Archivo Octubre, 2010

CARTAS DESDE LA PRISIÓN

Viernes, Octubre 29, 2010

Libro de arena publica el artículo Cartas desde la prisión de Julián Besteiro y Miguel Hernández: tradición epistolar y experiencia universal, de Michael H. Impey (University of Kentucky), como cierre del homenaje que a lo largo de esta semana se ha rendido al poeta por el centenario de su nacimiento.

 

 

El siglo XX ha experimentado una extraordinaria proliferación de cartas escritas desde una prisión. En todo el mundo, cientos de miles de personas han sufrido prisión por mantener y expresar opiniones subversivas de un sistema o régimen determinado. La correspondencia de figuras de la talla de Dietrich Bonhoeffer, Václav Havel y, por supuesto, Antonio Gramsci, surge como testimonio elocuente de sus preocupaciones humanitarias y de su habilidad epistolar, al ser capaces de comunicarse en los planos personal y universal. Para Gramsci y Bonhoeffer la vindicación vino con la caída de los regímenes a los que se opusieron; para Havel vino con su elección como presidente de una Checoslovaquia liberada del comunismo, que luego se convertiría en la nueva República Checa. Sus experiencias, sus testimonios y sus sacrificios se repiten en las cartas escritas por los italianos Cario Levi, Cesare Pavese y Alcide de Gaspari; por los españoles Julián Besteiro y Miguel Hernández, por mencionar sólo algunos; por la sudafricana Barbara Harlow; por los norteamericanos Eugene V. Debs, Martin Luther King y Philip Berrigan; por el paquistaní Faiz Ahmad; por los innumerables defensores de la emancipación de la mujer; y en cartas escritas desde los centros de detención nor-irlandeses, desde los gulags soviéticos y otras prisiones latinoamericanas, africanas y asiáticas. Las cartas desde la prisión comprenden un subgénero epistolar; forman parte de una amplia tradición que se remonta hasta los mismos comienzos de la historia humana. Algunos escritores e intelectuales han utilizado la correspondencia que se les permitía mantener como medio para comunicarse con el exterior, con sus seres queridos, sus amigos y acólitos, pero también como semilla para escritos posteriores. Esto se podría aplicar a las cartas de Gramsci desde sus primeras anotaciones (fechadas el 8 de febrero de 1929) en sus Quaderni del carcere, reconocidos como uno de los documentos más importantes del género epistolar italiano en el siglo XX,1 y también a las voluminosas cartas que Julián Besteiro escribiera a su esposa Dolores Cebrián en 1917-18 como miembro del Comité de Huelga que paralizó brevemente la mayor parte de España, y desde su posterior encarcelamiento en Cartagena.2 La primera serie de cartas que Besteiro escribe desde la prisión sondean los asuntos españoles contemporáneos y reflejan fielmente cómo, tras la persecución y el encarcelamiento, llegarían la victoria y el surgimiento de una nueva España liberada de las trabas que la anclaban al pasado, una España libre y democrática. Otros aprovecharon su prisión para reflexionar sobre los problemas que surgen de la separación y la reclusión, sobre las condiciones en la prisión y la inhumanidad del hombre, sobre la plenitud de su credo político o su fe religiosa, sobre sus propios recursos, sobre el poder de la memoria y la universalidad del amor. Este fue el caso del gran dirigente socialista norteamericano Eugene V Debs – quien, como Besteiro, fue encarcelado en dos ocasiones por sus actividades políticas – y cuyas notas y escritos (a menudo dirigidos a amigos y asociados), pertenecientes a los dos años y medio que permaneció en la Penitenciaría Federal de Atlanta, se publicaron en 1927 bajo el título Walls andBars.1Un interesante contrapunto se establece entre ambos líderes socialistas con respecto a su actitud para con Woodrow Wilson. Besteiro daba la bienvenida a las iniciativas del presidente estadounidense en su deseo de establecer cierta estabilidad en el período de posguerra y de crear una entidad supranacional que después se convertiría en la Liga de Naciones. Wilson, sin embargo, rechazaba de antemano las repetidas peticiones de conmutación de la pena y de amnistía para Debs que constantemente le dirigía Terre Haute. Pero la gran fascinación de estas cartas es el hecho de insertarse en la intersección entre la literatura y la propia vida, siempre en un momento de crisis personal. Son, en su mayoría, paradigmas de autenticidad, de sentimiento genuino, en algunos casos de expresión espontánea de la verdad que requiere la libertad de prensa, precisamente por estar sujeta ésta a la vigilancia y las restricciones. Plantean entonces cuestiones tan fundamentales como la naturaleza de la literatura, sus principios de selección y rechazo, la respuesta de sus lectores, y la forma en la que opera el estilo en la obra literaria.

