Acerca de Pantaleón y las visitadoras de Mario Vargas Llosa: los mil recursos del escribidor

Mario Vargas Llosa y Mario Méndez no sólo comparten el nombre, también coinciden en la pasión por la literatura. En esta oportunidad, el Mario argentino se sumerge en la novela del escritor peruano Pantaleón y las visitadoras y aprovecha esta increíble historia para enumerar y elogiar la diversidad de recursos literarios con los cuales se construye la obra del autor arequipano.

  

Por Mario Méndez

 

Nadie puede dudar del talento de Mario Vargas Llosa. Lo que se puede hacer, o al menos intentarse, es explorarlo. Autor magnífico, experimentador, osado, comienza ya en su primera novela, La ciudad y los perros, a desarrollar recursos novedosos, y los lleva al extremo en la quizá más grande de sus obras, Conversación en La Catedral, cuando entre Santiago “Zavalita”, y Ambrosio, en una sola charla, se desarrolla una tremenda historia, complicada, profunda, de casi setecientas páginas brillantes.

Pero estos apuntes son sobre Pantaleón y las visitadoras, la novela en la que el propio Vargas Llosa dice haber descubierto el humor en la literatura, por la sencilla razón de que “hay historias que no se pueden contar en serio, porque nadie las creería”. Y además del humor chispeante, permanente, Vargas Llosa se pone, una vez más a experimentar.  Y entonces comienza con un primer capítulo todo desarrollado en forma de diálogo, pero de un diálogo novedoso, múltiple, engarzado, que se desarrolla en medio de la charla de Panta y Pochita, en el que aparece doña Leonor, y en el que se van desgranando prácticamente todos los datos de la historia que está comenzando: que hay un nuevo destino militar para el recién ascendido capitán Pantoja, que será la Amazonía, que el brillante capitán de Intendencia, le dicen dos generales y un coronel, se encargará del servicio de Visitadoras, en la misma Amazonía –y en el mismo diálogo- donde se escuchan las alucinadas palabras de un santón que aún no sabemos por qué aparece, pero intuimos será importante. Y en este primer capítulo, tan abigarrado como el diálogo engarzado, aparece el Sinchi, locutor venial y parlanchín, el padre Beltrán, del servicio castrense, el teniente Bacacorzo, el general Scavino, y el Chino, y Chuchupe, y Chupito. Y uno ya se ha enganchado con esta historia que parece muy rara, que será muy cómica.

Entonces, cuando se termina el diálogo en el final del capítulo 1, aparece un capítulo segundo completamente diferente, en la forma de Parte técnico, escueto, como debe ser, y solapadamente desopilante. El parte de Pantoja a la superioridad incluye las visitas del capitán a una biblioteca religiosa buscando libros sobre temas sexuales (lo echan, claro), su visita al burdel de Chuchupe, del que llega borracho (y adjunta los recibos de las cervezas); la descripción de las “prestaciones” sexuales y sus cotizaciones: masturbación manual 50 soles, bucal o “corneta”, 200, sodomía o “polvo angosto”, 250, etc. etc. (Y es imposible no reír imaginando a los generalazos en Lima o en la misma Amazonía leyendo ese informe técnico, preciso y a la vez delirante).

Podríamos recorrer capítulo a capítulo los recursos de que se vale Vargas Llosa para contar esta historia genial. Simplemente enumeraré al azar, valiéndome de la memoria. Hay absolutamente de todo: más de los diálogos múltiples y engarzados, más partes, instrucciones para recibir a las visitadoras y organizar los cubículos donde se producirá el encuentro, cartas largas de Pochita a su hermana, así como la carta inocente pero a la vez brutal de una visitadora a la señora de Pantoja; o la dolida carta de un capellán a su superior religioso y castrense, y la dura respuesta de Beltrán; guiones de radio, entrevistas, editoriales y notas periodísticas, biografías resumidas (como la de la Brasileña muerta en la selva), discursos póstumos, y al fin el cierre, dialogado una vez más entre Pochita, Panta y doña Leonor, en la fría reclusión de la montaña, donde termina el brillante capitán.

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En suma, un despliegue magnífico de recursos narrativos, un humor corrosivo y permanente y la agudeza para reírse de las costumbres militares, del provincialismo, del periodismo, de la religión oficial y de las sectas, del mundo entero recortado en un pueblito de la selva peruana.

 

 

Pantaleón y las visitadoras

Mario Vargas Llosa

Perú, Seix Barral – Alfaguara, 1973

 

Esta obra se encuentra disponible de manera gratuita en la biblioteca comunitaria del Centro Cultural Julio Cortázar.

3 Comentarios para “Acerca de Pantaleón y las visitadoras de Mario Vargas Llosa: los mil recursos del escribidor”

  1. silvia capuano escribió:

    Gracias Mario, como siempre muy interesantes tus comentarios

  2. clara escribió:

    Muy bueno el informe.

  3. Nando escribió:

    Buenas. Hay 2 películas realizadas a partir de esta novela, y las 2 son fieles a la misma. La primera, de 1975, hecha en República Dominicana, con la participación del mismo Mario Vargas LLosa (MVLL) en el guión, dirección y hasta algún papel secundario en la actuación.
    La segunda versión, más reciente y con mayor posibilidad de conseguirla (1999), fue grabada en la misma selva peruana, con la dirección del también dir. peruano Franciso Lombardi. En esta ocasión MVLL no participó directamente del armado de la película ni de los guiones (aunque los diálogos guaradan semejanza con la novela); sin sembargo, se sabe que lo único que le pidió al director fue que él tuviera el privilegio de ver primero la película. Quedó gradecido y contento por esa producción Muy recomdable, por supuesto, poslectura.

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