“ENAMORADAS DE COGHLAN”
Viernes, Agosto 13, 2010
Libro de Arena continúa con las entrevistas a personas que llevan adelante las bibliotecas comunitarias. En esta oportunidad, a tres mujeres que coordinan la biblioteca de la Asociación Civil Amigos de la Estación Coghlan. Cristina Moncayo, Evelina Rucci y Elba Rodríguez hablaron de sus vidas, de sus libros de la infancia, de los juegos y hasta de sus aventuras amorosas.

Por Mateo Niro
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No me costó llegar, aunque habíamos quedado en encontrarnos a última hora, después de todo. Caminé al final esos pasos hacia el tren, con la compañía ocasional de los que iban al andén. ¿Quiénes de ellos podrían haber imaginado que éste iba a llegarse hasta ahí pero para adentrarse en la biblioteca de la misma estación, en ese proyecto formidable de tantas personas que pueden mirar más allá de sus narices? La Asociación Civil Amigos de la Estación Coghlan funciona desde 1967 y, desde entonces, lucha por la defensa de los espacios públicos del barrio y la promoción de la cultura. Aunque también, en una época gris, estuvo cerrada y se refundó en el ’99. Sabía mucho de la biblioteca pero quería saber más de Cristina, Evelina y Elba, las manos que la mecen.
¿Qué podrían decir cada una de ustedes de sí mismas?
Cristina Moncayo: Que soy vecina de Coghlan, docente, astróloga, interesada en los temas sociales, comunitarios del barrio.
Evelina Rucci: Vecina de Coghlan, interesada por todo lo que es el barrio.
Elba Rodríguez: Yo me definiría como una mujer inquieta que tiene ganas de aprender cosas, que fue siempre ama de casa pero que en este momento tiene un poco más de libertad y la quiere emplear haciendo cosas para los demás y para mí también.
¿Cómo fue que llegamos hasta acá?
Cristina: Creciendo, después de haber trabajado muchísimo tiempo. Disfrutando y, a través de lo amoroso de las relaciones, aprendiendo.
Evelina: Llegué al barrio hace 36 años y me enamoré, me enamoré por las plantas, el perfume. Yo venía de un lugar donde era todo cemento, de San Cristobal. Había tenido un problema con un departamento que perdí y con mi marido llegamos y nos pusimos a trabajar compramos otra casa y no vine hasta que estuvo concretada. Recién cuando vine dije: “esto es una maravilla”. Y desde ahí empecé a trabajar sábado y domingo en la estación y con eso me sentía realizada.
Elba: Yo llegué a través de Evelina, que siempre me decía que necesitaban gente que tuvieran ganas de hacer cosas. Pasó un tiempo largo hasta que acepté venir.
Muy bien, así fue como llegaron hasta este mismísimo lugar. ¿Y a ser lo que son como personas, cómo llegaron?
Cristina: Laburando sobre uno mismo, sin duda. Creo que conociéndose, aprendiendo de los errores. Trabajando sobre los aciertos también, disfrutando y aprendiendo a convivir. Esto es todo un aprendizaje, hay que estudiar y formarse.
Evelina: Como contaba venía de San Cristobal y también hacía trabajos comunitarios, salía de la oficina e iba al Hospital Garraghan a ayudar a los chiquitos y después fui presidenta de la Junta de Estudios Históricos de San Cristobal y cuando vine acá me integre a todo esto porque me parecía fantástico.
Elba: El tiempo mío es de descuento ya, porque ya tengo una gran parte de mi vida vivida. La facilidad que tenemos es que hemos caminado mucho. Y los que caminos mucho, alcanza con que se diga media palabra y ya se sabe lo que se quiere decir.
¿Qué recuerdo tienen de su infancia y adolescencia?
Cristina: Provengo de una familia de clase media baja. Nací en San Telmo, pero la mayor parte de mi infancia la pasé en Palermo. Mis padres tenían sólo estudios secundarios, mi papá se dedicaba al comercio y mi mamá era empleada de una empresa. No había muchos intereses culturales en mi familia, quizá mi madre estaba un poco más interesada. Lo que sí tenían los dos muy fuerte era el compromiso con lo solidario. Donde se podía ayudar se ayudaba, y eso quedó muy marcado en mi infancia.