Los prisioneros también cantan, componen música, realizan bocetos e ilustraciones en los márgenes de las cartas que escriben: Miguel Hernández es uno de ellos. Algunos, a pesar del reglamento carcelario, llegan a completar cuadros y pinturas mientras que otros, como Miguel Hernández y sus compañeros del Penal de Ocaña, realizan un menú bulliciosamente ilustrado en un intento de levantar el ánimo de sus familiares con una muestra de relativa normalidad.4 En general, muchos de estos escritores fueron personas de una gran educación que ya habían alcanzado cierto éxito tanto en el terreno profesional como en la vida privada. Vivieron en un período en el que escribir cartas era todavía una forma común de comunicación pero también una forma de arte exquisita. Lo que guarda el futuro para el prisionero de la era cibernética es difícil de predecir, pero parece poco probable que vuelva a registrarse tal grado de resistencia y sufrimiento, o siquiera los medios para transmitirlos, en las generaciones venideras. Estas cartas desde la prisión enlazan con al menos tres tradiciones epistolares a las que toman como modelos: Cicerón y su Ad Familiares, de valor extraordinario no sólo para establecer los principios retóricos que subrayan el dictamen medieval y el refinamiento de la epístola en el alto Renacimiento, sino también para revelar las actividades cotidianas y preocupaciones personales del romano educado, dejando así que se evalúe la vida íntima de la Roma imperial. La segunda tradición, iniciada por Ovidio en sus Epistolae Herodium, se conforma como (inter)mediación epistolar, donde el amante que escribe la carta es totalmente consciente de la relación entre presencia y ausencia, tanto en su expresión verbal como en la recepción por parte del destinatario. La tercera tradición proviene de las fuentes apostólicas, que es el modelo preferido por las cartas desde la prisión. Las cartas de San Pablo y otros mártires cristianos animan a sus seguidores a mantenerse firmes en la fe y a no dejar que flaqueen sus fuerzas frente a la persecución y la muerte. Que esta tradición se mantuvo viva incluso con la Inquisición lo prueban las conmovedoras cartas enviadas por Fray Luis de León desde su prisión en Valladolid. Los escritores que tratamos en este estudio, Julián Besteiro y Miguel Hernández, además de conservar esa intimidad (proclamada como la suprema virtud española) de las cartas ciceronianas – y, particularmente en el caso de Hernández, de desatar un verdadero torrente de emoción que compensa el lirismo elegiaco de la poesía que escribe desde su prisión – evidencian el modelo apostólico del martirio y la muerte. El sufrimiento cristiano se da como una suerte de via crucis en las cartas de hombres que, aun declarándose agnósticos e incluso ateos, mostraron gran sensibilidad y respeto para con las creencias religiosas de sus madres y esposas. Esto no significa que no se refleje en sus escritos la tradición ciceroniana, que no repitan muchos de los sentimientos formulaicos amorosamente entretejidos en el romance sentimental o que no se muestren conscientes de los problemas literarios básicos como la autoría, el papel del intermediario y la respuesta de una audiencia que va más allá del propio destinatario, así como el proceso autorreflexivo que conduce a la escritura creadora. La crítica contemporánea nos llevaría a cuestionar los conceptos de autoría y audiencia. ¿Cuál es el significado preciso de ‘lector’ y hasta qué punto es indiscutible la autenticidad del autor? Con la excepción de hombres de voluntad indomable (como el italiano Sandro Pertini), todos nuestros hombres se nos muestran puntillosos a la hora de observar el reglamento carcelario, ya que ansían mantener la línea divisoria que separa su vida del mundo exterior. El primer tipo de lector es el destinatario inmediato, el ser querido, generalmente una mujer – sea ésta madre, esposa o hermana – pero estas cartas también van dirigidas a un auditorio más amplio. Gramsci se valió de su cuñada, Tatiana Schucht, para mantenerse en contacto con su esposa y sus hijos, que por aquel entonces vivían en la Unión Soviética. De este modo, pudo esquivar la regla que limitaba el número de cartas a una mensual, tratando así de evitar la desintegración de su matrimonio. Los motivos explorados en la novela epistolar, ausencia y presencia - el agonizante dilema que anima también las cartas de Gramsci – tiñen de negro las cartas de Miguel Hernández y, a la luz del progresivo deterioro de su salud, nos transmiten cierto tono oscuro que rodeará no sólo sus Últimos poemas sino incluso su ciclo magistral Cancionero y romancero de ausencias. El extraordinario patetismo de las cartas de Miguel Hernández a Josefina Manresa, surge de la falta de intermediario capaz de ofrecer apoyo moral y material.5 En su caso, los motivos de ausencia y presencia siguen cierta dirección contradictoria, ya que su objetivo primordial era ofrecer apoyo moral a una joven esposa, abandonada sin los medios necesarios para afrontar el hambre, las privaciones, las sospechas y la hostilidad; que debía educar no sólo a sus dos hijos sino también a sus tres hermanas, dejadas a su cuidado tras la muerte de los padres. Las cartas de Miguel Hernández son únicas en la historia de la epístola desde el penal, ya que el prisionero declara incesantemente su amor por la esposa y los hijos, su preocupación por las penurias económicas y el hambre (bien conocida de todos es la historia del pequeño Manolillo, que tuvo que criarse con una dieta de cebollas), por los frecuentes ataques de desesperación de su esposa, reacia a depender de otros miembros de la familia o a aceptar la ayuda económica enviada periódicamente por amigos como Vicente Aleixandre, Carlos Rodríguez Spiteri y José María Cossío.6 En su correspondencia con Josefina, casi no hallamos quejas ni indicios de autocompasión, ni siquiera la actitud llorosa que caracteriza la correspondencia de Gramsci. En su lugar, hallamos historias familiares, divertidas, referencias a los juguetes de madera que él mismo construyera para su hijo, así como un esfuerzo denodado por recrear – como si tuviera lugar fuera de los muros de la prisión – una vida familiar cargada de amor y de responsabilidades compartidas. La presencia del censor y otras figuras maléficas sí que se hace notar, pero estas cartas de ausencia están sujetas a una autocensura aún más estricta: no se mencionan los brutales interrogatorios a los que fue sometido el día de su captura, cuando, en 1939, fracasa su intento de pasar a Portugal; ni siquiera admite el hambre o se detiene en detallar las varias enfermedades que amenazaban su salud y su vida, al menos hasta el final.

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CUENTO DE MIGUEL HERNÁNDEZ A SU HIJO

Jueves, Octubre 28, 2010

Continuando con la conmemoración a Miguel Hernández, Libro de arena publica “El potro obscuro”, uno de los dos cuentos que escribiera para su hijo Manuel.


Escritos tras las rejas y compuestos sobre un esquema creativo similar que consistía en formular una ficción capaz de construir un mundo posible ajeno al drama y la violencia vividas en el mundo real del presidio de Ocaña en Toledo, los dos cuentos que Miguel Hernández escribe para el segundo de sus hijos, luego de que el primero muriera antes del año de vida, sustituyen en la letra su ausencia. El potro obscuro y El Conejito destinados al futuro lector niño, escritos para cuando Manuel supiera leer, elaboran en una lengua literaria simple y próxima a la imaginación infantil un universo de resguardo y protección que suplen simbólicamente esas formas de despliegue del afecto paterno.


El potro obscuro

Una vez había un potro obscuro. Su nombre era Potro Obscuro. Siempre se llevaba los niños y las niñas a la gran ciudad del Sueño. Se los llevaba todas las noches. Todos los niños y las niñas querían montar sobre el Potro-Obscuro.

Una noche encontró a un niño. El niño dijo:

Llévame, caballo pequeño, a la gran ciudad del sueño!

-¡Monta! -dijo el Potro-Obscuro. Montó el niño y fueron galopando, galopando, galopando. Pronto encontraron en el camino a una niña. La niña dijo: Llévame, caballo pequeño, a la gran ciudad del sueño.

-Monta a mi lado -dijo el niño.

Montó la niña y fueron galopando, galopando, galopando.

Pronto encontraron en el camino un perro blanco.

El perro blanco dijo:

-Guado, guado, guaguado! A la gran ciudad del sueño quiero ir montado!

-Monta! –dijeron los niños.

Montó el perro blanco y fueron galopando, galopando, galopando.

Pronto encontraron en el camino una gatita negra.

La gatita dijo:

doscuentosparamanolilo

Miaumido, miaumido, miaumido! A la gran ciudad del sueño quiero ir que ya a obscurecido!

-Monta! –dijeron los niños y el perro blanco.

Montó la gatita negra, y fueron galopando, galopando, galopando.

Pronto encontraron en el camino una ardilla gris.

La ardilla gris dijo:

Llevenme ustedes, por favor, a la gran ciudad del sueño donde no hay pena ni dolor!

-Monta! –dijeron los niños, el perro blanco, y la gatita negra.

Montó la ardilla gris y fueron galopando, galopando, galopando.

