Archivo Noviembre 11, 2009

QUERIDA GRACIELA

Miércoles, Noviembre 11, 2009

UN TRIBUTO A GRACIELA CABAL

Por Edit Marinozzi*

Hoy es tu cumpleaños, y hemos decidido reunirnos –sin champán, ni el Roldán mostrando su magia, ni María Héguiz cantando y bailando “Mantones y cuplés”- pero reunirnos ¿Cómo no hacerlo si seguimos disfrutándote, al leerte y recordarte?
Ahí van los testimonios de los invitados que no faltaron al brindis que te organicé:

Gustavo Roldán:
Todavía me parece verla, en cada Feria, en cada Congreso, en cada Encuentro donde los libros están presentes. Porque ella siempre estaba.
Tal vez solamente ando buscándola, porque en todos esos lugares hace falta.

Laura Devetach:
Alguna vez, con Graciela comenzamos a escribir algo juntas, a jugar. No terminamos. Ella lograba que yo me riera y volara por algunos mundos. Y eso fue su vital aporte para todos: la risa, la mirada con ojos de niño, la verdad construida desde allí. En fin, cosas que ella nos regaló para siempre.

Mario Méndez:
Escuchar a Graciela Cabal era como leerla: una invitación al buen humor (muchas veces, a la risa pura y llana) y a la inteligencia. Yo tuve el honor de compartir con ella, Silvia Schujer, Ricardo Mariño y Graciela Pérez Aguilar un Café con escritores en una feria del libro, coordinado por Guillermo Saavedra. Recuerdo que los invitados, junto con el público, nos reímos casi sin parar; y que no dijimos prácticamente nada: hablaba Graciela, y los demás nos quedábamos escuchándola. Para qué íbamos a hablar, si Graciela Cabal estaba contando tantas cosas, con su gracia única.

cabal
Noelia Poloni:

En el 2002 participé en las Jornadas sobre literatura infantil y juvenil, organizadas por ALIJA en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Una de las panelistas fue ella. Quedé súper impactada con su forma de ser, de hablar. Yo ya estaba recibida para ese entonces, y tenía un feeling con la literatura infantil. Hay una anécdota que contó Graciela, que incluso se la conté a Diego, que nada tiene que ver con el mundo del libro, pero que le gustó. Y fue en unas vacaciones, cuando observábamos juntos unos extraños seres que comían la madera del muelle de Mar de Ajó. Graciela habló esa noche sobre sus inicios en el mundo del libro. Como muchos de nosotros, empezó como correctora, y con su inigualable humor nos advirtió sobre los peligros de corregir sin consultar.
Ella contó que un día le tocó corregir un libro de poemas, donde había una poesía titulada “El muelle de las bromas”. Con sus jóvenes 18 años, al reunirse con el autor y comentarle las correcciones que había efectuado, le dijo cándidamente: “¿Vio? le corregí donde decía bromas, por ‘brumas’, por supuesto”. El autor la miró muy serio (y enojado) y le dijo: “las bromas son unos bichitos que se comen la madera”.
Todo el mundo comenzó a reírse. Lo más gracioso eran las caras que sabía poner. Creo que de no ser escritora, hubiera sido una estupenda actriz.
Ahora que caigo en la cuenta, hay una frase que Graciela dijo esa noche, que yo uso con frecuencia: los libros son tan importantes como el techo o la comida.
Se lo digo a veces a Diego cuando me “reta” porque compro muchos libros. Pero estoy segura de que es así.

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