Fernando Sorrentino: Escribo porque me gusta, vamos a decir la verdad

Esta es la segunda y última parte de la entrevista realizada a Fernando Sorrentino, autor de Crónica costumbrista. En la primera parte, Sorrentino había hablado, sobre todo, de su oficio de escritor. En esta porción de la charla se dedica a despuntar sus gustos de lector.

Mario Méndez: -¿Si hoy te propusieran hacer un tercer libro de entrevistas, tendrías que pensar mucho en un escritor o no hay ninguno?

Fernando Sorrentino: -El único que me hubiera interesado es Marco Denevi, que se murió. No, no se me ocurre ninguno.

Entrevista Sorrentino 024

T: ¿Y a nivel internacional?

FS: -Menos, porque tampoco los conozco.

MM: -¿Qué estás leyendo? Sé que releés mucho.

FS: -Bueno, Mario me preguntó qué estaba leyendo, para que vean hasta qué punto tengo gustos pervertidos, el último libro que leí fue la fonética de Malmberg. Porque en realidad, lo estoy notando, y muchas veces lo comenté, que me gusta más leer libros de información que libros de literatura. Al revés de lo que me pasaba años a, en que lo único que me gustaba leer eran novelas y cuentos. La gramática es una cosa que siempre me gustó.

Esposa de Sorrentino: -¡Hay que obviar el librito ese que lees de perverso!

FS: -¿Qué librito? Ah, lo que pasa es que tendría que hablar mal de una persona que murió y no puede defenderse. Pero es esto. Yo agarro cierto libro. Muy voluminoso. Que yo leí  por primera vez en el año ´64, y como era muy jovencito me pareció un libro sin mayor atractivo pero tampoco me pareció espantoso.

T: -No era la Biblia.

T: -Tampoco el Kamasutra.

FS: -Era una novela. Cuando leo esa novela ahora, la leo con cierto masoquismo. Porque la leo para enojarme. Porque digo: “¿cómo este hombre puede escribir así?”. Yo a mi mujer le cuento casi todos los días, por eso me lo hizo acordar: el tipo cuenta, por ejemplo, que se hospeda en el hotel, y dice: “llegué a mi habitación, saqué la máquina de escribir, la puse sobre mi escritorio, me desnudé, empecé a buscar las cosas para el baño. En eso el conserje me llama por teléfono, hay un llamado para usted, de tal ciudad, y yo le contesto, no conozco a nadie de esa ciudad, y me dice, es para usted, me puse la bata que tenía los codos rotos, bajé, el conserje me indicó la cabina de teléfono, atiendo, y me dicen otro apellido, entonces indignado salgo y digo, no era para mí, subí a la habitación, bajé a comer, me senté, en una mesa vecina había un señor británico con una mujer, pedí tal comida, con un vino seco, terminé de comer, me senté en la baranda, fumé un cigarrillo”, y yo decía: “¡¿pero a quién le podía interesar eso?!” Porque si hubiera sido Marco Denevi, hubiera dicho: “tomé un vino blanco y seco” y después habría dicho que estaba envenenado, él habría contado algo que tenga alguna consecuencia. Es como cuando Carlitos Balá preguntaba por lo de la aneda [la anécdota]…  páginas y páginas así. Ahora ustedes querrán saber quién es, nos reunimos acá en el año 2011 y les digo quién es.

MM: -Igual nos pondremos a pensar.

FS: -No me explico, porque no es que está mal escrito, está regido por la falta de sentido común. A nadie le interesa leer algo donde no ocurre nada.

T: -Pero es a vos a quien le interesa.

FS: -Porque soy masoquista.

T: -Los autores preparan al lector no para lo tedioso de la lectura, sino para cosas que sorprenden.