Galopando y galopando, hicieron leguas y leguas de camino.

Todos eran muy felices. Todos cantaban, y cantaban y cantaban.

El niño dijo:

-Deprisa, deprisa, Potro-Obscuro! Ve más deprisa! –pero el Potro Obscuro no

podía ir depr

isa. El potro obscuro iba despacio, despacio, despacio.

Había llegado a la gran ciudad del sueño.

Los niños, el perro blanco, la gatita negra y la ardilla gris estaban dormidos. Todos estaban dormidos al llegar el Potro obscuro a la Gran Ciudad del Sueño.

“Mi querida Josefina”

Miércoles, Octubre 27, 2010

Libro de arena hace entrega de un artículo que trabaja la relación epistolar que Miguel Hernández mantuvo con Josefina Manresa  a través del que se iluminan zonas de su vida sentimental y de escritor a la vez que permite vislumbrar, en contraposición, algunos aspectos de su producción poética. 
 

 

Hablar de la relación de Miguel Hernández y Josefina Manresa es hablar de una relación por correspondencia. En los escasos ocho años que transcurren desde que se conocen hasta la muerte del poeta, los periodos de convivencia de la pareja son muy cortos e infrecuentes; las cartas, algún telegrama y muy raramente el teléfono son los medios que los mantienen en contacto. Un recorrido por el epistolario de Miguel Hernández a Josefina Manresa nos ha permitido aclarar algunos aspectos de esa relación ya que trabajar con este material hernandiano tiene el valor de la fidelidad, es una fuente de información biográfica narrada por el propio Miguel. En estas cartas escribe dilatadamente sobre su vida personal, familiar y sentimental. Llama la atención, sin embargo, que mencione únicamente de pasada su actividad literaria, su vida de escritor. Pensamos que existe una razón que justifica la omisión de esa faceta de Miguel en el epistolario y es la que vamos a considerar. La razón que encontramos es que Miguel vive dos mundos paralelos: el real, que es al que pertenece Josefina y es en el que vamos a penetrar a través de sus manuscritos y, por otra parte está el poético, el lírico, el que el poeta habita y que sólo existe en su imaginación. El epistolario comienza con la carta que Miguel escribe el miguelyjosefina“Sábado, 1 de diciembre de 1934”, y finaliza con una nota escrita en un trozo de papel higiénico sin fecha poco antes de su fallecimiento en la cárcel de Alicante el 28 de marzo de 1942. Siete años y medio es un periodo muy corto en una vida, pero es el tiempo de mayor actividad creativa y humana del poeta. Miguel conoce a Josefina en 1934, no había cumplido aún los veinticuatro años. Su libro Perito en Lunas ya había visto la luz, y aunque el eco alcanzado no fue el esperado por el autor, los proyectos de Miguel seguían vibrando. Sus viajes a Madrid habían comenzado, estaba entusiasmado trabajando en su obra de teatro: Quien te ha visto y Quien te ve y Sombra de lo que eras; los dos primeros actos ya habían sido publicados, los que faltaban eran lo que Miguel tenía entre manos a la par que su trabajo en una notaría de Orihuela. En medio de ese laberinto intelectual llega a su compleja vida Josefina Manresa, una joven costurera, sencilla, tímida, hija de un guardia civil llegado a Orihuela desde Andalucía que va a infundir nuevas ilusiones a su severa existencia. El noviazgo se hace oficial el 27 de septiembre de 1934 pero el tiempo para disfrutarlo va a ser breve, en noviembre Miguel ha de viajar a Madrid para entregar los actos pendientes de la obra de teatro, con ese traslado a la capital comienza la separación de Miguel y Josefina y se inicia su relación epistolar. A este viaje a Madrid le siguieron otros, después fue la guerra la que los tuvo alejados y finalmente fueron las cárceles la causa de su definitivo distanciamiento. Cada una de estas etapas está sembrada de epístolas que Miguel envía a Josefina. Le escribe donde quiera y como quiera que se encuentre, lo mismo envía cartas largas que notas breves, utiliza cualquier clase de soporte: folios, cuartillas, octavillas, tarjetas de todo tipo, incluso confeccionadas por él cuando no tiene otras al alcance, usa trozos de cualquier clase de papel, hasta un trozo de un prospecto de una medicina, y cuando ya no tiene otra cosa acude al papel higiénico “No te extrañe que te escriba en papel higiénico. No tengo otro a mano” le dice el 19 de septiembre de 1941.

Miguel siente a Josefina como una necesidad porque es la imagen de lo material, de lo terrenal, de lo concreto; el espacio por el que ella camina es el real, es el de sus hijos, y ese mundo para él está muy remoto. Miguel se encuentra instalado en un espacio que solo existe en su imaginación y que él lo ha transformado en un universo poético en el que residen únicamente él y su poesía. Las quejas de Miguel sobre Josefina aparecen ya durante el periodo del noviazgo, dice en la tercera carta “Me has puesto de muy mal humor con tu carta de hoy. Quiero conocerte cuando vaya a Orihuela ¡no quiero encontrarme con otra mujer que no sea la misma que conocí!”, dos cartas más tarde insisten en su conducta “Ayer he recibido tu carta alegre, tu mejor carta porque en ella te hallo de mejor carácter que en las otras.”, este comentario nos hace pensar que las cartas escritas por Josefina, anteriores a esta que es la quinta, no habían sido muy amables. Miguel y Josefina poseen personalidades muy diferentes, caracteres antagónicos, intereses encontrados, creencias religiosas irreconciliables, formación cultural muy distante y, por lo que Miguel deja traslucir en sus escritos, Josefina no parece ser una persona demasiado comprensiva con la vida y las aspiraciones de Miguel “Aún se hubiera venido menos descontenta mi boca si no hubieras sido tan dura conmigo” le dice y prosigue “No quiero que te haga daño nada de mis palabras. Quiero que las pienses sencillamente y quiero verte más mía y más dispuesta a aceptar mi vida tal como es.”

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LA SOMBRA VENCIDA

Martes, Octubre 26, 2010


Libro de arena publica un artículo sobre Miguel Hernández acerca de algunos de los aspectos de su vida que entretejidos con su producción poética delinean la figura del escritor de la luz y de la sombra.


Por Andrés Ibáñez*

Se dice (no sé si es una leyenda) que cuando murió Miguel Hernández, resultaba imposible cerrarle los ojos. Son esos mismos ojos grandes, brillantes como esferas de vidrio, que hemos visto representados en tantos retratos. En uno de sus últimos poemas, escrito en la cárcel y no recogido en ningún libro, escribe: «Yo que creí que la luz era mía / precipitado en la sombra me veo». Pero el poema (y con él, la Obra poética completa del poeta) termina con estos versos: «Pero hay un rayo de sol en la lucha / que siempre deja la sombra vencida».

