CÓMO LA CAÍDA DEL MURO AFECTÓ EL ESTILO LITERARIO
Martes, Noviembre 10, 2009Por Fabián Morábito
Como se sabe el día después de la caída del muro de Berlín en todas las escuelas y colegios de enseñanza media de la ciudad los maestros permitieron a sus alumnos que escribieran por una vez sus trabajos sin poner ningún signo de puntuación. Querían de ese modo que sintieran en carne propia el aliento de libertad de la nueva época que empezaba. Pero esa medida en apariencia inocente tuvo consecuencias profundas en la literatura nacional. La momentánea caída del muro de la puntuación le reveló a un buen número de esos muchachos la existencia de una dimensión estilística del lenguaje que no sospechaban. Casi quince años después de aquel hecho la supremacía de la poesía sobre la prosa que se observa en la producción literaria actual es el anuncio de la llegada de esa generación a la literatura y se explica por el hecho de que en la poesía es más fácil suprimir los signos de puntuación que en la prosa. Y aun los pocos que actualmente escriben prosa han reducido al mínimo el uso de las comas y los puntos. Según ellos los signos de puntuación impiden a la intuición hinchar las velas del lenguaje y nos proveen de un motor ruidoso que deja su surco antipoético sobre la superficie de la expresión. En varias escuelas alemanas de nivel primario ya no se enseña la puntuación porque se cree que inhibe el desenvolvimiento verbal y artístico de los niños. Se trabaja con libros en que la puntuación ha sido abolida. Pero se ha observado que después de uno o dos años de no usar la puntuación muchos escolares desarrollan una alergia a la misma que les imposibilita emplearla en el futuro.
Lo más frecuente es una sensación de obstrucción de las vías respiratorias cada vez que se les pide que utilicen esos signos o simplemente que los lean. En especial las comas son percibidas como partículas que se juntan en las arterias hasta taparlas. Del mismo modo se ha observado que aquellos escolares que están avezados en el uso de la puntuación reaccionan con un sentimiento de pánico cuando se les invita a declinar su uso. Una fuerte sensación de mareo y de pérdida del equilibrio se apodera de ellos conforme el texto procede librado únicamente a la ilación volitiva de las palabras y en frases particularmente largas experimentan una angustia que se traduce en la misma sensación de ahogo que padece por razones opuestas el otro tipo de alumnos. Tal vez dentro de poco se hará preciso dividir cada salón de clase entre escolares puntuativos e impuntuativos. Tal vez a la larga esa distinción se acentuará hasta abarcar otros aspectos de más profundidad. Es de suponer que los puntuativos desarrollarán habilidades conectivas y los impuntuativos se sentirán atraídos por actividades aleatorias. Se da por descontado que con el tiempo las personas que usan puntuación se reconocerán entre sí por una especie de sexto sentido y lo mismo ocurrirá con las que no la usan. De manera imperceptible y después cada vez más patente el país se separará en dos. Y un día volverá a ocurrir lo que todos tememos. Porque parece que no hay un solo acto de los alemanes que no lleve oculta la semilla de un muro que ha de surgir tarde o temprano para poner fin a una discordia insoluble.
Publicado en www.letraslibres.com
