La promoción de la lectura
Por Gustavo Bombini*
En el breve tiempo asignado quiero hacer hincapié, en relación con el tema de las políticas de lectura que nos convoca, en algunos aspectos que yo llamaría de consolidación del campo y de profesionalización de la tarea de lo que habitualmente se denomina “Promoción de la lectura”, dicho así, entre comillas. Algunos de estos aspectos formarán parte de los contenidos de un libro sobre Políticas de Lectura que estoy preparando actualmente y que publicará el Fondo de Cultura Económica.
Sabemos que bajo la denominación de “Promoción de la lectura” se albergan diversas prácticas que van desde programas con llegada a la escuela, las políticas generadas desde los organismos culturales, las iniciativas comunitarias, las de las ONG, de distintas características o cualquier otra actividad de “promoción”, incluyendo las intervenciones que se realizan desde el propio mercado del libro. Se trata de un campo aparentemente cohesionado en relación con el objetivo que persigue pero difuso en cuanto a la cantidad de prácticas que entran bajo ese término paraguas.
La experiencia acumulada que es por un lado histórica –basta leer los artículos de Sarmiento sobre el tema de la lectura y las bibliotecas populares, los de Pablo Pizzurno, normalista y sarmientino que creía que las escuelas normales eran –cito textual- “un almácigo para la formación de narradores orales”, o lo que nos dicen las investigaciones y nos muestran las fuentes –muchas aún no revisadas- sobre las prácticas de lectura de los grupos anarquistas y socialistas en sus bibliotecas. Las acciones que llevó a cabo el Departamento de Extensión Universitaria de la UBA en los años ’60 en Isla Maciel y en otros sectores de la Capital. La experiencia acumulada es también internacional y el ejemplo del Programa Libros del Rincón de México de la Secretaría de Educación Pública de México resalta como una voluntad con continuidad de impacto en la totalidad del vastísimo sistema educativo mexicano o las experiencias de las “Tertulias literarias” con adultos en la perspectiva dialógica de la lectura del grupo CREA dirigido por Ramón Flecha y que trabaja en Cataluña.
Ya sea en el análisis crítico de las experiencias históricas o en la reflexión actual y en la toma de decisiones en la gestión se impone la necesidad de otorgarle a la promoción de la lectura un sentido de producción y acumulación de conocimiento acerca de las prácticas de lectura y de los modos en que los sujetos van construyendo en los distintos escenarios sus vínculos con la cultura escrita. Esta producción de conocimiento que abreva en las propias experiencias y las vuelve –a partir de los aportes metodológicos más apropiados- objeto de reflexión, evitaría la repetición y la recurrencia en que algunas de estas prácticas suelen caer. A veces desde el punto de vista de las representaciones y de las teorías de la lectura que subyacen a los programas y acciones. Por ejemplo, yo plantearía que es imposible seguir sosteniendo que la lectura es una actividad a la que los niños “deben acceder por placer”. Es decir quizá se pueda enunciar esto en un afiche o en un anuncio mediático pero es imposible que este tipo de afirmación sea parte de los principios de un programa pues sabemos que la construcción de esa relación “de placer”, además de ser inaprensible e inevaluable, supone una construcción cultural y pedagógica compleja en relación con determinadas condiciones materiales. Es de esa construcción y de esas condiciones materiales sobre las que sí tenemos que hablar asumiendo los desafíos que la complejidad de la intención de formar lectores reconoce. En este sentido tenemos que evitar prácticas cristalizadas y que ya han mostrado su escaso impacto como las de promulgar la lectura diaria de textos en las escuelas o la imposición de cantidades de libros mínimos a ser leídos que podrán recuperarse como anuncios de impacto pero no como acciones pedagógicas de las que se apropien los docentes en sus prácticas cotidianas. No hay modo de ser prescriptivo en estos terrenos pues la práctica supone resistencia desde la propia práctica y es en un diálogo posible donde acaso se den las condiciones para que la implementación de ciertas políticas pedagógicas en lectura cobre sentido y tenga verdadero impacto; lo demás es pretencioso, mera imposición, receta ritualizada.
En el plano pedagógico más estricto también merecen una revisión específica las concepciones de lectura que se sustentan en los distintos enfoques curriculares y de la evaluación. El campo de la lectura no es un campo exento de conflictos y los marcos teóricos de referencia del curriculum y de la evaluación son claves en la construcción de programas de lectura que se propongan la inclusión de los sujetos en la cultura escrita. Los posicionamientos que hacen hincapié en el déficit de los sujetos a partir de su evaluación sobre la base de estándares desatienden la diversidad de modos de lectura que los sujetos construyen en su experiencia cultural y desestiman otros modos acaso no ortodoxos de construir significado que son parte de lo que los lectores puestos en posición de lectores saben hacer.