El propio Miguel Hernández se describió a sí mismo a menudo como «cabrero poeta» (en un artículo publicado en la revista Destellos, editada por el gran amigo Ramón Sijé) o bien como «poeta pastor» o incluso «pastor poeta» («este pastor un poquito poeta», le escribe en una carta a Juan Ramón Jiménez). El padre de Miguel era cabrero, y el propio poeta fue iniciado en el oficio de pastor por su hermano Vicente cuando era un niño. Las montañas comenzaban justo detrás de la casita en la que nació Miguel en Orihuela, secas y desabridas laderas de ese paisaje levantino que tanto se parece al de Tierra Santa. Más tarde, la familia se traslada a otra casa en la Calle de Arriba, una vivienda amplia y cómoda con un jardín trasero en la que había un corral y algunos frutales.

Miguel Hernández estudió durante bastante más tiempo del que sería esperable en un muchacho tan modesto. En el colegio de jesuitas de Santo Domingo llegó a alcanzar los grados de «príncipe», «edil» y «emperador», títulos con los que los jesuitas distinguen a los buenos alumnos. Y enseguida comenzó a leer, primero en la biblioteca del canónigo Almarcha, que le introduce en los clásicos españoles y los grecolatinos traducidos, y luego bajo el influjo de Ramón Sijé, su gran amigo, un estudiante de derecho de orientación conservadora y católica que tenía grandes inquietudes literarias. Sus sucesivos viajes a Madrid, hasta el tercero, que es el definitivo, suponen un gran salto hacia adelante y una ruptura con el mundo provinciano y limitado de Orihuela. Sobre todo por influencia de Pablo Neruda, las ideas religiosas y políticas de Miguel Hernández comienzan a cambiar. El poema «Sonreídme», escrito en el período que va entre El rayo que no cesa y Viento del pueblo, uno de los pocos que escribiera sin rima, y que por esa razón tiene un tono más libre y moderno del que solemos asociar con su arte, es un buen indicador de esta crisis: «Vengo muy satisfecho de librarme / de la serpiente de las múltiples cúpulas / la serpiente escamada de casullas y cálices». Ramón Sijé le visita en Madrid y ambos amigos discuten de política, de poesía, de religión. Se sienten un poco distanciados, pero a los pocos meses el amigo muere, y Miguel se siente devastado. Escribe entonces la «Elegía a Ramón Sijé» que se ha hecho tan famosa y que entusiasmó al propio Juan Ramón Jiménez. El poema, hermoso y algo superficial, contiene un pequeño misterio: porque la elegía por la muerte del amigo parece, en realidad, una declaración de amor de encendida sensualidad.

Hay siempre algo seráfico alrededor de Miguel Hernández. Tenía un rostro de niño ingenuo, marcado de cicatrices por una explosión de carburo que sufrió en la infancia. En seguida se hizo amigo de los poetas de la generación del 27, pero en Madrid no todo fueron aladas almas de rosas de almendro. García Lorca no sentía simpatía por él e intentaba evitarle, y es conocida la anécdota de Miguel llamándole «hijo de puta» a Alberti y recibiendo un bofetón de María Teresa León.

Fascina lo rápido que suceden las cosas en la vida literaria de Miguel Hernández. Perito en lunas, un experimento en octavas gongorinas, es de 1933. Su obra mayor, El rayo que no cesa, poemario de amor y de angustia, del 36. Ese mismo año comienza la guerra, y Miguel salta a una poesía de tipo social y político. Viento del pueblo (1937) es el libro optimista de la guerra, y del viaje a la Unión Soviética. El hombre acecha (1937-39) es el libro pesimista de la guerra. Los dos libros son desiguales, aunque contienen poemas de agonizante intensidad. Viento del pueblo se convertiría en el modelo de la poesía social de la posguerra, y se abre con unos versos célebres donde cada palabra vibra como un terremoto y trae una imagen inolvidable: «Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas / y en traje de cañón, las parameras / donde cultiva el hombre raíces y esperanzas, / y llueve sal y esparce calaveras». Todo Miguel Hernández está aquí: la maravillosa perfección formal, el uso implacable del ritmo y de la rima, la asombrosa imaginación verbal, el tono a un tiempo moderno, casi surrealista, pero con una resonancia clásica, la lentitud poderosa en que la lengua se demora, como embrujada, para decir una por una la sucesión de palabras que son todas esenciales.

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HOMENAJE A MIGUEL HERNÁNDEZ

Lunes, Octubre 25, 2010

En conmemoración del centenario del nacimiento del poeta español Miguel Hernández Libro de arena publicará durante esta semana una entrega diaria sobre su vida y obra literaria. Hoy se presenta una reseña biográfíca* del autor junto con su poema Vientos de Pueblo me llevan.