Evelina: A los seis años nos fuimos a San Cristobal, pero siempre volvía a Junín en vacaciones por mis abuelos.
¿Y por qué se mudaron, Evelina?
Evelina: Porque mi papá había conseguido otra cosa acá, mi mamá era directora de un colegio, después se jubiló y mi abuelo perdió el trabajo. Él tenía un almacén de ramo general en el campo y él había fundado un colegio, mi papá llevaba a las maestras de la ciudad al campo. Tenía un remís y en ese momento era el coche de alquiler en el año 1928. Después nos vinimos acá. Mi papá era empleado metalúrgico y mi mamá había sido directora, estábamos en la clase media, ahí. Yo estudié en un colegio de monjas, y como era medio vaga mi papá me dijo que tenía que estudiar. Entonces me fui del colegio y trabajaba pero estudiaba a la noche.
Elba: Tengo lindos recuerdos de mi infancia. Vivíamos con mis abuelos que eran españoles, en San Martín hasta que mi abuelo ingresó a las Bodegas Escoribuela entonces era gerente de ahí o contador, no sé. Y entonces vinimos para La Paternal, donde viví mucho tiempo. Linda niñez tuve, mi mamá era analfabeta porque venía del campo y los abuelos de ella eran indígenas pero me enseñó muchas cosas durante el tiempo que estuvo, porque ella murió cuando tenía 13, 14 años. Mi viejo era tremendo, como yo. Era de tirar para adelante aunque hubiera una pared adelante. Yo no pude estudiar, llegué a sexto grado pero siempre me anotaba en cursitos de acá y de allá para poder ir haciendo algo porque había que trabajar.
¿Qué anécdota recuerdan de aquella etapa de sus vidas?
Cristina: Sería que estaba todo el día colgada de los árboles comiendo fruta en la quinta de mi abuelo de Matheu, eso fue mi infancia.
Evelina: En la adolescencia iba al colegio de monjas y tenía amigos que iban a otros colegios. Ellos me habían invitado a ir a la Quinta de Olivos y venía corriendo un pingüino y cuando lo agarro veo dos botas, lo miro y era Perón y casi me quedo con el pingüino.
Elba: A los seis años me fui atrás de un circo, menos mal que paró en Agronomía sino no estaría acá. Era la hora de la siesta, yo me había escapado con un primo que le dije que venga que nos íbamos a divertir con los payasos y todo. Entonces cuando llegó la hora de la siesta, que antes era tan sagrada, mi mamá se acostó y yo me las piré y ya se estaba haciendo la noche, yo no tenía noción de lo que estaba haciendo y mi primo mayor me dice “Negra hoy te matan con la varita” y yo volví corriendo como si me estuvieran pegando y cuando llegué a casa me desnudé porque estaba toda sucia y me acosté pero me castigaron igual.
Siempre me pregunto cómo actúa la memoria. Quiero decir: ¿qué hace que algo sea recordado y algo otro sea olvidado? El tiempo, sin dudas, pero también la intensidad de lo vivido. ¿Cómo se pueden olvidar esas cosas de vivir colgada de un árbol, de tropezarse con Perón, de escaparse atrás del circo?
¿Y a qué jugaban cuando eran chicas, se acuerdan?
Cristina: Me encantaba andar a caballo, andar en bicicleta. Después jugaba a las maestras, y luego fui docente. Me gustaba mucho leer.
Evelina: Yo jugaba a la payana, con las piedritas. A las bolitas porque éramos como cien primos y nos juntábamos todos, arreglamos un auto de mi abuelo que estaba todo destartalado y jugábamos a eso.