FS: -Pero en este caso no pasa nada, pero nunca nunca. Y después cuenta cosas que van contra la verosimilitud, cosas que no pueden suceder. Por ejemplo, en otra parte del libro, además está obsesionado con nombrar lo que come, dice: “entré a un restaurant, pedí una pasta, un asado y un postre”, ustedes piensen que si van a un restaurant y piden una pasta, después ¿qué van a pedir? Un bife de chorizo no, porque revientan. Y además, qué sentido tiene decir lo que había comido, si eso no causa ninguna consecuencia ulterior. Es decir: “comí una pasta y me indigesté”, bueno, ahí sí. Pero no, nada. Además, nadie puede comer así.

Entrevista Sorrentino 016MM: -Dos conceptos fundamentales, ¿no? Verosimilitud y esta cuestión del clavo, de que si aparece un clavo en el primer párrafo, que alguien aparezca colgado de ese clavo.

FS: -Claro, todo lo que se dice tiene que servir para algo. Las informaciones gratuitas son gratuitas, no tienen lugar en la economía del relato.

T: -Una pregunta, porque escuché algunos comentarios de escritores sobre determinadas cosas, por ejemplo sobre la novela histórica. Hay quienes creen que la novela histórica le hizo mucho daño a la novela en general. ¿Vos qué opinas?

FS: -Yo no, no leo, yo con el tiempo empecé a tener cierto gusto literario, a mí me gustan las historias, sean cuentos o novelas, que tengan cosas raras. Es decir, a mí el realismo no me interesa, salvo un realismo donde ocurran cosas interesantes. Yo, una novela, donde todo sea cotidiano, y donde todo se parezca a la vida, a la vida que yo puedo leer en el diario, no me interesa, no me interesa en lo absoluto. Por eso siempre tengo el ejemplo, de uno de mis amores literarios, que es Dickens. Cuando leí por primera vez David Copperfield era apasionante, por ahí era todo realista, no había fantasmas, no había  magia, no había nada, pero yo decía, “¿qué va a pasar ahora? ¿qué va a pasar ahora?”, era apasionante, y es un libro que tiene setecientas cincuenta páginas. El tipo era un genio, porque escribir setecientas cincuenta páginas y no aburrir nunca eso no lo hace cualquiera. Ese es el tipo de novela o historia que a mí me gusta. Que ocurran cosas interesantes, en el sentido íntimo de la palabra.

T: -¿No será por eso que seguís leyendo ese libro?

FS: -No, ese libro lo sigo leyendo por espíritu destructivo nomás.

T: -Yo estaba tratando de buscarle un por qué.

T: -Quería preguntarle a Fernando si cuando se sienta a escribir toma cosas de la vida cotidiana, y lo lleva a escribir, o es todo ficción o inspiración.

FS: -Generalmente, son tergiversaciones o deformaciones, hablo por mí, de la realidad, por ejemplo, ustedes habrán leído el cuento mío del paraguas en la cabeza. Yo parto de un hecho que es imposible, y bueno, la primera oración me trae la segunda, la segunda la tercera, y eso se va desarrollando. Eso no puede ocurrir en la vida real. Es una deformación de la realidad, pero yo trato de poner una cantidad de detalles que sí puedan ocurrir. Hace muchos años, leí los cuentos fantásticos de Hoffman. Y me desagradaba, porque ahí todo era fantástico y no había ninguna explicación. Dice: “la princesa se transformó en serpiente” y tiene que haber cierto respaldo verosímil para que uno crea eso. Y después, años después, yo sabía que eso me desagradaba y no sabía por qué. Y pensé: es lo mismo que una persona que estudia y se pone a subrayar, si subraya todo, no subraya nada. Si todo es fantástico, entonces nada es fantástico. Muchos años después, me di cuenta en el prólogo de la literatura fantástica que escribió Bioy Casares en el librito de antología de la literatura fantástica de editorial sudamericana. Bioy Casares dijo exactamente lo que yo percibía sin saber explicarlo. Dijo que en un momento dado, los escritores de la literatura fantástica se dieron cuenta de que lo importante era que en un contexto verosímil ocurriese un solo hecho fantástico, uno solo, para que el lector lo aceptara, porque si todo es fantástico, entonces nada es fantástico. Bueno, pero ¿por qué me desvié por todo esto? Ah bueno, la deformación de la realidad, claro.