Miguel Hernández nació en Orihuela, un pequeño pueblo del Levante español, el 30 de octubre de 1910. Hijo de un contratante de ganado, su niñez y adolescencia transcurrieron en medio de la naturaleza. Trabaja junto a su padre ordeñando cabras y repartiendo leche por el vecindario. Sólo el breve paréntesis de unos años interrumpe esta vida para asistir a la Escuela del Ave María, anexa al Colegio de Santo Domingo, donde estudia gramática, aritmética, geografía y religión. En 1925, a los quince años de edad, tiene que abandonar el colegio para volver a conducir cabras por las cercanías de Orihuela, vida monótona que intercala con la lectura de textos de Gabriel y Galán, Miró, Zorrilla, Rubén Dario, que caen en sus manos. Hace amistad con Ramón y Gabriel Sijé y los hermanos Fenoll, cuya panadería se convierte en tertulia del pequeño grupo de aficionados a las letras. Ramón Sijé, joven estudiante de derecho en la universidad de Murcia, lo orienta en sus lecturas, y guía hacia los clásicos y la poesía religiosa. El mundo de sus lecturas se amplía a partir de su vocación autodidacta con libros que consigue en la biblioteca del Círculo de Bellas Artes, así accede a los autores del Siglo de Oro: Cervantes, Lope, Calderón, Góngora y Garcilaso, junto con algunos autores modernos como Juan Ramón y Antonio Machado. Desde 1930 Miguel Hernández comienza a publicar poemas en el semanario El Pueblo de Orihuela y el diario El Día de Alicante. Su nombre comienza a sonar en revistas y diarios levantinos. Poseído por la fiebre de la fama, en diciembre de 1931 se lanza a la conquista de Madrid con un puñado de poemas y unas recomendaciones que al fin de nada le sirven. Aunque un par de revistas literarias, La Gaceta Literaria y Estampa, acusan su presencia en la capital y piden un empleo o apoyo oficial para el “cabrero-poeta”, pronto debe volverse a su pueblo; esta experiencia le sirve para su libro neogongorino Perito en lunas (1933). En Orihuela continúa sus intensas lecturas y sigue escribiendo poesía. También sus amigos le preparan alguna actuación en público. En el Casino de Orihuela recita y explica su “Elegía media del toro”. Otra vez, en abril de 1933, es en Alicante donde interpreta la misma elegía después de una docta charla de Ramón Sijé sobre Perito en lunas, eco de la cual se hace la prensa local. Conoce a Josefina Manresa y se enamora de ella. Sus vivencias van hallando formulación lírica en una serie de sonetos que desembocarán en El rayo que no cesa (1936). Las lecturas de Calderón le inspiran su auto sacramental Quien te ha visto y quien te ve y sombra de lo que eras, que, publicado por Cruz y raya, le abrirá las puertas de Madrid a su segunda llegada en la primavera de 1934. Allí se mantiene con un empleo que le ofrece José María de Cossío para recoger datos y redactar historias de toreros. En Madrid su correspondencia amorosa no se interrumpe y la frecuente soledad inevitable en la gran ciudad le hace sentir nostalgia por la paz e intimidad de su Orihuela. Las cartas abundan en quejas sobre la pensión, rencillas de escritores, intrigas, el ruido y el tráfico. Aunque lentamente, va creándose en Madrid su círculo de amigos: Altolaguirre, Alberti, Cernuda, Delia del Carril, María Zambrano, Vicente Aleixandre y Pablo Neruda. Si Ramón Sijé y los amigos de Orihuela lo llevaron a su orientación clasicista, a la poesía religiosa y al teatro sacro, Neruda y Aleixandre lo iniciaron en el surrealismo y le sugirieron, de palabra o con el ejemplo, las formas poéticas revolucionarias y la poesía comprometida, influyendo, sobre todo Neruda y Alberti, en la ideología social y política del joven poeta provinciano. Superada esta crisis, Miguel Hernández es ya un poeta hecho y comienza a crear lo más logrado y genial de su obra.
El estallido de la Guerra Civil en julio de 1936 lo obliga a tomar posición por la República. No solamente entrega toda su persona, sino que también su creación lírica se trueca en arma de denuncia, testimonio, instrumento de lucha ya entusiasta, ya silenciosa y desesperada. Como voluntario se incorpora al 5º Regimiento, después de un viaje a Orihuela a despedirse de los suyos. Va pasando por diversos frentes: Boadilla del Monte, Pozuelo, Alcalá. En plena guerra logra escapar brevemente a Orihuela para casarse el 9 de marzo de 1937 con Josefina Manresa. A los pocos días tiene que marchar al frente de Jaén. Es una vida agitadísima de continuos viajes y actividad literaria. Todo esto y la tensión de la guerra le ocasionan una anemia cerebral aguda que lo obliga por prescripción médica a retirarse a Cox para reponerse. Escribe varias obras de Teatro en la guerra y dos libros de poemas que han quedado como testimonio vigoroso de este momento bélico: Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1939). En la primavera de 1939, ante la desbandada general del frente republicano, Miguel Hernández intenta cruzar la frontera portuguesa y es devuelto a las autoridades españolas. Así comienza su larga peregrinación por cárceles: Sevilla, Madrid. Inesperadamente, a mediados de septiembre de 1939, es puesto en libertad y se dirige a Orihuela, donde es encarcelado de nuevo en el seminario de San Miguel, convertido en prisión. El poeta -como dice lleno de amargura- sigue “haciendo turismo” por las cárceles de Madrid, Ocaña, Alicante, hasta que en su indefenso organismo se declara una “tuberculosis pulmonar aguda” que se extiende a ambos pulmones, alcanzando hemorragias agudas que lo terminan consumiendo. El 28 de marzo de 1942 muere a los treinta y un años de edad.

*extraído y adaptado de Centro Virtual Cervantes.

Entre sus obras se encuentran las siguientes publicaciones:

VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra:
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

SYLVIA PLATH

Lunes, Octubre 25, 2010

Libro de Arena conmemora en la fecha de su nacimiento a la escritora Sylvia Plath con una breve reseña biografía y un fragmento de un poema que la autora dedicó a su padre.

 

sylvia-plath

Escritora estadounidense. Tras unos brillantes estudios en el Smith College, obtuvo una beca para la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, donde conoció al poeta T. Hughes, con quien se casó en 1956 y del que más tarde se separó. Tras dos intentos de suicidio, que evocó en su novela autobiográfica La campana de cristal (1963), se quitó la vida a los treinta años. Sus principales poemarios son El coloso (1960) y Ariel (1965).

 

 

Estás parado junto al pizarrón, papi,


en la foto que tengo de vos,
un hoyuelo en el mentón

en lugar de en tu pie,
pero no menos diablo por eso, no menos

que el hombre negro que

mordió mi precioso corazón rojo y lo partió en dos.
Tenía diez años cuando te enterraron.
A los veinte traté de morir
y volver, volver, volver a vos.
Pensé que con los huesos bastaría.

Pero me sacaron de la tumba,
Y juntaron mis partes con pegamento.
Y entonces supe que tenía que hacer.
Construí un modelo tuyo,
un hombre de negro con estilo Meinkampf

e inclinación al potro y al garrote..
Y dije sí, quiero, sí, quiero.
De modo, papi, que por fin he terminado.
El teléfono negro fue arrancado de raíz,
las voces ya no pueden ni colarse.

Si he matado un hombre, he matado dos -
el vampiro que dijo ser tú
y bebió mi sangre durante un año,
siete años, si quieres saberlo.
Papi, puedes descansar en paz ahora.

 

AntologiaFragmento de:

“Papá” en Antología

Sylvia Plath

Visor, 2003

AGENDA SEMANAL DE ACTIVIDADES DEL PROGRAMA

Lunes, Octubre 25, 2010

Lunes 25

 

Texto y contexto

El Taller de Teatro y Literatura se propone como un espacio en donde investigar los elementos del lenguaje Teatral desde la aproximación a cuentos y fragmentos de novelas que ficcionalizan hechos reales.

Docente: María Trombetta.

A las 10 hs.

Unidad Penitenciaria de Villa Devoto, Bermúdez 2651.

 

 

Martes 26

 

 

Puerta abierta

Construcción de una historia fantástica a partir de la recreación plástica del paisaje de la biblioteca.
Docente: Claudia Fernández.
A las 11 hs.
Biblioteca de la Estación Coghlan, Estomba entre Rivera y Franklin D. Roosevelt.

 

Capacitación en animación audiovisual para la promoción de la lectura

 

Espacio a partir del cual los participantes puedan  investigar, incorporar y poner en práctica los instrumentos que ofrecen las diferentes técnicas de dibujo animado tradicional para la promoción de la lectura.
Docente: Ayar Blasco.
A las 17.30 hs.
Biblioteca Juana Azurduy, Chile 1432.
Actividad con inscripción previa.

