PAULA BOMBARA: “Vivo escribiendo. Es lo que más me gusta en la vida”
Viernes, Mayo 20, 2011
Libro de arena publica la segunda parte de la entrevista realizada por Mario Méndez a la escritora Paula Bombara, autora de El mar y la serpiente y directora de la colección “¿Querés saber?”, de la editorial EUDEBA, llevada a cabo en el encuentro que forma parte del ciclo “Encuentros con autores de literatura infantil y juvenil” que se desarrolla en la Biblioteca La Nube y está organizado por el Programa Bibliotecas para armar.
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PÚBLICO: La idea de los espacios y las páginas en blanco en El mar y la serpiente ¿surgió de la editorial?
PAULA BOMBARA: No. Eso ya estaba en el texto original que llevé; es más, en el original había más espacios entre las oraciones o entre cada palabra. Después lo que hablamos con los editores fue dejar hojas enteras en blanco, obligar al lector a tener que dar vuelta la página entre capítulo y capítulo. Y que los espacios en blanco del texto sean más puntuales. Yo quería que ahí el lector se encontrara con un segundo de más para pensar. Fue toda una búsqueda la manera de expresar todos esos silencios y lo que uno piensa sin las palabras.
MARIO MÉNDEZ: Cuando nos conocimos -recuerdo que nos presentó Susana Casenave, editora de SM-, ella me comentó que estabas trabajando una novela muy buena, El mar y la serpiente, y después me sorprendió mucho que no hubiera salido en SM. ¿Qué pasó?
PB: Es que en ese momento no estaba la colección “Gran angular” en Argentina y, si salía en una colección infanil, tenía que salir en “Gran angular” España. Pero a mí me consta que Susana intentó con mucha fuerza que saliera, no sé bien qué pasó, pero hubo un momento que me dijo que intente en otros lados. Fui primero a SM porque me encantan las colecciones de ahí, todavía tengo la asignatura pendiente de sacar algo en “Gran angular” que ahora sí se publica en Argentina.
P: ¿Crees que podés vivir de la literatura hoy en día?-
PB: Te voy a repetir lo que me dijo Silvia Motta hace unos años y era que Saramago dice que si tenés ocho novelas funcionando podés vivir de la literatura. Yo tengo cinco, todavía no puedo vivir de la literatura pero tengo cinco, espero llegar a las ocho, que a todas les vaya bien y ahí te cuento si puedo vivir de la literatura. Pero de por sí esto de dedicarme a la literatura fue una decisión que tomé con mi esposo, porque de por sí nuestra economía se resentía mucho pero sabiendo que era lo mío no me importa la parte económica. Mientras yo puedo medianamente subsistir voy a seguir escribiendo. No me importa hacer dinero con esto, la verdad que yo vivo escribiendo y es lo que a mí más me gusta en la vida.-
P: ¿Cómo es tu trabajo de escritora? ¿Sos organizada, te pones horarios?
PB: Soy desordenada y desorganizada, soy un desastre. No con los libros y los papeles, sobre eso sí sé dónde está cada cosa. Con eso soy muy puntillosa y obsesiva pero con el tiempo sí soy desordenada. En general escribo cuando mis hijos están en la escuela que es a la tarde, pero a veces me engancho a la noche y al día siguiente no puedo quedarme a la tarde porque termino muy cansada. Y cuando estoy muy metida en algo escribo cada vez que puedo, los fines de semana, en cualquier momento libre que tenga.
MM: ¿Ahora estás escribiendo?
PB: Tengo que empezar con la continuación de la Cuarta pata. Y esto surgió porque durante varios años seguidos los lectores de la Cuarta pata, en los colegios, me pedían que hubiera una continuación. Entonces dije “bueno, son cinco primos y habla uno solo, entonces no te digo hacer cinco libros pero uno más ¿por qué no?”. Y ahora ando con este personaje que está muy poco desarrollado todavía que es Sebastián, el primo más chico.
