EL BOOM EDITORIAL DE LA LITERATURA INFANTIL

 

Dentro del marco del séptimo encuentro de la capacitación para auxiliares de bibliotecas comunitarias, organizado por el programa Bibliotecas para armar, el autor, editor y docente Mario Méndez brindó una charla sobre la literatura infantil en la Argentina; su relación con la escuela y con las estrategias que las editoriales, grandes y pequeñas, han desarrollado para insertarse en el medio educativo.

 

Por Mario Méndez

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Teniendo en cuenta que ustedes son futuros auxiliares de biblioteca y que no pocas veces atenderán a niños y adolescentes que en algunas ocasiones van a recurrir a la biblioteca comunitaria en busca de literatura (y más de una vez, orientados desde la escuela), he decidido organizar esta charla tomando como base la tesis que escribí hace un par de años para obtener mi título de Editor de la Universidad de Buenos Aires. Creo que es pertinente, y nos permitirá, de paso, intercambiar algunos conceptos acerca de la oferta de literatura infantil y juvenil en la Argentina (LIJ).
elreinodelrevesLa LIJ, literatura que a estas alturas de su historia y desarrollo ha dejado de considerarse menor, ocupa un importante lugar como género particular de la literatura. Esta literatura específica ha crecido tan notablemente en los últimos años en nuestro país que dicho crecimiento bien puede considerarse un fenómeno editorial. Tanto por la cantidad de títulos que se publican año a año como por el aumento de los autores que se dedican a escribirla; por la aparición de editoriales que publican esta clase de literatura o las editoriales que deciden sumar una sección ad hoc a las preexistentes, la literatura infantil y juvenil en la Argentina viene teniendo un fuerte crecimiento que, es de preverse, continuará así por mucho tiempo. Y este fortísimo crecimiento está relacionado directamente con el aprovechamiento integral que las editoriales han realizado de la relación entre literatura infantil y juvenil y la escuela. O, mejor dicho, el sistema educativo todo, desde el preescolar hasta el secundario, pasando, fundamentalmente, por la escuela primaria.
 La relación de esta literatura y la escuela se ha dado desde siempre, tanto que no pocos especialistas se preguntan si debería llamarse realmente literatura a aquellos libros tan ostensiblemente didácticos o pedagógicos que lo que menos les interesa es crear una obra literaria, aquellos, en suma, donde la historia, el argumento, los personajes, todos los componentes de la obra literaria son una excusa para enseñar algo, a diferencia de obras como las de precursores Lewis Carroll (Alicia en el país de las maravillas, fundamentalmente), o Mark Twain (las historias de Tom Sawyer y su amigo Huck) a quienes en absoluto se les ocurrió pensar en las implicancias didácticas de sus obras. Pero no es intención de esta charla, como les decía, desarrollar en extenso las características intrínsecas de la literatura infantil y juvenil, sino ver la relación del crecimiento de la LIJ en Argentina con el aprovechamiento integral que las editoriales han hecho de la relación con la escuela. Y para ello lo mejor será desarrollar los conceptos subsidiarios de “Adopción” y “Prescripción”, conceptos tomados de la experiencia de venta de libros de textos, donde los promotores se proponen conseguir una determinada cantidad de adopciones, esto es, que los maestros, maestras, profesores, bibliotecarios, pidan determinado libro de texto a su curso y los alumnos deban comprar, en lo posible, un ejemplar cada uno del libro prescripto. Este concepto se aplicó a la venta y promoción de LIJ, alentándose el pedido (la prescripción) de una determinada novela, obra de teatro, colección de cuentos o poesías, para que lo lea todo el grado. Y aquí es cuando corresponde hablar de las estrategias que las distintas editoriales desarrollan para conseguir que las maestras y maestros prescriban sus títulos y los respectivos grados los adopten.
En principio querría diferenciar entre los libros de literatura desprovistos de una carga didáctica ostensible, de los que podrían considerarse a mitad de camino y de aquellos, por último, que llevan en sus páginas las actividades escolares, generalmente en anexos al final del texto literario, a continuación de él. Aunque vale decir, al menos según yo lo veo, que prácticamente todos ellos tienen esa carga, aunque se la disimule, porque a las editoriales no se les escapa que la forma de vender mucho es consiguiendo entrar a la escuela. Veamos por ejemplo algunas colecciones “libres de carga”: acá tengo ejemplares de la Colección “Barco de Vapor”, de la editorial SM, y también de Alfaguara-Santillana y de Sudamericana y de las más pequeñas y jóvenes Abran Cancha, Amauta y Crecer Creando. No hay en estas obras guías de estudio, ni preguntas, ni actividades sugeridas, pero fíjense en este catálogo de SM, donde se establecen los temas transversales que se pueden tratar, agrupados en el concepto “Educación en valores” (no olvidemos que “SM” significa “Santa María”, y que esta editorial tiene una fortísima inserción en las escuelas parroquiales): entonces, decía, tenemos aquí “Amistad y Amor”, “Aprendizaje”, “Salud y respeto por la vida”, etc. etc. No es difícil imaginar a la promotora de SM comentándole a la maestra de segundo o tercero interesada, por ejemplo, en Anselmo Tobillolargo (hermoso libro, por lo demás) de Cristina Macjus, libro de la serie azul, recomendado a partir de 7 años, que adoptando este libro podrá trabajar temas como “Autonomía”, “Espiritualidad”, “Superación de la incomunicación” y varios más. Y por supuesto, si la maestra adopta el libro (para lo cual lo pide –prescribe- a sus alumnos) recibe el libro gratis y quizás, con suerte y dependiendo de las posibilidades de la autora y del interés del promotor puesto en la escuela, la visita de la escritora para la feria escolar, por ejemplo. Aquí, para seguir con los ejemplos, les muestro Ruperto detective, de Roy Berocay, escritor uruguayo muy exitoso. Es de la serie morada, recomendada desde 8 años. El libro puede estar acompañado de la guía de estudios que Alfaguara entrega a las maestras sólo a su pedido, y que además, las maestras pueden bajar de la Web, inscribiéndose previamente con el nombre, escuela y grado. En ella figura la biografía, la síntesis del libro, los temas transversales y conexiones curriculares, los contenidos conceptuales, actitudinales y procedimentales, las propuestas de actividades y las actividades para un posible taller de escritura. Y en el catálogo de literatura juvenil, que aquí les muestro, también hay una grilla con temas transversales, conexión con otras disciplinas, temáticas. En este caso, con Cabo Fantasma, de mi propia autoría, puedo mostrar la guía mejor presentada, con su carpetita, y vemos que con la novela se propone trabajar Ciencias Sociales y el tema de la paz.