 

Miércoles 27

 

 

Pasa al tiempo del juego
Creación de un espacio/territorio ficticio compuesto en tres dimensiones a partir de consignas de lectura y ejercicios plásticos tomando a los juegos como umbrales de ese espacio imaginario, transformadores de la realidad.
Docente: Claudia Fernández.
A las 9 hs.
Biblioteca Bartolomé Mitre, Larraya 4370.

 

3º Capacitación en narración oral y lectura en voz alta
Adopción de herramientas y mecanismos que se ponen en juego en la tarea de adaptar textos para ser contados en forma oral.
Docente: Gabriela Halpern.
A las 18 hs.
Biblioteca José Hernández, Boedo 870, 2º piso.
Actividad con inscripción previa.

 

 

Jueves 28

 

 

Escultura ilustrada
A partir de lecturas grupales, construimos diseños y composiciones en diferentes técnicas plásticas que darán forma a las piezas de una escultura de encastre.
Docente: Claudia Fernández.
A las 9.30 hs.
Jardín Maternal Albarellos.

 

Taller de actividades lúdicas vinculadas a la lectura para niños y niñas de 6 a 9 años.

Jueves de 11 a 12.30

CAF N° 3 Barrio Rivadavia

 

Cuentos que se dicen
Narradores del curso de narración oral y lectura en voz alta, participarán de una jornada  de cuentos.
Docente: Gabriela Halpern.
A las 15 hs.
Preasis 1, Virrey Cevallos 1333.

 

Viernes 29

 

 

Juegos de improvisación
Taller de lectura, juegos teatrales y entrenamiento expresivo, con la improvisación como procedimiento fundamental.
Docente: María Trombetta.
A las 10 hs.
Centro de Atención Los Piletones, Lacarra 3147.
Actividad para jóvenes de la institución.

 

Taller de dibujo y lectura para adultos mayores.

Docente: Pablo Rodríguez.

A las 11 hs.

Centro Santa Ana y San Joaquín, Culpina 1021.

 

Seminario de animación a la lectura

Espacio a partir del cual los participantes pueden investigar, incorporar y poner en práctica los instrumentos que ofrecen las diferentes manifestaciones artísticas, en su articulación con el diseño de estrategias de animación a la lectura.
Docente: María Trombetta.
A las 17.30 hs.
Biblioteca Juana Azurduy, Chile 1432, Montserrat.

BIBLIOTECA E INCLUSIÓN SOCIAL

Viernes, Octubre 22, 2010

En el marco del encuentro, “La biblioteca comunitaria como promotora del desarrollo social” que se desarrolló en la Biblioteca Nacional el pasado 23 de agosto, se realizó la mesa “Biblioteca e inclusión social”, de la que participaron Pablo Medina, director de la Asociación Civil La Nube, Daniel Canosa, del proyecto de biblioteca indígena Qomllalaqpi, y Analía Fernández Rojo, en representación de Cecilia Ferrer Mariátegui, de la Dirección de Bibliotecas Académicas y Especializadas del Perú. La moderadora de la mesa fue Leticia Manauta, de la Secretaría de Cultura y Participación de UPCN, seccional Capital.


pia

Por María Pía Chiesino

Para comenzar la charla, Manauta planteó la necesidad de pensar en la biblioteca comunitaria como una herramienta más de inclusión social. Refirió la historia de las primeras bibliotecas que funcionaban en los gremios anarquistas y socialistas. Se consideraba el acceso a la lectura como un instrumento político en el marco revolucionario. Esto se consolidó en las organizaciones sindicales del primer peronismo, de la mano de la escuela pública, laica y gratuita. Como consecuencia de la última dictadura militar, y el gobierno neoliberal de la década del 90, esta inclusión se rompió y quedó relegada al trabajo de las organizaciones intermedias.

En primer término, Analía Fernández Rojo leyó la ponencia enviada por Cecilia Ferrer Mariátegui, acerca de los resultados de la experiencia de instalación de bibliotecas en instituciones penales. Se trata de una promoción de lo educativo con el objetivo de resocializar a quienes se encuentran privados de su libertad. Se plantea la universalización de la educación como política de Estado, y en ese marco se realizan actividades de promoción de la lectura entre los internos.

La Biblioteca Nacional de Perú coordina estas acciones educativas con el Servicio Penitenciario, en 84 cárceles. En total, el proyecto alcanza a 44.431 internos en todo el país. Se realizan talleres de poesía, narrativa, teatro, encuadernación y Tertulias Literarias. Se prioriza que los presos sigan en contacto con la sociedad a partir de estos talleres y de la circulación de libros en la colección de Maletas Viajeras, que no sólo se implementa en los penales, sino también en escuelas primarias y secundarias, desde el año 2007 hasta la actualidad.

A continuación, Pablo Medina contó su experiencia con la biblioteca La Nube, especializada en la promoción de la literatura infantil. Planteó que este espacio, que cuenta con más de 60.000 volúmenes, es más reconocido en el exterior que en la Argentina. Medina sostuvo que el niño estaba presente en la escolarización, pero que no apareció en las políticas de inclusión social del Estado hasta el primer gobierno peronista.  Definió a La Nube como un espacio político, destinado a construir un ámbito en el que el chico lea, pensando la lectura como un trabajo previo al placer que proporciona. “El juego es algo natural en la vida del niño, la lectura no”. La lectura le exige al niño una concentración y una disciplina que no la hacen placentera en un primer momento. Refirió además que en la actualidad ha cambiado la edad del usuario de la biblioteca: antes iban chicos de entre cuatro y doce años; actualmente hay padres que buscan material de lectura idóneo, para chicos desde el año y medio o los dos años, y en la mayoría de los casos no encuentran nada. Y en función de esta concepción caracterizó a la lectura como un proceso amoroso de vida y comunicación. Puntualizó las diferencias entre la biblioteca infantil comunitaria  y la biblioteca escolar, a la que definió como un espacio de discriminación, en el que muchas veces no hay acuerdo entre los docentes acerca de si el chico debe tener o no, contacto directo con los libros.

Cuestionó la donación de libros a las bibliotecas del Interior, con criterios de selección de Buenos Aires que hacen que sea necesaria una legislación de  esta actividad que integre a todas las bibliotecas del país, y evite la dispersión de los libros. Finalmente, planteó que lo que le interesa a La Nube como proyecto, en lo que hace a la relación del niño con la literatura, es, fundamentalmente, “enseñar a pescar”.

