héroes, las figuras paradigmáticas que sirven de modelo y ayudan a superar las dificultades de la vida; en este sentido los mitos son especiales para esta edad. A partir de los 18 se presenta el ciclo “altruista”, aparece la realidad social como determinante de situaciones: los gestos de nobleza, la generosidad ganan terreno y será bueno revalorizarlos.

La curva de la vida hace que muchas veces las etapas finales parezcan juntarse con las primeras, por lo cual los cuentos que suponemos para niños pueden ser disfrutados por personas muy mayores.

Este modo de clasificar las edades, así como las restantes consideraciones son simplemente aproximativas y no exclusivas. Ténganse en cuenta que siempre es interesante que el docente ofrezca variada cantidad de materiales y de recursos. Éstas no son normas generales sino que deberían ser consideradas en cada caso particular, porque muchas veces podemos llevarnos sorpresas y los cuentos que suponíamos para adultos pueden ser disfrutados por los chicos y viceversa; en este sentido conviene no olvidar que la sola propuesta de narrar historias convoca al niño que todo adulto alberga en su interior.

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Trabajo con material

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Una vez que se ha hecho la elección del cuento porque se lo leyó, se lo escuchó o se lo inventó, siguiendo lo ya expresado en cuanto al placer que su hallazgo y el deseo de compartirlo provoca, convendrá considerar si se lo puede transmitir según la versión original o si conviene efectuar alguna adaptación.

Aquí será oportuno recordar lo desarrollado respecto del concepto de estructura, así se trate de cuentos tradicionales o literarios.

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Los cuentos tradicionales

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El análisis tradicional del planteo-nudo-desenlace, es el que más conviene a los cuentos para ser narrados, porque si bien se pueden relatar otras estructurar narrativas, por ejemplo, la descripción de un paisaje o de un viaje, donde no hay conflicto, lo que más atrapa la atención del oyente y por tanto hace más eficaz su relato es aquello que implica algún tipo de vicisitud. Analizar el cuento para ver si su estructura está debidamente planteada y desarrollada, ayudará a que su posterior interpretación sea más convincente y atrapante.

Este análisis considera, tal como lo hemos visto desde Aristóteles y los pensadores formalistas, que toda situación tiene un basamento dramático en el cual no hay ninguna acción que tenga el origen y el resultado en sí misma. Todo proviene de alguna otra cosa, nada se presenta en forma aislada, pura, sino como el resultado de condiciones previas.

Son los personajes quienes vehiculizan ese movimiento, entendiéndose por tales no sólo a las personas, sino a toda aquella fuerza que lleva adelante la acción y que tiene características humanas. No podría pensarse, por ejemplo, en una situación entre puertas o dos animales a menos que les demos connotaciones antropomórficas. Tampoco el conflicto puede ser  concebido como el antagonismo entre fuerzas abstractas, como el amor, el odio o las ideas, siempre se adjudicarán características concretas. Por lo tanto los personajes siempre tienen voluntad, algo les pasa, algo desean: tienen un “objetivo”.

Frente a esos objetivos hay otros que entran en colisión, bien con el orden natural o con los otros personajes, lo cual lleva a la noción de “conflicto”. De modo que éste consiste en dos fuerzas que se oponen. Cada una de ellas es el producto de muchas circunstancias complicadas en una secuencia cronológica, las cuales crean una tensión que deben terminar en una resolución. En consecuencia el conflicto se da en un espacio (material, social, etcétera) y está condicionado y determinado por el mismo. Se da también en un tiempo, un momento histórico, una estación del año, una hora del día, etc., lo cual también gravita en la acción. Si bien hay conflicto principal también puede haberlos secundarios, como se ha dicho. Ninguno aparece de la nada, tienen antecedentes, así como consecuencias, es decir otras situaciones que sobrevendrán o que los preceden. Todo conflicto necesita de un factor desencadenante que permita su aparición y desarrollo.

También hay que tener en cuenta que para que un conflicto se establezca debe haber cierta paridad de fuerzas entre los oponentes (por ejemplo si el elefante se va a comer a la hormiga, habría que dotar a ésta de ingenio o astucia para que se defienda, porque si la oposición pasa por la posibilidad física no habría conflicto: el elefante se la comerá sin ninguna dificultad).