T: -Si lo que tomabas de la vida cotidiana lo asimilabas o transformabas en un cuento o era todo espíritu propio.

FS: -En el caso mío, yo tiendo a escribir cosas raras. Por ejemplo, la invasión de los escorpiones. Ese tipo de cosas, cosas que no pueden ocurrir pero que me dan lugar a apartarme del realismo cotidiano.

T: -El conejito que encontraste en Ushuaia. Ese lo viste ahí, algún animal te apareció.

FS: -¡A que el lector no sabe qué  forma tenía el conejo!

T: -No tenía forma de conejo.

FS: -No, no se sabe, no se sabe qué  forma tenía. Porque se nombran muchas cosas. Se encogía, se estiraba. No se sabe si es un mamífero o un ave, o varias cosas a la vez.

T: A mí me quedó una duda, cuando Mario te pregunta si podrías haber escrito otra entrevista por ahí de la argentina o del exterior, vos decís que no leés libros extranjeros, que no conocés autores extranjeros.

FS: -Sí, conozco.

T: -La duda que me quedó, es, ¿no leés, no conocés personalmente?, ¿qué significa no los conozco?

FS: -Yo he leído muchísima ficción en una época de mi vida, y últimamente, no sé si estoy haragán, entonces sé que los autores existen, pero no los leo. Es que tampoco tengo ganas de leer ficción, es lo que dije antes. Tiendo más bien a leer libros de historia, de filología.

MM: -¿Estás con algún proyecto de escritura en este momento?

FS: -No no, es que también me insume mucho tiempo la parte administrativa. Continuamente surgen esas pequeñas publicaciones, o traducciones en otros países y te mandan el texto en otro idioma, te consultan, “¿esto está bien traducido?”, “el traductor no entiende qué quiere decir tal cosa”. Y eso lleva mucho tiempo, y también me dejo llevar por eso, porque es una forma de haraganear. Porque no es trabajar tan en serio como escribir.

MM: -Me quedó una duda de lo que hablabas sobre el placer de escribir, y que cuando no te produce placer lo dejas. ¿Qué pasa con la literatura infantil, en la que funciona mucho el tema del pedido? ¿Has podido responder a un pedido específico?

FS: -Y sí, por ejemplo, Cuentos de Jorge Salhame y El viejo que todo lo sabe tuvo que salir contra-reloj porque tenía que salir la colección entera en el año 2000. ¿Vos participaste, Mario?

MM: -Sí, sí, estuvimos juntos en el equipo de edición free-lance.

FS: -Y yo, tuve que escribir tres, contra reloj. Yo escribía, iba entregando, y… ¿cuál era la asistente de María Fernanda que leía?

MM: -Cristina Pruzzo y Verónica Carrera.

FS: -Y yo escribía a tanta velocidad y tan alocadamente, porque era luchar contra reloj, y allí había una especie de control editorial, que a mí me vino bien, porque yo no podía tener la cabeza en tantas cosas a la vez. Esos libros se hicieron a pedido, y a velocidad supersónica.

MM: -Además fuiste editor de esa colección. Ahí nos conocimos, trabajando vos como editor externo. ¿Vos qué libros editaste?

FS: -Sabés que no me acuerdo cuales edité.

MM: -¿No te acordás?

FS: -Los que yo preparé después fueron los otros libros más chicos de la serie Roja, también. Los de Edgar Allan Poe, Stevenson. Han pasado diez años también.

MM: -¿Volviste a editar después de aquella experiencia? Digo, en la literatura infantil.