La última ponencia de la mesa fue la de Daniel Canosa, quien contó la experiencia de la biblioteca indígena Qomllalaqpi que funciona en la localidad bonaerense de Derqui, desde hace dos años. Su  origen se remonta a un proceso de migración de pobladores chaqueños que habían sido despojados de sus tierras en 1995. En principio se construyó un comedor y frente a éste se instaló la biblioteca comunitaria, para que los chicos no perdieran contacto con su lengua de origen. Se apuntó a la construcción de un “nosotros”, a la valoración de la memoria de la comunidad, a la preservación de la oralidad y el bilingüismo, a la defensa de la etnomedicina y el chamanismo. En síntesis, se trabajó en función de  un fortalecimiento de la identidad originaria y un resguardo del patrimonio cultural. Destacó que los chicos de esta comunidad, si bien entienden la lengua originaria, no reciben una escolarización bilingüe, y planteó la necesidad de una formación docente que permita trabajar la diversidad cultural.

En el momento de las consultas por parte de los asistentes, se le preguntó a Canosa si no hay un proyecto de comunicación, que sea integrador de las diferentes comunidades originarias. Respondió que esto es difícil, porque en muchos casos ya  no se habla la lengua originaria pura, sino que hay una mezcla con el español. Puntualizó, además, que el desafío de la biblioteca Qomllalaqpi es el de ser autogestionaria en dos o tres años.

Otro asistente le pidió a Medina una explicación más precisa de la función verticalista de la biblioteca escolar. La respuesta fue que muchas veces en la escuela  no hay un desarrollo de la biblioteca como espacio de reconocimiento, porque quien plantea las preguntas es el adulto.

Como conclusión, podemos decir que esta charla presentó un interesante panorama, en relación a diferentes proyectos, en los cuales se piensa la biblioteca comunitaria como un espacio inclusor. Las tres experiencias que se presentaron, trabajan con sectores de la población que, por razones diversas y complejas, ven restringido su acceso a los bienes culturales, y particularmente, a la lectura. En los tres casos, el eje de trabajo de la biblioteca es inseparable del concepto de inclusión social.

EL CAMINO DE JACK KEROAUC

Jueves, Octubre 21, 2010

 

Un día como hoy, pero de 1969 fallecía el escritor norteamericano Jack Kerouac. Libro de arena recuerda su vida y obra con una breve reseña biográfica y con un extracto de su novela En el camino (1957).

 

Su nombre original era Jean-Louis Kerouac (recibía el apodo de “Ti-Jean”). Nació el 12 de marzo de 1922 en el seno de una familia francocanadiense de padres quebequeses originarios de Bretaña instalados en la ciudad textil de Lowell, Massachusetts. Hasta los seis años, Jack Kerouac hablaba solamente el francés; y aprendió el inglés como segunda lengua en la escuela. Con cuatro años, asistió a la muerte de su hermano mayor Gérard, de nueve años, a causa de una fiebre reumática.
Comenzó a escribir a los 17 años y entre sus primeras influencias sobresalieron Hemingway, W. Saroyan, T. Wolfe y J. London hasta el descubrimiento de de Henry Miller, al que consideró su auténtico maestro.
Escribía constantemente cuando estaba en tierra. Asentado en la ciudad de Nueva York, donde conoció a los otros miembros de la Generación Beat, como Allen Ginsberg, Neal Cassady y William S. Burroughs. Tardó varios años en encontrar un estilo propio, al que finalmente llamó prosa espontánea o “kickwriting”.
La fama acabó con el tímido alocado de Kerouac, que se presentaba borracho a las entrevistas para intentar superar el difícil trance de explicar la mística de las novelas que había escrito muchos años atrás.
Murió a los 47 años debido a un derrame interno, producto de una cirrosis. En su tumba se puede leer la siguiente leyenda “Ti-Jean, ha honrado la vida“.

 

kerouac

 

 

Conocí a Dean no mucho después de que mi mujer y yo nos separáramos. Yo acababa de pasar una grave enfermedad de la que no vale la pena hablar, salvo decir que no fue del todo ajena al lastimoso rompimiento, y que yo tenía la impresión de que todo había muerto. Con la llegada de Dean Moriarty comenzó la parte de mi vida que podría ser llamada mi vida en el camino. Antes de esto, yo ya había pensado muchas veces en ir al Oeste para ver el país, haciendo siempre vagos proyectos y no emprendiendo nunca la marcha. Dean es el tipo perfecto para el camino, pues nació realmente en él, cuando sus padres pasaban en un cachivache por Salt Lake City, camino de Los Ángeles. Quien primeramente me habló del mozo fue Chad King. Me mostró varias cartas de Dean escritas desde un reformatorio de Nuevo México. Fueron unas cartas que me interesaron muchísimo, por el modo ingenuo y bonito en el que Dean pedía a Chad que le dijera todo lo referente a Nietzsche y las demás maravillas intelectuales que Chad sabía. En una ocasión, Carlo y yo hablamos de las cartas y nos preguntamos si llegaríamos a conocer al extraño Dean Moriarty. Esto fue hace mucho tiempo, cuando Dean era algo muy distinto de los que es hoy, cuando era un muchacho entre rejas con una aureola de misterio. Luego vino la noticia de que Dean había salido del reformatorio y venía a Nueva York por primera vez; también corrió la voz de que acababa de casarse con una chica llamada Marylou.

Un día, cuando yo andaba por el patio de la facultad, Chad y Tim Gray me dijeron que Dean estaba alojado en un ínfimo inquilinato de East Harlem, el Harlem español. Había llegado la noche anterior, en su primera visita a Nueva York, con su linda chica Marylou; bajaron del autobús Greyhound en la calle 50, y doblaron la esquina en busca de un sitio donde comer. Dieron enseguida con lo de Héctor, y desde entonces, la cafetería de Héctor ha sido para Dean un gran símbolo de Nueva York. Gastaron dinero en torteles escarchados y pasteles de crema.

Dean no dejaba de decir a Marylou cosas como éstas: “Ahora, chiquita, estamos en Nueva York, y aunque no te he dicho todo lo que pensé cuando cruzamos Missouri y especialmente cuando pasamos por el reformatorio de Bonneville, que me recordó el problema de mi encarcelamiento, es absolutamente necesario que posterguemos todo lo referente a nuestros amores personales y empecemos a pensar enseguida en planes específicos de trabajo…” Y así sucesivamente, al modo que le era propio en aquellos días.