Se presentan distintas formas de conflicto pero todas ellas se elevan sobre la base del ataque y contraataque. El conflicto puede ser de acuerdo con su espacio de desarrollo externo, cuando se presenta entre el protagonista y otros personajes o con el entorno que lo rodea; e interno: cuando ocurre consigo mismo.

Según cómo se modifiquen los caracteres y las transiciones el conflicto puede evolucionar de tres maneras: a saltos, de crecimiento lento o estático, refiriéndose este último al que se desarrolla más lentamente, pues en realidad ningún conflicto puede ser por definición absolutamente inmóvil.

De acuerdo con estos conceptos, al tomar un cuento para contar habría que analizar prolijamente la fábula, y sus motivos, conceptos que ya fueron explicados, para considerar si responden adecuadamente a dicha estructura o eventualmente considerar si sería necesaria una adaptación. Cabría entonces formularse alguna preguntas.

En el planteo: ¿la información que se da es suficiente para poner sobre aviso acerca de lo que vendrá? ¿Es demasiada y distrae la atención? ¿Es insuficiente y no aporta lo necesario para generar el conflicto? ¿La sucesión es la adecuada a ese fin o habría que modificar el orden cronológico?

Con respecto al nudo: ¿cuál es el conflicto? ¿Qué fuerzas se oponen? ¿Es lo suficientemente potente? ¿Aparece otro más que desvía el camino? ¿Se pueden desarrollar ambos? ¿Hay descripciones, situaciones o personajes innecesarios? ¿Faltan datos informativos?

En cuanto al desenlace: ¿está adecuadamente preparada? Si es inesperado, ¿se propuso lo necesario para lograr el efecto buscado? ¿Es lo suficientemente intenso en relación con la expectativa que se creó con los pasos previos? ¿ Es más importante que éstos, con lo cual se pierde también, además, el equilibrio total de la obra?

Asimismo, habrá que tener en cuenta si hay un conflicto principal y otros secundarios para focalizar y dirigir la atención de quien escucha, dada la diferencia ya apuntada entre leer y escuchar.

Si se trata de un cuento maravilloso, habrá que tener presente lo que hemos desarrollado en relación con las funciones de Propp. Debe tener por lo menos tres de ellas, es decir, se puede ordenar el material en función de las acciones esenciales: 1) Daño, Fechoría o Carencia; 2) Partida; 3) Castigo o Boda. De modo que si se va a adaptar el texto, esta noción de estructura es fundamental para buscar una línea argumental que lo haga comprensible dejando de lado descripciones innecesarias, conflictos colaterales, personajes secundarios que no aporten al relato central, que distraigan la acción y puedan entorpecer su desarrollo. Tal como dijéramos al referirnos a los cuentos maravillosos, suele ocurrir que estos cuentos. Al ser narrados sucesivamente te van modificando en su desarrollo y de pronto la versión que se encuentra, ya sea de modo oral o por alguna recopilación escrita, recoge esas numerosas transformaciones con lo cual su línea argumental puede ser casi incomprensible o haber perdido algo de su estructura esencial.

Este análisis, asimismo, permite revalorizar algunos aspectos que tal vez son intrascendentes durante el transcurso de la historia, pero sí hacen a la conclusión y deberían ser tenidos en cuenta desde el comienzo. Otras veces suele ser necesario reordenar la cronología de los sucesos para favorecer su comprensión.

contarcuentosEstos puntos sintéticamente esbozados construirán la estructura básica, algo así como el esqueleto sobre el que se trabajará  luego con los aditamentos que se prefieran, pero nunca conviene perder de vista este esquema fundamental que dará coherencia y comprensión al relato y evitará caer en descripciones innecesarias, digresiones que alejan o confunden, alteraciones en el orden o la cronología de los sucesos que impidan luego arribar al final.

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Fragmento de:


Contar cuentos. Desde la práctica hacia la teoría

Ana Padovani

Buenos Aires, Paidos, 1999

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