Elba: Yo jugaba siempre a mandar, sino tenía a quien mandar no jugaba. Entonces me metía debajo de una mesa que tenía una manta de terciopelo y me escondía ahí enojada porque no tenía con quién jugar, no estaban mis primos y me aburría. Y cuando estaban hacía de la dueña de un negocio y ellos venían a comprar y hacíamos plata con papeles de diarios y yo era la que tenía la plata, la que vendía siempre.
Cristina, decías que te gustaba leer, ¿qué leíste de chica?
Cristina: Recuerdo por ejemplo La Escuela de las Hadas, Alicia, toda una colección en la pubertad creo que era Hola Lucas, Aquí Martina que eran todas historias entre jóvenes y adolescentes, me acuerdo también de los clásicos. Tom Sawyer, Robin Hood.
¿Cómo dabas con los libros?
Cristina: Mis viejos compraban libros, y también lo que me empezó a pasar es que yo me llevaba muchos libros por los padres de mis amigos, sobre todo en la adolescencia entonces yo iba y me metía en sus bibliotecas o me los prestaban.
Y ustedes, ¿qué leían?
Evelina: A mi me gustaba mucho la historia, en todos los aspectos pero más la parte política. Me gustaban mucho los personajes, me dedicaba a estudiarlos. Me gustaban mucho los tres jacobinos que eran Belgrano, Castelli y Moreno, me encantaban. Todas esas cosas me las traía un amigo que tenía una biblioteca muy interesante.
Elba: Yo te voy a decir la verdad, muchos libros no leía cuando era chica. Lo que leía era el cantaclaro, lo que a mí me gustaba era mucho cantar, entonces me juntaba las moneditas y me compraba el librito y me ponía a cantar, por eso me sé todos los tangos que hay. Después de más grande si, he leído a Edgar Allan Poe, pero el libro que me quedó muy marcado, a los cuarenta, era joven todavía ahora tengo ochenta, fue Cien Años de Soledad, de García Márquez. Lo leí muchas veces, me gustó mucho. Porque nunca había leído un libro completo, yo compraba revistas de medicina que me gustaba mucho. Hice un curso de enfermería que me anoté cuando tenía treinta y pico de años, siempre hacía cositas así.
Para mí también Cien años de soledad fue el libro iniciático, pero ésa es otra historia.
Ya hablamos de la niñez y adolescencia. Ahora cuéntenme de su adultez, ¿qué fue de sus vidas?
Cristina: Hice el profesorado para maestra de primaria. A los 16 empecé a trabajar en recreación en la Villa 31 durante la época del proceso, después empecé la facultad, hice psicopedagogía hasta cuarto año inclusive y la dejé porque no era lo mío. Mientras tanto trabajaba en Isidro Casanova en un centro de salud comunitario a la vez que laburaba de docente.
Recuerdo que empecé como maestra jardinera, y ¡como lloraba! Eran 37 nenes de 3 años y yo me había formado para maestra de primaria, no para eso. Y luego trabajé en primaria durante quince años, después arranqué lo que llamo mi segunda carrera que es esto de la medicina alternativa y todo este trabajo terapéutico. Me quedó de la docencia la escritura, esto de los libros de textos que es lo que vengo haciendo desde hace unos años y creo que todo lo que tiene que ver con la biblioteca, con el trabajo cultural tiene que ver con esto. Trato de conservar esta múltiple variedad de actividades.
Por último estudié astrología y ahora soy astróloga que es a lo que me dedico y hago cartas natales que es como un mapeo de las características, de las cualidades energéticas de cada persona.
Tuviste un hijo durante todo este trayecto también…
Cristina: Si, me casé a los 29 con el que era mi novio desde los 18 con una especie de bache en el medio de cinco años pero bueno…
¿Cómo lo conociste?
Cristina: Lo conocí porque era el amigo del hermano de una compañera mía de secundaria, en realidad conocí a los dos juntos, y me gustó el otro. Porque salí nueve meses con el hermano de mi amiga y como no anduvo me enganché con él y siempre le decía con vos estuve 15 años y con el otro 9 meses, no hay nada que reprochar. Y tuve a mi hijo Martín y en todo el camino de estos años también me pasó esto de quedar viuda joven.