La consolidación del campo y la profesionalización de las tareas vinculadas con la implementación de políticas de lectura tiene que ver con la aceptación de la dimensión polémica, con la expectativa de construcción de conocimiento y con la definición cada vez más nítida de unos perfiles específicos de los actores involucrados en la promoción de la lectura: desde el docente de cualquier nivel, el bibliotecario, los distintos miembros de la comunidad que asumen la tarea. Se trata de un perfil diverso que por diverso no debe pensarse como espontáneo y meramente vocacional y en este sentido es necesario que desde distintos espacios de formación se propicie la creación en el nivel Superior Terciario y Universitario de Tecnicaturas, Postítulos, Carreras de Posgrado, entre otros formatos, dirigidos a distintos actores en distintos momentos de sus trayectorias profesionales. Los aportes de la investigación académica en temas de promoción de la lectura -apoyados en marcos pedagógicos y didácticos, históricos, antropológicos, etnográficos, entre otros- habrán de ofrecer las bases necesarias para que estos programas de formación no se conviertan en meros recetarios o acumulación de anécdotas de experiencias exitosas.
Por fin, y ya que estamos en la Feria del Libro, quiero decir que toda política de lectura desde la gestión cultural o desde la gestión educativa habrá de acompañarse con políticas del Libro. Mi experiencia junto con mi equipo en algunos años de Ministerio nos mostró que es posible y es de alto valor pedagógico ensamblar las líneas de compra que realizan los Ministerios –incluyendo los provinciales- con líneas pedagógicas. Esta articulación que seguramente muchos de Uds. pensarán como obvia no lo es tanto pero cuando lo es, ofrece a sus destinatarios, las escuelas, los docentes y los chicos, un sentido claro sobre la presencia de los libros en la escuela. El artículo 91 de nuestra Ley de Educación Nacional habla de la necesidad de crear bibliotecas escolares donde no las haya, de dotar a las existentes y de fomentar la creación de programas de lectura. Como especialista que ha estado implicado en la construcción de políticas de lectura pero también como ciudadano estoy atento al modo en que estas políticas se construyen y se gestionan y a como en definitiva se cumple con lo señalado en el artículo 91. Es la responsabilidad de todos los que nos dedicamos a estas cuestiones.
Por fin y como el tiempo asignado fue breve, a la manera de cierre de una clase quiero ofrecerles algunas referencias bibliográficas en relación con estos temas. Por un lado, pondré en juego mis puntos de vista sobre las políticas de lectura actuales en el país en el editorial del número 4 de la Lulú Coquette, Revista de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Recientemente he coordinado un número monográfico dedicado al tema de la lectura en la Revista de la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos), número 42, que está en Internet. Ahí encontrarán un artículo mío sobre la lectura como política educativa, un artículo del equipo de Ramón Flecha de Barcelona y un artículo de una investigadora brasilera Sandra Sawaya donde se discuten las concepciones de lectura y su evaluación presentes en los sistemas educativos de nuestra región. En la página del CePA, la Escuela de Capacitación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, en un espacio que se llama “materiales para la capacitación” encontrarán el relato de la experiencia de formación de lectores del Postítulo de Literatura infantil en un documento de unas cuarenta páginas. Hay un libro muy interesante de leer que es Compartiendo palabras de Ramón Flecha –un libro que publicó Paidós hace ya varios años y que ha sido poco consultado-.
Muchas gracias.
*Es Profesor y Licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Doctor en Letras por la misma Universidad. Se desempeña como Profesor Titular e investigador en el área de Didáctica de la Lengua y la Literatura en la UBA y en la Universidad Nacional de La Plata. Dirige la Carrera de Licenciatura en Enseñanza de la Lengua y la Literatura en la Universidad Nacional de San Martín y el Proyecto “Zona de Lectura y Escritura”. Es Coordinador General del Postítulo en Literatura Infantil en la Escuela de Capacitación Docente del Ministerio de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Durante los años 2000, primero y entre 2003 y 2007 ha sido Coordinador del Plan Nacional de Lectura del Ministerio de Educación de la Nación. Ha sido editor de las revistas “La Mancha” y “Versiones” y de la Colección “Libros para nada” de la Editorial Libros del Quirquincho.
Actualmente es Director de “Lulú Coquette” Revista de Didáctica de la lengua y la literatura. Es además Director de la Colección Formación Docente en Lengua y Literatura de Libros del Zorzal. Integra los Consejos de las Revistas “Textos de Didáctica de la lengua y la literatura” de Barcelona y de “Lenguaje y textos” de la Sociedad Española de Profesores de Lengua y Literatura de Madrid.
Ponencia presentada en el Panel “Políticas de Lectura”, Feria del Libro, 9 de mayo de 2008. Publicado en el blog Misiones Lee (http://misioneslee.blogia.com/)