MM: Bueno, vamos a dejar como cereza del postre algunas cosas relacionadas con El mar y la serpiente que el miércoles pasado trabajamos mucho, y que es una historia muy fuerte. ¿Cómo tomaron en el seno familiar que seas vos la que esté en la tapa? ¿Qué dijo mamá?-

PB: A mi mamá le encantó y también colaboró con las fotos porque no había tapa para esta novela, no encontraban tapa y me pidieron que mandara imágenes que me parecieran que tengan algo que ver. Y me recomendó esa foto en que estoy leyendo y mandamos varias, cinco o seis entre las cuales estaba esa. Y bueno justo la eligieron, y fue como un regalo para mí porque fue una sorpresa. Mi mamá debe ser la persona que más ejemplares compró desde que salió el libro. (Risas)
MM: ¿Qué otras experiencias de intercambio tuviste con El mar y la serpiente? Hoy empezaste diciendo que te gusta cómo leen los adolescentes, por ejemplo.
PB: Sí, a cualquier lugar que me invitan por El mar y la serpiente voy. Me parece que es fundamental que los chicos cierren el tema conociéndome, que vean que estoy bien, que la vida sigue. Porque siempre la primera pregunta es si es autobiográfico y me parece que se quedan con una carga de este tema que la pone el adulto, una carga de tristeza y de estar detenidos en ese momento sin saber qué hacer. Entonces este libro los conmueve y cuando se quiebran al leer le transmiten a los chicos todo esto; en cambio, cuando lo hablan conmigo mucho más suelta es como que bueno, ven que pasó pero que estoy bien. Pasó como pasó Cromañón y como cualquier otra cosa que te puede marcar en la infancia.
MM: Para cerrar te vamos a pedir que nos leas algo…
PB: Sí, claro, encantada, les doy para elegir. Un cuento que me pidieron para la Biblioteca Nacional o un pedacito de Sólo tres segundos, como prefieran.-
MM: Vamos a hacer así. Escuchamos el cuento y después un pedacito de Solo tres segundos. Entonces…
PB: Dale. Este no sé si es un cuento porque, como me lo pidieron para una antología y no tenía nada, lo tuve que escribir. No soy de escribir cuentos. Se llama “Cuando los ojos se cierran”.
“En ese lugar oscuro que se ve cuando los ojos se cierran apareció un conejo azul. No sé de dónde vino pero allí estaba. Peludo, inquieto y tiñendo de azul sus alrededores. Enseguida se puso a brincar por el lugar, a olisquear el aire negro, a buscar rincones. Pero no encontró nada ni aires extraños ni límites. Supongo que estar en un espacio así lo estremeció un poco. Lo hizo pensar en sus afectos, en sus amigos, porque sin que nada ni nadie lo previera, en ese lugar oscuro que se ve cuando los ojos se cierran asomó la trompa de un elefante gris.
–¿Te parece que voy a caber acá adentro?– preguntó el elefante a su amigo azul.
–Me parece que esto es más grande de lo que parece–respondió el conejo a su amigo gris.
Y eso bastó para que el elefante comenzara a llenar todo ese lugar oscuro que se ve cuando los ojos se cierran. Que ya no era tan oscuro, era gris con pelos largos y duros que le daban una textura de campo sembrado y ventoso visto bajo la luz de la luna. Sin embargo, el conejo azul seguía inquieto. Había algo en la naturaleza del lugar que lo mantenía a los saltos. Sobre lo oscuro, sobre el elefante gris que poco a poco comenzaba a desenrollar su trompa, a desplegar las orejas y a respirar inflando la panza.
–No voy a poder dormir- dijo el conejo azul – me siento raro.
El elefante trató de girar su cabeza y le pareció que el lugar oscuro que se ve cuando lo ojos se cierran se agrandaban para hacerle más sitio. Supongo que el tun tun del corazón azul agitado le contagió la preocupación a las patas del elegante gris.
–Algo no está bien, siento mil ojos en el lomo. Llamemos al pulpo – dijo de pronto el amigo gris.
–¿Vendrá? – el amigo azul respondió mirando hacia todos lados.
Y quizás haya sido la urgencia de la duda lo que trajo al pulpo al lugar ahora gris que hay cuando los ojos se cierran. En ese instante que la respuesta del elefante se hacía desear apareció un tentáculo en un lugar aún oscuro del lugar.