FS: -En Estrada preparé una edición de David Copperfield, justo lo que yo nombré, que es una edición muy resumida, porque no querían que el libro pasara las doscientas páginas. Ese fue el último trabajo de edición que hice, que fue, más que nada, tijereteo, porque del libro original quedó menos que un esqueleto.

T: -¿Cómo te sentiste?

Entrevista Sorrentino 036FS: -Era un pecado, pero querían un libro así. Mi único consuelo era que alguien leyera ese estropicio y le dieran ganas de leer el original.

T: -Fernando, en el libro de las conversaciones con Borges, aparte de este litigio donde Borges te llama periodista en la presentación y vos te negás, que le da un poco de color, vos dijiste que Borges fluía en la entrevista, que traía un poco de una cosa, un poco de otra y con un poco de ebullición y un poco de ese don que tenía para volar alto, fue construyendo esto. Pero sin embargo, me parece que en tus preguntas hay un hilo conductor. Hay una forma de tratar de llevarlo a Borges a las partes más interesantes de su relato. ¿Esto tiene una post elaboración, o realmente es una transcripción tal cual de la cinta?

FS: -Es una transcripción, tal cual.

T: -Incluso hay partes que se repiten.

FS: -Hay otra cosa, Borges hablaba tan bien que no había que corregirle nada, uno copiaba exactamente lo que decía, incluso el paréntesis, todo. Era exactamente lo que decía. A Bioy, en cambio, algunas cosas le tuve que corregir. Por ejemplo, yo me acuerdo que él dijo, refiriéndose a la Argentina, “Este era un país de primera fila”, y yo se lo corregí por primera línea, porque primera fila es otra cosa. Cosas así, que no son muy importantes, pero que ameritaban mejorarlo. Y en el de Borges no, era exactamente lo que él decía, se transcribía tal cual.

T: -¿Las opiniones que Borges advierte en este libro, están demasiado contaminadas por su pensamiento político o realmente respeta a sus colegas por lo que son?

FS: -Y, yo creo que las dos cosas. Por ejemplo, Leopoldo Marechal, que habían sido muy amigos de jóvenes…

T: -Y se desquita acá.

FS: -He leído en la biblioteca de la Academia Argentina de Letras, una edición facsimilar del periódico del Martín Fierro, que era  del año veintitrés, veinticuatro, no me acuerdo, veinticinco, y ahí hay una reseña que escribió Borges del libro de Marechal, Días como flechas, en donde lo pone por el cielo a Marechal, y después por la cuestión política, en fin, se tomaron rabia, se separaron.

T: -Cuando en el libro se menciona a Oliverio Girondo, ¿está también manchado de una cosa política o realmente no lo valoraba como poeta?

FS: -No, por cuestión política no puede estar manchado, porque eran de la misma tendencia. Yo creo que lo despreciaba como poeta. Porque otra explicación no tiene, él dice: “Oliverio como poeta siempre contó muy poco”. Literalmente, inclusive dice que “a Oliverio le importaba más la imprenta, la tipografía”, como diciendo que…

MM: -Y de Macedonio, tan querido por Borges, ¿vos qué opinas?

FS: Si uno lee a Macedonio encuentra un montón de frases ingeniosas y sorprendentes como por ejemplo, “cuando iba hacia tu casa me acordé que me había quedado en la mía”, pero al mismo tiempo, yo no sé si eso es literatura, porque uno no puede ver lo que escribe Macedonio, y seguir un hilo de un relato, porque son cosas entrecortadas, fragmentadas, y generalmente es una prosa mal escrita también. Ahora, como Borges lo conoció personalmente, y dice que el tipo en el diálogo, en la conversación era encantador, eso es otra cosa, porque Borges lo que tiene es la imagen de un gran conversador, de un tipo extremadamente ingenioso y sorprendente. Pero yo no lo conocí, de lo único que puedo hablar es de lo que leí.

MM: -¿Por qué no te convence mucho?