Cristina dice esto como quien sabe los secretos de la vida, porque si no, no se puede cargar con tantísimo valor el golpe tan inmenso de la ausencia del ser amado. Sí, Cristina sabe los secretos de la vida, no tengo dudas.
Y vos, Eve ¿qué fue de tu vida?
Evelina: Yo empecé a trabajar a los 18 años y a los 19 fui jefe de personal de la fábrica de alfajores Guaymallen y ¡no sabés las que me hicieron, claro yo era una pendeja y encima las mujeres en la fábrica eran bravas!, ahí trabajé dos años. Mientras estudiaba historia.
¿Y de más grande qué hiciste?
Evelina: Trabajé en una florería, en la parte contable. Yo estudiaba Economía en la facultad. La empresa tenía una intervención judicial porque quebró y en tres años la levantamos y, bueno, siempre estuve ahí, trabaje muchos años. “Real” se llamaba la florería. Después me jubilé de ahí.
Y vos Elba, ¿qué hiciste durante tu adultez?
Elba: Lo mío empieza así, yo trabajaba en una fábrica de zapatos, entré de aprendiz. Estuve en una que trabajaba para Grimoldi, después estuve en una que se llamaba “Mingo” que estaba en la calle Gaona y Nicasio Oroño, por ahí. Y como aprendí rápido y siempre me gustó el dibujo empecé a hacer modelos y quedé como modelista de calzado. Ahí trabajé hasta que vino el sindicato, en esa época cuando aparece el sindicalismo en La Argentina con Perón. Yo veía que lo que me ofrecía el sindicato era más de lo que me ofrecía el patrón, entonces empecé a jugar un poco a dos puntas, iba al sindicato y en el trabajo me hacía la santa. Y bueno de ahí, de la fábrica, me tuve que terminar yendo. Y me dediqué más a mis hijos que necesitaban una madre y desde ahí que soy ama de casa.
Muy bien, ahora hablemos un poco de amor…
Evelina: Yo trabajaba en una empresa donde éramos muchas mujeres y mi actual marido, Carlos, vino a hacerle un reemplazo al hermano. Yo trabajaba con el hermano, entonces jugamos una apuesta con las chicas para ver quién salía con el gordito y al final nos re enganchamos y desde ahí que estoy siempre con el mismo. Y bueno, tuve dos hijos y un nieto de once años que se llama Agustín.
Elba: Mirá, yo me quedé viuda, te la voy a contar así, ya crié a mis tres hijos, los casé, tengo seis nietos, gracias a Dios somos una familia como los Locos Adams, nos complementamos. Nos amamos y nos odiamos en los momentos justos. ¡Y viví la mejor historia de amor que te puedas imaginar! Te cuento: cuando quedo viuda, voy a un grupo para ayudarme emocionalmente y estando ahí -había un psicólogo manejando el grupo, y me estaba yendo bien-, hasta que nos cruzamos con la mirada con uno de los integrantes que estaban. Yo tenía 70 y el era un muchacho de 51. Un día llovía y yo me estaba quejando de que me iba a mojar el pelo -y nunca me gustó eso-, entonces me dijo que me llevaba en el auto y bueno eso duró un año y medio, fue muy lindo.
¿Y siguieron yendo al grupo?
Elba: Sí, pero no contamos nada, aunque el psicólogo se había dado cuenta porque la transformación de viuda a enamorada era muy fuerte. Entonces un día voy que me tenía que encontrar con el psicólogo y dos personas más y cuando estábamos tomando un café me dice: “vos estás enamorada”. Eso duró un año y medio, por el tema de la edad no daba más. Pero fue muy lindo, me ayudó a salir del momento emocional que estaba pasando.
¿Y tus nietos y tus hijos sabían de este amor?
Elba: No, no era algo completamente clandestino.
Quizás ahora se enteren de los secretos de Elba. Yo ya había enterado cuando estuve esa tarde en la biblioteca de la Estación Coghlan. Cristina y Evelina ya lo sabrían. La vida, a mí, no deja de asombrarme.