–Permiso, me parece que nos vamos a tener que amontonar – dijo el pulpo que era enorme con tres tentáculos adentro y el resto del cuerpo afuera.
–Pasá, pasá que esto se estira todavía más que vos– invitó el elefante
–Te estábamos esperando, a ver si podés aclarar este lugar– le dijo el conejo.
Cuando la gran cabeza del pulpo entró impulsada por sus ocho tentáculos, los amigos apenas pudieron moverse. Pero con el correr de los minutos comenzaron a sentirse cómodos.
–Tal vez ahora sí pueda descansar, al fin y al cabo vine a eso– dijo el conejo azul con una sonrisita nerviosa entre las patas del elefante gris y los tentáculos exploradores del pulpo.
Como lo amigos ya no llenaban el lugar, porque éste se había agrandado, la oscuridad fue ocupando el espacio y enlenteciendo los pensamientos. El silencio cantaba su canción pero ellos tres no la escuchaban. Ese susto que hacía transpirar a los espacios oscuros hizo que el pulpo se tornara violáceo, un púrpura manchado, confundido que tiñó todo lo que se ve cuando los ojos se cierran. A los minutos el conejo comenzó a parpadear más lento y fue sintiendo el arrullo del negro que se ve cuando los ojos se cierran. Al rato era un puntito tibio que irradiaba sueños circulares y azules. El elefante sin embargo no paraba de mover sus orejas intentando escuchar algo. Y el pulpo seguía buscando calma con sus ocho tentáculos bien estirados adheridos a la nada.
–Jamás podré dormir aquí –dijo de pronto el amigo gris.
–Llamemos a las maripositas blancas –sugirió el amigo violeta.
Las maripositas blancas, pequeñas, traviesas, alegres entraron riendo al lugar que se cuando los ojos se cierran. Ellas no le temen a la oscuridad ni al silencio, ponen ritmo a la canción del silencio. Titilan al respirar, brillan cuando los ojos se cierran.
–Con ellas acá ya tengo sueño –bostezó el pulpo
–No las conocía –murmuró el elefante justo antes de dormise.
–¡Sh! corearon las maripositas.–Y el lugar que se ve cuando los ojos se cierran tuvo por unos instantes el color, el movimiento y el sonido de las noches estrelladas en el medio del mar.”
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Este cuento lo empecé a inventar una noche que mis hijos no se podían dormir y les empecé a contar esto con la consigna de que tenían que mantener los ojos cerrados, y no se durmieron pero bueno. Me dieron una idea.
MM: Ahora, un poco de la novela, Solo tres segundos, por favor…
PB: Voy a leer algo de la primera parte, así leen ustedes la segunda.
“Afuera brilla el sol, sol de febrero. Febrero en la ciudad de Buenos Aires. Nicolás está rindiendo un examen. Si lo aprueba se queda en el colegio, el Carlos Pellegrini, colegio al que fueron sus abuelos y sus padres y que comparte con su hermana Sol. Si lo reprueba debe cursar el quinto año en otro lado. Lo reprueba. A la salida del aula su amigo Rodrigo lo espera ansioso.
–¿Y?
–Tres.
Nicolás no va a llorar, ¿acaso es un nene? pero que tiene ganas, tiene ganas. Qué pasará ahora, cómo será la escena familiar? Puede imaginar muchas versiones de las caras de sus padres, las manos recorriendo los rostros de la frente hasta las mandíbulas. Su padre rascándose la barba, su madre cayendo en la silla dándole la espalda para prepararse un té. También puede imaginar su propia actitud, vencido apoyado sobre sus codos apoyado en la mesa. El rostro cerrado sintiendo el roce de la madera en la frente. Expulsado.
– ¿Me acompañás a casa? – le pregunta a Rodrigo.
-Vamos.
Nicolás no va a llorar. ¿Acaso es un nene? Pero que tiene ganas, tiene ganas. Cómo será la vida a partir de ahora, ¿la amistad con Rodrigo será la misma?”
MM: Muy lindo Paula, ahora tendremos que leer lo que sigue. ¡Gracias por haber venido!
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Para ver la primera parte de la entrevista, clik aquí