FS: -Tiene esas cosas ingeniosas que están muy bien hechas, por ejemplo “en aquellos tiempos antiguos, que eran desolados, porque nadie se atrevía a habitarlos”. Son juegos, juegos con la lógica. Pero digamos que eso no constituye un relato. Son hallazgos sorprendentes que te gustan pero, en fin, creo que ahí  mueren.

MM: -Hay otro autor que creo que estaría en la línea de tu gusto, que también está algo olvidado, que es Enrique Anderson Imbert, ¿qué opinás?

FS: -Tampoco me acuerdo. He leído cuentos breves que me gustaron, pero si tuviera que rendir un examen, me bocharían porque no recuerdo.

MM: -¿Y Felisberto Hernández?

FS: -Y Felisberto Hernández sí, creo que tenía un tipo de prosa medio deshilachada, pero las ideas que tenía eran brillantes. Eso del acomodador que tenía una luz en los ojos, eso a mí me hubiera gustado escribir. O el cocodrilo que lloraba a voluntad. Todas esas cosas me gustaban. Lo que sí es que tenía una prosa medio a la bartola. A tal punto que Bioy Casares, en el libro de Bioy, que se llama, “descanso de caminantes”, que es el diario íntimo de él, que lo publicaron después de su muerte, dice que Felisberto Hernández y Horacio Quiroga son mamarrachos.

MM: -¿Ahora vos estás leyendo a Genio y figura de Ricardo Güiraldes?

FS: -Ya lo leí, sí.

MM: -¿Y qué dice de Arlt?

FS: -Pero el libro no es de Güiraldes, el libro es de Ivonne Bordeloise. No, lo nombra nada más. Lo que sí, en la bibliografía, hay un artículo de Arlt, que escribió cuando murió Güiraldes, que se llama algo así como “Güiraldes en la intimidad”. Eso me hubiera gustado tener, pero no sé dónde está, en alguna biblioteca, porque me hubiera gustado saber qué opinaba Arlt sobre Güiraldes.

MM: -¿Y vos coincidís en a opinión de Bordeloise sobre Arlt y Quiroga?

FS: -Y sí, hay dos maneras de considerarlo, digamos, la prosa, el estilo de Quiroga es, para usar una palabra más bien futbolística, “bartolero”. No es una prosa linda. Pero al mismo tiempo como tiene cuentos que tienen buen efecto, podemos rescatar ese valor, es decir, el relato puede valer por lo que cuenta, aunque se desmerece por la manera de escribir. Yo creo que Quiroga, si lo traducen, en el otro idioma mejora, porque el traductor lo va a hacer en una prosa correcta. Es el tipo de autor que mejoraría traducido.

T: -Lo podemos traducir de la traducción.

FS: -Lo traducimos al español (risas).

T: -De Denevi, ¿que es lo que más te atrae?

FS: -Ése es uno de mis ídolos. El placer que yo he experimentado leyendo algunos cuentos de Denevi, lo tuve muy pocas veces. Rosaura a las diez me pareció una maravilla y no saben la cantidad de veces que lo leí. Un pequeño café, lo mismo, los cuentos de Hierba del cielo, también, uno más lindo que el otro. Los jueguitos de Falsificaciones también, ahí está “Una carta”. Y bueno, todo el mundo de Denevi, ese mundo de gente tan rara, gente encerrada, que viven en la casa enorme, y de la casa sólo ocupan un solo ambiente. Bueno, todo eso, a mí me fascina. Por eso a Denevi lo tengo en un altar. Por eso, si no se hubiera muerto, me hubiera encantado hacer la entrevista.

T: -¿Mujica Lainez?

FS: -También es un tipo que me interesa mucho. Los cuentos de Misteriosa Buenos Aires están preciosos.

T: -Yendo a la otra vereda, porque yo tengo miedo de preguntar esto, ¿Sabato?