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Y tenemos el caso de la colección AlfaWalsh, dedicada a la obra completa de María Elena Walsh, que pese a que uno supone que se vende sola, y por impacto, porque todos hemos tenido en nuestra niñez la experiencia inolvidable de las canciones de María Elena Walsh, como “Manuelita…”, “Osías…” o la canciones de El reino del revés, también se le apunta a la escuela y nos encontramos con propuestas para que El reino del revés sea trabajado en el aula. Y fíjense, además, en ofertas integrales como los proyectos de lectura, en el que para cada grado se recomiendan cuatro libros que integran el proyecto, se especifican los contenidos relacionados con los ejes escolares, de cada uno de los títulos y luego hay propuestas de actividades para antes de la lectura, actividades de comprensión de la lectura y para después de la lectura, así como Taller de escritura. El cuadernillo, fíjense, termina con otras obras sugeridas, para que los maestros, por ejemplo, puedan conformar el proyecto cambiando un título por otro, o incluso todos ellos.
Sin cambiar de grupo editorial pero sí de sello, querría hablarles un instante de una colección intermedia, en la que, dicho sea de paso, tuve mi primera experiencia como editor, pues me tocó editar cuatro títulos: este mismo, Historias de caminos y caminantes, y otros tres, en los que hice el seguimiento editorial. Se trata de la colección “Leer es genial”, de Santillana, que está organizada, como se explica claramente en esta guía para docentes, según siete series temáticas, coincidentes con ejes curriculares: “Unos y otros”, “Iguales y diferentes”, “Decir y escuchar”, “Ingenio y enigmas”, “Cuidar y querer”, “Ayer y siempre”, “Paz y respeto”. Y en vez de colores, para las edades se diferenció en lectores, relectores, ultralectores.
Volviendo a los libros despojados de agregados educativos, pero en los que se tiene en cuenta lo escolar de todas maneras, les menciono y muestro algunos títulos de Sudamericana, editorial señera en el rubro, si se tiene en cuenta sobre todo el trabajo de Canela y Silvia Schujer para imponer entre otras la famosa colección “Pan Flauta”, y tres muestras de editoriales jovencitas que aprendieron de las experiencias anteriores. La editorial Abran Cancha, de la reconocidísima autora Adela Basch, quien fuera editora de El quirquincho. Aquí les muestro Había una vez un libro (dedicado a mis hijas y roto por ellas, como corresponde), y este pequeño catálogo donde se explica y promociona el taller que acompaña al libro. Tres títulos de Amauta, que empezó a vender su primer libro, con su “programa de lectura interactiva”, que proponía, básicamente, dos visitas del autor, en la apertura y en el cierre, con entrevista. Y por último, uno de los doce títulos de la colección “Mar de Papel” que me tocó dirigir para la editorial Crecer Creando, con su guía de actividades que claramente sigue el ejemplo de Alfaguara.
Para terminar, muestro ahora los libros que sí tienen en sus páginas las actividades escolares. Libros que son, al menos para mí no hay dudas, de literatura y no de texto. Y que proponen, más abiertamente, que la literatura sea enseñada en la escuela, cuestión con la que estoy de acuerdo plenamente y coincido con la ex editora de Estrada y de SM, mi amiga Susana Aime, que, según nos contó, al momento de fundar la colección “Azulejos”, de Estrada, se siguió el ejemplo de Cántaro, con sus famosos “Cuentos clasificados” y otras obras que son casi clásicos del nivel secundario, y de la colección Hora de lectura, también de la misma editorial. Como ven, en ambas colecciones, con distintos nombres, tales como “Manos a la obra”, “Cuarto de herramientas”, o directamente como “Actividades” se propone la utilización del libro para hacer trabajos escolares, además, por supuesto, de disfrutarlo en primer lugar como lo que es, un libro de literatura.
Para finalizar, cito a otra editora amiga, Judith Willheim, quien junto a su marido Walter Binder realiza ferias en las escuelas y fundó la editorial Calibroscopio. Ella dice, sin dudarlo, que la relación de la escuela y la venta de libros de LIJ más que importante, es, directamente, necesaria.

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