ACERCA DE BLANCO NOCTURNO, DE RICARDO PIGLIA
Martes, Agosto 31, 2010Libro de arena ofrece una reseña acerca del cuarto y más reciente libro de Ricardo Piglia. Se refiere a Blanco nocturno, una novela policial ambientada en la provincia de Buenos Aires en 1972, a tan sólo un año de la vuelta de Perón al país.
Por Edit Marinozzi*
Celebra el mundo editorial: apareció Blanco nocturno, la cuarta novela de Ricardo Piglia. Y ya es la ficción más vendida en las últimas semanas.
Un policial de personajes, localizado en un pueblo de la pampa húmeda bonaerense, que transcurre en un mes, desde el 15 de marzo al 15 de abril de 1972. Una época de incertidumbre en la vida nacional “¿Vuelve Perón o no vuelve? ¿Le da el cuero para volver?”. Y la incertidumbre es la marca de esta novela.
Comienza con un crimen que tiene que develar el comisario Croce, a quien en el pueblo consideran “un poco rayado”, con momentos de extravío, y hasta “sospechoso de demencia”. Pero − y esto es fundamental en la novela − con “una intuición tan extraordinaria, que parecía un acto de adivinación”.
El crimen que Croce tiene que resolver es el de Tony Durán, un “mulato elegante” llegado de Estados Unidos para seguir a las mellizas Belladona, Ada y Sofía, nietas del coronel fundador del pueblo, hijas del Ingeniero Cayetano Belladona. El padre, una especie de Rey Lear criollo, alejó a los varones y se quedó con las hijas. Dividió sus posesiones, y desde entonces sólo hubo guerras en la familia.
Los hermanos, Lucio y Luca, habían construido una fábrica en las afueras del pueblo, pero la empresa quebró, Lucio murió, y Luca se encerró en la fábrica, trabajando en sus inventos y en sus máquinas. Aunque acorralado por sus deudas, por el vencimiento de las hipotecas − querían rematarle el edificio y especular con la tierra −, mantenía la esperanza, simbolizada, tal vez, en el edificio iluminado. Luca, entiendo yo, representa dos cosas, la resistencia, y también del fracaso del modelo de producción industrial frente al modelo agroexportador: “En los límites del pueblo, en el borde, en el desierto, empezó a levantar la fábrica como si fuera una construcción soñada, es decir, imaginada en un sueño”.
Dice Sofía a Renzi − siempre estará Renzi en Piglia −, que aquí es un periodista enviado especial de un diario de la Capital para cubrir la investigación: “El viejo quería que todo siga igual, el campo argentino, los gauchos a caballo, aunque él también, por supuesto, había empezado a girar sus dividendos al exterior, y a especular con sus inversiones, ninguno de los terratenientes era un caído del catre, tenían sus asesores, sus brokers, sus agentes de bolsa, iban a donde los llevaba el capital, pero nunca dejaron de añorar la calma patricia, las tranquilas costumbres pastoriles, las relaciones paternales con la peonada”.
Ese es el marco, pero la novela tiene mucho más. Lo más interesante son las pistas que el texto deja para que los lectores juguemos a ser los detectives de las marcas de la escritura. Que por ejemplo − y no voy a decir más, ya se sabe que hay tantas lecturas como lectores − “que las cinco patas que le buscan al gato” a las que alude Croce, nos hagan recordar al diálogo de los personajes de “La muerte y la brújula”, de Borges, cuando el comisario Treviranus le dice a Lönnrot —No hay que buscarle tres pies al gato.
Aunque encierran a un “culpable”, y voltean al soñador, la historia sigue, puede seguir. La investigación no tiene fin, no puede terminar. “Habría que inventar un nuevo género, la ficción paranoica”, piensa Renzi sobre el final. Todos son sospechosos, todos se sienten perseguidos.
Aunque en esta novela resuenen ecos de las anteriores, es evidente que aquí Piglia realizó una nueva, interesante, atractiva, experimentación literaria, y consiguió lo que buscaba: un estilo preciso y rápido, una trama solvente basada en las relaciones entre los personajes.
La conversación Sofía-Renzi dura un día, y es posterior al momento en que comienza a intercalarse en el libro en bastardilla. Puesta así, puede escucharse otra versión de la historia, y permite una lectura por separado, función que también cumplen las notas al pie, un recurso que había utilizado antes, mediante el cual trata de contradecir la definición del género novela, que − dicen − se identifica por no tener notas al pie. Voy a transcribir la 21, porque es dónde el autor nos revela la razón del título:
Diez años después de los hechos registrados en esta crónica, en las vísperas de la guerra de las Malvinas, Renzi leyó en The Guardian que los soldados ingleses estaban provistos de anteojos infrarrojos que les permitían ver en la oscuridad y disparar sobre un blanco nocturno y se dio cuenta de que la guerra estaba perdida antes de empezar y se acordó de esa noche y de la liebre ante la luz del busca huellas del auto de Croce.
Blanco nocturno
Ricardo Piglia
Buenos Aires, Anagrama, 2010
* Trabajo realizado para el Taller de Capacitación Literatura y Periodismo, del Programa Bibliotecas para Armar, coordinado por Mario Méndez, en la Biblioteca Popular Alberto Gerchunoff.