FS: -Como diría Quico, no me simpatiza.

T: -Pero además de que no te simpatice, como escritor…

FS: -No, me parece malo.

T: -Así de escritores populares, ¿has leído algo? ¿Fontanarrosa?

FS: -Claro, Fontanarrosa es muy gracioso, sí. Fontanarrosa tiene una especie de parodia del cuento de Quiroga “A la deriva”, el hombre que lo muerde la víbora. Entonces, es algo parecido, a un hombre lo muerde una víbora, y van a ver a un curandero que le dice que preparen algo, y entre los condimentos había tomate perita. Eso me causa gracia, porque se supone que es algo misterioso, qué sé yo, alas de murciélago, patas de rana, y tomates peritas, lo que nadie esperaba.

MM: -Vos fuiste ternado junto con él y no recuerdo quién era el tercero, como literatura de humor.

FS: -Sí, con, ¿cómo se llama este uruguayo de apellido corto?

MM: -Masliah.

FS: -Ese, Leo Maslíah. Sí, fui ternado pero lo ganó Fontanarrosa.

Entrevista Sorrentino 042MM: -Lo que pasa es que, para ir cerrando, de fútbol no podemos dejar de hablar. Has escrito cuentos futbolísticos.

FS: -Escribí uno solo, que se llama, “Lectura y comprensión de textos”, pero no era tanto la intención el fútbol, sino la burla hacia los críticos crípticos, es decir, esos que escriben de una manera incomprensible. Entonces, ese cuento tiene dos informes, uno, es el informe de un chico que es hincha de Racing que va escribiendo por la calle, “Racing capo, Boca puto, rojo botón”, y escribe en un montón de lugares así, como suelen hacer los chicos. Entonces, digamos, en la facultad de Filosofía y letras, se forma un grupo de semiólogos y deciden hacer un trabajo de campo, que es investigar qué quieren decir esas tres oraciones, “Racing capo, Boca puto, rojo botón.” Y hacen un trabajo tan complejo, intrincado y tan equivocado, que llegan a la conclusión totalmente equivocada. “Racing capo” era el jefe de las carreras en italiano, “rojo botón”, en vez de ser Independiente, simbolizaba el rojo de la revolución, y que sé yo, y “Boca puto”, era el órgano fonador por excelencia, que debía ser acallado (risas). Bueno, ese fue el único, y mi intención no era futbolística, sino de burla contra los semiólogos. Y a Fontanarrosa, le mandé el cuento por correo, en la época en que no tenía mail, y él me mandó un dibujo de Inodoro Pereyra con el perrito, que lo tengo colgado en mi oficina, e Inodoro Pereyra dice, “Racing capo, Boca puto, rojo botón”, y el perrito dice, “leyó el cuento de Sorrentino”.

T: -¡Que bueno!

MM: -No sé si tienen alguna pregunta como para ir cerrando.

T: -¿Viviste siempre en Argentina?

FS: -Siempre viví acá, no sólo en Argentina sino siempre en Buenos Aires, ni siquiera viví en Vicente López.

T: -Pero no tenés nada contra los de Vicente López.

FS: -No, al contrario, esa zona me debilita, todo eso me gusta. Yo nací y viví, en lo que es ahora el corazón de Palermo Hollywood. Viví en la calle Costa Rica entre Fitz Roy y Bonpland, o sea, en la corola, ahí. Hasta que me case, después fui a la calle Paraguay, después a Las Cañitas, a una cuadra del hipódromo de Palermo, y ahora estoy en la loma del quinoto, en Villa Urquiza.

T: -¿Lo de Las Cañitas no era para estar más cerca del Hipódromo?

FS: -Soy un tipo al que jamás le interesó jugar a nada. O sea que jamás tuve curiosidad de decir ¿qué habrá en el Hipódromo? Nunca se me ocurrió. No juego a nada, no juego a la quiniela, al prode, a nada. No sé jugar a las cartas. Nada de nada.