Fui al departamento con los muchachos y Dean acudió a abrirnos en paños menores. Marylou estaba saltando de la cama. Dean había enviado al ocupante del departamento a la cocina, probablemente para que hiciera café, y se había dedicado al amor, pues el sexo era para él lo único santo e importante en la vida, a pesar de lo que tenía que sudar y maldecir para ganarse el sustento y todo lo demás. Se veía aquello en el modo como movía la cabeza, siempre con la vista baja, asintiendo como un joven boxeador que recibe instrucciones, para que se creyera que estaba atento a cuanto se le decía lanzando miles de “Síes” y “Muy bien”. Mi primera impresión de Dean fue la de un joven Gene Autry -fino, delgado de caderas, de ojos azules, con un auténtico acento de Oklahoma-, la de un atezado héroe del nevado Oeste. De hecho había trabajado en un rancho, el de Ed Wall, en Colorado, inmediatamente antes de casarse con Marylou y venir a Nueva York. Marylou era una chica muy bonita, con inmensos rizos que parecían un mar de doradas trenzas, estaba sentada en el borde de la cama, con las manos colgando en el regazo, y sus ojos -unos neblinosos ojos azules campesinos- muy abiertos, porque estaba en uno de los sórdidos neoyorquinos de los que ya había oído hablar en el Oeste; en su actitud de espera, recordaba una larguirucha mujer surrealista de Modigliani en actitud seria. Pero si era una chica bonita, era también completamente tonta y capaz de hacer cosas horribles. Aquella noche estuvimos todos bebiendo cerveza, jugando a las cartas y charlando hasta el amanecer y, ya de mañana mientras permanecíamos tontamente sentados fumando las colillas de los ceniceros a la triste luz de un lóbrego día, Dean se levantó nerviosamente, se paseó meditando por la habitación y decidió que lo procedente era que Marylou preparara el desayuno y barriera el piso.

enelcamino

“En otros términos, tenemos que ponernos en movimiento, querida, como digo, pues de otro modo, estaremos siempre fluctuando y careceremos de un verdadero conocimiento o cristalización de nuestros planes”. Yo me fui entonces.

Durante la semana siguiente, Dean declaró a Chad King que era absolutamente necesario que le enseñara a escribir; Chad le dijo que yo era escritor y que debería pedirme consejo.

 

 

  

Fragmento de:

 

En el camino
Jack Keroauc
Barcelona, Bruguera, 1981

 

 

Este libro se encuentra disponible en la biblioteca comunitaria del Club Ciudad de Buenos Aires, Av. del Liberatador 7501.

UN MONSTRUO MITOLÓGICO

Jueves, Octubre 21, 2010

Rubén D. Hojman*

 

 

“Los mitos son fábulas dramáticas que forman una escritura sagrada que autoriza  la continuidad de instituciones, costumbres, ritos y creencias antiguos en la región donde son corrientes, o aprueba las alteraciones.

La palabra mito es griega, la mitología es un concepto griego y el estudio de la mitología se basa en ejemplos griegos. La mayoría de esos mitos se relacionan con dioses y diosas que intervienen en los asuntos humanos, favoreciendo cada uno de ellos  a los protagonistas rivales, en tanto que la Biblia no reconoce más que a un sólo Dios universal.

En documentos sagrados hebreos posteriores a la Biblia abundan inclusiones de material mítico porque, como se dice más arriba, el mito ha servido siempre como una validación sucinta de leyes enigmáticas, ritos y costumbres sociales”.

Por Robert Graves y Raphael Patai en Los mitos hebreos.

 

 

A mediados del siglo XVI la judería de Praga sufría la persecución promovida por el soberano y asumida por el resto de la población como una constante.

El sabio rabino Loew, con llegada a la corte porque se lo creía poseedor de atributos mágicos, creó la figura del Golem para dar alivio a su atribulada grey.

Tal vez en recordación del relato bíblico referido a la creación del primer hombre moldeado por Dios con barro, él construyó su muñeco gigantesco con arcilla de la ribera del Moldava. Luego le insufló el movimiento de la vida invocando a Dios y su justa causa, y le escribió en la frente la palabra hebrea  emet (verdad). Cuando la finalidad de esa creación estuviera cumplida o como resultó, excedida, el borrar la primera letra convertiría a la palabra en met (muerte) y el Golem terminaría en sólo arcilla.

elgolem,meyrinkEso ocurrió cuando el muñeco, más allá de haber cumplido al levantar con su presencia y su fuerza el espíritu de la comunidad y haber trabajado sin descanso en el mantenimiento del templo, se volvió ingobernable y destruyó vidas y bienes de manera autónoma.

 

La larga tradición de este mito, además de ser criatura bíblica en el judaísmo, tiene importante alcance metafórico en literatura, arte y ciencia.

En 2003 nació la idea de una Bienal de sedes alternantes entre Praga y Buenos Aires, el Proyecto Golem, cuyo objetivo fue acentuar las relaciones entre intelectuales, artistas, investigadores y científicos argentinos y checos.

 

En octubre de ese año se realizaron en Buenos Aires:

Exposición de artes plásticas en el Museo Nacional de Bellas Artes, con presentación de audiovisuales, (Rómulo Macció, Josefina Robirosa, Pedro Roth, Graciela Sacco). Y el Seminario  “El Golem en la Religión y en el Arte y como metáfora en las Ciencias de la Computación”. Y Concierto de Música de Cámara, también canciones sefaradíes por Eleonora Noga Alberti.

En el Centro Cultural Ricardo Rojas, conferencias acerca de la inteligencia artificial (Diego Golombek, Roberto Perazzo, Silvia Ponce Dawson, Roberto Etchenique). Y Funciones de Narración Oral, con Alberto Laisecca, cuento “El Golem” de Gustav Meyrink.

En la Biblioteca Nacional, exposición bibliográfica, publicaciones acerca del Golem, robótica, autómatas, inteligencia artificial (Santiago Kovadloff, Bernardo Ezequiel Koremblit).

En el Teatro Colón, interpretación de “El Kaiser de Atlantis”, de Viktor Ullmann.

En el Centro Cultural Recoleta, Festival Golem para la juventud, música de cámara y presentación de trabajos referentes a la inteligencia artificial, como fútbol de robots.

En el Centro Cultural Borges, proyección del video del Ballet “Golem”, de Pavel Smok; y exposición fotográfica “Praga 2002”, de Pedro Roth.

En el Malba, Festival del cine Golem, once largometrajes originados en Japón, USA, Alemania, Inglaterra y Checoslovaquia.

Finalmente, en el Teatro San Martín, una versión leída por Walter Santa Ana de “R.U.R.” la obra de Karel Capek (1922), estrenada en Buenos Aires en 1931.

 

Cabe señalar que en esa obra los personajes son “robots”, cuya acepción referida a la inteligencia artificial, cibernética, informática y de Internet fue tomada por el autor del vocablo checo “robota” (trabajo, prestación personal), y de ahí en más inicio de la vasta nomenclatura comprensiva de los crecientes desarrollos tecnológicos que hoy nos resultan familiares e indispensables.

 

Esta reseña de actividades fue tomada del Programa Proyecto Golem 2003 – 5764, Buenos Aires – Praga.

Durante su desarrollo pude asistir a alguna de sus propuestas, entre otras “Golem, el amo y el esclavo”, conversación con Pedro Roth en Fundación Campos del Psicoanálisis.

 

 

* Trabajo realizado para el Taller Literatura y Periodismo, del Programa Bibliotecas para Armar, que coordina Mario Méndez en la Biblioteca Popular Alberto Gerchunoff.