Contando ovejas
Martes, Diciembre 4, 2007
Por Adriana Márquez
Mi libro preferido es La oveja negra y otras fábulas, de Augusto Monterroso. Los primeros comentarios sobre libros de este autor fueron los de un compañero de la universidad: parecía que leer a Monterroso lo hacía feliz, hablaba de él como de un buen amigo, algo que me resultó muy raro… y no lo leí. Muchos años después, Hebe Uhart, en su taller literario, leyó varios cuentos de La oveja negra…. Me encantaron. Hebe me prestó su libro y de ahí en más pasó a formar parte de mis preferidos (aunque lo devolví y nunca lo compré).
El “pequeño libro” que me llevé no era tan diminuto como parecía, no era “mini” como las mini fábulas que contiene: de principio a fin, se cuenta lo pequeño y lo grande al mismo tiempo, se lo cuenta con humor y con seriedad, con gravedad, con ironía sutil. Los animales, como en las fábulas tradicionales, son los intermediarios elegidos para narrar las secretas obsesiones, perezas de lo cotidiano, contradicciones. En ese pequeño libro encontré humor, ironía, reflexión. Además, creo que puede ser leído por distintos públicos y edades, que admite distintas miradas y lecturas. Uno de los cuentos que más me gusta es “La mosca que soñaba que era un águila”.
Luego leí otras obras de Monterroso, pero La oveja negra… fue el que me dejó, como a aquel viejo compañero de la universidad, con la sensación de estar ante un autor tan talentoso como querible; en ese punto me recuerda mucho a Javier Villafañe, por la manera de tratar temas humanos con ironía o humor pero siempre con un enorme trasfondo de ternura
Adriana Márquez nació en Trenque Lauquen y vive en el Ciudad de Buenos Aires. Es licenciada en Letras y trabaja como docente en la Universidad de Buenos Aires. Tiene dos hijos.
La ilustración es de Blanca, de la biblioteca Ernesto Sabato, de Barrio Zavaleta, Parquer Patricios.