T: -¿Con el cine, como espectador? ¿Te gusta algún tipo de cine en especial?

FS: -Parecido a la literatura, me gusta que ocurra una historia. Por ejemplo, el sábado vimos Sólo un hombre, y a mi señora le gustó, pero a mí no, porque yo esperaba que pasara algo interesante, no ocurría algo que a mí me atrapase.

T: -Que te conmoviera.

FS: -O que no me conmoviera, pero que yo diga: “¿qué va a ocurrir ahora?”

T: -Vos hablaste, en un momento, de que hubo un impasse desde el ´84 al ´92 en el que no trabajaste, te puedo preguntar de qué viviste.

FS: -Y no, al revés, no escribí literatura porque tenía que vivir. La literatura nunca me dio plata. Al contrario, era una época de nuestra vida, en que tuvimos que encarrilar. Tuvimos un pequeño negocio o empresa, y metí la cabeza en eso.

T: -Claro, acá faltó una pregunta previa, ¿alguna vez viviste de la literatura?

FS: -Nunca, yo soy profesor de literatura. Yo me recibí en el ´68, desde el año ´68 hasta el 2007, fui profesor de literatura en diversos colegios. Así que vivía de mi sueldo de profesor, y la literatura era un hobby, es decir, tuve la suerte de que ese hobby fructificó, que se pudieron publicar libros, todo eso. Pero nunca lo pude tomar con un sentido de ingresos. Yo ahora cuando cobro derechos de autor, lo tomo como una propina porque es insignificante, me avisan que tengo para cobrar $700, me vienen muy bien los $700 pero es por semestre, aunque ayuda que tengo libros de muchas editoriales también. Es plata que yo no espero, es decir, la espero, pero no cuento con eso para vivir. Cuando viene, muy agradecido, es una entrada, pero yo no puedo vivir de la literatura. Los que pueden vivir de la literatura son los que tienen la suerte de escribir un Best Seller, esos sí que viven de la literatura, ¡y cómo!

MM: -Para cerrar ahora, me parece interesantísimo leer de la contratapa de Crónica costumbrista, algo me parece que deja claro cuál es tu postura como escritor. Son cinco puntos como para que, el lector que es primerizo en la lectura de Fernando Sorrentino, lo empiece a conocer. Y que empiezan con 1) “Estas páginas no han sido escritas con sangre sino con tinta”.

FS: -Voy a hacer un comentario, eso es porque un día, Sabato, que se hacía siempre el tremendista,  dijo “leí la obra de fulano de tal, esas páginas están escritas con sangre, no con tinta”. Yo pienso, si uno toma literalmente esas palabras y uno va a escribir algo con eso, se va a morir desangrado. Me impresionó la  paparruchada y lo tuve que ridiculizar.

MM: -Hay más definiciones interesantes, “En ellas -habla de las páginas- no palpita angustiosamente ningún compromiso político y social, no transmiten ningún mensaje movilizador, ni dejan ningún testimonio desgarrante, tampoco expresan la profunda y dolorosa crisis que vivimos” y termina  redondamente en “cada cual sabe lo que hace”.

FS: -Eso ni me acordaba que lo había escrito. Pero sigo pensando igual. Mi literatura es totalmente gratuita, no mando ningún mensaje, no quiero mejorar al ser humano, no quiero que nadie cambie de conducta, no estoy pensando en ninguna angustia, no me siento desgarrado por nada, escribo porque me gusta, vamos a decir la verdad.

MM: -Muchas gracias, Fernando.

FS: -No, de nada, me he sentido muy cómodo así que el placer ha sido recíproco.

Esta entrevista fue realizada el día 28 de Mayo en la biblioteca de la Sociedad Hebraica en el marco del taller de literatura y periodismo organizado por el Programa Bibliotecas para armar y coordinado por Mario Méndez.

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